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domingo, 23 de junio de 2019

EL CÓNSUL LUCIO CORNELIO ESCIPIÓN ASIÁTICO



 

Lucio Cornelio Escipión Asiático (En latín, Lucius Cornelius Scipio Asiaticus), también llamado Asiagenes o Asiageno, fue un general y político de la República romana. Muerto en 183 a. C.

 

Hijo de Publio Cornelio Escipión y hermano de Escipión el Africano. Estuvo al servicio de su hermano en Hispania, donde tomó la ciudad de Oringis en el año 208 a. C., y a la terminación de la guerra fue enviado por su hermano a Roma, con la alegre noticia. Fue pretor en el año 193 a. C., cuando obtuvo la provincia de Sicilia.

 

Alcanzó el consulado en el año 190 a. C. con Cayo Lelio. El Senado no tenía mucha confianza en sus habilidades,​ y sólo a través de la oferta de su hermano el Africano que lo acompañaría como su legado obtuvo la provincia de Grecia y la conducción de la guerra contra Antíoco.​

 

Feroz enemigo de la Liga Etolia, aliada de Antíoco III, se opuso a la paz negociada por Publio. A continuación, pasó a Asia, venciendo a Antíoco III el Grande en la batalla de Magnesia. Tras volver a Roma, recibió un triunfo, y el apodo de Asiático, como reconocimiento a su victoria en Asia Menor.

 

Sin embargo, los hermanos Escipión tenían un formidable enemigo en la persona de Marco Porcio Catón, que odiaba a su familia. En el año 187 a. C., Catón acusó a Lucio de apropiación de parte de la indemnización de guerra pagada por Antíoco III. Escipión Africano se sintió ultrajado, y desafiando al senado, destruyó los documentos financieros de la campaña, entre los aplausos de la multitud. Pero esta altiva conducta parece haber producido una impresión desfavorable, y Lucio fue llevado a juicio en el curso del mismo año, fue declarado culpable y condenado a pagar una fuerte multa. El pretor Quinto Terencio Culeón se comprometió entonces a arrestarlo y encarcelarlo si Asiático se negaba a pagar la multa y los tribunos de la plebe (a excepción de Tiberio Sempronio Graco) con Cayo Fannio a la cabeza anunciaron que no se opondrían.​

 

A pesar de la pobreza a la que se dice que se vio reducido,​ celebró con gran esplendor, en el año 185 a. C. los juegos que había prometido en su guerra contra Antíoco. Valerio de Ancio relata que obtuvo el dinero necesario de una embajada a la que fue enviado después de su condena, para resolver las disputas entre los reyes Antíoco y Eumenes.

 

Fue candidato a la censura en el año 184 a. C., pero fue derrotado por el viejo enemigo de su familia, Porcio Catón, que dio una prueba más de su odio a la familia, privando a Asiático de su caballo en la revisión de los equites.​ Parece, por tanto, que incluso hasta épocas tan tardías como ésta un eques no renunciaba a su caballo público al convertirse en un senador.

 

Desalentado de la vida pública, se retiró a su villa de la Campania, donde murió al año siguiente.


domingo, 15 de julio de 2018

SITUACIÓN DE ROMA EN ÉPOCA DE TIBERIO GRACO




En lo que para mi no cabe duda es en que Tiberio no se habría visto en las adversidades que le sobrevinieron, si a sus operaciones de gobierno hubiera estado presente Escipión el Africano; pero ahora, cuando este se hallaba ya en España, ocupado en la guerra de Numancia, fue cuando se dedico a promover el establecimiento de nuevas leyes con la ocasión siguiente.


Los romanos, de todas las tierras que por la guerra ocuparon a los enemigos comarcanos, vendieron una parte, y declarando publica la otra, la arrendaron a los ciudadanos pobres y menesterosos por una moderada pensión, que debían pagar al Erario. Empezaron los ricos a subir las pensiones; y como fuesen dejando sin tierras a los pobres, se promulgo una ley que no permitía cultivar mas de quinientas yugadas de tierra. Por algún tiempo contuvo esta ley la codicia, y sirvió de amparo a los pobres para permanecer en sus arrendamientos y mantenerse en la suerte que cada uno tuvo desde el principio; pero mas adelante los vecinos ricos empezaron a hacer que bajo nombres supuestos se les traspasaran los arriendos, y aun después lo ejecutaron abiertamente por si mismos; con lo que, desposeídos los pobres, ni se prestaban de buena voluntad a servir en los ejércitos, ni cuidaban de la crianza de los hijos, y se estaba en riesgo de que toda Italia se quedara desierta de población libre y se llenara de calabozos de esclavos, como los de los bárbaros, porque con ellos labraban las tierras los ricos, excluidos los ciudadanos. Intento poner en esto algún remedio Cayo Lelio, el amigo de Escipión, pero encontró grande oposición en los poderosos; y porque, temiendo una sedición, desistió de su empresa, mereció el sobrenombre de sabio o prudente, que es lo que significa a un tiempo la voz sapiens. Mas nombrado Tiberio tribuno de la plebe, al punto tomo por su cuenta este negocio, incitado, según dicen los mas, por el orador Diofanes y el filosofo Blosio. Era Diofanes un desterrado de Mitilene, y Blosio de alli mismo, natural de Cumas, en Italia ; al cual, habiendo sido en Roma discípulo de Antipatro Tarsense, dedico a este sus tratados de filosofía. Algunos dan también algo de culpa a su madre Cornelia, que les echaba en cara muchas veces el que los romanos le decían siempre la suegra de Escipión, y nunca la madre de los Gracos. Mas otros dicen haber sido la causa un Espurio Poslumio, de la misma edad de Tiberio y que competía con el en las defensas de las causas : porque como al volver del ejercito lo encontrase muy adelantado en gloria y gozando de grande fama, quiso, a lo que parece, sobreponersele, haciéndose autor de una providencia arriesgada y que ponía a todos en gran expectación; pero su hermano Cayo dijo en un escrito que, al hacer Tiberio su viaje a España por la Toscana, viendo la despoblación del país, y que los labradores y pastores eran esclavos advenedizos y bárbaros, entonces concibió ya la primera idea de una providencia que fue para ellos el manantial de infinitos males. Tuvo también gran parte el pueblo mismo, acalorando y dando impulso a su ambición con excitarle por medio de carteles, que aparecían fijados en los pórticos, en las murallas y en los sepulcros, a que restituyera a los pobres las tierras del publico.

 

Mas no dicto por si solo la ley, sino que tomo consejo de los ciudadanos mas distinguidos en autoridad y en virtud, entre ellos de Craso el Pontífice máximo, de Mucio Escevola el Jurisconsulto, que era cónsul en aquel año, y de Apio Claudio, su suegro. Parece además que no pudo haberse escrito una ley mas benigna y humana contra semejante iniquidad y codicia; pues cuando parecía justo que los culpados pagaran la pena de la desobediencia, y sobre ella sufrieran la de perder las tierras que disfrutaban contra las leyes, solo disponía que, percibiendo el precio de lo mismo que injustamente poseían, dieran entrada a los ciudadanos indigentes. Aunque el remedio era tan suave, el pueblo se daba por contento, y pasaba por lo sucedido como para en adelante no se le agraviara; pero los ricos y acumuladores de posesiones, mirando por codicia con encono a la ley, y por ira y temor a su autor, trataban de seducir al pueblo, haciéndole creer que Tiberio quería introducir el repartimiento de tierras con la mira de mudar el gobierno y de trastornarlo todo. Mas nada consiguieron ; porque Tiberio, empleando su elocuencia en una causa la mas honesta y justa, siendo así que era capaz de exornar oirás menos recomendables, se mostró terrible e invicto cuando, rodeando el pueblo la tribuna, puesto en pie, dijo, hablando de los pobres: "Las fieras que discurren por los bosques de Italia tienen cada una sus guaridas y sus cuevas; los que pelean y mueren por Italia solo participan del aire y de la luz, y de ninguna otra cosa mas, sino que, sin techo y sin casas, andan errantes con sus hijos y sus mujeres; no dicen verdad sus caudillos cuando en las batallas exhortan a los soldados a combatir contra los enemigos por sus aras y sus sepulcros, porque de un gran numero de romanos ninguno tiene, ara, patria ni sepulcro de sus mayores; sino que por el regalo y la riqueza ajena pelean y mueren, y cuando se dice que son señores de toda la tierra, ni siquiera un terrón tienen propio".

 

Estas expresiones, nacidas de un animo elevado y de un sentimiento verdadero, corrieron por el pueblo, y lo entusiasmaron y movieron de manera que no se atrevió a chistar ninguno de los contrarios. Dejándose, pues, de contradecir, acudieron a Marco Octavio, uno de los tribunos de la plebe, joven grave y modesto en sus costumbres, y amigo intimo de Tiberio; "así es que al principio, por respeto a él, había cedido; pero, por fin, siendo rogado e instado de muchos y de los mas principales, como por fuerza se opuso a Tiberio y desecho la ley. Entre los tribunos prevalece el que se opone, porque nada hacen todos los demás con que uno solo repugne. Irritado con esto Tiberio, retiro aquella ley tan humana, y propuso otra más acepta a la muchedumbre y mas dura contra los transgresores, mandándoles ya dejar las tierras que poseían contra las anteriores leyes. Eran, por tanto, continuas las contiendas que tenia con Octavio en la tribuna; en las que, sin embargo de que se contradecían con el mayor ardor y empeño, se refiere no haber dicho uno contra otro expresión ninguna ofensiva ni haber prorrumpido en el calor de la ira en ninguna palabra que pudiera parecer menos decorosa; y es que, según parece, no solo en los banquetes, sino también en las contiendas y en las rencillas, el estar dotados de buena índole y haber sido educados con esmero sirve siempre de freno y ornamento a la razón. Y aun habiendo advertido que Octavio era uno de los transgresores de la ley, por estar en posesión de muchas tierras del publico, le rogaba Tiberio que desistiera del empeño, prometiendo pagarle el precio de ellas de su propio caudal, a pesar de que no era de los mas floridos. No habiendo Octavio escuchado la proposición, mando por un edicto que cesaran todas las demás magistraturas en sus funciones hasta que se votara la ley", y puso sellos en el templo de Saturno para que los cuestores ni introdujeran ni extrajeran nada, publicando penas contra los pretores que contraviniesen; de manera que todos concibieron miedo, y dieron, de mano a sus respectivos negocios. Desde aquel punto los poseedores de tierras mudaron de vestiduras, y en actitud abatida y miserable se presentaron en la plaza; pero ocultamente armaban asechanzas a Tiberio, y aun habían llegado a tener pagados asesinos; tanto, que él, a ciencia de todos, llevaba siempre en la cinta un puñal de los usados por los piratas, al que llaman dolon.


( Plutarco )

sábado, 15 de octubre de 2016

EL CÓNSUL CAYO LELIO


Cayo Lelio (latín: Gaius Laelius) fue un político y general de la República romana. Gran amigo de Publio Cornelio Escipión el Africano, lo acompañó en sus campañas en Hispania (210 a. C. - 206 a. C.). Su mando de la flota romana en el ataque a Carthago Nova y de la caballería romano-númida en la Batalla de Zama contribuyeron a las victorias de Escipión.
 
Según algunos historiadores romanos, incluyendo Polibio, Lelio era amigo de Escipión desde su niñez; a pesar de todo, los orígenes de su familia son prácticamente desconocidos. Según Tito Livio, Lelio no procedía de una familia rica, ya que en 190 a. C., (el año de su consulado), pidió que se le concediera el mando de la campaña contra Antíoco III el Grande, con el fin de restaurar el patrimonio familiar.
 
Polibio sugiere que Lelio y Escipión fueron compañeros desde sus comienzos en el ejército, ya que Lelio fue al parecer uno de los testigos del rescate del padre de Escipión, Publio Cornelio Escipión en una escaramuza en las inmediaciones del Río Ticino, a finales de 218 a. C.
 
Lelio acompañó a Escipión en varias expediciones entre los años 210 a. C. y 201 a. C., pero no recibió ningún nombramiento senatorial oficial hasta aproximadamente 202 a. C., año en el que fue elegido cuestor. La falta de reconocimiento de Lelio podía estar debida a la baja clase social de su familia o simplemente a la falta de riqueza e influencia política.
 
Durante su campaña en Hispania (210 a. C. - 206 a. C.), Lelio se convirtió en el segundo al mando de Escipión y el único al que éste confiaba sus planes para tomar la península. Lideró una fuerza de treinta barcos durante el asalto a Carthago Nova (Cartagena) en 209 a. C. y, por sus servicios, recibió de Escipión una corona de oro y treinta bueyes.
 
Tras la toma de esta posición, Escipión delegó en Lelio la custodia de algunos de los rehenes más importantes y los envió a Roma para que transmitiera al Senado la noticia de la victoria. Llegó allí a principios de 209 a. C., y después de informar al Senado y al pueblo de la caída de Cartago Nova, y entregar a sus prisioneros -entre los que se encontraban Magón, el gobernador de la ciudad, quince miembros del Gran Consejo de Cartago y dos miembros del consejo de ancianos - se reincorporó a las tropas romanas que invernaban en Tarraco (208 a. C.).
 
Según Polibio, Lelio comandó el ala derecha del ejército romano en la Batalla de Baecula (Bailén), en 208 a. C.,3 donde Escipión infligió una sonora derrota a Asdrúbal Barca, obligándole a retirarse al Norte de Italia. Escipión se pasó los dos años siguientes (208 a. C. - 206 a. C.) combatiendo a Magón, hasta que este se vio forzado a retirarse en 206 a. C.
 
Otras acciones en donde Lelio es mencionado ocurren en 206 a. C. cuando Illiturgi, ubicada en la orilla derecha del Betis, fue tomada; cuando un destacamento de la flota romana, bajo sus órdenes, derrotó al almirante púnico Adherbal, y cuando comandó la caballería, en la batalla en donde fue derrotado Indíbil.
 
Dos veces visitó la corte de Sifax, rey de los númidas masesilos, y el más poderoso de los príncipes de África, cuya alianza tenía igual importancia tanto para Cartago, como para Roma. La primera vez fue como enviado por Escipión el Africano, la siguiente vez como su compañero, y, muchos años después, le contó a su amigo común, el historiador Polibio, los pormenores de esa embajada.
 
Los romanos tuvieron también que hacer frente a motines entre los soldados e insurrecciones entre las tribus locales durante 207 a. C., año en el que Escipión cayó enfermo. No está claro el papel de Lelio durante las revueltas, si trató de sofocarlas o estaba ausente, se desconoce. Livio nombra únicamente a Silano y Lucio Cornelio Escipión Asiático como los comandantes que sofocaron estas revueltas. Tampoco se conoce el papel de Lelio durante la decisiva Batalla de Ilipa.
 
Después de que los cartagineses hubieron evacuado Hispania, Lelio regresó con Escipión a Roma, y estuvo presente en los comicios consulares, en el otoño de 206 a. C., en donde su amigo fue electo cónsul.
 
Durante el consulado de Escipión (205 a. C.), éste designó a Lelio como su ayudante en la provincia de Sicilia. Desde su base isleña, Lelio comandó una expedición contra Cartago mientras Escipión reunía tropas y suministros para una invasión a escala completa.
 El objetivo de la invasión era aliarse con el príncipe bereber Sifax y el príncipe númida Masinisa. A pesar de que los dos parecían dispuestos a aliarse con Escipión, Sifax cambió de parecer cuando Asdrúbal Giscón le ofreció la mano de su hija Sofonisba. Masinisa en cambio sí aceptó unirse a Escipión.
 
En 204 a. C., Escipión estaba preparado para invadir África. Lelio, con veinte galeras de guerra, escoltó la izquierda de la flota de transporte de tropas desde el puerto de Lilibeo hasta el promontorio cercano a la ciudad de Útica, donde finalmente desembarcaron en suelo africano.
 
A él y a Masinisa se les encomendó quemar los campamentos púnicos y de los númidas, por medio de un ataque nocturno.
 
En 203 a. C., Lelio participó en la Batalla de los Grandes Campos y derrotó finalmente al príncipe Sifax, al que capturó vivo tras la toma de la ciudad de Cirta. Por estos servicios Lelio recibió por segunda vez una corona de oro.
 
Por segunda vez también fue el ujier de la victoria y el encargado de llevar a ilustres cautivos - Sifax junto con su hijo Vermina y otros notables masesilos - ante el senado y el pueblo de Roma. Permaneció en Italia hasta que los últimos emisarios cartagineses recibieron la respuesta final a su solicitud de paz, y se reunió con Escipión en África en los últimos meses de 203 a. C..
 
En el año 202 a. C. se libró la Batalla de Zama, en la que Lelio prestó un servicio considerable a la victoria de Escipión. El cuerpo de caballería liderado por Lelio atacó a las fuerzas cartaginesas por la retaguradia causándolas grandes bajas. Entró finalmente en el Senado tras ser elegido cuestor gracias en gran medida a la reputación que se había ganado a la sombra de Escipión.
 
En 197 a. C. Lelio fue elegido edil plebeyo y en 196 a. C. fue elegido pretor. Al año siguiente fue nombrado propretor y se le otorgó el gobierno de Sicilia. La elección de Lelio para estos cargos se debió a la influencia de su antiguo comandante. Sin embargo, esta influencia no sirvió para que Lelio fuera elegido para el consulado en 192 a. C.  Lelio fue finalmente elegido cónsul en 190 a. C., junto al hermano menor de Escipión, Lucio Cornelio Escipión Asiático. Intentó sin éxito que el Senado le nombrara para combatir al rey Antíoco el Grande, sin embargo, la Cámara finalmente se decantó por Escipión Asiático.
 
Lelio por su parte fue nombrado procónsul de la Galia Cisalpina y durante su estancia en el cargo se dedicó a organizar el territorio de los antiguos boios. Piacenza y Cremona fueron repobladas durante su gobierno.
 
Lelio tuvo un hijo con su esposa, cuya identidad se desconoce. Este hijo, llamado Cayo Lelio Sapiens, fue elegido cónsul en 140 a. C.
 
Lelio, junto a otros dos consulares fue enviado como miembro de una delegación para negociar con el rey de Macedonia, Perseo (174 a. C. - 173 a. C.). En 170 a. C., fue enviado por el Senado para investigar ciertos cargos presentados contra Cayo Casio Longino, cónsul del año 171 a. C., por algunas de las tribus galas de los Grisones.
 
En el año 160 a. C. proporcionó mucha información de primera mano al historiador Polibio. La muerte de Lelio debió suceder durante esta época, aunque se desconoce el año de su muerte.