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sábado, 29 de junio de 2019

PRUSIAS I DE BITINIA



Prusias I (Griego: Προυσίας ὁ Χωλός) , rey de Bitinia reinó del 228 a. C. al 182 a. C. Sucedió a su padre, Cielas. Es conocido sobre todo por haber acogido a Aníbal en su huida de los romanos. Fue sucedido por su hijo Prusias II.

 

Su política se caracterizó por su alianza con los macedonios y enemistad hacia Pérgamo.

 

Luchó junto a Filipo V de Macedonia contra Átalo I y tras su victoria y destrucción de las ciudades de Cío y Mirlea, le fueron entregadas por Filipo en el 202 a. C., fecha en la que pasaron a formar parte del reino de Bitinia, según refiere Estrabón y confirma un pasaje de Hermipo de Beirut. 


No así Esteban de Bizancio, que dice que Mirlea fue fundación del rey bitinio Nicomedes II Epífanes (149 128/127 a. C.), que le puso el nombre de Apamea por su madre.

 
Corsten señala que la destrucción del 202 a. C. no fue total y que la ciudad se mantuvo, pero no obtuvo derechos de ciudadanía y el cambio de nombre hasta Nicomedes.

 

Tras la batalla de Cinoscéfalos en el 197 a. C., Filipo tuvo que abandonar las ciudades griegas. Quincio Flaminino informó al rey Prusias de que los romanos estaban de acuerdo en que la ciudad de Cío quedara incluida en el reino de Bitinia.

 

Prusias abandonó la Frigia en virtud de un acuerdo con los atálidas:
En el 195 a. C., Aníbal llegó, huyendo de Cartago, a la corte de Antíoco III, pero a raíz de la victoria romana en la batalla de Magnesia junto al río Sípilo en el 189 a. C., Antíoco, que debía entregarlo a los romanos como parte de las condiciones de la paz de Sardes, le deja huir, y Aníbal fue a refugiarse al reino bitinio.

 

Tras esta victoria romana el Senado obligó a Prusias a entregar la Frigia helespóntica al rey de Eumenes II de Pérgamo.

 
Este suceso provocó una guerra entre Bitinia y Pérgamo (186 a. C.-183 a. C.), que terminó con la retirada de Aníbal, comandante de la flota bitinia, a pesar de su gran campaña, y con la entrega acordada de Frigia Helespóntica por Prusias a los atálidas.


EL CÓNSUL QUINTO MINUCIO TERMO



Quinto Minucio Termo (en latín, Quintus Minucius Thermus) fue un político y militar de la República romana que ocupó el consulado en el año 193 a. C., con Lucio Cornelio Mérula.

 

Minucio Termo sirvió bajo Escipión el Africano como tribuno militar en la guerra contra Aníbal en África en el año 202 a. C., fue tribuno de la plebe en 201 a. C., edil curul en 197 a. C., y en el mismo año fue nombrado como uno de los triumviri coloniis deducendis para fundar seis colonias en la costa de Italia.​

 

Al año siguiente, en 196 a. C., fue pretor, y recibió la provincia de Hispania Citerior, donde llevó la guerra con gran éxito, y recibió, en consecuencia, el honor de un triunfo en su regreso a Roma en el año 195 a. C.

 

En 193 a. C. fue cónsul con Lucio Cornelio Mérula. Obtuvo Liguria como su provincia, donde recientemente se había sofocado una formidable insurrección. Hizo de Pisae su cuartel general, y continuó la guerra con vigor, pero como consecuencia de estar en inferioridad numérica ante el enemigo, se vio obligado a permanecer a la defensiva y fue dos veces sometido a gran peligro durante la campaña.

 

En el año siguiente, 192 a. C., su imperium se prolongó, y recibió más tropas, con lo cual fue capaz de asumir la ofensiva, y obtener una victoria decisiva sobre los ligures. Al siguiente año su imperio se prolongó de nuevo, y volvió a ganar una victoria sobre los ligures, que habían hecho un ataque inesperado sobre su campamento en la noche.

 

Regresó a Roma en 190 a. C., y solicitó un triunfo, pero le fue denegado, principalmente debido a la opinión de M. Catón, que pronunció por este motivo dos discursos llamados De decem Hominibus y Pugnis De falsis. Catón le acusó injustamente de haber dado muerte a diez hombres libres en su provincia, y que en su petición de derecho al triunfo había inventado muchas falsas batallas y exagerado el número de enemigos que habían sido muertos.​
 

También hubo un discurso de Catón llamado De suis virtutibus contra Thermum, el cual es citado por Festo (págs. 182, 234), y otros gramáticos. Meyer (Ibid. p. 45, y siguientes) supone que Catón acusó a Termo en el año 189 a. C., y que este discurso se pronunció en este año, pero esto es improbable, ya que sabemos que Termo sirvió bajo Escipión Asiático en este año en la guerra contra Antíoco.

 

Él y su hermano Lucio Minucio Termo fueron enviados por Escipión a recibir el juramento de Antíoco en el tratado que se firmó al final de la guerra romano-siria. En el curso del mismo año fue nombrado por el Senado como uno de los diez comisionados (decemviri) para resolver los asuntos de Asia.

 

Fue muerto en el año siguiente, 188 a. C., mientras luchaba bajo las órdenes de Cneo Manlio Vulsón contra los tracios.


domingo, 23 de junio de 2019

EL CÓNSUL LUCIO CORNELIO ESCIPIÓN ASIÁTICO



 

Lucio Cornelio Escipión Asiático (En latín, Lucius Cornelius Scipio Asiaticus), también llamado Asiagenes o Asiageno, fue un general y político de la República romana. Muerto en 183 a. C.

 

Hijo de Publio Cornelio Escipión y hermano de Escipión el Africano. Estuvo al servicio de su hermano en Hispania, donde tomó la ciudad de Oringis en el año 208 a. C., y a la terminación de la guerra fue enviado por su hermano a Roma, con la alegre noticia. Fue pretor en el año 193 a. C., cuando obtuvo la provincia de Sicilia.

 

Alcanzó el consulado en el año 190 a. C. con Cayo Lelio. El Senado no tenía mucha confianza en sus habilidades,​ y sólo a través de la oferta de su hermano el Africano que lo acompañaría como su legado obtuvo la provincia de Grecia y la conducción de la guerra contra Antíoco.​

 

Feroz enemigo de la Liga Etolia, aliada de Antíoco III, se opuso a la paz negociada por Publio. A continuación, pasó a Asia, venciendo a Antíoco III el Grande en la batalla de Magnesia. Tras volver a Roma, recibió un triunfo, y el apodo de Asiático, como reconocimiento a su victoria en Asia Menor.

 

Sin embargo, los hermanos Escipión tenían un formidable enemigo en la persona de Marco Porcio Catón, que odiaba a su familia. En el año 187 a. C., Catón acusó a Lucio de apropiación de parte de la indemnización de guerra pagada por Antíoco III. Escipión Africano se sintió ultrajado, y desafiando al senado, destruyó los documentos financieros de la campaña, entre los aplausos de la multitud. Pero esta altiva conducta parece haber producido una impresión desfavorable, y Lucio fue llevado a juicio en el curso del mismo año, fue declarado culpable y condenado a pagar una fuerte multa. El pretor Quinto Terencio Culeón se comprometió entonces a arrestarlo y encarcelarlo si Asiático se negaba a pagar la multa y los tribunos de la plebe (a excepción de Tiberio Sempronio Graco) con Cayo Fannio a la cabeza anunciaron que no se opondrían.​

 

A pesar de la pobreza a la que se dice que se vio reducido,​ celebró con gran esplendor, en el año 185 a. C. los juegos que había prometido en su guerra contra Antíoco. Valerio de Ancio relata que obtuvo el dinero necesario de una embajada a la que fue enviado después de su condena, para resolver las disputas entre los reyes Antíoco y Eumenes.

 

Fue candidato a la censura en el año 184 a. C., pero fue derrotado por el viejo enemigo de su familia, Porcio Catón, que dio una prueba más de su odio a la familia, privando a Asiático de su caballo en la revisión de los equites.​ Parece, por tanto, que incluso hasta épocas tan tardías como ésta un eques no renunciaba a su caballo público al convertirse en un senador.

 

Desalentado de la vida pública, se retiró a su villa de la Campania, donde murió al año siguiente.


lunes, 3 de junio de 2019

BATALLA DEL MONTE OLIMPO


La batalla del monte Olimpo se libró en el año 189 a. C. entre los gálatas de Asia Menor y la alianza romano-pergamenea. La batalla terminó en una aplastante victoria aliada. Tito Livio es la principal fuente de esta batalla, y su descripción se puede encontrar en el volumen 38, capítulos 17-23.
 
En 191 a. C., Antíoco III del Imperio seléucida invadió Grecia, como consecuencia, entró en conflicto con los romanos, que lo derrotaron en Grecia y lo siguieron en su retirada a Asia Menor. En Asia Menor, los romanos, con sus aliados de Pérgamo, derrotaron a Antíoco en la batalla de Magnesia.​ La derrota obligó a los seléucidas a pedir la paz y abandonar sus dominios en Asia Menor.​
 
En 189 a. C., Escipión Asiático fue sustituido como cónsul de Cneo Manlio Vulsón. Uno de sus objetivos era el de hacer cumplir el tratado que Escipión había firmado con Antíoco. Cuando llegó, se dirigió a las tropas y las elogió por su victoria sobre los seléucidas y propuso una nueva guerra, una guerra contra los gálatas de Asia Menor.
 
El pretexto que utilizó para la invasión fue el que los gálatas habían aportado soldados al ejército seléucida en la batalla de Magnesia. La razón principal para la invasión fue el deseo de Manlio de hacerse con las riquezas que los gálatas habían acumulado durante sus más de 100 años de estancia en la región que habitaban, además de conseguir gloria para sí mismo.
 
A Vulsón se sumó Átalo desde Éfeso, el hermano del rey Eumenes II de Pérgamo. Átalo trajo consigo algunos infantes y caballeros. Con estos refuerzos, Vulsón comenzó su marcha hacia el interior. Durante la marcha a través de Asia Menor, Vulsón exigió tributos a las ciudades a las que llegaba a lo largo del camino, y se inmiscuía en sus conflictos internos.​
 
Cuando el ejército llegó a la frontera con Galacia, el cónsul dirigió una alocución a sus tropas acerca de la guerra inminente y luego envió una delegación a Eposognato, cacique de los tectósagos, una de los tres tribus gálatas.​ Los enviados regresaron y respondieron que el jefe de los tectósagos suplicaba a los romanos que no invadiesen su territorio. También afirmó que iba a tratar de forzar la sumisión de los demás caciques.
 
La batalla comenzó con el lanzamiento de proyectiles y hostigamiento por tropas ligeras, al igual que muchas batallas libradas por la República romana. Tito Livio afirma que los gálatas fueron mal desde el principio, eran incapaces de protegerse de los numerosos proyectiles lanzados contra ellos. Trataron de responder con piedras, pero no sólo no eran muy diestros lanzándolas, sino que además las piedras eran demasiado pequeñas para ser un arma eficaz.
 
Tito Livio pasa a describir el pánico y la desesperanza de los gálatas, aparentemente atrapados en una guerra de proyectiles: un tipo de guerra para el que no estaban preparados. Cuando los gálatas se apresuraron a cargar contra la infantería ligera, los vélites romanos, en una situación rara vez descrita, se enzarzaron en el combate cuerpo a cuerpo contra la turba histérica de gálatas armados con espadas.
 
Los estandartes de las legiones comenzaron a avanzar sobre los galos, lo que hizo que cayeran en el pánico y se retiraran a su campamento. Los romanos ocuparon las colinas circundantes y atraparon a su enemigo, momento en el cual el cónsul ordenó a sus soldados que descansaran temporalmente. Durante este tiempo, la infantería ligera reunió los proyectiles que encontró en los alrededores del campo de batalla y se preparó para un segundo ataque. Los gálatas se prepararon para el asalto colocándose en frente de los muros de su campamento, ya que el campamento en sí no era lo suficientemente sólido para servir como fortificación.
 
El cónsul, una vez más, ordenó a la infantería ligera dar comienzo a la batalla, hostigando despiadadamente el campamento gálata, donde había también mujeres y niños.
 
En este punto, la infantería pesada inició su carga, lanzó sus jabalinas, lo que causó aún más pánico. Los galos huyeron del campamento en todas las direcciones, y el cónsul ordenó que se los persiguiera. Por último, la caballería no había desempeñado ningún papel en la batalla, pero se sumó en ese momento a la búsqueda, capturando y matando a muchos gálatas.
 
Como señala Tito Livio, fue difícil calcular el número de muertos por lo dispersos que se hallaban los cadáveres (tras la huida del campamento). La victoria trajo mucho botín para la República romana y para todos los soldados que tomaron parte.