He aquí arriba un relieve encontrado en Halicarnaso, que representa
a Amazona y Aquilia, nombre de dos mujeres gladiadoras, y que se conserva en el
Museo Británico. Aunque se trataba de algo bastante infrecuente, las mujeres
también luchaban en la arena, igual que los hombres, como gladiatrices.
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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jueves, 9 de mayo de 2019
domingo, 15 de octubre de 2017
MUJERES LUCHADORAS
Una verdadera luchadora no es la que siempre gana, sino la
que a pesar de sus derrotas jamás se rinde.
martes, 22 de agosto de 2017
DELÍNCUENTES VÍRGENES
Una ley antigua prohibía que las condenadas a muertes fueran
estranguladas si eran vírgenes. Según nos cuenta Suetonio, los verdugos primero
las violaban y luego las ejecutaban. Así cumplían la ley.
sábado, 6 de mayo de 2017
PROSTITUTAS Y POLÍTICOS
Las lágrimas de un político y las de una prostituta son
igual de sinceras.
( Menandro en "Sentencias" )
domingo, 9 de abril de 2017
¿QUÉ ERA EL LUPANAR?
Era el lugar donde se ofrecían los servicios de las
prostitutas (lupus = lobo). Las prostitutas eran conocidas como las
"lobas". Su origen
proviene del latín Lupus (lobo), porque en la antigua Roma llamaban así a las
casas donde acudían los marineros "hambrientos como lobos" de tener
relaciones sexuales con prostitutas.
sábado, 4 de marzo de 2017
viernes, 6 de enero de 2017
ANTICONCEPTIVOS DE PROSTITUTAS EN LA ANTIGUA ROMA
Por
lo que se refiere a evitar embarazos, uno de los métodos preferidos eran los
hechizos mágicos, como por ejemplo este conjuro: «Coge una alubia perforada y
úsala como amuleto tras atarla en una piel de mula.
También
se utilizaba el método de la abstinencia según el ciclo menstrual de la mujer.
Los médicos creían comprender la ovulación femenina, pero, de hecho,
estaban completamente equivocados, y los periodos considerados seguros eran en
realidad los más fértiles. Los supositorios vaginales y los ungüentos eran más
prácticos; se pensaba que «cerraban» el útero y, por tanto, impedían la concepción.
El aceite era una de las sustancias preferidas,
ya fuese de oliva o de otro tipo, mezclado con ingredientes como la miel, el
plomo o el incienso, pero carecía de eficacia. También se recomendaba el uso de
pociones, como la mezcla de hojas de sauce, óxido de hierro y escoria, todo
ello finamente molido y mezclado con agua, o beber raíces de helecho macho y
hembra mezcladas con vino dulce.
Existen
pruebas arqueológicas y documentales del amplio uso por parte de las mujeres de
esponjas y otros métodos de barrera para evitar la concepción, con vinagre común como espermicida (cosa que es cierta).
Obviamente,
a menudo se producía el resultado deseado —la prevención del embarazo—
coincidiendo con alguno de los muchos métodos propuestos por la medicina
popular y profesional, lo cual animaba a las prostitutas a seguir recurriendo a
dichos métodos, pero, en realidad, la contracepción era un tema de ensayo y
error.
Durante
el embarazo existía la opción del aborto. Como procedimiento médico era muy
poco habitual, y los escritores sobre temas médicos lo desaconsejaban por ser extremadamente
peligroso.
Sin
embargo, había varias pociones que, según se aseguraba, provocaban el aborto.
Se tomaban por vía oral o en forma de supositorios vaginales; en ambos casos,
el desconocimiento de la fisiología hacía que se tratase de técnicas de dudosa
eficacia, aunque es posible que algunos brebajes funcionasen. Cuando nacía un
niño, era posible deshacerse de él recurriendo al abandono o al infanticidio.
En
los tiempos modernos, la prostitución acarrea un peligro muy real para la salud
de la prostituta y del cliente: las enfermedades de transmisión sexual. Las
prostitutas del mundo grecorromano no tenían que preocuparse tanto en este
sentido. Por supuesto, la ETS más mortífera de todas, el sida, no existía en la
Antigüedad, y no se conocía la sífilis.
A
pesar de que a lo largo de los años ha habido una encendida discusión entre los
historiadores de la medicina que sostienen que la sífilis es una enfermedad del
Nuevo Mundo que surgió en América fruto del intercambio colombino, los que
afirman que existen pruebas de que se originó en el Viejo Mundo, e incluso
quienes defienden ambos orígenes se manera concomitante, análisis óseos
realizados en esqueletos antiguos han demostrado de manera concluyente que en
la Antigüedad no existía sífilis en Occidente.
Fuesen cuales fuesen los síntomas atribuidos a
dicha enfermedad, pueden atribuirse a enfermedades similares. De manera que una
prostituta no tenía que preocuparse por este azote concreto de los prostíbulos.
Es posible que la gonorrea, la segunda
enfermedad de transmisión sexual más temida, existiera en la época romana, pero,
dado que no deja señales en los huesos, la osteología no puede ayudarnos, y las
referencias de los autores médicos no son concluyentes.
Sin embargo, de los textos de dichos autores
se desprende claramente que sí existían dos enfermedades venéreas más leves
(aunque también dolorosas y dañinas), concretamente el herpes genital
(clamidia) y las verrugas genitales (condilomas); sin embargo, curiosamente,
ningún escritor médico relaciona directamente éstas u otras infecciones con el
contacto sexual.
Por
muy molestas que fuesen estas enfermedades, una prostituta podía ejercer su
oficio sin temor a que su vida se viera amenazada por enfermedades de
transmisión sexual. Al menos en este sentido, la vida en la Antigüedad era más
segura que hoy en día.
( Robert C. Knapp en "Los olvidados de Roma")
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