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domingo, 28 de abril de 2019

VIRIA ACTE


Viria Acte (Valentia Edetanorum,a fl. 90) fue una mujer hispanorromana conocida por dirigir un importante taller de escultura en la ciudad de Valentia, en la Tarraconense.
 
Casada con L. Antonius Crescens, su origen social se desconoce, aunque Acte era un nombre frecuente entre los esclavos, por lo que probablemente ese fuese su inicio para luego llegar a ser liberta y posteriormente ser una mujer de gran relevancia en la vida de la ciudad según consta por diversos hallazgos arqueológicos.2
 
Vivió en la antigua Valentia, durante las dinastías Flavia y Antonina, donde pudo ser la propietaria de un exitoso taller que fabricaba estatuas y otros monumentos en piedra como estelas, aras o pedestales. Restauró propiamente con sus recursoa el templo de Marte Augusto, que estaba muy dañado lo que lleva a pensar que actuaba como una influyente rica aristócrata, generosa hacia la ciudad, lo que la valió poder tener una estatua, erigida por Ampliato, Calirroe y los esclavos liberados de su taller, en el mismo foro de Valentia, además de otras erigidas en su honor por C. Atilius Severus y por Fabia Grattia Maximilla.
 
Se conserva una estatua de Viria en el Museo de la Almoina y diversas inscripciones con su nombre en Valencia, como en la Catedral.
 
En una de las inscripciones honoríficas de uno de los pedestales puede leerse:

"Viriae Acte / Ampliatus / qui fabricae / arar(um) et / signorum / praefuit / et Callirhoe / et lib(erti)


domingo, 17 de marzo de 2019

ESTRONGILIÓN


Estrongilión fue un broncista griego. Creador del caballo troyano expuesto en el año 414 a. C. en la Acrópolis de Atenas. Según la tradición, hizo una Artemisa Sotera en Megara y un grupo de musas en Heliconte.




martes, 4 de septiembre de 2018

BRIAXIS



Briaxis o Bryaxis (en griego antiguo Βρύαξις o Βρύασσις / Brúassis) es un escultor griego, nacido en Atenas o en Caria alrededor del 350 a. C.
 
Trabajó para los diádocos, encargándole Seleuco I una estatua de Apolo para su templo de Dafne en las afueras de la nueva capital Antioquía y una estatua de bronce de sí mismo.
 
 En Alejandría, realizó para Ptolomeo I la estatua crisoelefantina de Serapis. Una copia romana de la misma se encuentra en los Museos Vaticanos, aunque está sujeta a discusión su autoría.
 
Sobre todo, es conocido por su participación en la decoración del Mausoleo de Halicarnaso, junto con los también escultores Escopas, Leócares y Timoteo.
 
Caso raro en un escultor de este período, es el haber conservado una de sus obras originales identificada por su firma, una base votiva encontrada en el Ágora de Atenas en 1891, que soportaba un trípode de bronce, dedicada con la ocasión de ganar un concurso de anthippasia y que sería una obra temprana del escultor, antes de su partida para Asia.


sábado, 1 de septiembre de 2018

ADRIANO DICE SOBRE EL ARTE



 Así, de cada arte practicado en su tiempo, extraigo un conocimiento que me resarce en parte de los placeres perdidos.




lunes, 2 de abril de 2018

ANTINOO, EL AMANTE DEL EMPERADOR ADRIANO



ANTONIO GARCÍA Y BELLIDO DICE DE LAS EFIGIES DE ANTINOO


Las efigies de Antinoo no nos denuncian sólo su caso concreto; son eco, además, de un ambiente social, de una civilización materialista, sin ideas de redención. En esa cabeza, bella como pocas, reclinada, vencida por el peso de un dolor sin lágrimas, de un llanto seco, parece reflejarse la desolación del alma frívola, insaciable de placeres, sensual, escéptica y vacía no ya sólo del momento hadrianeo, sino de toda la Roma pagana de antes y de después; de una muchedumbre de seres y generaciones que no hallando consuelo en su propia religion, lo buscan afanosamente en otras extrañas, en las que de un modo o de otro tenían respuestas liberadoras y prometedoras a las dos eternas preguntas: nuestro origen y nuestro destino.

 

El tipo creado por la plástica hadrianea es doblemente interesante por la íntima contradicción que en él late. Esta silenciosa desesperanza, este anonadamiento, esta ruina anímica, parecen incompatibles con la plenitud y rotundidez de formas —un tanto femeninas, digámoslo de paso— que palpitan en la belleza ephébica de Antinoo. Sus correctas facciones, de anchos carrillos, de labios sensuales, de ojos ensoñadores, enmarcadas por una cabellera de rizosas guedejas; su amplio y carnoso pecho, sus hermosos hombros, contradicen la debilidad y hasta la enfermedad psíquica de este adolescente, que parecía destinado a triunfar sobre la muerte, a vencer en la vida y, en verdad, no llegó a ser sino una víctima prematura de una y otra. Se dan en él a un tiempo «el dolor y la alegría de vivir, las tinieblas y la luz, la muerte y la juventud», imprimiendo a su expresión un patetismo infinito. «Con el rostro de Antinoo, la melancolía ha entrado en el arte antiguo» (Dietrichson).


(Antonio García y Bellido, arqueólogo y escritor )