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Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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sábado, 2 de febrero de 2019
viernes, 7 de diciembre de 2018
jueves, 4 de octubre de 2018
miércoles, 25 de julio de 2018
domingo, 22 de julio de 2018
BÍAS DE PRIENE
Bías de Priene, filósofo del siglo VI a. C. Es uno de
los siete sabios de Grecia y, en opinión de muchos, como Sátiro el
peripatético, el más destacado de ellos. Sus conciudadanos le consultaban con
frecuencia acerca de asuntos litigiosos y siempre se negó a emplear su talento
en provecho de la injusticia, decía preferir juzgar entre enemigos que entre
amigos, porque en el primer caso estaba seguro de ganar a uno de aquellos,
mientras que en el segundo perdía a uno de estos. También decía que debemos
amar como si debiésemos aborrecer.
Uno de los ejemplos de su bondad es la leyenda que
establece que él pagó un rescate por algunas mujeres que habían sido
capturadas. Después de educarlas como sus propias hijas, él las envió de
regreso a Messina, su patria, y la de sus padres.
También se dice que cuando algunos pescadores
encontraron el Trípode Bronceado en el que estaba codificado la sentencia:
"para el más sabio", los padres de las damiselas llamaron a una
asamblea y allí concluyeron que Bías era el más sabio entre todos los hombres,
así que el Trípode le fue entregado como símbolo de gratitud por todo lo que él
había hecho por la ciudad. Bías rechazó ese honor, señalando: "Apolo es el
más sabio". Otro autor indica que él consagró el Trípode, en Tebas, a
Hércules.
En una ocasión, Priene, su patria, en Caria (Asia
Menor), se hallaba sitiada por Aliates, rey de Lidia, que creía poder tomarla
por hambre. Bías preparó unos grandes montones de arena, que cubrió de trigo,
haciendo creer a los enviados de aquel rey que la plaza se hallaba provista
abundantemente por mucho tiempo. Esto le decidió a levantar el asedio. En otra
ocasión en que sus habitantes se disponían a abandonar la ciudad por el asedio
al que los tenía sometidos el persa Ciro y se llevaban cuantos objetos de valor
poseían, un ciudadano le preguntó a Bías si no hacía sus preparativos para la
marcha. El sabio le contestó: «Llevo conmigo todas mis cosas" (Omnia mea
mecum porto), dando a entender con ello que los bienes más preciados para él
eran su sabiduría y el tesoro de sus pensamientos.
sábado, 14 de julio de 2018
HIPONACTE DE ÉFESO
Hiponacte de Éfeso (siglo VI a. C.), poeta griego, es
junto con Arquíloco uno de los yambógrafos clásicos de la poesía lírica
griega.
Nacido en Éfeso y de origen al parecer aristocrático,
oscuras circunstancias lo arrojaron a la miseria y a frecuentar la compañía de
mendigos en los bajos fondos marginales de la sociedad.
Su mismo nombre refleja una estirpe insigne, y su
huida de Éfeso hacia la ciudad de Clazómenas (fragmento 1D) habría sido
impulsada por motivos políticos (su familia habría pertenecido a la clase
dirigente y fue perseguida por la tiranía de Atenágoras de Éfeso).
En cualquier caso, su refinada cultura demuestra una
elevada educación: parodia, por ejemplo, el comienzo de la Odisea para atacar a
uno de sus enemigos que era un glotón: ("Cuéntame, oh Musa, sobre la hija
del Eurimedonte, de Caribdis, que engulle todo el mar y devora sin tasa.
Cuéntame cómo morirá lapidada por decreto del pueblo a la ribera del mar estéril")
es una muestra de su dominio de la tradición épica.
De su obra podríamos sacar el nombre de Bías de
Priene (fragmento 123D), uno de los Siete Sabios de Grecia, que vivió desde
comienzos del siglo VI a. C. y del poeta Mimnermo (Fl. 630 a. C.,
fragmento 146D), y el de Atenágoras, tirano de Éfeso en aquel momento.
Le distingue de Arquíloco su forma diametralmente
opuesta de afrontar su miserable situación. Hiponacte no se preocupa porque en
sus versos existe el instante y nada más. Da la impresión de ser un
extravagante pordiosero empecinado en el odio y la diatriba contra sus
enemigos, pero es un poeta verdaderamente realista que se sostiene en la
desgracia de su vida miserable con el humor.
En sus agrias invectivas se burla hasta de sí mismo y
nos muestra su vida como la de un pícaro y mendigo conocedor de los bajos
fondos de la sociedad en que vive, algo así como un misógino goliardo del siglo
VI antes de Cristo, un pobre ("a mí Plutón, por entero ciego, jamás vino a
decirme a casa: "Hiponacte, te doy treinta minas de plata y mucho
más" ¡No tiene sentimientos!"), ladronzuelo, borracho y muerto de
frío ("nunca me diste un manto grueso, remedio en el invierno contra los
escalofríos", "Hermes, no hago más que tiritar de frío y rechinar los
dientes") que pide capa para taparse; también como entre los goliardos,
abundan las descripciones obscenas. Una leyenda sostiene que dos escultores,
Búpalo y Atenis, le esculpieron un busto deformado para ridiculizarlo; el poeta
se vengó atacándolos con yambos tan brutales que ambos se habrían suicidado.
Algunos de ellos serían estos: "Ténganme el abrigo, que le voy a romper el
ojo a Búpalo, porque soy ambidiestro y, cuando golpeo, no fallo". También
suministra datos importantes sobre costumbres rituales como la del phármakos,
que la tradición semítica conoce como chivo expiatorio.
Durante aflicciones colectivas como plagas o
hambrunas, los atenienses y jonios seleccionaban una víctima propiciatoria para
purificar de todo mal sus ciudades. Se elegía a los phármakoi entre los más
pobres y feos y se los llevaba en procesión alrededor de la polis al ritmo de
música destemplada y desafinada, apedreándolos y persiguiéndolos hasta el
extreminarlos en el límite de la ciudad, a menudo despeñándolos por un
barranco; ritual que Hiponacte parodia en un fragmento en que se ofrece él
mismo como víctima propiciatoria con un rico vocabulario escatológico.
En cuanto a su estilo, Hiponacte varió la forma
habitual del yambo acuñando algunas innovaciones métricas y creó el coliambo
—algunos autores, en cambio, atribuyeron su invención a Ananio,
contemporáneo suyo—, que consiste en un yambo "cojo" (es decir, se
sustituye la penúltima sílaba breve y ágil del yambo por otra larga, lo que da
la sensación de "cojera" en la escansión o cómputo métrico). Anticipa
la comedia de Aristófanes y utiliza la parodia de una amplia variedad de
estilos (entre los que se destaca el coloquial, devenido casi una jerga),
neologismos e hipérboles que demuestran una permanente búsqueda formal. Estos
rasgos fueron imitados por poetas helenísticos como Calímaco y Herodas,
quienes escribieron muchos versos en el metro "cojo" coliambo de
Hiponacte.
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