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domingo, 15 de diciembre de 2019

ANÍBAL GISCÓN



Aníbal Giscón (h. 300-290 - 258 a. C.), comandante en jefe cartaginés durante la primera guerra púnica contra Roma. Sus esfuerzos resultaron vanos y su eventual derrota en batalla precipitó su caída y posterior ejecución.

 

La primera fuente histórica nos habla de Aníbal Giscón en el año 261 a. C., como general al mando de la guarnición asediada por los romanos en Agrigento. A pesar de la tenacidad mostrada por Giscón y sus hombres, y de la llegada de refuerzos liderados por Hannón, la ciudad cayó en manos romanas. Aníbal consiguió escapar a Cartago en las postrimerías de la batalla. Aparentemente, su derrota - debida más a la persistencia del asedio romano que a su propia incompetencia - no fue óbice para la continuidad en el mando de Giscón. Al año siguiente (260 a. C.), regresó como almirante al mando de la flota cartaginesa en el estrecho de Mesina. Los romanos se disponían a lanzar su primera flota y Cartago decidió impedirlo. Giscón derrotó y capturó al cónsul Cneo Cornelio Escipión Asina en la batalla de las Islas Lípari, victoria que careció de significado estratégico, dado que el grueso de la flota romana continuó maniobrando en las aguas circundantes. Más tarde, en el 260 a. C., Giscón fue el primer general en padecer los efectos del corvus de abordaje romano. Confiado en la superioridad naval de Cartago, dispuso sus barcos en la formación tradicional en línea antes de la batalla de Milas. Aunque inexpertos en combates navales, los romanos liderados por el cónsul Cayo Duilio derrotaron estrepitosamente a la flota cartaginesa, debido principalmente a sus innovadoras tácticas.

 

En el 258, fue enviado a defender Cerdeña del ataque romano siendo fácilmente derrotado por el general romano Cayo Sulpicio Patérculo. Tras esta nueva pérdida de confianza de sus superiores, Giscón fue ejecutado por incompetencia poco después, junto a otros generales cartagineses derrotados. Según algunas fuentes, fue crucificado por sus propios hombres.


viernes, 5 de abril de 2019

EL CÓNSUL CAYO DUILIO


 
Cayo Duilio (en latín, Gaius Duilius) fue un político y militar de la República romana que vivió en el siglo III a. C. y luchó en la primera guerra púnica.
 
No se tienen casi datos sobre su familia o sus inicios en la política puesto que era un homo novus, lo que significa que no pertenecía a una de las familias tradicionales de la aristocracia romana. Logró sin embargo ser elegido cónsul romano en el año 260 a. C., en el comienzo de la primera guerra púnica.
 
En ese año, la costa de Italia fue repetidamente asolada por los cartagineses, contra los que los romanos estaban indefensos al carecer de armada. Los romanos construyeron su primera flota, de cien quinquerremes y veinte trirremes, utilizando para su modelo un buque cartaginés que había sido arrojado en la costa de Italia.
 
Las cifras de barcos romanos construidos es disputada, ya que, según Orosio, ascendió a 130, y de acuerdo con Floro a 160. Esta flota se dice que fue construida en el corto espacio de tiempo de sesenta días. Según algunos autores, Duilio obtuvo el mando de esta flota, mientras que, según Polibio, se le dio a su colega Cneo Cornelio. El mismo autor señala que, en un principio, Cneo Cornelio navegó con 17 barcos a Mesina, pero fue capturado por los cartagineses en Lípari.
 
Entonces, los romanos, al enterarse de la desgracia de Cneo Cornelio, enviaron a Duilio, que mandaba el ejército de tierra, y le encargaron el mando de su flota. Según Zonaras, Duilio, que mandaba la flota desde el principio, cuando se dio cuenta de las desventajas que tenían los torpes buques de los romanos, ideó el conocido garfio -corvus- por medio del cual los barcos del enemigo eran atraídos hacia estos, así que la batalla naval era, por decirlo así, convertida en un combate terrestre.
 
Duilio, cuando fue informado de que los cartagineses, al mando del almirante Aníbal devastaban la costa de Milas en Sicilia, se embarcó hacia allí con todo su armamento, y se encontró con los cartagineses, cuya flota se componía de 130, o, según Diodoro, de 200 velas.
 La batalla que se produjo, conocida como la Batalla de Milas, terminó con una gloriosa victoria de los romanos, debida principalmente al uso de sus garfios. En el primer ataque de los cartagineses, éstos perdieron 30 naves, y en el segundo otros 50 barcos, y Aníbal escapó con dificultad en un pequeño bote. 
Según Eutropio y Orosio, las pérdidas de los cartagineses no fueron tan grandes como señala Polibio. Después de sellarse la victoria, Duilio desembarcó en Sicilia, cerca de la ciudad de Egesta, que estaba estrechamente sitiada por el enemigo, y tomó por asalto Macella. 
Otro pueblo de la costa parece asimismo haber sido tomado por él. Realizado esto, visitó varios de los aliados de Roma, en Sicilia, y entre ellos también al rey Hierón de Siracusa, pero cuando quiso regresar a casa, los cartagineses se esforzaron para evitar que su navegación fuera del puerto de Siracusa, aunque sin éxito.
 
A su regreso a Roma, Duilio celebró un espléndido triunfo, porque fue la primera victoria naval que los romanos habían ganado, y el recuerdo fue perpetuado por una columna que se erigió en el foro, y adornada con las rostras de los buques conquistados, mientras que Duilio mismo mostró su agradecimiento a los dioses mediante la construcción de un templo dedicado a Jano en el foro Olitorium.
 
Duilio fue el más recompensado por esta victoria, por lo que se permitió, cuando regresaba a casa de un banquete en la noche, ir acompañado de una linterna y un flautista.
 
Durante su consulado el Senado de Roma prohibió enterrar los cadáveres dentro de la ciudad.
 
Según los Fastos Capitolinos, Duilio fue censor romano en 258 a. C. junto con Lucio Cornelio Escipión, y en 231 a. C. dictador con el propósito de la celebración de los comicios.

domingo, 20 de mayo de 2018

EL CÓNSUL CAYO DUILIO



 
Cayo Duilio (en latín, Gaius Duilius) fue un político y militar de la República romana que vivió en el siglo III a. C. y luchó en la primera guerra púnica.
 
No se tienen casi datos sobre su familia o sus inicios en la política puesto que era un homo novus, lo que significa que no pertenecía a una de las familias tradicionales de la aristocracia romana. Logró sin embargo ser elegido cónsul romano en el año 260 a. C., en el comienzo de la primera guerra púnica.
 
En ese año, la costa de Italia fue repetidamente asolada por los cartagineses, contra los que los romanos estaban indefensos al carecer de armada.
 
Los romanos construyeron su primera flota, de cien quinquerremes y veinte trirremes, utilizando para su modelo un buque cartaginés que había sido arrojado en la costa de Italia.
 
Las cifras de barcos romanos construidos es disputada, ya que, según Orosio,​ ascendió a 130, y de acuerdo con Floro​ a 160. Esta flota se dice que fue construida en el corto espacio de tiempo de sesenta días.
Según algunos autores,​ Duilio obtuvo el mando de esta flota, mientras que, según Polibio,​ se le dio a su colega Cneo Cornelio. El mismo autor señala que, en un principio, Cneo Cornelio navegó con 17 barcos a Mesina, pero fue capturado por los cartagineses en Lípari.​
 
Entonces, los romanos, al enterarse de la desgracia de Cneo Cornelio, enviaron a Duilio, que mandaba el ejército de tierra, y le encargaron el mando de su flota.
 
 Según Zonaras,​ Duilio, que mandaba la flota desde el principio, cuando se dio cuenta de las desventajas que tenían los torpes buques de los romanos, ideó el conocido garfio -corvus- por medio del cual los barcos del enemigo eran atraídos hacia estos, así que la batalla naval era, por decirlo así, convertida en un combate terrestre.
 
Duilio, cuando fue informado de que los cartagineses, al mando del almirante Aníbal devastaban la costa de Milas en Sicilia, se embarcó hacia allí con todo su armamento, y se encontró con los cartagineses, cuya flota se componía de 130, o, según Diodoro, de 200 velas.
 La batalla que se produjo, conocida como la Batalla de Milas, terminó con una gloriosa victoria de los romanos, debida principalmente al uso de sus garfios.
 En el primer ataque de los cartagineses, éstos perdieron 30 naves, y en el segundo otros 50 barcos, y Aníbal escapó con dificultad en un pequeño bote. Según Eutropio y Orosio, las pérdidas de los cartagineses no fueron tan grandes como señala Polibio.
 
Después de sellarse la victoria, Duilio desembarcó en Sicilia, cerca de la ciudad de Egesta, que estaba estrechamente sitiada por el enemigo, y tomó por asalto Macella. Otro pueblo de la costa parece asimismo haber sido tomado por él.
 
 Realizado esto, visitó varios de los aliados de Roma, en Sicilia, y entre ellos también al rey Hierón de Siracusa, pero cuando quiso regresar a casa, los cartagineses se esforzaron para evitar que su navegación fuera del puerto de Siracusa, aunque sin éxito.
 
A su regreso a Roma, Duilio celebró un espléndido triunfo, porque fue la primera victoria naval que los romanos habían ganado, y el recuerdo fue perpetuado por una columna que se erigió en el foro, y adornada con las rostras de los buques conquistados,​ mientras que Duilio mismo mostró su agradecimiento a los dioses mediante la construcción de un templo dedicado a Jano en el foro Olitorium.
 
Duilio fue el más recompensado por esta victoria, por lo que se permitió, cuando regresaba a casa de un banquete en la noche, ir acompañado de una linterna y un flautista.
 
Durante su consulado el Senado de Roma prohibió enterrar los cadáveres dentro de la ciudad.
 
Según los Fastos Capitolinos, Duilio fue censor romano en 258 a. C. junto con Lucio Cornelio Escipión, y en 231 a. C. dictador con el propósito de la celebración de los comicios.

jueves, 26 de abril de 2018

POLIBIO DESCRIBE LA BATALLA DE MYLAE


Los romanos después, acercándose a las costas de Sicilia y enterados de la desgracia ocurrida a Cneo, dan aviso al instante a Cayo Duilio, que mandaba las tropas de tierra, y esperan su llegada. Al mismo tiempo, oyendo que no estaba distante la escuadra enemiga, se aprestan para el combate. Sin duda al ver sus navíos de una construcción tosca y de lentos movimientos, les sugirió alguno el invento para la batalla, que después se llamo cuervo; cuyo sistema era de esta manera: se ponía sobre la proa del navío una viga redonda, cuatro varas de larga y tres palmos de diámetro de ancha; en el extremo superior tenia una polea, y alrededor estaba clavada una escalera de tablas atravesadas, cuatro pies de ancha y seis varas de larga. El agujero del entablado era oblongo y rodeaba la viga desde las dos primeras varas de la escalera. A lo largo de los dos costados tenia una baranda que llegaba hasta las rodillas, y en su extremo una especie de pilón de hierro que remataba en punta, de donde pendía una argolla; de suerte que toda ella se asemejaba a las maquinas con que se muele la harina. De esta argolla pendía una maroma, con la cual, levantando los cuervos por medio de la polea que estaba en la viga, los dejaban caer en los embebecimientos de los navíos sobre la cubierta de la nave contraria, unas veces sobre la proa, otras haciendo un circulo sobre los costados, según los diferentes encuentros. Cuando los cuervos, clavados en las tablas de las cubiertas, cogían algún navío, si los costados se llegaban a unir uno con otro, le abordaban por todas partes; pero si lo aferraban por la proa, saltaban en el de dos en dos por la misma maquina. Los primeros de estos se defendían con sus escudos de los golpes que venían directos, y los segundos, poniendo sus rodelas sobre la baranda, prevenían los costados de los oblicuos. De este modo dispuestos, no esperaban mas que la ocasión de combatir.


Al punto que supo Cayo Duilio el descalabro del jefe de la escuadra, entregando el mando de las tropas de tierra a los tribunos, dirigíose a la armada, e informado de que los enemigos talaban los campos de Mila, salio del puerto con toda ella. Los cartagineses, a su vista, ponen a la vela con gozo y diligencia ciento treinta navíos, y despreciando la impericia de los romanos no se dignan poner en orden de batalla, antes bien, como que iban a un despojo seguro, navegan todos vuelta las proas a sus contrarios. Mandábalos Aníbal, el mismo que había sacado de noche sus tropas de Agrigento. Mandaba una galera de siete ordenes de remos, que había sido del rey Pirro. Al principio los cartagineses se sorprendieron de ver, al tiempo que se iban acercando los cuervos levantados sobre las proas de cada navío, extrañando la estructura de semejantes maquinas. 


Sin embargo, llenos de un sumo desprecio por sus contrarios, acometieron con valor a los que iban en la vanguardia. Pero al ver que todos los buques que se acercaban quedaban atenazados por las maquinas, que estas mismas servían de conducto para pasar las tropas y que se llegaba a las manos sobre los puentes, parte de los cartagineses fueron muertos, parte asombrados con lo sucedido se rindieron. Fue esta acción semejante a un combate de tierra. Perdieron los treinta navíos que primero entraron en combate, con sus tripulaciones. Entre ellos fue también tomado el que mandaba Aníbal; pero él escapo con arrojo en un bote como por milagro. El resto de la armada vigilaba con el fin de atacar al enemigo, pero advirtiéndoles la proximidad el estrago de su primera linea, se aparto y estudio los choques de las maquinas. No obstante fiados en la agilidad de sus buques, contaban poder acometer sin peligro al enemigo, rodeándole unos por los costados y otros por la popa. Mas viendo que por todas partes se les oponían y amenazaban estas maquinas y que inevitablemente habían de ser asidos los que se acercasen, atónitos con la novedad de lo ocurrido, toman al fin la huida, después de perder en la acción cincuenta naves.


domingo, 25 de septiembre de 2016

LA VICTORIA DEL CÓNSUL CAYO DUILIO


La Primera Guerra Púnica, que enfrentó a Roma y Cartago de 264 a 241 a. C., fue el conflicto bélico ininterrumpido más largo de la Antigüedad.



En 260 a.C., el cónsul Cayo Duilio combatió con éxito contra la flota cartaginesa en la batalla de Milas, frente a las costas de Sicilia, infligiéndole una derrota por sorpresa, y fue el primero de todos los generales romanos que consiguió el triunfo tras una victoria naval. Por esta razón se le concedió un honor vitalicio: cuando regresaba de una cena lo precedía una antorcha mientras tocaba un flautista.


( Tito Livio en "Períocas")