Mostrando entradas con la etiqueta DIÓN CRISÓSTOMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DIÓN CRISÓSTOMO. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de enero de 2019

LAMIA


Lamia (en griego, :Λάμια) es una criatura femenina de la mitología y el folclore grecolatinos, caracterizado como asusta niños y seductora terrible. En este último aspecto, constituye un antecedente de la vampiresa moderna. Se la concibe como un personaje individual, pero también como el nombre genérico de un tipo de monstruos (las lamias). A menudo se la asocia con figuras similares de la cultura griega (Empusa) o hebrea (Lilith). En el folclore neohelénico, vasco, gallego y búlgaro encontramos tradiciones sobre lamias, herederas de la tradición clásica. Las "lamias" eran conocidas por ser unas grandes arquitectas, por lo que construyeron grandes esculturas y edificios, entre ellos el oráculo de Eros.
 
Según el historiador griego Diodoro Sículo, Lamia era una reina de Libia a la que Zeus amó, hija de Poseidón o Belo y Libia.​ Hera, celosa, la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (o, en otras versiones, mató a sus hijos y fue la pena lo que la transformó en monstruo). Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. 
Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Aunque era femenina, el comediógrafo Aristófanes asegura que el demagogo Cleón tenía "los testículos de una lamia" (Avispas v. 1035, Paz v. 758), queriendo decir, probablemente, que no los tenía en absoluto (y que, en caso de tenerlos, estarían tan sucios como los de una lamia, siendo el monstruo famoso por el hedor que desprendía).
 
A pesar de la venganza de Hera, hay algunas tradiciones que sostienen que la primera sibila era hija de Zeus y Lamia.
 
La etimología del nombre no se ha establecido con certeza. Probablemente se relaciona con el adjetivo lamyrós, "glotón", y el sustantivo laimós, "gaznate, gañote". Algunos creen que pertenece a la misma familia el latín lemur, que designa a unos espectros (los lémures) tipológicamente similares a las lamias.
 
En la Antigüedad, las madres griegas y romanas solían amenazar a sus hijos traviesos con este personaje. El poeta romántico inglés John Keats dedicó al personaje un poema narrativo largo, que da nombre al libro Lamia y otros poemas. Se inspiró en «La novia de Corinto», una historia que aparece en la Anatomía de la melancolía (1621) de Robert Burton, quien a su vez la tomó de la Vida de Apolonio de Tiana (4.25) de Filóstrato (160-249). 
Según cuenta Filóstrato, Menipo, un joven aprendiz de filósofo, se dejó seducir por una misteriosa mujer extranjera que lo abordó cuando caminaba por las afueras de Corinto. La mujer insistió en que se casaran, y a la boda acudió el sabio Apolonio, quien tras observar detenidamente a Menipo declaró: «Tú, al que las mujeres persiguen, abrazas a una serpiente, y ella a ti». La novia, en efecto, era una lamia o Empusa, y aunque al principio negaba su condición, acabó confesando que había seducido a Menipo para devorarle y beber su sangre, pues la de los mozos como él es pura y rebosa vigor.
 
Según opinión bastante extendida, la Lamia mitológica sirvió de modelo para las lamias (lamiae en latín), pequeños monstruos africanos, humanos de la cintura para arriba, que atraían a los viajeros con su agradable siseo y enseñando sus senos, para después matarlos y devorar sus cuerpos. La noticia más antigua de estos seres se encuentra en el discurso quinto del orador Dión Crisóstomo, quien se refiere a ellos como "fieras líbicas", no lamias.
 
Posteriormente, las lamias aparecieron a menudo en los bestiarios como ejemplo de monstruo despiadado y salvaje.
 
En la mitología vasca, las lamias (lamiak o laminak) son genios mitológicos a menudo descritos con pies de pato, cola de pescado o garras de algún tipo de ave.​ Casi siempre femeninos, de una extraordinaria belleza, moran en los ríos y las fuentes, donde acostumbran a peinar sus largas cabelleras con codiciados peines de oro.​ Suelen ser amables y la única manera de enfurecerlas es robarles sus peines. Se cuenta también que han ayudado a los hombres en la construcción de dólmenes, cromlech y puentes.
 
A veces se enamoran de los mortales, pero no pueden casarse con ellos, pues no pueden pisar tierra consagrada.​ En ocasiones tienen hijos con ellos. En otras leyendas son mitad humanos y mitad peces. Otras dicen que no son más que la diosa Mari.​
 
Cuenta una leyenda que una vez una mujer le robó el peine de oro a una lamia y esta, enfurecida, trató de maldecirla, pero no lo logró, puesto que sonó la campana de la iglesia y eso la salvó.
 
En numerosas localidades españolas, especialmente del sureste de la Península, el mito de las lamias se adapta en la Leyenda de la Encantada, mientras en el norte se encuentra en las anjanas o xanas.
 
En los cuentos e historias populares búlgaras, la lamia es una misteriosa criatura con varias cabezas, que puede hacer crecer una y otra vez si se le cortan (como la Hidra de Lerna). Se alimenta de la sangre de la gente o, más frecuentemente, matando mujeres jóvenes para realzar su belleza y así poder seducir hombres.
 Este monstruo atormenta a menudo los pueblos y puede ser encontrado en cuevas o en el subsuelo. En algunas historias tiene alas, en otras su respiración es de fuego. La lamia no tiene sexo, pero se suele considerar del femenino.
 
En la mitología judía, la lamia no tiene sexo pero tiene cuerpo femenino.

martes, 1 de enero de 2019

DIÓN CRISÓSTOMO DICE SOBRE LOS HOMBRES LIBRES QUE DESEAN ESCLAVIZARSE



Por las deudas y a cambio de dinero, muchos hombres libres se venden como esclavos, convirtiéndose en “esclavos contratados”, a veces en condiciones duras, o más bien en las más crueles que se pueda imaginar.











jueves, 26 de abril de 2018

DISCURSO DE DIÓGENES A ALEJANDRO MAGNO SOBRE LA EDUCACIÓN (SEGÚN DIÓN CRISÓSTOMO)



 

¿No sabes que hay dos tipos de educación, una divina y otra humana?.  La divina es magnífica, fuerte y fácil, mientras que la humana es insignificante, frágil, y comporta muchos peligros y no poco engaño. Sin embargo, ésta se añade necesaria a la otra, si es como tiene que ser. A la segunda la llaman el común de los hombres «educación», como si se tratara —pienso— de un juego de niños, y consideran que es aquel que conoce más literatura persa, griega, de sirios y fenicios, y en cuyas manos ha caído el mayor número de libros, quien es el más sabio y el más instruido. Ahora bien, cuando entre ellos se tropiezan con malhechores, cobardes y avaros, afirman que el asunto y el hombre en cuestión son dignos de poca consideración.

 

En cuanto a la otra, unas veces se la llama «educación» y otras «valentía y magnanimidad». Es por ello por lo que llamaban los hombres de antaño «hijos de Zeus» a quienes recibían una buena educación y tenían almas viriles, por haber sido educados como el gran Heracles. Así pues, quien recibe aquella educación, partiendo de un buen natural, fácilmente se hace también partícipe de la otra, con sólo haber escuchado pocas cosas y unas cuantas veces, a saber: las cosas principales y las más importantes. Las imita y las guarda en su alma, y nadie puede privarle de estas cosas: ni el tiempo, ni ningún individuo sofista, ni siquiera si uno quisiera prenderle fuego. Conque, aunque se queme al hombre, como dicen que Heracles se quemó a sí mismo, quedan sus principios en el alma (del mismo modo  imagino— que dicen que cuando los cadáveres son incinerados, quedan todavía los dientes, aunque el resto del cuerpo haya sido devorado por el fuego), pues no es necesario aprender sino recordar tan sólo. Entonces sabe y reconoce al instante, como si desde el inicio hubiera tenido esos principios en su mente. Además, si tropieza con un individuo que conoce, por decirlo así, el camino, rápidamente aquél se lo enseña, y, una vez lo ha aprendido, avanza recto. Si, en cambio, tropieza con un sofista ignorante y fanfarrón, lo agotará llevándolo en círculos, arrastrándolo unas veces hacia el oeste, otras hacia el este y otras hacia el sur, puesto que ni él mismo lo sabe sino que lo conjetura, al haber sido él mismo también mucho antes extraviado por fanfarrones de su calaña…








viernes, 20 de abril de 2018

LAMIA



Lamia (en griego, :Λάμια) es una criatura femenina de la mitología y el folclore grecolatinos, caracterizado como asusta niños y seductora terrible. En este último aspecto, constituye un antecedente de la vampiresa moderna. Se la concibe como un personaje individual, pero también como el nombre genérico de un tipo de monstruos (las lamias). A menudo se la asocia con figuras similares de la cultura griega (Empusa) o hebrea (Lilith). En el folclore neohelénico, vasco, gallego y búlgaro encontramos tradiciones sobre lamias, herederas de la tradición clásica.
 
Según el historiador griego Diodoro Sículo, Lamia era una reina de Libia a la que Zeus amó, hija de Poseidón o Belo y Libia.​ Hera, celosa, la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (o, en otras versiones, mató a sus hijos y fue la pena lo que la transformó en monstruo). Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Aunque era femenina, el comediógrafo Aristófanes asegura que el demagogo Cleón tenía "los testículos de una lamia" (Avispas v. 1035, Paz v. 758), queriendo decir, probablemente, que no los tenía en absoluto (y que, en caso de tenerlos, estarían tan sucios como los de una lamia, siendo el monstruo famoso por el hedor que desprendía).
 
A pesar de la venganza de Hera, hay algunas tradiciones que sostienen que la primera sibila era hija de Zeus y Lamia.
 
La etimología del nombre no se ha establecido con certeza. Probablemente se relaciona con el adjetivo lamyrós, "glotón", y el sustantivo laimós, "gaznate, gañote". Algunos creen que pertenece a la misma familia el latín lemur, que designa a unos espectros (los lémures) tipológicamente similares a las lamias.
 
En la Antigüedad, las madres griegas y romanas solían amenazar a sus hijos traviesos con este personaje. El poeta romántico inglés John Keats dedicó al personaje un poema narrativo largo, que da nombre al libro Lamia y otros poemas. Se inspiró en «La novia de Corinto», una historia que aparece en la Anatomía de la melancolía (1621) de Robert Burton, quien a su vez la tomó de la Vida de Apolonio de Tiana (4.25) de Filóstrato (160-249). Según cuenta Filóstrato, Menipo, un joven aprendiz de filósofo, se dejó seducir por una misteriosa mujer extranjera que lo abordó cuando caminaba por las afueras de Corinto. La mujer insistió en que se casaran, y a la boda acudió el sabio Apolonio, quien tras observar detenidamente a Menipo declaró: «Tú, al que las mujeres persiguen, abrazas a una serpiente, y ella a ti». La novia, en efecto, era una lamia o Empusa, y aunque al principio negaba su condición, acabó confesando que había seducido a Menipo para devorarle y beber su sangre, pues la de los mozos como él es pura y rebosa vigor.
 
Según opinión bastante extendida, la Lamia mitológica sirvió de modelo para las lamias (lamiae en latín), pequeños monstruos africanos, humanos de la cintura para arriba, que atraían a los viajeros con su agradable siseo y enseñando sus senos, para después matarlos y devorar sus cuerpos. La noticia más antigua de estos seres se encuentra en el discurso quinto del orador Dión Crisóstomo, quien se refiere a ellos como "fieras líbicas", no lamias.
 
Posteriormente, las lamias aparecieron a menudo en los bestiarios como ejemplo de monstruo despiadado y salvaje.
 
En la catedral de Pésaro (Italia) se conserva un mosaico del siglo VI en el que dos lamias aparecen representadas como pájaros con cabeza humana.
 
En la mitología vasca, las lamias (lamiak o laminak) son genios mitológicos a menudo descritos con pies de pato, cola de pescado o garras de algún tipo de ave. Casi siempre femeninos, de una extraordinaria belleza, moran en los ríos y las fuentes, donde acostumbran a peinar sus largas cabelleras con codiciados peines de oro. Suelen ser amables y la única manera de enfurecerlas es robarles sus peines.​ Se cuenta también que han ayudado a los hombres en la construcción de dólmenes, cromlech y puentes.
 
A veces se enamoran de los mortales, pero no pueden casarse con ellos, pues no pueden pisar tierra consagrada.​ En ocasiones tienen hijos con ellos. En otras leyendas son mitad humanos y mitad peces. Otras dicen que no son más que la diosa Mari.​
 
Cuenta una leyenda que una vez una mujer le robó el peine de oro a una lamia y esta, enfurecida, trató de maldecirla, pero no lo logró, puesto que sonó la campana de la iglesia y eso la salvó.
 
En numerosas localidades españolas, especialmente del sureste de la Península, el mito de las lamias se adapta en la Leyenda de la Encantada, mientras en el norte se encuentra en las anjanas o xanas.
 
En los cuentos e historias populares búlgaras, la lamia es una misteriosa criatura con varias cabezas, que puede hacer crecer una y otra vez si se le cortan (como la Hidra de Lerna). Se alimenta de la sangre de la gente o, más frecuentemente, matando mujeres jóvenes para realzar su belleza y así poder seducir hombres. Este monstruo atormenta a menudo los pueblos y puede ser encontrado en cuevas o en el subsuelo. En algunas historias tiene alas, en otras su respiración es de fuego. La lamia no tiene sexo, pero se suele considerar del femenino.
 
En la mitología judía, la lamia no tiene sexo pero tiene cuerpo femenino.


domingo, 19 de noviembre de 2017

martes, 12 de mayo de 2015

EMPERADOR TRAJANO


 Cuando le llegó la noticia de su ascensión la poder imperial, Trajano se encontraba en Colonia, y, lejos de conmoverse, anunció que volvería a Roma cuando su zona estuviera pacificada, para lo cual necesitó dos años, al término de los cuales asumió su función imperial. 



 El nuevo señor del Imperio, Trajano había nacido 45 años antes, en Hispania, de una familia de origen romano. 



Ningún ejemplo mejor que el suyo de las cualidades de las que pudiera vanagloriarse un general imperial. 



 Vivía junto a sus tropas, participado de sus mismo peligros, y demostró en los combates un valor a toda prueba.

 Sus costumbres eran sencillas, llegando incluso en su rigor a declarar que "prefería dejar sin castigar a un culpable que condenar a un inocente".



 Tan compasivo era con los demás como severo consigo mismo.





TRAJANO

EL MEJOR DE LOS PRÍNCIPES


Cuando le llegó la noticia de su ascensión la poder imperial, Trajano se encontraba en Colonia, y, lejos de conmoverse, anunció que volvería a Roma cuando su zona estuviera pacificada, para lo cual necesitó dos años, al término de los cuales asumió su función imperial.




El nuevo señor del Imperio, Trajano había nacido 45 años antes, en Hispania, de una familia de origen romano.



 Ningún ejemplo mejor que el suyo de las cualidades de las que pudiera vanagloriarse un general imperial.



Vivía junto a sus tropas, participado de sus mismo peligros, y demostró en los combates un valor a toda prueba. 



Sus costumbres eran sencillas, llegando incluso en su rigor a declarar que "prefería dejar sin castigar a un culpable que condenar a un inocente".



 Tan compasivo era con los demás como severo consigo mismo.


EL EMPERADOR TRAJANO GUIANDO
 A SUS TROPAS EN LA CAMPAÑA DE DACIA 


Con los cristianos dio también prueba de gran moderación.



 Cuando Plinio el Joven le preguntó qué pensaba hacer con aquellos hombres que cantaban juntos "en honor de Cristo", que se comprometían a no cometer nunca adulterio y que hacían sus comidas en común.



 Trajano respondió que lo mejor era dejarlos en paz, interviniendo sólo si se negaban públicamente a seguir las leyes romanas.



Tenía fama de ser hombre culto, pues llevaba consigo al célebre retórico Dión Crisóstomo.



Pero un día llegará a confesar no haber comprendido una sola de las palabras pronunciadas por Dión: Se dejaba acunar por su voz hispánica, absorto en numerosos pensamientos.



Estas eran las cualidades de aquél a quien el Senado romano designó oficialmente con el título de optimus princeps, el mejor de los príncipes.


INSCRIPCIÓN TRAJANA






++++++++++++++++++++++++++

RUINAS DEL MERCADO DE TRAJANO:



























IMÁGENES DEL FORO DE TRAJANO: