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miércoles, 3 de agosto de 2016

EL CORVUS ROMANO ( PUENTE DE ABORDAJE EN ACCIÓN)


En la primera ilustración podemos ver que habiendo sido soltado de modo que la pica de su parte final se clavase en la borda del barco cartaginés, los soldados romanos pasaban a través del puente y tomaban el barco enemigo al abordaje.



A pesar de su gran habilidad en la navegación, la marina cartaginesa fue incapaz de diseñar una respuesta práctica al corvus a lo largo de toda la primera Guerra Púnica. 










domingo, 31 de julio de 2016

PLANO DE UN CAMPAMENTO DE MARCHA


Aquí observamos un dibujo basado en la descripción de Polibio sobre el campamento romano dejado por una armada consular de dos legiones y dos alae.


Cada sección de la legión -las tres líneas de infantería pesada y la caballería- ocupaba su propia zona.



El esquema de calles que conducían a las dos avenidas principales permitía que las tropas formasen con facilidad. 

viernes, 19 de diciembre de 2014

CÓMO TOMAN UNA CIUDAD LAS LEGIONES ROMANAS


En algún momento la legión terminara presentándose ante los muros de la capital enemiga o de alguna otra población de importancia que haya por  el camino. Por lo general, los legionarios son ambivalentes en lo que a asedios se refiere. Por un lado, el saqueo de una ciudad grande y rica suele aumentar considerablemente el saldo de su fondo de pensiones. Por otro, los riesgos son tales que el fondo de pensiones puede terminar resultando completamente superfluo. Mantener un asedio no deja demasiado tiempo libre para ponerse al día con la correspondencia o para mejorar nuestra técnica jugando a los dados mientras esperamos a que el enemigo se muera de hambre o se vea obligado a rendirse por culpa de una epidemia de disentería (incluso el ejercito romano -mas cuidadoso con estas cosas que la mayoría- tiende a colocar los pozos negros demasiado cerca de los pozos de donde se saca el agua).

 

En realidad, los asedios son arriesgados, incómodos e inciertos (y mortales de necesidad si los dirige un comandante incompetente), especialmente porque la mayoría de generales utiliza la táctica del "a por ellos", pero al menos suelen estar resueltos en unas pocas semanas como mucho. No olvidemos que un asedio le costo la vida a uno de los nietos de Augusto y que el ayudante de Tito, hijo del emperador Vespasiano, fue abatido justo cuando se encontraba junto a el. Si unos personajes tan importantes corren riesgos es fácil imaginarse la tasa de mortalidad entre los soldados rasos.

 

Tomar una ciudad no es lo mismo que tomar un campamento bárbaro. Aunque los bárbaros suelen asentarse sobre alturas precarias e inaccesibles, tomar una de sus fortalezas suele ser tarea fácil para una unidad romana de buen tamaño.

 

Debe hacer el legionario:

1.- Usa la artillería y machaca un poco el muro exterior.

2.- Construye unas cuantas escalas.

3.- Pega un alarido desgarrador y lánzate a la carga.

4.- Que la pelea sea limpia y rápida.

5.- Recomponte un poco y saquea lo que puedas.

 

La mala noticia es que estos campamentos apenas contienen nada de interés, a no ser que seas especialmente aficionado a los cerdos y a los patos, y además las mujeres bárbaras suelen esconder cuchillos en los lugares mas insospechados. Y no les asusta utilizarlos.
 


Por desgracia, asaltar una ciudad en condiciones raramente resulta tan sencillo. Las ciudades dacias, persas y griegas están seriamente fortificadas, y en Judea los defensores añaden la resistencia fanática como extra no opcional. 


Estos pueblos son buenos conocedores del arte del asedio: los asirios les enseñaron a los fenicios, que a su vez les enseñaron a los griegos y a los judíos, que a su vez les enseñaron a los partos (que ya eran bastante buenos de por si). Por eso, nada resulta tan deprimente para un legionario como oír a su comandante decir que "hay que tomar esos muros a cualquier precio". Porque el legionario sabe perfectamente a quien le tocara pagar la cuenta.

jueves, 18 de diciembre de 2014

PREPARATIVOS EN CAMPAÑA DE LOS LEGIONARIOS ROMANOS

 


El ejercito romano no emprende guerras por cualquier cosa, pero cuando lo hace tiende a tomar la iniciativa. Por tanto, los legionarios suelen saber con antelación que se aproxima una campana.

 

Si eras un militar de las legiones romanas, tenías que hacer lo siguiente:

Primero, tomate tu tiempo y escríbele a tus seres queridos, y despídete tiernamente de la mujer que ames o de tu prostituta favorita. No es que vayáis a partir inmediatamente, pero en los próximos tiempos vas a tener pocos ratos libres para esas cosas.

 

Segundo, y sobre todo, come como un oso antes de ponerse a hibernar. Esta es una buena idea por dos razones: en la campana que se avecina vas a quemar calorías a un ritmo endiablado y la forma mas segura de hacer acopio de provisiones es en forma de grasa alrededor de la cintura. Aunque no te lo creas, es posible estar gordo y en forma al mismo tiempo, y todo legionario debe intentar alcanzar este estado antes de partir.

 

Tercero, el legado y el resto de oficiales incrementaran la ferocidad de las rutinas diarias de entrenamiento. Cuando quiera que las legiones se dispongan a hacer algo para ganarse el sustento, lo habitual es que el comandante las saque de la base para meterlas en tiendas. Cualquier general competente sabe que, antes de empezar a marchar en serio, resulta recomendable sacar a una legión al campo durante una o dos semanas para quitarle las legañas, especialmente si dicha legión lleva cierto tiempo sin moverse del campamento.

 

Todo el mundo recuerda las maniobras del 57-58 d. C., en las que Corbulón cogió al perezoso ejercito romano de Oriente y le pego una buena sacudida para convertirlo en la afinada y despiadada maquina de matar partos.  Las marchas de entrenamiento en las invernales cordilleras de Armenia fueron tan brutales que algunos centinelas murieron de congelación en sus puestos. La tierra con la que se construían los terraplenes estaba completamente helada, y un soldado al que se había mandado a buscar combustible se le desprendieron las manos de las muñecas al soltar el haz de lena que llevaba.

 

Cuarto, practica tus habilidades con el pico y la pala. Los zafarranchos de combate son poco frecuentes, y sirven para relajarse entre intensas fases de excavación. Los generales romanos están firmemente convencidos de que las guerras se ganan con el dolabra, el azadon del legionario. Por ello, cuando el legionario no este cavando trincheras alrededor del campamento -de tres metros de profundidad, por favor, el centurión vendrá luego para comprobarlo- los legionarios se dedicaran a otras actividades, como por ejemplo:

• Construir terraplenes defensivos.

• Excavar zanjas para evitar que la caballería enemiga coja al ejercito por los flancos.

• Construir parapetos para las armas de asedio.

• Realizar trabajos de ingeniería en las carreteras y en los puentes por los que el ejercito va a pasar para llegar a su destino. (Por ejemplo, el ingeniero imperial Apolodoro estaba trabajando  en un puente -de casi un kilómetro de longitud- que permitió al ejercito atravesar el Danubio en dirección a Dacia. Esta obra de ingeniería se mantuvo en pie durante varios milenios, hasta que los últimos restos sean volados en la primera década del s. xx por suponer un riesgo para la navegación.)

 

Finalmente, la charla previa. Una vez que el periodo de entrenamiento intensivo haya llegado a su fin y la campana este a punto de comenzar de veras, cualquier general con buenos modales debe salir a la palestra. Esto supone reunir a la legión en pleno para asistir a una arenga del comandante. En dicha elocución, el general explicara los motivos de la campana, los beneficios que Roma extraerá de ella y el enorme botín que les espera si esta tiene éxito, del que podrán beneficiarse todos los implicados. Este ultimo punto resulta especialmente importante si el general en cuestión esta empleando las tropas para iniciar una guerra civil y ponerse al frente del Imperio, porque en este caso los incentivos ofrecidos a las tropas habrán de ser especialmente tentadores.