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jueves, 8 de junio de 2023

TITO LABIENO A LOS SOLDADOS DE CÉSAR ANTES DE FARSALIA

TITO LABIENO

 

"¡Basta ya de conferencias de paz!. La única manera en que podéis hacer la paz con nosotros es traernos la cabeza de César."

 

Esa cita es de Tito Labieno, un político y militar romano que fue uno de los lugartenientes de Julio César durante la guerra de las Galias, pero que luego se pasó al bando de Pompeyo durante la guerra civil. La cita está recogida en la obra de Séneca el Viejo, un escritor y retórico romano que fue padre de Séneca el Filósofo. 

Séneca el Viejo cita a Labieno varias veces en sus "Controversias y Suasorias", una colección de ejercicios de oratoria que recogen fragmentos de discursos pronunciados por diferentes oradores. En concreto, la cita que se menciona en esta entrada pertenece a la "Controversia 2.2", donde Labieno se dirige a los soldados de César antes de la batalla de Farsalia, en el año 48 a. C., y les dice que la única manera de hacer la paz con ellos es traerles la cabeza de César.




martes, 30 de mayo de 2023

SÉNECA Y LOS GLADIADORES, UNA VISIÓN ESTOICA DE LA MUERTE EN LA ARENA

“El combate gladiatorio enseña a no temer a la muerte, pues muestra a los gladiadores, que no la temen, lo cual es fortalecedor y relajante. “

 

( Lucio Anneo Séneca )

 

Ciertamente Séneca como estoico entendía la idea de aceptar la muerte como parte natural de la vida y no temerla, pues esta cita que menciono la escribió en su conocida “Epístolas morales a Lucilio”. Pero tampoco tenemos que olvidar que la época del Imperio Romano era una época constantemente marcada por la convulsión y violenta, donde la muerte era una realidad cotidiana, y todo tipo de guerras frecuentes y devastadoras estaban a la orden del día, que cuando se terminaba una guerra, ya pronto empezaba abruptamente otra en cualquier otro rincón del imperio.

 El espectáculo de la sangre, en el anfiteatro, reflejaba una realidad en la vida cotidiana de los ciudadanos romanos. Algunos gladiadores eran hombres libres que aceptaban participar en los combates, a pesar del riesgo para sus propias vidas, tanto para ganar grandes sumas de dinero, como por el placer que les proporcionaba esta actividad tan arriesgada, sangrienta, e incluso letal. Pero la inmensa mayoría de los gladiadores provenían de la esclavitud, obligados a ejercer de gladiadores y arriesgar sus miserables vidas de muy poco valor para el entretenimiento y diversión de otros seres humanos.

 

Y claro que en una sociedad como la romana, donde la esclavitud estaba muy arraigada, las personas endeudadas o que eran esclavos, para ser gladiadores  podían llegar a vivir en un ludus donde se les alimentaba bien, se les entrenaba bien con lo que incluso se sentían como dioses ( o al menos en la arena, donde experimentaban la mortal emoción del combate), y podían tener ciertas comodidades y privilegios como yacer con otra hermosa esclava que estaba destinada para sus placeres sexuales, según disponía su amo el lanista como una forma de recompensarle y animarle a mejorar como gladiador, siempre predispuesto a correr el riesgo de salir malherido o morir en combate, sin ningún miedo, pese a los sufrimientos atroces que podía conllevar.

 De modo que muchos esclavos comprados y criados por los lanistas aceptaban gustosamente su destino de gladiadores como carne de entretenimiento de la plebe en ese deporte cruel de sangre, violencia, y muerte, si se comparaban con las miserables vidas de otros esclavos, aunque finalmente eran muy pocos los esclavos gladiadores que sobrevivían, aparte de que en muchos casos de todos modos el destino del esclavo ya caduco y envejecido era también la muerte anticipada para evitar ser una carga para el amo.


PODÉIS VER LA PELÍCULA GLADIADOR II, CLICLANDO EN LA SIGUIENTE IMAGEN: 



jueves, 11 de mayo de 2023

MARCO VALERIO MARCIAL: UN POETA SATÍRICO HISPANO EN LA ROMA IMPERIAL


 

Marco Valerio Marcial (en latín, Marcus Valerius Martialis; Bílbilis, actual Calatayud,  de marzo de c. 40-ibid., 104) fue un poeta romano de origen hispano. Vivió su mayor período de grandeza bajo el abrigo de los reinados de Tito y Domiciano.

 

Procedía de Bílbilis Augusta (actual Calatayud), en la Hispania Tarraconense donde nació entre los años 38-41. Sus padres fueron Valerio Frontón y Flacila, también de Bílbilis. Ambos ya habían fallecido en el año 89, cuando publica su quinto libro. Parece que fueron bien acomodados y pudieron dar formación a su hijo en una escuela de gramático. En sus versos se quejará de haber aprendido un oficio que le impidió hacerse rico.

 

Alrededor del año 64 marchó a Roma para terminar sus estudios jurídicos con la protección de Séneca, pero la caída en desgracia de este bajo Nerón y su suicidio en el año 65 le dejaron desamparado y su pobreza le obligó a sobrevivir de forma bohemia e itinerante como cliente de diversos mecenas la mayor parte de los 35 años que pasó allí.

 

Su primer libro se publica en el año 80, el Libro de los Espectáculos (Liber Spectaculorum), con motivo de la inauguración del anfiteatro Flavio, el Coliseo, que se había inaugurado un año antes. Recoge en su contenido los cien días de espectáculos celebrados mencionando a muchos de los protagonistas de cada uno de ellos. Poco tiempo después, en diciembre del año 85, publica los libros XIII y XIV, «los últimos en el orden normal de la edición de su obra pero de los primeros que se publicaron, titulados respectivamente Xenia (Regalos para los amigos) el XIII y Apophoreta (Regalos para los invitados) el XIV.»

 

Sabedor que sus obras son leidas por todo el mundo (romano) se quejaba que a su bolsa no llegaba un sestercio ya que en Roma no había derecho de propiedad intelectual y sus libros se reproducían libremente.

 

Se ganó sin embargo la amistad de los mayores escritores de ese tiempo, Plinio el Joven, Silio Itálico, el también satírico Juvenal y el gran rétor Marco Fabio Quintiliano, que también era hispanorromano. También lo era Lucano, que apenas falleció recién llegado, pero en su viuda, Pola Argentaria, encontró apoyo. De la misma manera trabó amistad con el poeta gaditano Canio Rufo, un temperamento afín al suyo.

 

Poco a poco, favorecido por los emperadores Tito y Domiciano, a quienes dedicó interesados elogios, estos le nombraron miembro del orden ecuestre y ganó diversos honores, entre ellos la exención de los impuestos que habían de pagar los que no tenían hijos, esto es, el ius trium liberorum.

 

Sin embargo, sus sucesores Nerva y Trajano se olvidaron de él y hubo de retornar a Bílbilis y aceptar allí el regalo de una propiedad campestre por parte de una admiradora, Marcela; la vuelta a la vida rural era uno de sus grandes sueños. Allí marchó el año 98 para pasar su vejez, escribir sus últimos libros, que su amigo Terencio Prisco demandaba, y murió seis años después.7 Era la vida que ansiaba, como escribió en unos celebérrimos versos muy citados a su amigo Julio Marcial:

 

Las cosas que hacen feliz, / amigo Marcial, la vida, / son: el caudal heredado, / no adquirido con fatiga; / tierra al cultivo no ingrata; / hogar con lumbre continua; / ningún pleito, poca corte; / la mente siempre tranquila; / sobradas fuerzas, salud; / prudencia, pero sencilla; / igualdad en los amigos; / mesa sin arte, exquisita; / noche libre de tristezas; / sin exceso en la bebida; / mujer casta, alegre, y sueño / que acorte la noche fría; / contentarse con su suerte, / sin aspirar a la dicha; / finalmente, no temer / ni anhelar el postrer día.

Lib. X, ep. 47.

 

Aunque, efectivamente, no llegó a ser rico, tampoco se debe pensar que era pobre ya que tenía algunas posesiones y esclavos (cultivadores, un amanuense, etc) que contrasta con su carácter pedigüeño según deja escrito en sus composiciones.

Su obra, que ha sobrevivido prácticamente íntegra, se compone de quince libros de versos, con prólogo en verso o en prosa, en diversos metros (sobre todo dístico elegiaco, pero también endecasílabos catulianos, hexámetros falecios y yambos catalécticos), un total de unos mil quinientos poemas pertenecientes a un solo género literario, el epigrama, en el que no tuvo en su tiempo rival y en el que superó a sus antecesores y modelos, Catulo y la Cicuta de Domicio Marso. En cierto modo el epigrama representaba el correlato en verso a la concisión de la prosa aforística del también hispanorromano Séneca el Joven.

 

El primer libro es el Liber spectaculorum, también primero cronológicamente hablando, ya que fue compuesto en el año 80 d. C. y celebra la construcción del Anfiteatro Flavio, actualmente conocido como Coliseo, por el emperador Tito.

 

Los Xenia (libro XIII) y los Apophoreta (libro XIV) son dísticos compuestos para los regalos que hacían a los patronos los clientes en la fiesta de las Saturnales.

 

Los libros I y XII poseen un contenido vario: literatura, sociedad y temas personales. Llama la atención el silencio del autor sobre el historiador Tácito y el poeta Estacio, sus contemporáneos; si al segundo pudo considerarlo un rival, la falta de alusiones al primero es más difícil de explicar.

 

La fama de Marcial deriva principalmente de su ingenio satírico; pero, si bien fue un observador penetrante de la sociedad de su tiempo, su visión está afectada por la más absoluta indiferencia moral, por lo que no se le puede tener estrictamente por satírico. El tono de sus piezas oscila de la más pura lírica a la obscenidad más abyecta.

 

Sus epigramas son también importantes por su valor documental, por la información que aportan sobre la sociedad romana de la época, que refleja con una gran vitalidad. Hace gala de un ingenio agudísimo y de una extrema concisión, que ha hecho a veces considerarlo el primero de los conceptistas españoles; también sabe encontrar hábilmente la parte miserable y oculta de las aparentes grandezas humanas. Los aprovechados, los sinvergüenzas, los degenerados, los hipócritas, la dama semimundana que envejece, el bailarín y toda la comedia humana de la gran metrópoli que era Roma en aquel tiempo aparecen vistosamente atacados y descritos en sus poemas. Pero si bien se burla siempre, a veces hiriendo, jamás lo hace con irritación moral. Se queja calculadamente de su pobreza y dedica lisonjas arrastradas e indignas al emperador Domiciano.

 

En el cuadro renacentista Retrato de Giovanna Tornabuoni (1488) de Domenico Ghirlandaio, podemos leer uno de sus epigramas en el fondo de la escena, que dice:

 

ARS VTINAM MORES ANIMVMQUE EFFINGERE POSSES PVLCHRIOR IN TERRIS NVLLA TABELLA FORET

Arte, ojalá pudieras plasmar la conducta y el espíritu, no habría en la tierra pintura más hermosa.Domenico Ghirlandaio.

El canónigo de Huesca Manuel de Salinas y Lizana hizo una traducción de los Epigramas de Marcial que puede encontrarse en la Agudeza y arte de ingenio de Baltasar Gracián; Juan de Iriarte hizo otra ya en el siglo XVIII, que se halla en el primer tomo de sus Obras sueltas, (Madrid, Francisco Manuel de Mena, 1774). Víctor Suárez Capalleja hizo otra en tres tomos para la Biblioteca Clásica de la Casa Editorial Hernando.

 

Las agudezas de Marcial suscitaron frecuentemente, a la par que admiración, también el comentario erudito o moral de los humanistas desde el Renacimiento. Entre los escoliastas españoles destacan Baltasar de Céspedes por su Comentario a los Epigramas de Marco Valerio Marcial; Lorenzo Ramírez de Prado, por los suyos de 1607; el deán de Alcoy, Manuel Martí; el jesuita P. Tomás Serrano, que discutió con Girolamo Tiraboschi acerca de los méritos de Marcial en su singular libro Super iudicium Hieronymi Tiraboschi de Marco Valerio Martiale, Roma, ¿1786?; otros comentaristas fueron Víctor Suárez Capalleja, Marcelino Menéndez Pelayo y Arturo Masriera.


lunes, 8 de mayo de 2023

SÉNECA DICE SOBRE LOS CASTIGOS LEGALES

La ley persigue estas tres cosas, que el príncipe también debe proponerse: o la enmienda del que se castiga, o que su castigo haga mejores a los demás o que, quitando a los malos, los demás vivan tranquilos.

 

Séneca, filósofo y escritor romano de la Antigüedad, escribió sobre los castigos legales y su objetivo principal. Según él, la ley persigue tres cosas diferentes: enmendar a la persona que está siendo castigada, hacer que los demás aprendan de su castigo y mejoren su comportamiento, o bien, eliminar a los malos para que los demás puedan vivir en paz y tranquilidad.

 

El primer objetivo de los castigos legales es la enmienda del infractor. Esto significa que el castigo debe ser diseñado para hacer reflexionar al infractor sobre su comportamiento y motivarlo para que cambie y no vuelva a cometer el mismo error en el futuro.

 

La idea es que el castigo no debe ser solo una forma de castigar al infractor, sino también una oportunidad para que éste se convierta en una mejor persona.

 

El segundo objetivo es que el castigo sirva de ejemplo para que otros aprendan de él. Es decir, que los demás vean lo que ha sucedido con el infractor y aprendan a no cometer los mismos errores.

 

De esta manera, el castigo no solo sirve para corregir al infractor, sino también para prevenir futuros delitos o infracciones.

 

Finalmente, el tercer objetivo es eliminar a los malos para que los demás puedan vivir en paz y tranquilidad. Si una persona ha demostrado ser un peligro para la sociedad y ha cometido delitos graves en repetidas ocasiones, la eliminación de esta persona podría ser la única forma de garantizar la seguridad y el bienestar de la comunidad.

 

En resumidas cuentas, Séneca nos muestra que los castigos legales tienen diferentes objetivos y que su diseño y aplicación deben tener en cuenta estos objetivos para ser efectivos. De esta manera, los castigos pueden no solo corregir el comportamiento del infractor, sino también prevenir futuras infracciones y garantizar la seguridad y el bienestar de la comunidad.



viernes, 5 de mayo de 2023

MARCO ANNEO SÉNECA, PADRE DE LUCIO ANNEO SÉNECA, QUE SENTÓ LAS BASES DE LA ORATORIA MODERNA

Marco Anneo Séneca (en latín Marcus Annaeus Seneca), también conocido como Séneca padre (su hijo Séneca le superó en fama), Séneca el Orador, Séneca el Retórico o Séneca el Viejo (Corduba, 54 a. C.- 39) fue un orador romano y escritor, nacido en una familia influyente del orden ecuestre.

 

Su praenomen es desconocido, aunque se acepta la conjetura de Rafael de Volterra de llamarlo Marco. Durante una larga estancia en Roma, Séneca el Viejo acudió a las lecturas de oradores y retóricos famosos, mientras se preparaba para una carrera como abogado. Su orador ideal fue Cicerón, desaprobando la costumbre de su época por las florituras oratorias.

 

Durante la guerra civil romana permaneció en Córdoba, lo que le privó de escuchar los discursos de Cicerón, siendo probable que sus simpatías, al igual que ocurrió con otros muchos cordobeses, estuviesen con Pompeyo.

 

Tuvo tres hijos con su esposa Helvia de Córdoba, una mujer de vetusta familia y con ciertas inquietudes intelectuales: Lucio Anneo Novato, adoptado por un amigo, el orador Junio Galión, por lo que posteriormente cambió su nombre a Lucio Junio Galión; Lucio Anneo Séneca (el filósofo) y Marco Anneo Mela, quien tuvo con su esposa Acilia al famoso poeta Marco Anneo Lucano.

 

Puesto que falleció antes del exilio de su hijo, decretado por Claudio en el año 41, y siendo las últimas referencias en sus escritos inmediatamente posteriores a la muerte de Tiberio, se estima que murió en el año 39 de nuestra era.

 

A una edad avanzada, a petición de sus hijos, preparó, de memoria, una colección de distintos temas escolares y su tratamiento por oradores griegos y romanos. Estos se presentaron en diez libros de controversias (casos legales imaginarios), en los que se discuten setenta y cuatro casos, dándose las opiniones de los retóricos sobre cada caso desde distintos puntos de vista, su división en distintas preguntas simples (divisio) y, finalmente, los mecanismos para hacer aparecer lo negro como blanco y las circunstancias atenuantes (colores).

 

Cada libro tenía un prefacio como introducción, en el cual las características de los retóricos individuales eran discutidas de una manera animada. El trabajo está inconcluso, pero las partes en blanco pueden ser llenadas de cierta forma con la ayuda de los epítomes realizados en los siglos IV y V para el uso de las escuelas. Elementos románticos fueron utilizados en la colección de anécdotas y cuentos llamada Gesta Romanorum. En los libros I, II, VII, IX y X se tiene tanto el original como el epítome. En los restantes únicamente se dispone de los epítomes. Incluso con la ayuda de los mismos, sólo siete prefacios están disponibles.

 

Las Controversias estaban complementadas por las Suasorias (ejercicios de oratoria), en las que se discutía sobre las cosas que se habría de hacer o no. La totalidad de la obra forma el estudio más importante sobre la historia de la oratoria moderna.

 

Séneca también fue el autor de un trabajo histórico sobre la historia de Roma, desde el inicio de la guerra civil hasta casi su propia muerte, que fue publicado por su hijo. Del mismo se conoce parte por la obra de Lucio Anneo Séneca De vita patris, cuyo inicio fue descubierto por Barthold Georg Niebuhr. La autoría de los trabajos del padre fue otorgada al hijo durante la Edad Media, hasta que fue vindicado por Rafael de Volterra y Justo Lipsio.