INTRODUCCIÓN
Cayo Julio César Octavio Augusto (63 a.C.-14 d.C.), primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.), restauró la unidad y puso en orden el gobierno romano tras casi un siglo de guerras civiles. Reinó durante un periodo de paz, prosperidad y desarrollo cultural conocido como la era Augusta. Octavio nació en Roma el 23 de septiembre del año 63 a.C.; era sobrino nieto de Julio César, a quien sucedió como gobernante del Estado romano.
El asesinato de César sumió a Roma en la confusión. Octavio decidió vengar a su padre adoptivo y asegurar su propio rango, y rivalizó con Marco Antonio, compañero ambicioso de César, por el poder y el honor. Tras algunas escaramuzas políticas y militares, durante las cuales Marco Antonio estuvo en los Alpes, Octavio fue nombrado senador y más tarde cónsul, y reconoció la necesidad de hacer las paces con su rival. A finales del año 43 a.C. ambos, junto con el aliado de Marco Antonio, el general Marco Emilio Lépido, formaron el conocido como segundo triunvirato para dirigir las provincias romanas. La alianza fue ratificada por una proscripción de gran amplitud, en la cual sus oponentes, incluidos 300 senadores y 200 caballeros, fueron asesinados. Entre ellos se encontraba el viejo orador Cicerón. Después de que Octavio y Marco Antonio empezaran una campaña contra los líderes del asesinato de César Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, estos últimos se suicidaron en el 42 a.C., tras su derrota en Filipos (Macedonia).
En el 27 a.C. el Senado romano dio a Octavio el título de augusto (‘consagrado’ o ‘santo’), que más tarde se convirtió en sinónimo de ‘emperador’, y su reinado frecuentemente se ha considerado una diarquía debido a que el Senado participaba en él. El título pasó desde entonces a identificar su propio nombre, y como Augusto ha sido reconocido por la historiografía. El Senado le concedió muchos otros títulos y poderes que ya habían disfrutado diferentes funcionarios de la República. En el 36 a.C. se le concedió la inviolabilidad de un tribuno plebeyo y en el 30 a.C. recibió los poderes de un tribuno, dándole de esta manera el veto y control sobre las asambleas.
Tanto los escritores antiguos como los más recientes han diferido en sus valoraciones sobre Augusto. Algunos han condenado su cruel búsqueda del poder. Otros, incluido el fiel partidario de la república Tácito, han admitido sus buenas acciones como dirigente. A veces los investigadores actuales critican sus métodos poco escrupulosos y su estilo autoritario, pero normalmente reconocen sus logros en el establecimiento de una administración eficiente y un gobierno estable, así como en la obtención de seguridad y prosperidad para el Imperio romano que comenzó con él.
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ESCULTURAS DE OCTAVIO AUGUSTO:
CAMAFEO DE CAYO JULIO CÉSAR OCTAVIO AUGUSTO:
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