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sábado, 13 de mayo de 2023

SUETONIO DICE SOBRE EL AMOR DE CÉSAR HACIA SERVILIA CEPIONIS

 

Sin embargo, César amó más que a nadie a Servilia, madre de Marco Bruto, a quien durante su primer consulado le regaló una perla que valía seis millones de sestercios, mientras que durante la guerra civil, además de otras donaciones le adjudicó por una puja mínima grandes propiedades subastadas, ocasión en que Cicerón le dijo en broma: «Para que lo sepáis, la compra ha sido más ventajosa, pues se le ha deducido un tercio». Se rumoreaba, en efecto, que la hija de Servilia, Tercia, también amaba a César.

 ( Cayo Suetonio Tranquilo, en Vidas de los Doce Césares )




jueves, 28 de mayo de 2015

SERVILIA, AMANTE EXTRAMARITAL DE CÉSAR



El recuerdo de aquellos meses malgastados en unos frenéticos celos todavía no se había desvanecido de la mente de Servilia, así que le encantaba oír cualquier palabra de César que indicase insatisfacción. Oh, tan sólo poco tiempo después del nacimiento de Junia Tercia, César y Servilia se reconciliaron, y ella comprendió que el matrimonio de César era una falsedad. Pero aquella mujer era una lagarta deliciosa, y contaba con la ventaja de estar siempre cerca de César; ninguna mujer de la edad de Servilia podía estar descansada y tranquila cuando su rival era casi veinte años más joven.


lunes, 2 de febrero de 2015

NACIMIENTO DE JUNIA TERCIA , HIJA DE SERVILIA CEPIONIS Y DE CAYO JULIO CÉSAR

 

Servilia dio a luz a su tercera hija a primeros de septiembre, una niña pequeñita de cabello rubio cuyos ojos prometían permanecer azules. Como Junia y Junilla eran mucho mayores, y por lo tanto acostumbradas ya a sus nombres, esta Junia se llamaría Tercia, que significaba tercera y tenía un sonido agradable. El embarazo había transcurrido lentamente de un modo terrible desde que César decidiera no verla a mediados de mayo, cosa que se vio agravada por el hecho de que cuando más pesada se encontraba era cuando el tiempo resultaba más caluroso, y a Silano no le pareció prudente abandonar Roma para irse a la costa a causa del estado de gestación en que ella se hallaba y a su edad. Silano había continuado mostrándose bueno y considerado. Nadie que los observase habría podido sospechar que las cosas no andaban bien entre ellos. Sólo Servilia detectó una expresión nueva en la mirada de su marido, una mirada en parte herida y en parte triste, pero como la compasión no formaba parte de su naturaleza, Servilia no le concedió más importancia que cualquier otro hecho de la vida y no suavizó su actitud hacia él.

 

Como sabía que las habladurías le harían llegar a César la noticia del nacimiento de su hija, Servilia no intentó ponerse en contacto con él. Un asunto difícil de todos modos, empeorado ahora por la nueva esposa de César. ¡Qué impresión le había causado aquello! Parecía que de pronto una bola de fuego hubiera salido de la nada desde un cielo despejado para aplastarla, para matarla, para reducirla a cenizas. Los celos la corroían noche y día, porque ella, naturalmente, conocía a la joven señora. Nada de inteligencia, ninguna profundidad... ¡pero tan hermosa con aquel cabello rojo y aquellos ojos verdes tan vivos! Además nieta de Sila, muy rica y con todas las relaciones convenientes y un pie en cada bando del Senado. ¡Qué inteligente por parte de César gratificar los sentidos al tiempo que fortalecía su posición política! Porque al no tener manera de comprobar el estado de ánimo de su amado, Servilia supuso automáticamente que aquél era un matrimonio por amor. ¡Bueno, pues que se pudriera! ¿Cómo podría vivir ella sin César? ¿Cómo podría vivir sabiendo que alguna otra mujer significaba más que ella misma para César? ¿Cómo podría seguir viviendo?


( C. McC. )