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lunes, 12 de junio de 2023

AUDACIA Y VOLUNTAD EN LOS PROPÓSITOS

“Si faltaren las fuerzas, la audacia, cuando menos, será su gloria: en las empresas grandes basta con haber empleado la voluntad.”

( Sexto Propercio )

 

Esta frase de Sexto Propercio pertenece a su primer libro de Elegías, en el poema XVII. En este poema, el autor expresa su admiración por el héroe griego Aquiles, que prefirió una vida breve pero gloriosa a una larga pero oscura. La frase resume la actitud valiente y decidida de Aquiles, que no se dejó intimidar por las dificultades ni por el destino.

 

Creo que se pretende dar a entender que la audacia y la voluntad son virtudes importantes para lograr el éxito en cualquier empresa grande. La audacia implica coraje y determinación, pero también requiere inteligencia y prudencia. La voluntad es un factor importante en la realización de proyectos grandes y ambiciosos. Sin embargo, estas virtudes deben ser equilibradas con la sabiduría y la reflexión para lograr un éxito sostenible y duradero.




domingo, 5 de febrero de 2023

ACTIANACTE ( HIJO DE HÉCTOR Y ANDRÓMACA, Y NIETO DEL REY PRIAMO DE TROYA) EXPONE SU DESGRACIA

¡Oh, padre mío! ¡Oh, patria mía! ¡Oh, palacio de Príamo!.

 

A pesar de mi origen, la suerte me ha faltado.

 

Sepáis que yo poseía un trono; ved, pues, de qué fortunas, de qué poderes, de qué riquezas, me ha despojado la suerte...


viernes, 10 de abril de 2020

TELÉMACO Y LOS PRETENDIENTES



De tal suerte se expresaban los pretendientes. Mas el ingenioso Odiseo, no bien hubo tentado y examinado el grande arco por todas partes, cual un hábil citarista y cantor tiende fácilmente con la clavija nueva la cuerda formada por el retorcido intestino de una oveja que antes atara del uno y del otro lado: de este modo, sin esfuerzo alguno, armó Odiseo el grande arco. Seguidamente probó la cuerda, asiéndola con la diestra, y dejóse oír un hermoso sonido muy semejante a la voz de una golondrina. Sintieron entonces los pretendientes gran pesar y a todos se les mudó el color. Zeus despidió un gran trueno como señal y holgóse el paciente divino Odiseo de que el hijo del artero Cronos le enviase aquel presagio. Tomó el héroe una veloz flecha que estaba encima de la mesa, porque las otras se hallaban dentro de la hueca aljaba, aunque muy pronto habían de sentir su fuerza los aqueo. Y acomodándola al arco, tiró a la vez de la cuerda y de las barbas, allí mismo, sentado en la silla; apuntó al blanco, despidió la saeta y no erró a ninguna de las segures, desde el primer agujero hasta el último: la flecha, que el bronce hacía ponderosa, las atravesó a todas y salió afuera. Después de lo cual dijo a Telémaco: ¡Telémaco! No te afrenta el huésped que está en tu palacio: ni erré el blanco ni me costó gran fatiga armar el arco; mis fuerzas están enteras todavía, no cual los pretendientes, menospreciándome, me lo echaban a la cara, Pero ya es hora de aprestar la cena a los aqueos, mientras hay luz, para que después se deleiten de otro modo, con el canto y la cítara, que son los ornamentos del banquete. Dijo, e hizo con las cejas una señal. Y Telémaco, el caro hijo del divino Odiseo, ciñó la aguda espada, asió su lanza y armado de reluciente bronce, se puso en pie al lado de la silla, junto a su padre”.

 Homero en "La Odisea"



jueves, 9 de abril de 2020

SINÓN



En la mitología griega Sinón (Σίνων) era un guerrero griego, primo de Odiseo, que, a través de engañosas razones, persuadió a los troyanos para que introdujeran el caballo de madera en la ciudadela de Troya.


Una vez que el caballo estuvo dentro de la ciudad, Sinón, durante la noche, abrió el vientre del caballo para permitir la salida de los hombres que se encontraban en su interior y encendió una antorcha como señal luminosa para los aqueos, que se acercaban en los barcos desde la isla de Ténedos.










miércoles, 1 de abril de 2020

PRIAMO DE TROYA VISITA A AQUILES QUEJÁNDOSE POR SUS HIJOS MUERTOS



"Cuando esto hubo dicho, Hermes se encaminó al vasto Olimpo. Príamo saltó del carro a tierra, dejó a Ideo con el fin de que cuidase de los caballos y mulas, y fue derecho a la tienda en que moraba Aquiles, caro a Zeus. Hallóle dentro y sus amigos estaban sentados aparte; sólo dos de ellos, el héroe Automedonte y Álcimo, vástago de Ares, le servían, pues acababa de cenar; y, si bien ya no comía ni bebía, aun la mesa continuaba puesta. El gran Príamo entró sin ser visto, acercóse a Aquiles, abrazóle las rodillas y besó aquellas manos terribles, homicidas, que habían dado muerte a tantos hijos suyos. Como quedan atónitos los que, hallándose en la casa de un rico, ven llegar a un hombre que, poseído de la cruel ofuscación, mató en su patria a otro varón y ha emigrado a país extraño, de igual manera asombróse Aquiles de ver al deforme Príamo; y los demás se sorprendieron también y se miraron unos a otros. Y Príamo suplicó a Aquiles, dirigiéndole estas palabras: - Acuérdate de tu padre, Aquiles, semejante a los dioses, que tiene la misma edad que yo y ha llegado al funesto umbral de la vejez. Quizá los vecinos circunstantes le oprimen y no hay quien te salve del infortunio y de la ruina; pero al menos aquél, sabiendo que tú vives, se alegra en su corazón y espera de día en día que ha de ver a su hijo, llegado de Troya. Mas yo, desdichadísimo, después que engendré hijos excelentes en la espaciosa Troya, puedo decir que de ellos ninguno me queda. Cincuenta tenía cuando vinieron los aqueos: diez y nueve procedían de un solo vientre; a los restantes diferentes mujeres los dieron a luz en el palacio. A los más el furibundo Ares les quebró las rodillas; y el que era único para mí, pues defendía la ciudad y sus habitantes, a ése tú lo mataste poco ha, mientras combatía por la patria, a Héctor, por quien vengo ahora a las naves de los aqueos, a fin de redimirlo de ti, y traigo un inmenso rescate. Pero, respeta a los dioses, Aquiles, y apiádate de mí, acordándote de tu padre; que yo soy todavía más digno de piedad, puesto que me atreví a lo que ningún otro mortal de la tierra: a llevar a mi boca la mano del hombre matador de mis hijos. Así habló. A Aquiles le vino deseo de llorar por su padre; y, asiendo de la mano a Príamo, apartóle suavemente. Entregados uno y otro a los recuerdos, Príamo, caído a los pies de Aquiles, lloraba copiosamente por Héctor, matador de hombres; y Aquiles lloraba unas veces a su padre y otras a Patroclo; y el gemir de entrambos se alzaba en la tienda."


( Homero en "La Ilíada" )














jueves, 26 de marzo de 2020

HÉCTOR DE TROYA Y ANDRÓMACA


¡Desgraciado!. Tu valor te perderá. No te apiadas del tierno infante ni de mí, infortunada, que pronto seré tu viuda; pues los aqueos te acometerán todos a una y acabarán contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares, que ya no tengo padre ni venerable madre. A mi padre matólo el divino Aquiles cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, Teba, la de altas puertas: dio muerte a Eetión, y sin despojarlo, por el religioso temor que le entró en el ánimo, quemó el cadáver con las labradas armas y le erigió un túmulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas monteses, hijas de Zeus, que lleva la égida. Mis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al Hades el mismo día; pues a todos los mató el divino Aquiles, el de los pies ligeros, entre los flexípedes bueyes y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, trájola aquél con otras riquezas y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero Ártemis, que se complace en tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre. Héctor, tú eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Pues, ea, sé compasivo, quédate aquí en la tome -¡no hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda!- y pon el ejército junto al cabrahígo, que por allí la ciudad es accesible y el muro más fácil de escalar. Los más valientes -los dos Ayantes, el célebre Idomeneo, los Atridas y el fuerte hijo de Tideo con los suyos respectivos- ya por tres veces se han encaminado a aquel sitio para intentar el asalto: alguien que conoce los oráculos se to indicó, o su mismo arrojo los impele y anima. Contestóle el gran Héctor, el de tremolante casco: - Todo esto me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojaría ante los troyanos y las troyanas de rozagantes peplos, si como un cobarde huyera del combate; y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila entre los troyanos, manteniendo la inmensa gloria de mi padre y de mí mismo. Bien lo conoce mi inteligencia y lo presiente mi corazón: día vendrá en que perezcan la sagrada Ilio, Príamo y el pueblo de Príamo, armad con lanzas de fresno. Pero la futura desgracia de los troyanos, de la misma Hécuba, del rey Príamo y de muchos de mis valientes hermanos que caerán en el polvo a manos de los enemigos, no me importa tanto como la que padecerá tú cuando alguno de los aqueos, de broncíneas corazas, se te lleve llorosa, privándote de libertad, y luego tejas tela e Argos, a las órdenes de otra mujer, o vayas por agua a la fuente Meseide o Hiperea, muy contrariada porque la dura necesidad pesará sobre ti. Y quizás alguien exclame, al verte derramar lágrimas: «Ésta fue la esposa de Héctor, el guerrero que más se señalaba entre los troyanos, domadores de caballos, cuando en torno de Ilio peleaban.» Así dirán, y sentirás un nuevo pesar al verte sin el hombre que pudiera librarte de la esclavitud. Pero ojalá un montón de tierra cubra mi cadáver, antes que oiga tus clamores o presencie tu rapto.
 ( Homero en "La Ilíada" )






 

viernes, 19 de abril de 2019

CLITEMNESTRA



En la mitología griega, Clitemnestra o Clitemestra (en griego, Κλυταιμήστρα)1​ fue esposa de Agamenón y reina de Micenas.

 

Leda fue seducida por Zeus en forma de cisne, pero la misma noche en que yació con él también había yacido con su esposo Tindáreo. Como resultado, puso dos huevos, de uno de los cuales nacieron Cástor y Clitemnestra, que eran hijos de Tindáreo, y del otro, Helena y Pólux, que eran hijos de Zeus. Además, otras hermanas de Clitemnestra eran Febe, Timandra y Filónoe.​

 

Casó en primeras nupcias con Tántalo, hijo de Broteas o, según otras fuentes, de Tiestes. Tras el asesinato de su esposo y su hijo recién nacido a manos de Agamenón, éste fue obligado por los Dioscuros a desposarse con Clitemnestra. Como esposa de Agamenón, tuvo cuatro hijos: Electra, Ifigenia, Orestes y Crisótemis.​ En algunas tradiciones, sin embargo, se decía que Ifigenia era en realidad hija de su hermana Helena y de Teseo, pero había sido criada por ella.

 

Cuando toda la flota aquea estaba en el puerto de Áulide dispuesta a partir a luchar en la guerra de Troya, Agamenón se había ganado la cólera de la diosa Artemisa. Debido a esto, la flota estaba detenida sin poder partir por la ausencia de vientos favorables.

 

El adivino Calcante fue interrogado para saber cómo aplacar a la diosa, y la respuesta fue que se debía sacrificar a la hija más hermosa de Agamenón en nombre de la diosa Artemisa, para que ésta los dejara partir. El rey al principio se negó pero, presionado por su hermano Menelao, tuvo que enviar un mensaje a Clitemnestra para que hiciera enviar a su hija Ifigenia desde Micenas hasta Áulide con el pretexto de casarla con Aquiles. Luego Agamenón trató de impedir el sacrificio enviando secretamente otra carta a Clitemnestra en la que le decía que no enviara a su hija, pero esta carta fue interceptada y no llegó a su destino. Al no haber otra solución, Agamenón consintió en hacer el sacrificio.

 

En algunas versiones, Clitemnestra acompañó a su hija en ese viaje. Según cuenta la versión más conocida, cuando Ifigenia llegó y el sacrificio se iba a realizar, la diosa se apiadó de la joven y puso en su lugar una cierva. Se llevó a Ifigenia a Táuride, donde la convirtió en su sacerdotisa.​ Según cuenta Hesíodo, Artemisa salvó la vida de Ifigenia y la convirtió en la diosa Hécate.​

 

Sin embargo, existen variaciones sobre el tema: según la versión de Sofocles, el sacrificio sí ocurre, y justifica que Clitemnestra, en venganza por la muerte de su hija, mate a Agamenón al volver éste de la Guerra de Troya.​

 

En otras, lo que varía es el lugar del sacrificio, que tiene lugar en Braurón, un lugar del Ática. También varía la víctima de sacrificio que se emplea en sustitución de la joven: un oso, una ternera, un toro o incluso una mujer vieja.

 

Otra forma del mito, es que la misma Ifigenia se convierte a sí misma en toro, ternera, osa o mujer vieja -según sea el caso- y acto seguido habría desaparecido. Muchos explican la desaparición, con el hecho de que en el momento del sacrificio los presentes habían vuelto la vista hacia otro lado, para no ver la muerte de la joven, por lo que ella había podido escapar.

 

La versión más racionalista explica, por su parte, que en el momento del sacrificio había aparecido un toro, una ternera, una cierva o una vieja, y que el sacerdote había interpretado tal hecho como un presagio de que los dioses no aceptarían el sacrificio y que ya la ofensa a Artemisa estaba saldada.

 

Agamenón había puesto a Clitemnestra bajo la vigilancia de un aedo, pero Egisto, primo de Agamenón, se lo llevó a una isla desierta y sedujo a Clitemnestra, que se convirtió así en su amante. Clitemnestra había sido predispuesta a cometer adulterio debido a que Nauplio había recorrido Grecia para difundir noticias a diversas reinas de que sus maridos estaban tomando concubinas durante la guerra de Troya.

 

Cuando Agamenón regresó a Micenas, ambos lo asesinaron, mientras éste se ponía una túnica que carecía de orificios para los brazos y la cabeza. Luego asesinaron a Casandra, una princesa y adivina troyana que Agamenón había traído consigo.

 

Clitemnestra y Egisto reinaron en Micenas y tuvieron una hija, Erígone, pero varios años más tarde murieron a manos de Orestes, que había sido puesto a salvo por su hermana Electra y vengó así la muerte de su padre.​

 

Existía la tradición de que la tumba de Clitemnestra estaba situada, como la de Egisto, en un lugar fuera del recinto de las murallas de Micenas.​

 

A principios del siglo XIX se descubrió fuera de las murallas de Micenas una tumba de cúpula que ha sido datada en el siglo XIII a. C. y que más tarde fue llamada tumba de Clitemnestra. Esta tumba se encuentra al sudeste del llamado Círculo de tumbas B.