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domingo, 22 de julio de 2018

BÍAS DE PRIENE



 
Bías de Priene, filósofo del siglo VI a. C. Es uno de los siete sabios de Grecia y, en opinión de muchos, como Sátiro el peripatético, el más destacado de ellos.​ Sus conciudadanos le consultaban con frecuencia acerca de asuntos litigiosos y siempre se negó a emplear su talento en provecho de la injusticia, decía preferir juzgar entre enemigos que entre amigos, porque en el primer caso estaba seguro de ganar a uno de aquellos, mientras que en el segundo perdía a uno de estos. También decía que debemos amar como si debiésemos aborrecer.
 
Uno de los ejemplos de su bondad es la leyenda que establece que él pagó un rescate por algunas mujeres que habían sido capturadas. Después de educarlas como sus propias hijas, él las envió de regreso a Messina, su patria, y la de sus padres.
 
También se dice que cuando algunos pescadores encontraron el Trípode Bronceado en el que estaba codificado la sentencia: "para el más sabio", los padres de las damiselas llamaron a una asamblea y allí concluyeron que Bías era el más sabio entre todos los hombres, así que el Trípode le fue entregado como símbolo de gratitud por todo lo que él había hecho por la ciudad. Bías rechazó ese honor, señalando: "Apolo es el más sabio". Otro autor indica que él consagró el Trípode, en Tebas, a Hércules.


En una ocasión, Priene, su patria, en Caria (Asia Menor), se hallaba sitiada por Aliates, rey de Lidia, que creía poder tomarla por hambre. Bías preparó unos grandes montones de arena, que cubrió de trigo, haciendo creer a los enviados de aquel rey que la plaza se hallaba provista abundantemente por mucho tiempo. Esto le decidió a levantar el asedio. En otra ocasión en que sus habitantes se disponían a abandonar la ciudad por el asedio al que los tenía sometidos el persa Ciro y se llevaban cuantos objetos de valor poseían, un ciudadano le preguntó a Bías si no hacía sus preparativos para la marcha. El sabio le contestó: «Llevo conmigo todas mis cosas" (Omnia mea mecum porto), dando a entender con ello que los bienes más preciados para él eran su sabiduría y el tesoro de sus pensamientos.

sábado, 14 de julio de 2018

HIPONACTE DE ÉFESO


Hiponacte de Éfeso (siglo VI a. C.), poeta griego, es junto con Arquíloco uno de los yambógrafos clásicos de la poesía lírica griega.
 
Nacido en Éfeso y de origen al parecer aristocrático, oscuras circunstancias lo arrojaron a la miseria y a frecuentar la compañía de mendigos en los bajos fondos marginales de la sociedad.
 
Su mismo nombre refleja una estirpe insigne, y su huida de Éfeso hacia la ciudad de Clazómenas (fragmento 1D) habría sido impulsada por motivos políticos (su familia habría pertenecido a la clase dirigente y fue perseguida por la tiranía de Atenágoras de Éfeso).
 
En cualquier caso, su refinada cultura demuestra una elevada educación: parodia, por ejemplo, el comienzo de la Odisea para atacar a uno de sus enemigos que era un glotón: ("Cuéntame, oh Musa, sobre la hija del Eurimedonte, de Caribdis, que engulle todo el mar y devora sin tasa. Cuéntame cómo morirá lapidada por decreto del pueblo a la ribera del mar estéril") es una muestra de su dominio de la tradición épica.
 
De su obra podríamos sacar el nombre de Bías de Priene (fragmento 123D), uno de los Siete Sabios de Grecia, que vivió desde comienzos del siglo VI a. C. y del poeta Mimnermo (Fl. 630 a. C., fragmento 146D), y el de Atenágoras, tirano de Éfeso en aquel momento.
 
Le distingue de Arquíloco su forma diametralmente opuesta de afrontar su miserable situación. Hiponacte no se preocupa porque en sus versos existe el instante y nada más. Da la impresión de ser un extravagante pordiosero empecinado en el odio y la diatriba contra sus enemigos, pero es un poeta verdaderamente realista que se sostiene en la desgracia de su vida miserable con el humor.
 
En sus agrias invectivas se burla hasta de sí mismo y nos muestra su vida como la de un pícaro y mendigo conocedor de los bajos fondos de la sociedad en que vive, algo así como un misógino goliardo del siglo VI antes de Cristo, un pobre ("a mí Plutón, por entero ciego, jamás vino a decirme a casa: "Hiponacte, te doy treinta minas de plata y mucho más" ¡No tiene sentimientos!"), ladronzuelo, borracho y muerto de frío ("nunca me diste un manto grueso, remedio en el invierno contra los escalofríos", "Hermes, no hago más que tiritar de frío y rechinar los dientes") que pide capa para taparse; también como entre los goliardos, abundan las descripciones obscenas. Una leyenda sostiene que dos escultores, Búpalo y Atenis, le esculpieron un busto deformado para ridiculizarlo; el poeta se vengó atacándolos con yambos tan brutales que ambos se habrían suicidado.​ Algunos de ellos serían estos: "Ténganme el abrigo, que le voy a romper el ojo a Búpalo, porque soy ambidiestro y, cuando golpeo, no fallo". También suministra datos importantes sobre costumbres rituales como la del phármakos, que la tradición semítica conoce como chivo expiatorio.
 
Durante aflicciones colectivas como plagas o hambrunas, los atenienses y jonios seleccionaban una víctima propiciatoria para purificar de todo mal sus ciudades. Se elegía a los phármakoi entre los más pobres y feos y se los llevaba en procesión alrededor de la polis al ritmo de música destemplada y desafinada, apedreándolos y persiguiéndolos hasta el extreminarlos en el límite de la ciudad, a menudo despeñándolos por un barranco; ritual que Hiponacte parodia en un fragmento en que se ofrece él mismo como víctima propiciatoria con un rico vocabulario escatológico.
 
En cuanto a su estilo, Hiponacte varió la forma habitual del yambo acuñando algunas innovaciones métricas y creó el coliambo —algunos autores, en cambio, atribuyeron su invención a Ananio, contemporáneo suyo—, que consiste en un yambo "cojo" (es decir, se sustituye la penúltima sílaba breve y ágil del yambo por otra larga, lo que da la sensación de "cojera" en la escansión o cómputo métrico). Anticipa la comedia de Aristófanes y utiliza la parodia de una amplia variedad de estilos (entre los que se destaca el coloquial, devenido casi una jerga), neologismos e hipérboles que demuestran una permanente búsqueda formal. Estos rasgos fueron imitados por poetas helenísticos como Calímaco y Herodas, quienes escribieron muchos versos en el metro "cojo" coliambo de Hiponacte.