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jueves, 29 de diciembre de 2022

DISCURSO DE ESPARTACO A SUS SOLDADOS



-¡Soy un hombre y dejaré huella! ¡Pero todos vosotros deberíais decir lo mismo! Si seguimos juntos y formamos el núcleo de un ejército, podremos defendernos y dejar honda huella. Si nos esparcimos en mil direcciones, todos nosotros, hasta el último, nos veremos obligados a huir, huir, huir... ¿Por qué correr como gamos si podemos caminar como hombres? ¿Por qué no buscarnos un lugar en la Roma de Quinto Sertorio preparándole el terreno en Italia y uniéndonos a él cuando llegue? Roma tiene pocas tropas en Italia, como bien sabemos. ¿No hemos oído que en Capua se quejan de que su economía va mal porque los campamentos de legionarios están vacíos? Yo fui tribuno militar. Crixus, Enomao y muchos de vosotros habéis sido legionarios de Roma. ¿Hay algo que los iguales de Lúculo o de Pompeyo Magnus, en cuanto a formar y conducir un ejército, no sepamos yo, Crixus, Enomao o cualquiera de vosotros? ¡No es difícil conducir un ejército! ¿Por qué no convertirnos en ejército? ¡Podemos ganar victorias! En Italia no hay legiones de veteranos que puedan detenernos; sólo cohortes de reclutas novatos. Los soldados veteranos se sentirán atraídos por nuestra causa... samnitas y lucanos que luchan por sacudirse el yugo de Roma. Y entre todos podemos entrenar a los que se unan a nosotros sin experiencia bélica. ¿Es que un esclavo es un hombre sin capacidad guerrera y sin valor? Los ejércitos de esclavos han estado a punto varias veces de llevar Roma a la ruina, y fracasaron únicamente porque los dirigían quienes no conocían las estrategias militares de Roma. ¡ No eran romanos quienes los dirigían!



martes, 27 de diciembre de 2022

FUGA DE ESPARTACO DEL LUDUS DE BATIATO, SEGÚN RELATO DE COLLEEN McCULLOUGH



Pero el fin de villa Batiato se avecinaba cuando Espartaco y otros siete gladiadores regresaron de un combate en Larinum a finales del mes de sextilis, en el año en que César dejó Giteo y el servicio de Marco Antonio para asumir el pontificado.

 

Larinum había sido una experiencia fascinante, aun para los ocho gladiadores confinados en el carromato y encadenados constantemente, menos durante el combate. Al final del año anterior, uno de los personajes más relevantes de Larinum, Estatio Albio Oppianico, había sido acusado por su hijastro, Aulo Cluentio Habito, de haber intentado asesinarle; el juicio se había celebrado en Roma y por él había salido a relucir un horrible caso de asesinato colectivo de veinte años antes. Toda Roma se había enterado de que Oppianico era culpable de la muerte de sus esposas, hijos, hermanos, cuñados, primos y otros parientes, y había cometido o encargado los crímenes para acumular dinero y poder. Amigo del aristócrata y fabulosamente rico Marco Licinio Craso, Oppianico había estado a punto de ser absuelto, pues el tribuno de la plebe Lucio Quintio había intervenido y se había dispuesto una enorme suma de dinero para sobornar al jurado de senadores. Que Oppianico hubiese sido declarado culpable se debió a la avaricia del encargado del soborno, Cayo Elio Estaeno, tan útil a Pompeyo unos años antes, y el mismo que se había quedado con noventa mil sestercios cuando Cayo Antonio Hibrida le había contratado para sobornar a nueve tribunos de la plebe. Y es que Estaeno no tenía palabra en sus deshonrosos encargos, y se quedó con el dinero que Oppianico le había entregado para sobornar al jurado.

 

En Larinum no se hablaba de otra cosa que de la perfidia de Oppianico, cuando llegaron los gladiadores allí para celebrar los juegos funerarios; y es que en Larinum se habían celebrado muchos juegos funerarios. Así, mientras comían encadenados a una mesa en el patio de una hospedería, habían escuchado con sumo interés los comentarios de los cuatro arqueros. Claro que hablaban, aunque lo tuvieran prohibido, y, gracias al tiempo y a la práctica, sabían mantener trozos de conversación, y los comentarios de aquellos crímenes entre los habitantes de Larinum eran una buena tapadera.

 

A pesar de las tremendas dificultades que imponía la obsesiva meticulosidad de Batiato, Espartaco -que llevaba ya un año en el establecimiento- estaba urdiendo un plan para huir después de asesinar a los vigilantes. Ya conocía a todos los compañeros y había aprendido a comunicarse con quienes no veía a diario o durante meses. Si Batiato había creado una complicada red que impedía que rameras y gladiadores intimasen, Espartaco también había tramado una complicada cadena que permitía a rameras y gladiadores transmitir ideas e información y recibir comentarios sobre las mismas, favorables o críticos. De hecho, el sistema de Batiato le había servido para sacar un mejor partido de aquellas comunicaciones indirectas, pues así los diversos implicados no se veían tan a menudo como para que pudiesen chocar ni tratar de suplantarle como jefe de la insurrección.

 

Había iniciado el plan a principios de verano, encargando ciertos sondeos a sus compañeros y a finales del mismo ya lo tenía bien perfilado, y todos los gladiadores habían acordado secundarle sin excepción si descubría la manera de escapar; las rameras, parte esencial del plan, también estaban de acuerdo.

 

Había dos desertores romanos que conocían la disciplina militar casi tan bien como Espartaco, y a través de la red les había nombrado sus ayudantes para la proyectada fuga; se trataba de dos compañeros que luchaban como galos, llamados Crixus y Enomao, porque al público no le gustaban los nombres latinos que les recordasen que la mayor parte de sus ídolos eran prófugos romanos de las legiones. Dio la casualidad de que Crixus y Enomao acompañaron a Espartaco a Larinum y así éste pudo adelantar la fecha de la fuga.

 

Se fugarían ocho días después del regreso de Larinum, hubiera muchos o pocos gladiadores en villa Batiato. Como el día señalado era el siguiente a las nundinae, era muy probable que fuesen más numerosos que pocos, tanto más cuanto que Batiato recortaba su programa de espectáculos en septiembre, que era cuando tomaba sus vacaciones y efectuaba su visita anual a Filipo.


La sacerdotisa tracia Aluso se había convertido en la más ferviente partidaria de Espartaco, y, una vez que todos hubieron aceptado el plan, los que compartían la celda con él se habían ganado la complicidad de otras mujeres para que Espartaco y Aluso pasasen toda la noche juntos si ella era una de las asignadas a su celda. 


En las infinitas veces que habían repasado el plan, Aluso se había prometido que, con el concurso de las mujeres, mantendría en todo momento el entusiasmo de los hombres. Ella misma había estado robando utensilios de la cocina para Espartaco desde primeros de verano de una manera tan hábil que, cuando finalmente se echaron en falta, fue un cocinero quien se llevó la culpa, pues nadie sospechaba que se preparase una sublevación de los gladiadores.


 El botín consistía en una cuchilla pequeña de carnicero, una madeja de bramante fuerte, un jarro de cristal que se había hecho añicos y un gancho de carne. Modesto, pero suficiente para ocho hombres, y estaba todo guardado en los cuartos de las mujeres, que ellas mismas limpiaban. Pero la noche de la víspera, las mujeres asignadas a la celda de Espartaco lo llevaron todo escondido entre las escasas ropas. Aluso no iba con ellas.

 

Amaneció y los ocho hombres salieron de la celda para desayunar en el patio. Sólo llevaban el taparrabos, pero dentro de la escasa pieza de tela escarlata ocultaban un trozo de bramante de unos tres pies de largo. El arquero, un doctor ayudante y dos antiguos gladiadores que ejercían de servidores fueron estrangulados tan rápido que ni les dio tiempo a cerrar la puerta de la celda; Espartaco y sus siete compañeros cogieron las armas de las camas y comenzaron a ir de celda en celda con la llave que guardaba el arquero.


 Todos los grupos de gladiadores habían hecho todo lo posible por perder tiempo al levantarse y ninguno había salido al patio aún cuando los ocho silenciosos atletas se unieron a ellos. Un cuchillo que reluce y se hunde en un pecho, un trozo de vidrio que corta una garganta, y los ocho trozos de bramante pasaron de unas manos a otras.

 

Se hizo todo sin decir una palabra, proferir un grito ni dar la alarma, y en seguida Espartaco y sus compañeros dominaron el pasillo de celdas con sus correspondientes patios. Algunos de los muertos llevaban llaves y se fueron abriendo más puertas de la laberíntica prisión y los setenta presos de villa Batiato fueron desplegándose en silencio, invadiendo el resto del edificio. 


Había un cobertizo en el que se guardaban hachas y herramientas; un ruido sordo y metálico y todo lo útil fue a parar a manos de los gladiadores. Y ahora se evidenciaba otro fallo de la disposición arquitectónica de Batiato, pues las altas murallas internas no dejaban propagarse el ruido. Batiato habría debido alzar torres de vigilancia para situar a los arqueros.

 

La alarma sonó cuando llegaron a las cocinas, pero ya era demasiado tarde. Estaban ya en su poder todos los instrumentos punzantes que había en ellas y, usando las tapaderas de los calderos a guisa de escudos contra las flechas, siguieron avanzando y matando a todos, Batiato incluido, pues, aunque pensaba haberse ido de vacaciones la víspera, se había quedado a repasar los libros de contabilidad. Los gladiadores le dejaron con vida hasta soltar a las mujeres, que le despedazaron siguiendo instrucciones anatómicas de Aluso, quien devoró con fruición su corazón.

 

Y al salir el sol, Espartaco y sus sesenta y nueve compañeros eran dueños de villa Batiato. Sacaron las armas del almacén y uncieron a los carros bueyes y mulas para cargar los víveres de las cocinas y el resto de las armas, abrieron las puertas y todos abandonaron la siniestra escuela.

 

Espartaco, que conocía bien Campania, no se había contentado con tomar villa Batiato. La escuela estaba en la carretera de Capua a Nola a unas siete millas de la ciudad, y hacia Nola se dirigió la pequeña expedición. Al poco rato encontraron un convoy de carros y lo asaltaron por el simple motivo de que no querían que nadie pudiese indicar qué camino habían tomado. Para su gran contento, los carros iban cargados de armas y corazas para otra escuela de gladiadores; ahora tenían más armas para la guerra que gente para empuñarlas. 


No tardaron en abandonar la ruta principal y tomar por un camino poco frecuentado que se dirigía hacia el monte Vesubio.

 

Vestida con una loriga de arquero y esgrimiendo un sable tracio, Aluso se acercó a Espartaco, que iba a la cabeza de la columna. Se había limpiado la sangre de Batiato, pero aún se relamía de gusto, como un gato, cada vez que recordaba cómo se había comido su corazón.


-Pareces Minerva -dijo sonriente Espartaco, que no había censurado en absoluto el destino que Aluso había dado a Batiato.


-Por primera vez en diez años me siento tal cual soy -dijo, zangoloteando la bolsa de cuero que llevaba colgada de la cintura y en la que guardaba la cabeza de Batiato, que se proponía escarificar, convirtiendo la calavera en copa para beber como era costumbre en su tribu.

 

-Si te complace, serás mi mujer exclusiva.

 

-Me complace si me dejas participar en los consejos con tus guerreros.



Hablaban en griego, ya que Aluso no sabía latín, y se expresaban con la tranquilidad de quienes han poseido mutuamente su cuerpo sin obnubilación emocional o pasión, unidos por el placer de estar libres y caminar sin ir encadenados ni vigilados.



jueves, 10 de octubre de 2019

DISCURSO DE ESPARTACO SOBRE QUINTO SERTORIO Y LA LIBERACIÓN DE LA ESCLAVITUD



Todos habéis oído hablar de Quinto Sertorio . Es un romano que se ha sublevado contra el sistema que produce hombres como Batiato. Ha logrado el apoyo de Hispania entera y pronto se pondrá en camino hacia Roma para proclamarse dictador y establecer un nuevo tipo de república. Lo sabemos porque la gente hablaba de ello en los lugares en que nos enviaban a combatir. Y nos hemos enterado de que en Italia muchos desean a Sertorio en Roma; sobre todo los samnitas.

 

¡Yo sé lo que voy a hacer!. Voy a ir a Hispania a unirme a Quinto Sertorio. Y si fuera posible, le llevaría otro ejército, un ejército que ya haya asestado golpes a la Roma de Sila y a sus continuadores. Voy a reclutar hombres en Samnio, Lucania y todas las regiones de Italia que deseen ver una Roma nueva en lugar de resignarse a un miserable destino. Voy a reclutar esclavos de Campania ofreciéndoles el derecho de ciudadanía en la Roma de Quinto Sertorio. Tenemos armas de sobra y podemos reclutar más hombres. ¡Y si Roma envía tropas contra nosotros, las derrotaremos y nos apoderaremos de las armas!. Lo único que puedo perder es la vida y he jurado que nunca más me resignaré a la clase de existencia a que me obligaba Batiato. Un hombre, aunque sea esclavo, debe tener derecho a reunirse con sus congéneres.

 

¡Soy un hombre y dejaré huella!. ¡Pero todos vosotros deberíais decir lo mismo!. Si seguimos juntos y formamos el núcleo de un ejército, podremos defendernos y dejar honda huella. Si nos esparcimos en mil direcciones, todos nosotros, hasta el último, nos veremos obligados a huir, huir, huir... ¿Por qué correr como gamos si podemos caminar como hombres?. ¿Por qué no buscarnos un lugar en la Roma de Quinto Sertorio preparándole el terreno en Italia y uniéndonos a él cuando llegue?. Roma tiene pocas tropas en Italia, como bien sabemos. ¿No hemos oído que en Capua se quejan de que su economía va mal porque los campamentos de legionarios están vacíos?. Yo fui tribuno militar. Crixo, Enomao y muchos de vosotros habéis sido legionarios de Roma. ¿Hay algo que los iguales de Lúculo o de Pompeyo Magno, en cuanto a formar y conducir un ejército, no sepamos yo, Crixo, Enomao o cualquiera de vosotros?. ¡No es difícil conducir un ejército!. ¿Por qué no convertirnos en ejército?. ¡Podemos ganar victorias!. En Italia no hay legiones de veteranos que puedan detenernos; sólo cohortes de reclutas novatos. Los soldados veteranos se sentirán atraídos por nuestra causa... samnitas y lucanos que luchan por sacudirse el yugo de Roma. Y entre todos podemos entrenar a los que se unan a nosotros sin experiencia bélica. ¿Es que un esclavo es un hombre sin capacidad guerrera y sin valor?. Los ejércitos de esclavos han estado a punto varias veces de llevar Roma a la ruina, y fracasaron únicamente porque los dirigían quienes no conocían las estrategias militares de Roma. ¡ No eran romanos quienes los dirigían!.

 

¡Yo conduciré nuestro ejército y lo llevaré a la victoria!. ¡Y se lo entregaré a Quinto Sertorio cargado de laureles y con Roma e Italia a sus pies!. Sólo os pido que lo penséis.








domingo, 18 de agosto de 2019

ENOMAO



Enomao (Galia, ¿? - Mezzogiorno, 72 a. C.) fue un gladiador galo de raza celta,​ de la escuela de gladiadores de Léntulo Batiato en Capua. Junto con el tracio Espartaco y sus compañeros galos, Enomao se convirtió en uno de los líderes de los esclavos rebeldes durante la tercera guerra servil (73 a. C.-71 a. C.), en la cual moriría tempranamente.

 

Enomao estuvo involucrado en uno de los primeros éxitos más importantes del ejército de esclavos, la derrota del ejército del pretor Cayo Clodio Glaber, que había tratado de poner sitio al ejército de esclavos cerca del Monte Vesubio.

 

Enomao cayó en una batalla temprana, posiblemente durante el invierno entre el 73-72 a. C, cuando los ejércitos de esclavos estaban saqueando ciudades y pueblos en el sur de Italia.

 

Nota: el verdadero Enomao era un celta galo de raza blanca, no el gladiador doctore de raza negra que aparece en la serie "Spartacus" y que interpreta el actor Peter Mensah oriundo de Ghana y nacionalizado británico.

LOS DOS DOCTORES DE GLADIADORES












domingo, 11 de agosto de 2019

CRIXO



Crixus o Criso (Galia, ¿? - Apulia, 72 a. C.) fue un esclavo, gladiador y dirigente de la rebelión de esclavos en la tercera guerra servil, junto a Espartaco, Enomao, Gannicus y Castus. Su nombre significa «pelo rizado».

 

Era originario de la Galia y había sido un esclavo durante varios años antes de la rebelión. Crixo fue capturado por los romanos cuando combatía con los Alóbroges contra los romanos. Al igual que sus compañeros, Crixo se entrenó como gladiador en Capua. En varias escaramuzas tempranas, su compañía de gladiadores celtas cambió el rumbo de la batalla atacando los puntos débiles del enemigo.

 

Inicialmente, el ejército de esclavos tuvo gran éxito, derrotando a las fuerzas del Senado Romano enviadas para sofocar la insurrección. Sin embargo, Crixo se separó de Espartaco hacia finales de año. Espartaco quería regresar a la Galia y los Balcanes, pero Crixo optó por el saqueo y se quedó en el sur de Italia. Algunas fuentes sugieren que la separación de Espartaco pudo haber sido también una estrategia militar acordada entre ambos (Crixo y Espartaco) para deshacerse de los romanos.

 

El señuelo permitiría a Espartaco escapar al extremo norte con el cuerpo principal del ejército, sin embargo como los ejércitos romanos comenzaban a regresar a sus hogares de las campañas en el extranjero por el oeste y el este, podría representar una posición peligrosa para Espartaco. Si el señuelo funcionaba, Crixo se reuniría con Espartaco por otra ruta, pero no hay ningún dato real que demuestre que esto fue así.

 

En la primavera de 72 a. C., uno de los dos cónsules romanos enviados para sofocar la rebelión, Lucio Gelio Publícola, atacó a Crixo y sus fuerzas (de celtas y germanos) en la región de Apulia. En la batalla del Monte Gárgano, Crixo usó su infantería germana para debilitar a los romanos antes de enviar a sus gladiadores celtas. Sin embargo sus guerreros germanos fueron derrotados, lo que forzó a Crixo a luchar en forma defensiva, siendo derrotado. Crixo y su ejército de 20.000 hombres fueron totalmente aniquilados.

 

Espartaco honró la memoria del exgladiador Crixo con juegos funerales en los que obligó a 300 prisioneros de guerra romanos a luchar a muerte como gladiadores.

 

Crixo fue interpretado por Jon Ireland en la película "Spartacus" de 1960.

Crixo aparece como personaje en la versión musical de Espartaco de Jeff Wayne, interpretado por el cantante Fish.

Crixo fue interpretado por Paul Kynman en la película `para televisión "Espartaco" del 2004.

Crixo es interpretado por Manu Bennett en la serie Spartacus: Blood and Sand,4​ Spartacus: Gods of the arena, Spartacus: Vengeance y Spartacus: War of the Damned.

En el juego en línea "Space Trek: New Empires", Crixo es un esclavo de Trujen, Dios de STNE.