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domingo, 18 de agosto de 2019

VENUS LELY Y DEMÁS AFRODITAS AGACHADAS


 
La Venus Lely, llamada así por haber pertenecido al pintor Sir Peter Lely, actualmente propiedad de la Royal Collection, en préstamo en el British Museum.

 

Afrodita agachada, acurrucada, lavándose, en el baño, o expresiones similares, son denominaciones historiográficas de un tipo de representaciones de la diosa Afrodita (o Venus) que se realizaron a partir de un modelo de época helenística, atribuido a Doidalsas de Bitinia. Es posible que fuera un encargo de Nicomedes I de Bitinia para un santuario en Nicomedia, ciudad que fundó ese rey en 265 ó 262 a. C.​

 

La escena que reproduce es la de la diosa sorprendida en el baño, o en el trance de contemplar su reflejo en las aguas, mientras está desnuda (en algún caso se utiliza la denominación El baño de Afrodita,​ que en cierto modo relaciona esta escena con la representada en la tipología de la Afrodita púdica). La postura es forzada, en cuclillas, tocando casi el suelo con su rodilla derecha y volviendo su cabeza hacia ese lado. En la mayor parte de las versiones lleva su brazo derecho hasta el hombro izquierdo, intentando cubrir sus senos; en otras, levanta el brazo derecho hasta tocarse el pelo, dejando los senos más descubiertos. En algunas versiones, aparece junto a ella Eros, o algún elemento iconográfico que hace más evidente la identificación. Dado el alto número de copias de época romana​ que se han encontrado, sobre todo en Italia y Francia, tuvo que ser un modelo muy popular.

 

Un pasaje corrupto de la Naturalis Historia de Plinio el Viejo (xxxvi.4), enumera las esculturas del templo de Júpiter Estator en el Porticus Octaviae, cerca del Foro Romano: Venerem lavantem sese Daedalsas [...] stantem Polycharmus; la lectura de esta parte parece exigir una adición: "Venus lavándose, de Daedalsas, [y otra escultura], de pie, de Polycharmus"; lo que deja claro que la escultura de Venus no está de pie.​ En distintas fuentes del siglo XIX se hacen diferentes lecturas, como Venerem lavantem sese, Daedalum stantem Polycharmus, según la cual sería el tal Policarmo el autor de la "Venus lavándose" y de una estatua de "Dédalo de pie".​

 

EJEMPLOS ANTIGUOS:

La Venere accovacciata de la colección Medici, registrada en la Villa Medici de Roma y actualmente en la Galería de los Uffizi de Florencia. Fue grabada (con el añadido de una concha marina) por Paolo Alessandro Maffei, Raccolta di statue antiche e moderni..., 1704 (plate XXVIII)

 

La Venere accovacciata de la colección de mármoles Farnese, restaurada con un pequeño Eros que llama la atención de la diosa, se encuentra actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Fue dibujada por Martin Heemskerck. En el mismo museo hay otra pieza sin el añadido del Eros.

 

La Venus agachada de la colección Borghese, comprada en 1807 a Camillo Borghese, y que se conserva en el Museo del Louvre. En la colección Borghese se restauró imaginativamente como Diana, añadiéndole un arco de caza en su mano derecha.

 

La Venus Lely​ es un mármol de época antonina que se encontraba en la colección Gonzaga de Mantua, donde se inventarió en 1627.​ En Inglaterra en 1631, fue calificada de "la más fina estatua de todas" (the finest statue of all) y valorada en 6000 escudos. Fue comprada en 1627-28 a los Gonzaga por Carlos I de Inglaterra,​ cuya colección de arte se dispersó durante la Revolución inglesa, cuando fue comprada por el pintor y connoisseur Sir Peter Lely. Pasó de nuevo a la Royal Collection en 1682 y se encuentra en préstamo en el British Museum.


La Afrodita agachada del Museo del Hermitage, con un Eros a su espalda. En su mano derecha sostiene una pequeña vasija.

 

La Venus agachada hallada en Salona (actual Solin, cerca de la ciudad croata de Split) en la segunda mitad del siglo XVIII fue comprada por el Museo Vaticano, donde fue grabada por Francesco, hijo de Giovanni Battista Piranesi, y luego confiscada por los franceses de Napoleón, y devuelta en 1816 al Vaticano, donde permanece.

 

La Vénus Accroupie, es una escultura del siglo II que perteneció a Luis XIV, y actualmente se exhibe en el Louvre. En una significativa variación, su brazo derecho se levanta hasta la parte posterior de la cabeza.

 

La Venus agachada de Vienne, del siglo I o II después de Cristo, se considera uno de los más finos mármoles romanos de su tipo,16​ hallada en 1828 en Sainte-Colombe, en la ribera derecha del Ródano, donde se hallaba la antigua ciudad de Vienne; fue comprada por la colección Gerantet en 1878 para el Louvre.​ Allí la estudió Cézanne, que la adaptó para una de las figuras de sus Grandes Baigneuses.​ El resto de una pequeña mano en su espalda muestra que fue una de las versiones que incluyen un pequeño Eros.

 

Una Venere al Bagno accovacciata fue encontrada en la Villa Adriana de Tívoli en la década de 1920. Está entre las más finas versiones romanas. Se conserva esencialmente sin restaurar en el Museo Nacional Romano (Museo Nazionale delle Terme), donde hay otras versiones.

 

La Afrodita agachada, que perteneció a Camillo Massimo, a Cristina de Suecia, a Livio Odescalchi y a Felipe V de España, desde entonces en la colección real española; tras pasar por el Palacio de la Granja de San Ildefonso y el Palacio Real de Madrid, se exhibe actualmente en el Museo del Prado.

 

El baño de Afrodita, donada al Museo del Prado en 1944 por Marius de Zayas. Está desprovista de cabeza y de la mayor parte de los brazos.

 

La Afrodita agachada de Córdoba, del siglo II, conservada en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.

 

Un pequeño mármol de la Afrodita agachada, datado en el siglo I a. C., se descubrió en Rodas, y se conserva en el Museo Arqueológico de esa ciudad. Su pose es una variante, en la que en vez de cubrir sus senos, se pasa los dedos por el pelo para secarlo, y mira directamente al que la contempla. A veces se la denomina Afrodita agachada de Rodas.

 

En el Metropolitan Museum de Nueva York se conservan dos ejemplares, ambos desprovistos de cabeza y de la mayor parte de los brazos, datados entre los siglos I y II, uno de ellos de reducido tamaño.

 

Se conservan algunos pequeños bronces con el tema de la Afrodita agachada. Uno, hallado en Siria, que estuvo en la colección de Joseph Durighello, fue vendido por la Galerie Georges Petit de Paris.

 

Impacto en el Renacimiento y versiones modernas: La primera interpretación de la figura, como nacimiento de Venus, saliendo de las aguas — un tipo de Venus Anadiómena — provocó que en algunas restauraciones se añadiera una concha como elemento sobre el que se agacha, de lo que es muestra el grabado de Paolo Alessandro Maffei que reproduce la Afrodita agachada del jardín de los Médici (Raccolta di statue antiche e moderni..., 1704, plancha XXVIII, titulado Statua di Venere nata dalla spuma del mare, e posata sopra una conchiglia, negli Orti Medicei.

 

Alguna de las múltiples versiones de Leda y el cisne de Leonardo da Vinci presentan una cierta similitud en la postura, denominándose Leda accovacciata.

 

En 1505-06 Marcantonio Raimondi realizó un grabado de la Venus agachada.

 

Giambologna, su taller y su heredero Antonio Susini realizaron varias versiones; entre ellas algunas reducciones en bronce, obras de Susini; una de ellas, que estuvo en la colección de Luis XIV, se conserva en el Holburne Museum of Art de Bath,​ y otra, que estuvo en la colección del príncipe Karl Eusebius de Liechtenstein en 1658, se conserva en el Museo Liechtenstein de Viena.

 

Antoine Coysevox realizó una famosa variante, en 1686, para el Château de Marly; Coysevox, que dispuso a su Venus sobre una tortuga en vez de una concha,​ estaba tan exultante por su éxito que inscribió el nombre de Fidias en letras griegas como si fuera de éste. La escultura gustaba tanto al rey Luis XIV que encargó una copia en bronce. En la actualidad el mármol Marly se conserva en el Musée du Louvre y el bronce Marly en el Château de Versailles.

 

Una copia en mármol (1762) de Tommaso Solari fue parte del jardín estatuario que rodeaba el Palacio de Caserta, cerca de Nápoles.​
La Flora agachada de Jean-Baptiste Carpeaux (ca 1873), en el Museu Calouste Gulbenkian de Lisboa, reinterpreta la pose.


sábado, 29 de junio de 2019

MARFORIO


Marforio es una de las seis estatuas parlantes de Roma, la más conocida después de la de Pasquino.
 
Es una enorme escultura de mármol, de la época romana, realizada en el siglo I, que representa quizá a Neptuno, o al río Tíber.
 
Fue encontrada en el Foro de Augusto, en el área conocida como Foro de Marte, de donde probablemente venga el nombre de la estatua. A mediados del siglo XVII el papa Inocencio X mandó colocar la figura en el patio del Palazzo dei Conservatori, donde se encuentra en la actualidad. Al igual que el resto de estatuas parlantes, fue utilizada en la antigüedad como depositaria de innumerables panfletos satíricos, en verso casi siempre, en los que se criticaba las estructuras del poder romano.


sábado, 1 de diciembre de 2018

TESTIMONIO DE MATRIMONIO ROMANO EN UNA TUMBA



TRADUCIÓN DE LA INSCRIPCIÓN:

Soy Aurelia Filematio, liberta de Lucio. En vida era llamada Aurelia Filematio, casta, modesta, ajena al repugnante comportamiento de la mayoría, fiel a mi esposo. Él fue mi compañero liberto, el mismo que ahora me ha sido arrebatado, ¡ay!.  En verdad fue más que un padre para mí. Me sentó en su regazo cuando tenía sólo siete años; ahora, cuarenta años después, he muerto. Triunfó entre los hombres en todos sus actos gracias a mi fiel y firme devoción.



domingo, 28 de agosto de 2016

RELIEVE DE DOS PORTAESTANDARTES






Aquí podemos ver dos portaestandartes procedentes de Adamklissi, representados en uniforme de cuartel, sin armadura ni yelmo. Cada uno de ellos porta una bandera cuadrada o vexillum. Al revés de muchos de los legionarios de la Columna de Trajano, que aparecen con grandes barbas, los soldados del Tropaeum Traiani están siempre afeitados.  

domingo, 14 de agosto de 2016

ESTELA FUNERARIA DE GNAEUS MISIUS




Esta es la estela funeraria del aquilifer ( portador del águila ) Gnaeus Musius, del siglo I d. C., perteneciente a la Legió XIV Gemina, en la que aparece portando un arnés decorado con un buen número de dona, incluyendo phalerae y torques. 








domingo, 7 de agosto de 2016

ESTELA DEL CENTURIÓN MARCUS FAVONIUS FACILIS


 


La estela del centurión Marcus Favonius Facilis, del siglo I d. C. y procedente de Colchester ( Gran Bretaña), proporciona una de las mejores imágenes de un oficial de este rango. Facilis aparece con cota de maya y sujetando su bastón de parra de vid ( vitis ), que era tanto una marca de su rango como un medio para infligir castigo. Como centurión, Facilis lleva su espada gladius a la izquierda. Como sucede en la mayoría de los memoriales de centuriones, este monumento registra muy pocos detalles acerca del servicio de Facilis, ni siquiera su edad. Todo lo que dice es que fue centurión en la Legio XX. 




sábado, 6 de agosto de 2016

EL ÚLTIMO DÍA DE POMPEYA, DEL PINTOR RUSO KARL PAVLOVICH BRYULLOV. POMPEYA, por MARY BEARD



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POMPEYA, por MARY BEARD



Mary Beard es una de las voces más reconocidas y carismáticas en el estudio del mundo clásico. Nacida en Shropshire, Inglaterra, en 1955, Beard ha dedicado su vida a desentrañar los misterios de la antigua Roma, combinando una erudición impecable con una capacidad extraordinaria para comunicar la historia al gran público. Profesora en la Universidad de Cambridge y editora del Times Literary Supplement, ha publicado obras fundamentales que han renovado la mirada sobre la Antigüedad, como “El triunfo romano” y “SPQR”. Su estilo, tan riguroso como ameno, ha hecho de ella una figura mediática y una divulgadora incansable, capaz de convertir el pasado en una aventura intelectual vibrante y cercana. Beard ha sido galardonada con numerosos premios y distinciones internacionales, y su influencia trasciende el ámbito académico, inspirando a lectores de todo el mundo a mirar el pasado con ojos críticos y curiosos.

En “Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana”, Mary Beard nos invita a recorrer las calles, las casas y los rincones de una ciudad congelada en el tiempo por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C., pero lo hace con una mirada renovadora y profundamente humana. El libro no es solo un recuento de la catástrofe, sino una exploración minuciosa y fascinante de la vida cotidiana de los pompeyanos: sus trabajos, sus placeres, sus creencias y sus contradicciones. Beard reconstruye la existencia de personajes reales, desde la influyente sacerdotisa Eumachia hasta los gladiadores que encendían pasiones, y nos muestra cómo la ciudad era un microcosmos de la Roma imperial, con sus desigualdades, sus rituales y sus aspiraciones.

Uno de los grandes méritos de la obra es su empeño en desmontar mitos y leyendas que durante siglos han distorsionado la imagen de Pompeya. Con un estilo ágil y un sentido del humor muy británico, Beard desafía las ideas preconcebidas sobre la higiene de los baños públicos, el supuesto exceso de burdeles o la manera en que los pompeyanos vivían y morían. A través de los hallazgos arqueológicos y las huellas dejadas en muros, objetos y esqueletos, la autora nos revela una ciudad vibrante, compleja y llena de matices, donde la realidad supera con creces la ficción transmitida por el cine o la literatura popular.

El libro destaca por su estructura temática, que permite al lector adentrarse en los distintos aspectos de la vida urbana: desde la organización de las calles y las viviendas hasta el bullicio de las tabernas, los espectáculos del anfiteatro y las prácticas religiosas. Beard no teme enfrentarse a las lagunas y contradicciones de la evidencia arqueológica, y convierte la incertidumbre en un motor de reflexión y asombro. El resultado es una obra que no solo informa, sino que cautiva y desafía, invitando a mirar Pompeya —y, por extensión, la historia— como un territorio siempre abierto a nuevas preguntas.

“Pompeya” es, en definitiva, un viaje apasionante al corazón de una ciudad que, a pesar de haber sido sepultada por la tragedia, sigue viva en cada piedra y en cada historia rescatada del olvido. Mary Beard logra que el lector sienta el polvo de las calles, el rumor de los mercados y el eco de las voces que, dos mil años después, aún tienen mucho que contar.



miércoles, 17 de junio de 2015

PUBLIO PAPINIO ESTACIO, SOBRE LA ESTATUA DE BRONCE DEL EMPERADOR DOMICIANO




Tal obra no teme al invierno pluvioso, ni al triple haz de rayos de Júpiter, ni a las legiones de vientos que Eolo retiene, ni a la injuria durable del tiempo: seguirá enhiesta mientras duren la tierra y el cielo y la gloria de Roma. Y aquí, al amparo de la noche silente, cuando los dioses de lo alto se complacen en las cosas de la tierra, la turba de los tuyos, abandonando el cielo, descenderá a abrazarse en torno a ti; y acudirá con ellos a ese abrazo tu hijo y tu hermano y tu padre y tu hermana: tu cuello acogerá a todos los astros.


( Silvas)

sábado, 24 de enero de 2015

EL COLOSO DE NERÓN


El Coloso de Nerón fue una estatua levantada en la Antigua Roma que representaba al emperador del mismo nombre.


 Realizado en bronce y de tamaño colosal (unos 30 ó 35 metros), estaba situado frente a la plataforma del Templo de Venus y Roma, cerca del Coliseo Romano.



La estatua originalmente fue erigida por el emperador Nerón en el vestíbulo de la Domus Aurea.



 Fue diseñada por el arquitecto griego Zenodorus y en un primer momento representaba a Nerón desnudo, como Sol-Helios.



Tras la muerte de dicho emperador, la cabeza y los atributos fueron cambiados por los de Sol, permaneciendo la estatua en su posición original, hasta que Adriano la trasladó varios metros para la construcción del Templo de Venus y Roma.



 El Coloso se situó sobre un pedestal de mampostería recubierto de mármol.



Los restos que se conservaban de dicho pedestal fueron destruidos en 1936.



 No se sabe exactamente cuándo cayó el Coloso, pero lo cierto es que hacia el siglo XI d. C. los romanos habían transferido su nombre y poderes al anfiteatro próximo, el Coliseo.