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martes, 17 de marzo de 2020

LUPERCALES



En la Antigua Roma, las fiestas lupercales, también llamadas simplemente lupercales o incluso lupercalia (en latín, Lupercalia), se celebraban ante diem XV Kalendas Martias, lo que equivale al 15 de febrero. Su nombre deriva supuestamente de lupus (lobo, animal que representa al dios Fauno, que tomó el sobrenombre de Luperco), y de hircus (macho cabrío, un animal impuro).
 
Cada año, se elegía de entre los miembros más ilustres de la ciudad, a una congregación especial de sacerdotes, los Lupercos o Luperci (Sodales Luperci, "amigos del lobo"). Debían ser en su origen adolescentes que durante el tiempo de su iniciación en la edad adulta sobrevivían de la caza y el merodeo en el bosque. Era por aquel entonces un tiempo sagrado y transitorio en que se comportaban como lobos humanos. Se reunían el 15 de febrero en la recién encontrada gruta (más tarde llamada Ruminal, en honor a Rómulo y Remo) del monte Palatino (la colina central en donde, según la tradición, se fundó Roma​). Según la tradición, fue en este lugar donde Fauno Luperco, tomando la forma de una loba, Luperca, había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, y en cuyo honor se hacía la fiesta. También cuenta la tradición que allí había una higuera cuyas raíces habían detenido la cesta en cuyo interior se encontraban los gemelos Rómulo y Remo.​
 
Bajo la sombra de esta venerable higuera, llamada Ruminalis, comenzaba la fiesta con una ceremonia oficiada por un sacerdote en la que se inmolaba una cabra.​ Después ese mismo sacerdote tocaba la frente de los luperci con el cuchillo teñido con la sangre del sacrificio y a continuación borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche de cabra. Éste era el momento en que los lupercos prorrumpían en una carcajada ritual.​ A continuación, se formaba una procesión con los lupercos desnudos que llevaban unas tiras o correas hechas con la piel de la cabra recién inmolada y con ellas azotaban manos y espaldas de las mujeres que encontraban en el camino dispuestas a ser parte de la ceremonia; era el ritual para la fecundidad.​ Se consideraba además que esto era un acto de purificación, la así denominada februatio.​
 
Según un pasaje narrado por Tácito, el cortejo salía del Lupercal hacia el Foro Boario por el sur del Monte Palatino y llegaba al Ara Máxima de Hércules Invicto. Pasaban por el altar de Consus y el santuario de los Lares para terminar en el lugar de inicio. El recorrido no era un acto serio como lo había sido el comienzo de la ceremonia; los propios lupercales, animados por el público, convertían el paseo en una carnavalada cuyos gritos, cantos y bailes llegaban a ser obscenos.
 
Con el paso del tiempo, el papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494, la celebración pagana de las lupercales. Quiso cristianizar esta festividad, y la sustituyó por la fiesta de la Purificación, que se celebraría el 2 de febrero, con la procesión de las candelas.​ Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación de Jesús, por la referencia que el anciano Simeón hace, en su canto, a Cristo como «luz de las naciones», asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles. El 2 de febrero se cumplían cuarenta días desde que, en la época de san Ambrosio (Ambrosio de Milán), se fija el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, también para desterrar el festejo pagano del culto a Helios.​
 
Las lupercales aparecen marcadas en el cronógrafo del 354, junto con otros festivales tradicionales y cristianos.​ A pesar de la prohibición que se hizo, en el año 391, de todos los cultos y festivales no cristianos, el pueblo considerado cristiano celebraba las lupercales con regularidad durante el periodo del emperador Anastasio I. El papa Gelasio I (494-496), que afirmaba que únicamente la "vil chusma" participaba en el festival,​ intentó abolirla de manera contundente; el Senado protestó, con el argumento de que las lupercales eran fundamentales para la seguridad y el bienestar de Roma. Esto hizo que Gelasio sugiriera, con una actitud de desprecio, que "Si ustedes aseguran que este rito tiene beneficios para la salud, celébrenlo entonces ustedes a la manera de nuestros ancestros; corran desnudos, ustedes que pueden escenificar muy bien la farsa."​ Este comentario iba dirigido al senador Andrómaco, en una extensa epístola literaria de Gelasio que era prácticamente una diatriba en contra de las lupercales.
 
Los historiadores generalmente afirman que Gelasio finalmente abolió las lupercales, después de una larga disputa, reemplazándolas con la Fiesta de la Purificación de la Bendita Virgen María,​ aunque Jack B. Oruch, en cambio, dice que no hay registro escrito que demuestre que Gelasio haya intentado siquiera reemplazar las lupercales.​
 
Algunos investigadores, como Kellog y Cox, han afirmado por separado que las costumbres modernas del Día de San Valentín tienen su origen en las costumbres de las lupercales. Otros autores han rechazado esta afirmación: dicen que no hay pruebas de que las costumbres de la era moderna del Día de San Valentín tienen su origen en las costumbres de las lupercales, y esta afirmación parece tener su origen en conceptos erróneos o ideas falsas acerca de las festividades.
 
El poema número 18 del libro III de las Odas (Carmina) del poeta lírico y satírico latino Horacio (Quinto Horacio Flaco), describe las Lupercalia y es un himno al fauno. El autor le pide al fauno que bendiga su ganado y sus campos pues, cuando el fauno está cerca, todo el campo se alegra.
 
En la tragedia Julio César, William Shakespeare comienza hablando de las lupercales. Marco Antonio, jefe de los lupercos (llamados julianos, una tercera orden, creada por César), recibe de éste la instrucción de tocar durante las lupercales a su cuarta esposa, Calpurnia, con la esperanza de que pueda concebir. Enseguida, el fragmento correspondiente, que se halla en la escena segunda del acto I, tomado del texto íntegro de la obra:

CÉSAR. — ¡Calpurnia!



CASCA. — ¡Silencio, oh! César habla.



(Cesa la música.)



CESAR. — ¡Calpurnia!



CALPURNIA. — Aquí me tenéis, señor.



CÉSAR. — Colocaos en la dirección del paso de Antonio cuando emprenda su carrera. ¡Antonio!



ANTONIO. — ¡César, señor!



CÉSAR. — No olvidéis en la rapidez de vuestra carrera, Antonio, de tocar a Calpurnia, pues, al decir de nuestros antepasados, la infecunda, tocada en esta santa carrera, se libra de la maldición de su esterilidad.



ANTONIO. — Lo tendré presente. Cuando César dice: «Haz esto», se hace.



CÉSAR. — Proseguid, y no olvidéis ninguna ceremonia.



Más adelante, después del asesinato de César, Marco Antonio ofrece su discurso funerario. En seguida, el texto de la escena segunda (línea 74) del acto III , en donde él explica cómo, en las lupercales, ofreció tres veces a César la corona:
 
ANTONIO

Todos visteis que en las Lupercales le presenté tres veces una corona real, y la rechazó tres veces. ¿Era esto ambición?

miércoles, 4 de diciembre de 2019

GELASIO I


San Gelasio I (Argelia - † Roma, 19 de noviembre de 496) fue el papa n.º 49 de la Iglesia católica de 492 a 496.1​
 
Considerado por muchos como el tercer papa de origen africano, su nacimiento en el norte de África (en la Cabilia) es motivo de controversia entre los historiadores, ya que muchos de ellos lo sitúan en Roma. De lo que no cabe duda era de que sus padres sí eran de origen norteafricano.
 
Excomulgó al Patriarca Acacio de Constantinopla, que como monofisita defendía la doctrina de que en Jesucristo solo estaba presente la naturaleza divina, pero no la humana. Esta excomunión provocó el llamado cisma acaciano en el que el Patriarca constantinopolitano contó con el apoyo del emperador bizantino.
 
Introdujo el rezo del «Señor ten piedad» (Kyrie eleison) en la misa.
 
La postura teológica del papa quedó expuesta en su libro De duabus in Christo naturis (Sobre la naturaleza dual de Cristo).
 
Políticamente, la excomunión era un ataque a los fundamentos del poder temporal del emperador de Bizancio. Gelasio I se sirvió de San Agustín para formular en 494 -basándose en las leyes romanas- la separación de poderes entre la esfera temporal y espiritual (lo que no significaba que estuviesen al mismo nivel). Esta fue la primera vez en plantearse esta cuestión que definiría una parte de la cultura occidental (ver agustinismo político, teocracia y cesaropapismo). Se basó en la figura bíblica de Melquisedec y en pasajes del Nuevo Testamento para establecer la distinción entre el poder de la Iglesia, auctoritas, y el del emperador, potestas. En el derecho romano la primera era superior a la potestas.
 
Gelasio I debía eliminar la teoría del poder bizantino que se basaba en el Cesaropapismo. El cisma no duró mucho tiempo, aunque su teoría renació más tarde con el papa Gregorio VII bajo una forma más radical, en la que se demandaría no sólo la separación de poderes, sino la sumisión del poder de los reyes a la autoridad del papa.
 
En este contexto Gelasio dirigió una carta al emperador Anastasio I (491-518) en donde formulaba la doctrina de las dos espadas, entendida como la justificación de la superioridad de la potestad espiritual del papa sobre la temporal del emperador.​
 
Suprimió el antiguo festival romano de la Lupercalia, consagrado a la fertilidad y purificación. Este festival, que se realizaba en febrero, fue sustituido por otro similar en el que se celebraba la purificación y fertilidad de la Virgen María.
 
Gelasio I combatió el maniqueísmo instituyendo que la eucaristía se celebrase con pan y vino, bebida que los maniqueos consideraban impura. Como estos se consideraban cristianos, debieron abandonar la Iglesia. Con el maniqueísmo derrotado, la tradicional eucaristía con pan volvió a imponerse. La fijación del Canon de las Escrituras ha sido atribuido tradicionalmente a este papa, que publicó en un sínodo romano en 494 la lista de libros.


A pesar de su breve pontificado (murió el 19 de noviembre de 496), fue uno de los más prolíficos escritores de entre los primeros papas. En sus numerosas cartas exponía su visión de que Roma tenía primacía sobre los obispos de oriente. Su festividad es el 21 de noviembre, el día de su entierro.


domingo, 13 de octubre de 2019

PAULO OROSIO



Paulo Orosio (en latín, Paulus Orosius) (¿Braga, provincia de Gallaecia?, c. 383-¿?, c. 420) fue un sacerdote, historiador y teólogo hispano, posiblemente natural de Bracara Augusta (lo que hoy se conoce como Braga, Portugal) ​ Aunque hay algunos interrogantes sobre su biografía, como la fecha exacta de nacimiento, se sabe que fue una figura de gran prestigio desde el punto de vista cultural, dado que tuvo contacto con las grandes personalidades de su época, como Agustín de Hipona o Jerónimo de Estridón. Para relacionarse con ellos viajó por ciudades de la costa meridional del mar Mediterráneo, como Hipona o Alejandría.

 

Dichos viajes determinaron su vida y su producción intelectual. Con san Agustín no solo conversó sobre temas teológicos, sino que pudo colaborar con él en la elaboración de la obra La ciudad de Dios.​ Además, este lo eligió en 415 para viajar a Palestina e intercambiar información con otros autores, lo que también le permitió participar en un concilio en Jerusalén y, de vuelta, portar las reliquias de san Esteban. Finalmente, su fecha de fallecimiento tampoco se sabe con exactitud, aunque, en cualquier caso, no parece posterior a 423.​

A lo largo de su vida escribió tres obras, de entre las cuales sobresalen las Historiæ adversus paganos. Se trata de uno de los libros con más repercusión de la historiografía en el paso de la Edad Antigua a la Edad Media, así como de la hispana de todos los tiempos. Además, es el escrito en el que el autor pone de manifiesto su metodología histórica. Es básicamente una narración histórica desde los primeros tiempos hasta el momento en el que vive, aunque dando un papel preeminente a los pueblos paganos.​

 

Paulo Orosio fue una figura altamente influyente tanto desde el punto de vista divulgativo (Historiæ adversus paganos fue una de las principales obras utilizadas hasta el Renacimiento para estudiar la Antigüedad) como historiográfico (su metodología histórica tuvo gran repercusión en historiadores posteriores).​


A pesar de que su obra ha tenido una gran repercusión, su biografía está cargada de interrogantes que impiden reconstruirla con precisión y seguridad. Dichos interrogantes, por la escasez de fuentes, son especialmente pronunciados en su nacimiento y su fallecimiento. ​ No obstante, se trata de un autor ampliamente estudiado y por tanto existen diversos estudios que proponen fechas para ambos sucesos.

 

Las principales referencias para la biografía de Orosio provienen de los escritos de Genadio de Marsella y Braulio de Zaragoza, aunque no hay que olvidarse de sus propias obras.​ Además, Orosio es mencionado en algunas cartas de san Agustín.

Respecto al apelativo de Paulo Orosio, la duda no está en «Orosio» sino en el nombre antepuesto de «Paulus». Básicamente, el problema está en que no se sabe completamente si se llamó así o si simplemente era Orosio y con el paso del tiempo se le incorporó el otro nombre. Esto pudo ocurrir debido a que la sigla «P» de presbítero siempre acompañaba a su nombre, y con el paso del tiempo posiblemente se generó la confusión.​

 

Sin embargo, esta idea tiene lagunas de base, pues ya en autores inmediatamente posteriores a Orosio aparece el nombre Paulo. De hecho, incluso el propio Casimiro Torres Rodríguez, uno de los principales estudiosos sobre la figura de Orosio, señala que Paulo pudo ser la acepción cristiana y Orosio la indígena, una teoría que tampoco habría que descartar.

Sea como fuere, es un tema que ha sido ampliamente estudiado, para el cual la teoría más actualizada quizá sea la de Pedro Martínez Cavero, otro gran estudioso de la figura orosiana.​

 

En cuanto a su origen, se trata de un tema polémico aunque prácticamente resuelto. Fundamentalmente hay cuatro teorías en torno a este tema, que escuetamente resumidas son:

Nacimiento en Braga: es la idea más aceptada por ser la que más puntos de apoyo tiene. Si no fuese Braga, al menos habrá que pensar en una zona del entorno de Galicia. Para esta afirmación se puede recurrir a la propia obra de Orosio, o a dos epístolas de san Agustín, la 166 y la 169.

​

Nacimiento en Tarragona: esto se ha mantenido porque en las Historias Orosio habla de Tarraconem nostra.​ El autor decimonónico Theodor von Mörner​ sostuvo esta idea, pero hoy en día no parece factible sostenerla por un único indicio.

Origen en La Coruña (Brigantia): esta teoría es relativamente novedosa, y parte únicamente de que Orosio la cita dos veces en el apartado geográfico de las Historias.
Origen en Bretaña: es una teoría similar a la anterior, el dato aportado por los que la sostienen es el conocimiento más o menos profundo de esta zona por Orosio.

 

Por último, la fecha de nacimiento no consta en ningún lugar, pero se han hecho cálculos que aportan una más que posible. Si en 415 hay constancia de que san Agustín habló de Paulo Orosio como «un joven presbítero», eso significa que en ese momento no podía tener más de 40 años —por ser joven— ni menos de 30 —por ser presbítero—.​

De ese modo, habría una horquilla de diez años que permitiría fijar la fecha entre 375 y 385, aunque la fecha más aceptada se fija en 383, debido a que eso supondría que cuando Orosio llegó junto a san Agustín tendría 32 años, es decir, pasaron dos desde que fuera ordenado presbítero.

 

A pesar de la escasez de fuentes al respecto, si se da por buena la fecha de nacimiento del apartado anterior —o, al menos, la horquilla de diez años entre 375 y 385— habría que enmarcar a Paulo Orosio en un momento de auge cultural junto a Hidacio, los Avitos o el propio Orosio.​ También hay que tener presente que el priscilianismo estaba en pleno desarrollo.

Las teorías clásicas plantean que Paulo Orosio podría pertenecer a una familia de buena posición social,​ lo cual le permitió acceder a una buena formación. Esta se desarrolló en términos cristianos, aunque Orosio, aceptando que nació en Braga, tuvo siempre un fuerte conocimiento de la cultura rural del momento.

 

La historiografía contemporánea señala que desde la juventud de Orosio se tenía la imagen de que era locuaz y erudito,​ aludiendo a afirmaciones tanto de san Agustín como del papa Gelasio I. En cualquier caso, todo lo referente a la juventud del autor no son más que hipótesis y conjeturas, pues, como ya se ha dicho, junto a su desaparición, es la época peor conocida de su biografía.

En principio, es seguro que Paulo Orosio vivió en Gallaecia (Hispania noroccidental) hasta 409, pero a partir de ahí, y hasta 415, no hay ninguna fecha segura. La cronología tradicional, o al menos la más extendida,​ plantea la sucesión de hechos que se desgranará en los siguientes párrafos.

 

Al parecer, Orosio tuvo que salir de Braga a raíz de las invasiones germanas. La fecha en que esto se produjo no está clara, pero lo que no se pone en duda es que salió de allí abruptamente. Incluso, el propio Orosio afirma que fue perseguido hasta la misma playa en la que embarcó.​

De entre todas las fechas planteadas para la salida de Braga, que van desde 409 hasta 414, lo más operativo es quedarse con las dos más aceptadas:

 

410: sostenida por G. Fainck. Así, Orosio tendría un margen de cinco años para colaborar con san Agustín antes de su viaje a Palestina.

414: la más aceptada. La propia obra de Orosio, Commonitorium, que data de 414, habla de su llegada, su encuentro con san Agustín, etcétera.

 

Lo cierto es que una vez Orosio salió de la península ibérica tenía claro que su destino era Hipona, para encontrarse con el mayor intelectual de la época: san Agustín. Desde su llegada, Orosio pasaría a formar parte del equipo que trabajaba junto a Agustín de Hipona, por lo que es posible que el autor colaborase en la elaboración de La ciudad de Dios o que al menos conociese la obra.

En 415, san Agustín encargó a Orosio una tarea que solo podía realizar alguien de su más profunda confianza: viajar a Palestina para encontrarse con Jerónimo de Estridón, otro escritor con el que las relaciones no eran precisamente buenas.

 

El viaje a Palestina respondía a un doble motivo: el interés de Orosio, que quería tratar con Jerónimo de Estridón diferentes temas teológicos —en especial el relacionado con el origen del alma— y el interés de san Agustín, que le mandaba para estrechar lazos con dicho intelectual y para recabar información sobre la herejía pelagianista.​

De hecho, en 415, una vez instalado en Belén junto a Jerónimo, Paulo Orosio se entrevistó con el propio Pelagio por mandato de san Agustín. Además de recabar información sobre el pelagianismo, Orosio participó en 415 en un concilio en Jerusalén, en el cual Orosio mantuvo un enfrentamiento con Juan II —obispo de Jerusalén—, que le acusó de hereje ante todo el cónclave. Para defenderse, Orosio escribió su segunda obra, Liber apologeticus, en la cual rechazaba dicha afirmación de manera tajante.​

 

Lo primero que hizo Orosio al encontrarse con Jerónimo fue entregarle la correspondencia que traía para él de parte de san Agustín, lo que implicaba que el viaje estaba concebido desde el primer momento como de ida y vuelta, pues también debía entregar la correspondencia de Jerónimo a san Agustín a su vuelta. En paralelo a esto, a fines de 415 aparecieron las reliquias de san Esteban, y parte de estas fueron encomendadas a Orosio para que las trasladase hasta Braga.​ Eso marcaría tanto el inicio de su viaje de regreso como, desde el punto de vista actual, de una nueva época de su vida carente de fuentes para su estudio.


Dado que las reliquias de san Esteban aparecieron el 26 de diciembre de 415, Orosio no pudo partir con anterioridad a esta fecha. Aunque su idea era ir a Braga, tenía que pasar a la fuerza por Hipona —de hecho llevaba escritos de Jerónimo para san Agustín—, y también hay constancia de que pasó por Jerusalén y por Alejandría, aunque esto último no se sabe si lo hizo a la ida, a la vuelta o en ambas ocasiones.

 

Durante su segunda estancia en Hipona, mantuvo una larga entrevista con san Agustín, en la que le entregó la correspondencia que portaba de parte de Jerónimo y le informó del encuentro que tuvo con Pelagio.​ Durante este reencuentro con san Agustín se gestó la gran obra de Paulo Orosio, las Historiæ adversus paganos. Sin embargo, surgen problemas a la hora de datar tanto la elaboración como la finalización del libro, para lo cual hay opiniones de diversos tipos:

La hipótesis tradicional dice que el libro se llevó a cabo entre 416 y 417.​ La fecha se apoya en que en el Liber apologeticus aún no dice nada de su labor como historiador, y que en el prólogo habla del libro XI de la Ciudad de Dios de san Agustín, el cual no se publica hasta 416. Para justificar que Orosio escribiese siete libros en tan poco tiempo, se dice que pudo usar resúmenes.

Una hipótesis más moderna, sostenida por Torres Rodríguez, dice que Orosio paró por segunda vez en Hipona un tiempo muy breve, para intentar volver a Hispania, cosa que no consiguió, y escribir el libro en una tercera estancia en Hipona, lo cual explicaría que en sus Historias se hable de sucesos ocurridos en Hispania en 417.

 

Una tercera teoría ya clásica, sostenida por T. von Mörner y G. Fainck, habla de que se realizó un trabajo previo por parte de Orosio antes de viajar a Palestina. De hecho, esta idea ha sido reactivada por M. P. Annaud-Lindet en fechas más recientes, aunque con la variante de que Orosio habría escrito durante su regreso desde Palestina.

Tras la publicación de las Historias, no hay apenas información sobre Paulo Orosio. Se sabe que estuvo en Menorca, pero se desconoce la fecha en que falleció. Esta ausencia de referencias a Orosio pudo deberse a un distanciamiento con san Agustín, el cual no hace ninguna referencia clara a las Historias de Orosio una vez publicadas. Genadio de Marsella indica que el autor vivió, al menos, hasta el fin del mandato del emperador Flavio Honorio, que se prolongó hasta 423, pero no hay ninguna noticia de Orosio desde 417, y parece poco probable que un autor tan activo estuviese seis años sin dar noticias.​

Existen más posibilidades, desde una posible muerte repentina hasta una suerte de leyenda que habla de que Orosio finalmente llegó a Hispania, fundó un monasterio cerca del Cabo de Palos y terminó allí sus ideas, algo que hoy por hoy parece poco probable.​