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jueves, 16 de abril de 2015

CAYO MARIO, 7 VECES CÓNSUL DE ROMA




Considerado el tercer fundador de Roma. Hombre nuevo de Arpino, nació alrededor del 157 a.C. en el seno de una familia acomodada. De muy joven ejerció de tribuno militar en Numancia, donde despertó el interés de Escipión Emiliano, que le animó a emprender la carrera pública a pesar de su oscuro pasado.



Contó con el apoyo de Cecilio Metelo (quien más tarde se arrepentiría de' ello), y entró en el Senado como tribuno de la plebe, aunque su modesto origen no parecía predestinarle a las altas magistraturas. En el 115 a.C., fue nombrado pretor gracias a un soborno, pero el consulado seguía fuera de su alcance.



En el año 110 a. C. se casó con Julia, tía del gran César, cuya patricia cuna e influencias favorecían su aspiración al puesto de cónsul. Luchó en el norte de Africa contra el rey Yugurta como legado de Metelo el Numídico, lo que le valió un consulado en el 107 a.C., para gran disgusto de Metelo. Las legiones romanas, formadas por hacendados, sufrieron una serie de graves derrotas que causaron un gran número de bajas en sus filas y, durante algunos años, Mario tuvo que recurrir al censo por cabezas y alistar a personas sin propiedades.



Por otro lado, el gran éxodo germánico suponía una amenaza para Roma, lo que se tradujo en nada más y nada menos que seis consulados para Mario, tres de ellos in absentia.




En el 100 a.C., los germanos fueron finalmente derrotados y Mario se retiró de la vida pública por un tiempo. Sin embargo, la sublevación de los aliados italianos de Roma y una serie de nuevas derrotas le obligaron a volver. Convencido de que la profecía que aseguraba que sería nombrado cónsul por séptima vez era cierta, se afanó en verla cumplida y, en el 86 a.C. y con el apoyo de Cina, logró de nuevo su objetivo.




Murió a los pocos días de ocupar el cargo y de iniciar la matanza de sus enemigos, que horrorizó a toda Roma. Su antiguo aliado y fiel legado, Sila, también se había convertido en su enemigo.







lunes, 28 de julio de 2014

LUCIO CORNELIO SILA CONTRA CAYO MARIO




La paz interior era tanto más urgente cuanto que un enemigo amenazaba a Roma en Asia: El rey del Ponto, Mitrídates, coloso medio bárbaro y medio griego, que soñaba con dominar Oriente y Grecia.

Provisto de una gran flota y de un ejército impresionante, exterminó a los romanos de la provincia de Asia, invadió Grecia y ocupó Atenas (88 a. de J.C.).



El senado nombró jefe del ejército al aristócrata Sila. Lucio Cornelio Sila, procedente de una familia arruinada, era un hombre extraño, unas veces arrogante, otras veces servil, capaz de los peores excesos, cruel y vengativo.

Un griego lleno de ironía, dijo de él que se parecía a "una mora pasada por harina", con una tez roja llena de lunares blancos. De sus ojos azules emanaba una luz irresistible; era, además, culto y amante de las artes, revelándose también como un notable jefe militar: Frío, astuto, sumamente valiente y con un gran ascendiente sobre sus hombre.



Pero la agitación continuaba en Roma, donde la guerra civil había provocado la miseria y el alza de los precios. El partido popular alentó una serie de motines y, volviéndose de nuevo a Mario hizo que, mediante un plebiscito, dirigiera la guerra de Oriente.

Sila, que concentraba ya sus legiones en Campania, marchó sobre Roma, franqueó la muralla sagrada y derrotó a los agitadores entre grandes incendios. Mario huyó a Africa (88 a. de J.C.).



Entonces Sila pudo embarcarse, después de haber demostrado cómo se podía asegurar el poder con la ayuda de soldados leales.

Sometió a Grecia, donde fueron confiscadas numerosas obras de arte para enviarlas a Roma, y después se dirigió a Asia. Mitrídates tuvo que negociar, renunciando a Grecia pero conservando su reino (85 a. de J.C.).



¿Por qué se conformó Sila con una victoria incompleta? El hecho es que, en su ausencia, Mario había dado la vuelta a la situación, apoderándose nuevamente de Roma.

Unido al cónsul Cinna, futuro suegro de Julio César, ordenó terribles matanzas, entregando a sus enemigos a los verdugos con un simple gesto. Pero en el año 86 a. de J.C., Mario murió, dejando Italia a Cinna y a su hijo adoptivo.



Sila volvió con sus tropas (83 a. de J.C.) y en un año luchó contra el partido popular y contra los samnitas que todavía no estaban definitivamente sometidos desde la guerra social. En el año 82 a. de J.C., era el dueño de Roma, arrogándose la dictadura.

Se reanudaron de nuevo las matanzas, esta vez contra los demócratas. Los nombres de las víctimas fueron escritos en las listas de proscritos, cuyos bienes, confiscados, sirvieron para recompensar a los soldados, a los partidarios, y los delatores.



De esta forma, Sila distribuyó 120.000 parcelas de tierra. Se ha dicho repetidamente que el dictador había querido restablecer el antiguo régimen aristocrático, devolviendo toda su importancia al Senado y abatiendo a sus adversarios.

De hecho, lo que le preocupaba sobre todo era su poder absoluto. El Senado fue elevado a 600 miembros, 300 de los cuales eran "hombre nuevos" absolutamente afectos a Sila.

Los caballeros perdieron sus cargos judiciales y la percepción de los impuestos de Asia. Los tribunos de la plebe no tenían ya el derecho de veto ni el de proponer leyes.

La censura fue suprimida, así como las distribuciones gratuitas de trigo. Acuñando monedas con su nombre, adoptando el título religioso de Felix (feliz), organizando juegos circenses y adulando al pueblo, Sila se comportó como un monarca oriental. Pero, por razones poco conocidas, se retiró a la vida privada en el año 79 a. de J.C., y murió al año siguiente en Cuma



domingo, 27 de julio de 2014

LUCIO CORNELIO SILA




Lucio Cornelio Sila Felix, nació alrededor del 138 a.C. en el seno de una familia patricia, pero vivió en la más abyecta pobreza y no pudo entrar en el Senado debido a su falta de recursos. Según Plutarco, asesinó a su amante y a su madrastra para obtener el dinero suficiente y acceder a él. Su primera esposa fue una Julia, posiblemente pariente cercana de la mujer de, Cayo Mario, tía del gran César, ya que Sila mantuvo una alianza con Mario durante muchos años. 


Lucharon juntos en la guerra contra el rey Yugurta de Numidia y fue el propio Sila quien lo capturó, aunque no le dio ninguna importancia hasta que escribió sus memorias. Continuó trabajando durante los consulados de Mario para derrotar a los germanos, y al parecer llevó a cabo actividades secretas para él. Tras votar el Senado en contra de Mario, Sila no podía ser elegido pretor; fue por ello por lo que no alcanzó el cargo hasta el 97 a.C. Como propretor gobernó Cilicia, y cruzó el río Éufrates con un ejército -fue el primero en hacerlo- para firmar un tratado con los partos.


 Durante la guerra contra los aliados italianos, sirvió con brillantez en el campo de batalla meridional. Fue elegido cónsul en el 88 a.C., año en el que Mitrídates el Grande invadió la provincia de Asia y solicitó liderar esa guerra, al igual que hizo el envejecido Mario. El Senado le concedió el mando, pero el tribuno de la plebe Sulpicio se lo arrebató para concedérselo a Mario, mientras Sila, que estaba en Capua, marchó sobre Roma. Mario se exilió y Sila se dirigió hacia el este para luchar contra Mitrídates. Después de que Mario muriera y Cina obtuviera el control sobre Roma, 


Sila aceleró la guerra y volvió a casa en el 82 a.C. Cina lo había proscrito, de modo que marchó sobre Roma por segunda vez y se nombró a sí mismo dictador. A partir de entonces, proscribió sin piedad y mantuvo su dictadura el tiempo suficiente para alterar la constitución romana y convertirla en algo que amordazaba a los tribunos de la plebe, a quienes veía como los peores enemigos de Roma. Abandonó la dictadura en el 79 a.C. y se retiró para entregarse a una vida disipada. Murió en el 78 a.C.