sábado, 20 de agosto de 2016

CICERÓN ANTE SILA POR PRIMERA VEZ



Sila era un hombre de unos cincuenta y seis años de edad, delgado, bronceado por la intemperie, de rostro rugoso con profundos pliegues en torno a su boca y a lo largo de su frente. Tenía las mejillas hundidas y esto le daba un aspecto sombrío. Sus pestañas eran muy negras, rígidas como una daga sobre sus más pálidos y terribles ojos. Marco no había visto jamás un brillo más helado y amargo que el de aquella mirada. Su pelo negro lo llevaba muy corto sobre su bien modelado cráneo y sus pálidas orejas estaban muy pegadas a la cabeza. Su mandíbula era firme y angular, sus hombros anchos aunque casi esqueléticos. Usaba una larga túnica de lana teñida de rojo, sujeta con una correa de cuero que sostenía la daga. No llevaba brazaletes en sus brazos ni anillos en sus dedos. A pesar de su falta de garbo militar, nadie lo habría tomado por otra cosa que por un soldado. Su voz era áspera y chapurreante. 


LUCIO CORNELIO SILA

MARCO TULIO CICERÓN

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