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domingo, 5 de febrero de 2023

ACTIANACTE ( HIJO DE HÉCTOR Y ANDRÓMACA, Y NIETO DEL REY PRIAMO DE TROYA) EXPONE SU DESGRACIA

¡Oh, padre mío! ¡Oh, patria mía! ¡Oh, palacio de Príamo!.

 

A pesar de mi origen, la suerte me ha faltado.

 

Sepáis que yo poseía un trono; ved, pues, de qué fortunas, de qué poderes, de qué riquezas, me ha despojado la suerte...


domingo, 11 de octubre de 2020

TRAS VENCER EN FARSALIA, CÉSAR VISITA TROYA, LA CIUDAD DE ORIGEN DE SUS ANTEPASADOS JULIOS


En Troya me detuve lo bastante para examinar las antigüedades y hacer levantar un altar cerca del punto en que, según la tradición, yace enterrado Héctor. Verdaderamente, queda bien poco de los terraplenes y torres de que nos habla Homero; pero el lugar parece aún animado por los famosos espectros.


Algunos de mis oficiales, al ver el lugar en que se había levantado la ciudad, se rieron de Homero y de sus historias sobre el sitio de diez años y las tremendas batallas en las cuales un hombre Héctor, Patroclo o Aquiles aparece a menudo representado, en el estilo heroico, como dueño de una fuerza destructora de por lo menos una legión entera. Les dije cuán fuera de lugar estaban sus risas y, más aún, cuán bárbaras eran. Es cierto que para un ejército moderno con superioridad naval el sitio y toma de Troya presenta pocas dificultades. Lo que hicimos en Avarico y Alesia eran operaciones de dimensiones mucho mayores. También es verdad que una cohorte romana podría acabar fácilmente con todos los héroes homéricos juntos. Sin embargo, si llega alguna vez la época en que los hombres ya no se conmuevan con la verdad de Homero, el hombre se habrá convertido en una especie diferente. Homero ve la grandeza y la debilidad conjuntamente, el honor y el deshonor, la sublimidad y los terribles estragos de la guerra. Por eso lloramos tanto a Aquiles como a Héctor, nos exaltamos en la libertad que ellos, como seres excepcionales, aunque humanos, poseen; y nos hace modestos el pensamiento de que hasta ellos, en toda su fuerza y brillo, sólo pueden escapar por un breve período, acaso por unos momentos, a la presión de la necesidad. Yo mismo tenía razones de índole más personal para sentirme conmovido ante la vista de Troya, puesto que, según la tradición, mi familia y toda la raza de los romanos proceden de esa ciudad. En alguna parte de esas boscosas colinas que se extienden más allá de la ciudad, la diosa Venus, así lo refiere la leyenda, se enamoró del troyano Anquises y le dio por hijo al héroe Eneas, quien, por la voluntad de los dioses, escapó del incendio de la ciudad y llevó consigo a su hijito Iulo, de quien toma su nombre nuestra familia. Ya había concebido la idea de que sería digno de mí, una vez restablecida la paz, construir otra Troya en el antiguo emplazamiento y poblada con ciudadanos de Roma. Este proyecto me es muy caro, aunque en los últimos años he pensado en otros lugares: Alejandría y Bizancio, que en ciertas circunstancias podrían también adaptarse admirablemente como centros de gobierno y administración. Lo cierto es que durante esta visita a Troya después de Farsalia lloré ante la tumba de Aquiles y dispuse que mis secretarios me prepararan una serie de mapas, planos y notas que me han resultado recientemente útiles al considerar la disposición de la futura colonia.


domingo, 7 de julio de 2019

JUEGOS FÚNEBRES EN HONOR DE PATROCLO



 

En la mitología griega, los juegos fúnebres en honor de Patroclo fueron unos juegos atléticos realizados entre algunos de los principales aqueos en la guerra de Troya para rendir homenaje al héroe Patroclo, que había muerto durante la guerra a manos del príncipe troyano Héctor.
 
Lo sucedido durante la competición se relata principalmente en el canto XXIII de la Ilíada.

 

Tras vengar la muerte de Patroclo matando a Héctor, Aquiles presidió los juegos fúnebres que se celebraron en la planicie troyana en honor al primero.

 

Las pruebas fueron la carrera de carros, el pugilato, la lucha, la carrera a pie, el combate, el lanzamiento de peso, el tiro con arco y el lanzamiento de jabalina.

 

El primer premio consistía en una mujer diestra en labores y un trípode con asas; el segundo era una yegua preñada por un asno; el tercero, una caldera sin estrenar; el cuarto recibiría dos talentos de oro; y el quinto, una urna de doble asa.

 

Participaron Diomedes, Eumelo, Menelao, Antíloco y Meríones.

 

Eumelo se había puesto en cabeza seguido por Diomedes; Apolo intervino a favor de Eumelo, pero Atenea provocó la caída de éste para favorecer a Diomedes, que llegó el primero. Mientras, Antíloco consiguió adelantar a Menelao de un modo temerario y llegó en segundo lugar.

 

Tras otorgar a Diomedes el primer premio, Aquiles propuso conceder a Eumelo el segundo premio, ante lo que protestó Antíloco. Aquiles atendió a la protesta y decidió conceder a Eumelo otro regalo distinto.

 

Por su parte, Menelao se quejó del adelantamiento del que había sido objeto por parte de Antíloco. Éste le pidió perdón y admitió su error, tras lo cual Menelao le cedió el segundo premio. Meríones se llevó el cuarto premio y el quinto fue otorgado por Aquiles al anciano Néstor.

 

En el Vaso François aparece una representación de una versión alternativa de la carrera de carros de los juegos fúnebres en honor de Patroclo. En ella, los participantes fueron Odiseo, Automedonte, Diomedes, Damasippos y otro personaje cuyo nombre no está identificado con seguridad.

 

Existe otra escena cerámica de los juegos en honor de Patroclo pintada por Sófilos; en ella, la carrera de carros se celebra en un hipódromo, en lugar de hacerse en la llanura de Troya.

 

Pugilato: Los premios ofrecidos por Aquiles fueron una mula para el ganador y una copa de doble asa para el perdedor. En primer lugar se ofreció a combatir Epeo, luchador consumado, y fue Euríalo el único que aceptó el reto. En este combate venció Epeo, dañando seriamente a su oponente, aunque al finalizar la lucha él mismo ayudó a llevarlo a curar.

 

Lucha: Los premios eran un gran trípode valorado en doce bueyes para el vencedor, y una mujer, valorada en cuatro bueyes, para el vencido. Áyax Telamonio y Odiseo fueron los contendientes. Ninguno de los dos consiguió la victoria, y Aquiles interrumpió la lucha y propuso que ambos compartieran premios iguales.

 

Carrera a pie: Se enfrentaron Odiseo, Áyax Oileo y Antíloco. Atenea provocó que Áyax Oileo tropezara y Odiseo pudiera vencer. Éste se llevó como premio una crátera de plata, mientras Áyax se llevó un buey y Antíloco medio talento de oro, al que Aquiles agregó otro medio talento de oro por los elogios que realizó Antíloco hacia él al final de la carrera.

 

Combate: Se trataba de un combate en el que los contendientes se atacaban con una lanza y estaban protegidos por una armadura y un escudo. Los participantes en esta prueba fueron Diomedes y Áyax Telamonio. El combate fue suspendido mientras se estaba celebrando por temor a que Diomedes pudiera llegar a matar a Áyax, puesto que lo atacaba muy cerca del cuello. Los premios, que consistían en una daga de plata, una pica, un broquel y un yelmo, fueron repartidos entre los dos.

 

Lanzamiento de peso: Se presentaron Áyax Telamonio, Leonteo, Epeo y Polipetes. Polipetes fue el vencedor de la prueba, y su premio fue una importante cantidad de hierro.

 

Tiro con arco: La prueba consistía en acertar con una flecha a una paloma. Participaron Meríones y Teucro. Por mediación de Apolo, Meríones fue el ganador y recibió diez hachas de doble filo como premio, mientras Teucro recibió diez hachas de filo sencillo.

 

Lanzamiento de jabalina A esta prueba se presentaron Agamenón y Meríones. La prueba no llegó a celebrarse puesto que Aquiles concedió la victoria a Agamenón sin necesidad de realizar la prueba, no por su rango sino por ser el más fuerte lanzador de pica entre los aqueos. Agamenón se llevó el premio de un caldero adornado con flores, y Meríones se llevó como premio una pica de bronce.


lunes, 16 de julio de 2018

NEOPTÓLEMO



En la mitología griega, Neoptólemo (griego antiguo Νεοπτόλεμος, Neoptólemos, ‘joven guerrero’), también llamado Pirro (griego antiguo Πύρρος, Púrrhos, ‘rojo, rubio’),​ era el hijo del guerrero Aquiles y de la princesa Deidamía, hija del rey Licomedes de Esciro.

 

Pasó su infancia en la ciudad de Esciro, ubicada en una de las islas Espóradas, cerca de Eubea, junto a su madre y sus abuelos, e inspirado por las hazañas que se narraban acerca de su padre en la Guerra de Troya se entrenó hasta convertirse en un hábil guerrero mirmidón a muy temprana edad. Durante todo ese tiempo fue conocido por el nombre de Pirro.

 

Cuando tenía unos doce años se produjo la muerte de su padre Aquiles. Entonces los héroes Odiseo y Diomedes lo llevaron hasta Troya durante los últimos días de la guerra, puesto que el adivino Héleno había augurado que los griegos jamás conseguirían tomar la ciudad sin la presencia del hijo de Aquiles entre sus filas.​

 

Una vez allí, recibió las armas de su padre de manos de Odiseo, tomó el mando de los mirmidones en la batalla y no tardó en ganarse la admiración de todos al matar a Eurípilo, hijo de Télefo y príncipe de Asia Menor que había llegado en ayuda de los troyanos y avanzaba de forma implacable hacia el campamento griego​ Fue sólo tras un feroz enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre ambos cuando Pirro consiguió derrotarle, e, impresionados por la hazaña y la gran valentía que había demostrado a pesar de su corta edad, los aqueos comenzaron a llamarle por el nombre que conservaría hasta su muerte: Neoptólemo, el "joven guerrero".

 

Otra profecía también había anunciado que se requería del invencible arco y las flechas de Heracles para vencer en la guerra. Estos estaban en posesión de Filoctetes. Antes de la guerra, Filoctetes había sido abandonado en la desierta isla de Lemnos a causa de haber sido mordido en el tobillo por una serpiente, despidiendo la herida un hedor rancio, sin cura y tan intenso que nadie era capaz de soportar. Serían Odiseo (quien inicialmente había tenido la idea de abandonarlo en la isla) junto con Neoptólemo quienes, tras arduos esfuerzos y gracias a la intervención del espíritu de Heracles, lograrían convencer al arquero de olvidar su rencor contra los griegos y seguirles a Troya.​

 

El hijo de Aquiles culminó sus hazañas cuando fue uno de los guerreros que entraron en Troya escondidos dentro del famoso caballo de madera,​ abriéndose luego camino hasta el palacio real donde acabó con la vida del rey Príamo.​

 

En reconocimiento a su valor, además de muchos tesoros, le fueron entregados la propia Andrómaca, quien antaño había sido la mujer de Héctor, y Héleno en calidad de esclavos.

 

Neoptólemo no regresó a Esciro, sino que viajó al país de los molosos, a quienes venció y reinó sobre ellos durante un tiempo. 


Allí tuvo un hijo con Andrómaca o según otras versiones, tres, cuyos nombres eran Moloso, Píelo y Pérgamo.​ Más tarde, cuando su abuelo Peleo fue expulsado de Ftía por Acasto y sus hijos, mató a los hijos de Acasto y tras permitir marcharse a Acasto, obtuvo el reino de su abuelo.

 

Pronto se casó con Hermíone, hija de Menelao y de Helena, reyes de Esparta. Hermíone en un principio había sido prometida a Orestes, hijo de Agamenón, o incluso algunos mitógrafos señalan que ya se había casado con él, pero cuando su hermana Electra le escondió de Egisto y Clitemnestra, usurpadores del trono, muchos lo creyeron muerto.


 Entre ellos estaba su tío Menelao, quien por esa razón casó a Hermíone con Neoptólemo, sin llegar Orestes a saberlo. Como Neoptólemo no conseguía tener hijos con Hermíone, se dirigió preocupado al oráculo de Delfos para pedir consejo. En ese lugar se encontró con Orestes, quien al saber que había desposado a Hermíone, se sintió ultrajado y lo asesinó.​ Otra versión indica que Neoptólemo prendió fuego al templo de Apolo en Delfos tras saquearlo, motivo por el que un tal Maquereo de Fócide lo mató.

 

Lo huesos de Neoptólemo fueron esparcidos por Ambracia, en el Epiro. En otra versión, Neoptólemo fue enterrado dentro del recinto sacro, y cada ocho años se celebraron festivales en su honor.

 

Varios reyes de Epiro se han nombrado Pirro o Neoptólemo, posteriormente, entre ellos Pirro de Epiro, en honor al hijo de Aquiles, ancestro legendario del que decían proceder.









viernes, 5 de agosto de 2016

NERÓN Y LAS CARRERAS DE CABALLOS


Nerón sintió una extraordinaria pasión por los caballos desde su más tierna infancia, y su conversación versaba las más de las veces sobre las carreras del circo, aunque lo tuviera prohibido; un día que se lamentaba entre sus condiscípulos de la suerte de un auriga del equipo de los Verdes, que había sido arrastrado por sus caballos, y su maestro lo riñó por ello, fingió que estaba hablando del episodio de Homero en el que Aquiles ata el cadáver de Héctor a su carro y lo arrastra en torno a los muros de Troya.


( Suetonio, en "Vida de Nerón") 







sábado, 29 de noviembre de 2014

AQUILES



Aquiles, en la mitología griega, el mayor de los guerreros griegos en la guerra de Troya. Era hijo de la ninfa del mar, Tetis, y de Peleo, rey de los mirmidones de Tesalia. 


Cuando era un niño su madre lo sumergió en el Éstige para hacerlo inmortal. Las aguas lo hicieron invulnerable menos en el talón, por donde lo sostenía su madre. Aquiles libró muchas batallas durante el sitio de diez años a la ciudad de Troya. 


Cuando el rey miceno Agamenón tomó para sí a la doncella cautiva Briseida, Aquiles retiró a los mirmidones de la batalla y se encerró encolerizado en su tienda. 


Los troyanos, envalentonados por su ausencia, atacaron a los griegos y los forzaron a una retirada precipitada. Entonces Patroclo, amigo y compañero de Aquiles, le pidió que le prestara su armadura y le dejara avanzar con los mirmidones a la batalla. Aquiles aceptó. 


Cuando el príncipe troyano Héctor mató a Patroclo, el desconsolado Aquiles volvió a la batalla, mató a Héctor y arrastró su cuerpo triunfante detrás de su carro. 


Más tarde permitió a Príamo, rey de Troya, rescatar el cuerpo de Héctor. Aquiles peleó su última batalla con Memnón, rey de los etíopes. 


Después de matar al rey, Aquiles condujo a los griegos hacia los muros de Troya. Allí fue mortalmente herido en el talón por Paris. 


La disputa entre Aquiles y Agamenón, la batalla posterior y el rescate del cuerpo de Héctor son narrados en la Iliada.