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jueves, 18 de mayo de 2023

GANÍMEDES, EL EUNUCO QUE SE ENFRENTÓ A CÉSAR

 

Ganímedes fue un eunuco al servicio de los últimos faraones ptolemaicos. Tutor de la princesa Arsínoe IV, hermana de Cleopatra, fue nombrado comandante de la flota egipcia.

 

Cuando estalló la guerra civil entre Ptolomeo XIII y Cleopatra, Arsínoe logró escapar del palacio de Alejandría (donde estaba retenida) junto con Ganímedes; la princesa se unió al ejército que comandaba el general Aquilas contra los invasores romanos, tomando el título de faraona. Tras un enfrentamiento entre el preceptor y el general, Arsínoe ordenó ejecutar a Aquilas (conspirador junto con Potino para asesinar a Pompeyo) y nombró a Ganímedes comandante de la flota de Alejandría en su lugar.

 

El ejército de Ganímedes estaba en posesión de media ciudad y de las fuentes del río, lo que le daba el control de los canales que cruzaban Alejandría y, por tanto, del abastecimiento de agua del ejército de César. Con esto en mente, aisló del Nilo esos canales y con ayuda de maquinaria los inundó con agua salada, que llenó las cisternas de la ciudad.

 

Tras varios días con falta de agua dulce, cundió el pánico entre los legionarios de César, que tuvo que ocuparse personalmente de la situación: conocedor de que Alejandría estaba construida sobre piedra caliza y que esta es porosa, ordenó construir pozos, lo que restableció el suministro de agua.

 

Dos días después de que César frustrara la estratagema, la trigésimo séptima legión llegaba a Egipto, pero no pudo alcanzar Alejandría debido a los vientos contrarios y se encontraba en desesperada necesidad de agua. César salió con su flota a solucionar personalmente el problema, y envió a varios marineros para encontrar agua; estos fueron capturados por la caballería de Ganímedes, gracias a quienes averiguó la ubicación de las tropas de César.

 

 La batalla naval que se entabló entonces, la ganó César, pero Ganímedes logró preparar una flota más grande para la revancha, seguro de que podía ganar. Para ello utilizó todo tipo de barcas y construyó otras con las maderas de cualquier edificio; así logró reunir veinticuatro cuatrirremes, cinco quinquerremes y muchas otras de menor tamaño.

 

El enfrentamiento con la flota romana frente a Faros supuso, según Eufranor, almirante de César, el fracaso de la revancha de Ganímedes, que cambió de táctica y se dedicó a bombardear las fuerzas de César, produciéndose un estancamiento de la guerra.

 

Cansados de la lucha, una delegación de ciudadanos alejandrinos solicitó a César intercambiar un tratado de paz por Ptolomeo XIII, al que el general romano liberó para ganar tiempo, y Ptolomeo se unió a las tropas de Ganímedes. Mientras, llegó Mitrídates de Pérgamo con tropas de refuerzo, tomó Pelusio, avanzó victorioso hacia Alejandría y en el delta del Nilo se enfrentó a los egipcios.

 

 César salió de la ciudad para unirse a él y el 27 de marzo del año 47 a. C. tuvo lugar una batalla final tras la cual Ganímedes huyó, Ptolomeo XIII resultó muerto y Arsínoe fue capturada por los romanos.



miércoles, 10 de mayo de 2023

HIPATÍA DE AJEJANDRÍA DICE SOBRE EL GÉNERO HUMANO

Dios ha creado al hombre como un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad.

 

Hipatía de Alejandría, una filósofa y matemática neoplatónica residente en Alejandría, afirmó: "Dios ha creado al hombre como un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad".

 

El hombre como un animal sociable: Esta frase nos indica que los seres humanos tienen una naturaleza social. A diferencia de otros animales, los humanos tienen una inclinación natural y una necesidad intrínseca de vivir en comunidad y relacionarse con otros individuos de su misma especie.

 

La necesidad de convivir: Esto significa que los seres humanos tienen una fuerte necesidad de estar en contacto y relacionarse con otros. La convivencia y la interacción social son fundamentales para nuestro bienestar y desarrollo emocional, mental y espiritual.

 

El lenguaje como instrumento y lazo común de la sociedad: Hipatía nos dice que Dios nos ha dado el lenguaje como una herramienta especial y poderosa. El lenguaje nos permite comunicarnos entre nosotros y compartir ideas, conocimientos, emociones y experiencias. Es a través del lenguaje que podemos construir y mantener la sociedad, establecer vínculos, transmitir valores y cultura, y colaborar en la resolución de problemas.

 

Podemos imaginar al lenguaje como un puente que conecta a las personas y les permite entenderse mutuamente. Sin el lenguaje, la comunicación se volvería extremadamente difícil, y la sociedad tal como la conocemos no sería posible.

 

En resumen, la cita de Hipatía de Alejandría nos habla sobre la naturaleza social del ser humano, su necesidad innata de convivir con otros de su especie y cómo el lenguaje actúa como un poderoso instrumento que une a las personas y les permite interactuar, comunicarse y construir una sociedad. El lenguaje es fundamental para la convivencia humana y nos permite expresar nuestras ideas, compartir conocimientos y fortalecer nuestros lazos como comunidad.



jueves, 27 de abril de 2023

HIPATIA DE ALEJANDRÍA, LA LUCHA DE UNA MUJER VALIENTE ADELANTADA A SU TIEMPO CONTRA LA INTOLERANCIA Y LA IGNORANCIA.

 

Hipatia de Alejandría fue una mujer excepcional en su época y su legado ha sido objeto de fascinación y admiración por muchas personas. Fue una de las primeras mujeres en dedicarse a la filosofía y las matemáticas, en un mundo donde la educación y la enseñanza estaban reservadas para los hombres.  Vivió en los años en que la religión cristiana comenzó a ser la religión oficial del Imperio Romano, sufriendo sus consecuencias.

 

Se sabe poco sobre ella, pero con lo poco que ha llegado a nuestros días se le puede considerar como una mujer adelantada a su tiempo, ya que se introdujo en un mundo masculino donde la libertad y el acceso de la enseñanza a la mujer estaba vetado.

 

Nació en Alejandría en el año 370, aunque otras fuentes lo datan en el año 355. En aquellos momentos, Egipto se encontraba bajo poder romano, se trataba de una provincia más del imperio.

 

No se sabe quién fue su madre, pero su padre fue Teón de Alejandría, un reconocido filósofo y matemático que influyó enormemente en su hija y que la hizo ser como era.Teón educó a su hija con el ideal del individuo griego, es decir, quería que enriqueciera tanto su cuerpo como su mente con virtudes como la sabiduría, la belleza y la razón. 

Para cultivar el cuerpo lo esencial era el ejercicio físico y los baños. Para desarrollar la sabiduría instruyó a su hija en materias como las artes, las ciencias y la música, además de hacer que estudiara filosofía, astronomía, matemáticas, física y lógica durante sus viajes a Roma y Atenas.

 

Hipatia destacó en el campo de la astronomía, elaborando tablas con los movimientos de los cuerpos celestes y contribuyendo a la invención de objetos como el astrolabio o el aerómetro. 

También se interesó por la enseñanza y estudio de las matemáticas, llegando a trabajar junto a su padre en la Escuela neoplatónica y enseñando a alumnos de toda condición social, sin discriminación alguna.

Se cree que muchas de las obras atribuidas a Teón fueron realmente escritas por su hija. Su principal interés fue la astronomía. Elaboró tablas con los movimientos de los cuerpos celestes y contribuyó a la invención de objetos como el astrolabio o el aerómetro.Llegó incluso a defender el heliocentrismo, la teoría que considera que el Sol es el centro del universo.

 

Se consagró al estudio y enseñanza de las matemáticas. Tenía un carácter tolerante y no discriminaba ningún tipo de alumnos, teniendo algunos tan destacados como el obispo Sinesio de Cirene y Orestes, quien años más tarde llegó a ser el prefecto romano de la provincia de Egipto.

 

Esto,  con su libertad de pensamiento y de enseñanza, junto con su racionalidad, fue creando envidias y odios en el obispo Cirilo y sus seguidores, quienes afirmaban que influía demasiado en Orestes, y además la acusaron de practicar hechicería  y brujería.

 

Un factor clave es que en el año 391 el cristianismo se había convertido en la religión única y oficial del Imperio Romano, lo que tuvo como consecuencia que todo lo pagano y lo científico era perseguido. , exacerbándose  los ataques contra los paganos y los científicos que no estuvieran relacionados con la Biblia.

 La posición de Hipatia como pagana y mujer independiente la hizo blanco fácil de la intolerancia religiosa y de la violencia.

 

Durante el tiempo que Teófilo estuvo como obispo, se destruyó todo aquello que guardara conocimiento científico o que no estuviera relacionado con la Biblia. Muchos paganos decidieron convertirse por la presión que estaban ejerciendo contra ellos. 

Sin embargo, Hipatia no quiso hacerlo. En un principio consiguió salvarse gracias a la intervención de Orestes.

 Pero el nuevo obispo, Cirilo, la acusó de ser una bruja y de practicar hechicería. En el año 415 fue asaltada en su carruaje por los parabolanos.

 

En el año 415, Hipatia fue brutalmente asesinada por una turba de parabolanos, quienes la desnudaron, violaron y arrastraron por la ciudad hasta llegar al Cesáreo,  la catedral de Alejandría, donde la golpearon con tejas hasta la muerte. Su cuerpo fue descuartizado, sus restos paseados por la ciudad y finalmente quemados.

 

Orestes informó de los hechos a Constantinopla pero Cirilo salió prácticamente indemne de los hechos. Este episodio representa una de las mayores injusticias y atrocidades de la historia, que terminó con la vida de una mujer valiente, inteligente y adelantada a su tiempo. 

La figura de Hipatia ha inspirado a muchas personas y su legado sigue siendo un recordatorio de la importancia de la libertad de pensamiento y de la igualdad de oportunidades para todos, sin importar su género o su origen. El director de cine español Alejandro Amenábar, rodó una película titulada “Ágora”, en la cual queda reflejada la vida de Hipatia de Alejandría.




domingo, 1 de enero de 2023

CLEOPATRA ENAMORADA DE CÉSAR



Esa noche, mientras yacía insomne en el enorme lecho de plumas de Cleopatra, notando el contacto de su cuerpo cálido en el fresco del supuesto invierno de Alejandría, César pensó en el día, el mes, el año. Desde el momento en que había pisado suelo egipcio, todo se había alterado drásticamente: la cabeza de Magno -aquella perversa cábala palaciega-, una corrupción y una degeneración que sólo Oriente podía producir, una indeseada campaña luchada en las calles de una hermosa ciudad; la voluntad de un pueblo de destruir lo que se había tardado tres siglos en construir; su propia participación en esa destrucción... y una pragmática proposición de una reina resuelta a salvar a su pueblo de la única manera que creía que podía ser salvado, concibiendo el hijo de un dios. Creía que él, César, era un dios. Extraño. Insólito.


Ese día César había tenido miedo. Ese día César, que nunca estaba enfermo, había afrontado las consecuencias inevitables de sus cincuenta y dos años. No sólo por su edad, sino por los excesos que había cometido, forzándose a seguir cuando otros hombres se detendrían a descansar. ¡No, César no! El descanso no era propio de César. Nunca lo sería. Pero ahora César, que nunca estaba enfermo, debía admitir que llevaba meses indispuesto. Fuera cual fuese la fiebre o el miasma que había producido temblores y arcadas en su cuerpo, había dejado secuelas. Una parte del organismo de César había -¿cómo había dicho el médico-sacerdote?- sufrido un cambio. César tendría que acordarse de comer, o de lo contrario padecería un ataque de epilepsia, y dirían que por fin César estaba decayendo, debilitándose, que César no era ya invencible. Así que César debía mantener el secreto, no debía permitir que el Senado y el pueblo supieran que algo le pasaba, porque ¿quién, si no, sacaría del lodo a Roma?


Cleopatra suspiró, susurró algo, dejó escapar un leve hipo. Tantas lágrimas, y todas por César. Esta cría patética me ama, me ama. Para ella me he convertido en marido, padre, tío, hermano. Todas las retorcidas ramificaciones de un tolomeo. Yo no lo comprendía, creía entenderlo pero no lo entendía. La fortuna ha arrojado las preocupaciones y pesares de millones de personas sobre sus frágiles hombros; no le ha permitido elegir su destino más de lo que yo le permití a Julia. Ha sido ungida soberana con ritos más antiguos y sagrados que ningún otro; es la mujer más rica del mundo; tiene un poder absoluto sobre las vidas humanas. Sin embargo es un cría insignificante, una niña. Para un romano, es imposible calibrar en qué la han convertido sus primeros veintiún años de vida, con el asesinato y el incesto como norma. Latón y Cicerón sostienen que César aspira a ser rey de Roma, pero ninguno de ellos tiene la menor idea de qué es reinar verdaderamente. Un verdadero reinado está tan lejos de mí como esta criatura que tengo a mi lado, hinchada por el hijo mío que lleva dentro.


Debo levantarme, pensó. Debo beber algo de ese brebaje que Apolodoro tan amablemente me ha traído: zumo de melones y uvas cultivados en invernáculos de lienzo. ¡Qué degeneración! Mi mente divaga: soy César y a la vez soy yo; no puedo separar lo uno de lo otro.


Pero en lugar de ir a beber el zumo de melones y uvas cultivadas en invernáculos de lienzo, apoyó otra vez la cabeza en la almohada y se volvió para observar a Cleopatra. Pese a que era plena noche, no estaba muy oscuro; los grandes paneles de la pared exterior estaban un poco corridos y entraba la luz de la luna, que daba a la piel de Cleopatra un color no plateado sino de bronce claro. Una piel adorable. Alargó el brazo para tocarla, acariciarla, recorrer con la palma de la mano el abultado vientre de una preñez de seis meses, cuya piel no estaba aún bastante distendida para estar luminosa, como él recordaba que estaba el vientre de Cimila cuando le faltaba poco para parir a Julia, o antes de dar a luz a Cayo, que nació muerto debido al ataque de eclampsia de su progenitora. Quemamos a Cimila y al pequeño Cayo juntos, mi madre, la tía Julia y yo. No César. Yo.


Los pequeños pechos de Cleopatra se habían puesto redondos y firmes como globos, y sus pezones se habían oscurecido hasta tener el mismo color negro ciruela que la piel de sus abanicadores etíopes. Quizá lleve en las venas algo de esa sangre, porque su organismo contiene rasgos que no son los de Mitrídates y Tolomeo. Su piel es deliciosa al tacto, tejido vivo con una finalidad más importante que simplemente complacerme. Pero soy parte de este ser, porque lleva mi hijo. En general tenemos a los hijos cuando somos demasiado jóvenes, cuando se llega a mi edad es el momento de disfrutarlos y de adorar a sus madres. Se requieren muchos años y muchos sufrimientos para comprender el milagro de la vida.


Cleopatra tenía el pelo suelto y esparcido sobre la almohada, no era una cabellera espesa y negra como la de Servilia, no un río de fuego en que él podía envolverse, como el de Rhiannon. Ése era el pelo de Cleopatra, del mismo modo que ése era el cuerpo de Cleopatra. Y Cleopatra me ama de manera distinta a todas las demás. Me devuelve la juventud.


Los ojos leoninos de la faraona estaban abiertos, la mirada fija en el rostro de César. En otro momento él habría adoptado una expresión impasible, habría excluido a la joven de su mente con la automática rapidez de un reflejo; nunca hay que entregar a las mujeres la espada del conocimiento, porque la utilizan para castrar. Pero ella está acostumbrada a los eunucos; no valora a esa clase de
hombres, lo que busca en mí es un esposo, un padre, un tío, un hermano. Soy su igual en el poder, y sin embargo poseo el poder adicional de la masculinidad. La he conquistado. Ahora debo demostrarle que no entra en mis intenciones ni en mi naturaleza aplastarla para obtener su sumisión. Ninguna de mis mujeres ha sido servil.



-Te quiero -dijo rodeándola con sus brazos-, como mi esposa, mi hija, mi madre, mi tía. Cleopatra no podía saber que estaba equiparándola a unas mujeres reales, no empleando metáforas tolomaicas, pero a ella le invadió una oleada de amor, de alivio, de absoluto regocijo.

César la había admitido en su vida. César había dicho que la quería.

( Fragmento del libro de Colleen McCullough "El Caballo de César" )




lunes, 26 de diciembre de 2022

PLANES DEL FARAÓN ADOLESCENTE PTOLOMEO CÉSAR ( CESARIÓN ) PARA EGIPTO Y ALEJANDRÍA ANTE LA CORTE DE ALEJANDRÍA



Teniendo en cuenta las disposiciones de mi difunto padre Cayo Julio César, voy a emprender unas importantes reformas para Egipto y Alejandría. En primer lugar me ocuparé de Alejandría. Tiene que haber cambios; cambios inmediatos. En el futuro seguiremos la práctica romana de dar raciones de trigo gratis para los pobres; además, con respecto al trigo, el precio no fluctuará, para fijar su coste si es comprado en ultramar cuando el Nilo no inunda. El gasto adicional será absorbido por el erario público de Alejandría. Sin embargo, estas leyes se aplicarán sólo a la cantidad de trigo que una familia pequeña consume durante el curso de un mes: el medimnus. Cualquier alejandrino que compre más de un medimnus al mes tendrá que pagar el precio normal.

 

Aquellos residentes de Alejandría que en ese momento no tengan derecho a la ciudadanía recibirán una franquicia. Esto se aplicará a todos los hombres libres, incluidos los libertos. De esa manera, habrá listas de ciudadanos y equipos del Estado para que otorguen los vales de trigo, ya sea para trigo gratis o para el medimnus subsidiado. Todos los magistrados de la ciudad, desde el intérprete hacia abajo, serán elegidos de la manera más justa (por elección libre) y durarán en el cargo sólo un año. Cualquier ciudadano, ya sea macedonio, griego, judío, medo o egipcio mestizo, podrá presentarse, y se darán leyes para castigar el soborno electoral, como también la corrupción en el cargo.

 

Por último, en cada intersección principal construiré una fuente de mármol. Estas fuentes tendrán varias espitas para sacar agua y un caño grande para lavar ropa y para que se laven las personas, construiré baños públicos en cada barrio de la ciudad, excepto Beta, donde el recinto real ya tiene las adecuadas facilidades.

 



OBJECIÓN DE SU MADRE-CONSORTE, LA FARAONA CLEOPATRA SÉPTIMA

Tu propuesta es espléndida, pero manifiestamente imposible de aplicar. Y esto es porque Alejandría tiene su propio mos maiorum, Cesarión. Sus propias costumbres y tradiciones. Los gobernantes de un lugar, sea una ciudad o una nación, no están obligados a socorrer a los pobres, que son una aflicción que sólo la hambruna puede curar. Los romanos llaman a sus pobres proletarios, y eso significa que no tienen absolutamente nada para darle al Estado salvo hijos que luego los enrolan en las legiones y los destinan en las guerras y mantenimiento de su propio Imperio; y con ello pobres con ningún impuesto ni ninguna prosperidad. Pero los romanos también tienen una tradición de filantropía, por eso alimentan a sus pobres a costa del Estado. Alejandría no tiene tal tradición, ni tampoco otros lugares. Sí, estoy de acuerdo en que nuestros magistrados son corruptos, pero los macedonios son los colonizadores originales, y se sienten con derecho a ocupar los cargos. Intenta quitárselos y te destrozarán en el ágora; no por los macedonios, sino por los pobres. La ciudadanía de Alejandría es preciosa, no se da a quienes no la merecen. Para los egipcios tú y yo somos hijo e hija de Amón-Ra, Isís y Horus reencarnado, Señores de las Dos Damas del Alto y el Bajo Egipto, de la Juncia y la Abeja. Nuestro propósito es ser fructíferos, traer prosperidad a los altos y a los bajos. Faraón es el dios en la tierra, destinado a no morir nunca. Tu padre tuvo que morir para convertirse en deidad, mientras que tú has sido un Dios desde tu concepción. Y los egipcios no piensan como los romanos: no quieren ser libres: quieren que los guíen los dioses. Para hacer las reformas que tú deseas, hay que ir poco a poco, porque la gente no cambia bruscamente. No voy a decirte que no has vivido lo suficiente para tener la necesaria experiencia en tratar con la gente, ya sea tus súbditos o colaboradores; tú lo rechazarías de tener mi propia edad. No puedes dar edictos faraónicos que lancen a la gente a una conmoción instantánea y no esperar oposición. Admiro la profundidad de tus investigaciones, y admito la verdad de mucho de lo que has dicho. Pero aquello que tú y yo sabemos que es la verdad no es obvio para los demás. Las personas vulgares, incluso los aristócratas macedonios, están aferrados a sus maneras. Se resisten al cambio de la misma manera que una mula se resiste a ser llevada de la rienda. El mundo de un hombre o una mujer está circunscrito a su entorno comparado a nuestro mundo; pocos de ellos viajan, y aquellos que lo hacen no van más allá del delta o de Tebas para unas vacaciones si tienen el dinero. El registrador no ha estado nunca más allá de Alejandría de Pelusium, ¿así que cómo crees que ve él el mundo?. ¿Qué le importa Menfis, y no digamos ya Roma?. Si eso es verdad para él, ¿cómo crees que piensan personas inferiores?. Somos faraones de un país de mil millas de largo pero sólo de diez millas de ancho excepto en Ta-She, un país que no tiene ningún ciudadano libre. Nos pertenecen, como nos pertenecen la tierra que cultivan y las cosechas que recogen.

 

En cuanto al dinero,  tenemos tanto que nunca lo podríamos gastar, acumulado debajo del suelo, fuera de Menfis. En el futuro, y con unas reformas a su debido tiempo y que avancen despacio, lo podrás utilizar para mejorar al pueblo de Egipto .Y claro que si los pobres van a recibir reparto de trigo gratis como ocurre con los romanos, es más difícil que se den casos de rebeldía y de oposición. En el fondo estoy de acuerdo con tus planes de reforma, y por eso te sugiero que comiences con ese paso. Pero ¡no de la noche a la mañana, por favor!. Dedica el año próximo a trabajar en lo que tu padre hubiese llamado la logística, ponlo todo por escrito y lo discutimos entre nosotros y los grandes de la corte. Piensa que incluso la legislación del gran César tardó años en completarse. No puedes tomar atajos, Cesarión. Ocúpate de cada cambio adecuada, meticulosa y perfectamente. Toma como ejemplo al primo Octavio; allí tienes a un verdadero perfeccionista, y no soy tan tonta como para no admitirlo. Tú tan solo tienes 13 años y  mucho tiempo para prepararte, hijo mío. Haz las cosas poco a poco, por favor. Habla mucho antes de actuar; las personas deben ser preparadas cuidadosamente para un cambio para que no sientan como si se les hubiese impuesto sin aviso. ¿Lo tendrás en cuenta, por favor?.  En cuanto a las elecciones, son una farsa.