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lunes, 26 de diciembre de 2022

REFORMA CONSTITUCIONAL DE SILA



Sila, detentando de hecho un poder real o tiránico, no objeto de una elección sino de la fuerza y la violencia, pero necesitando, por otro lado, parecer que había sido elegido, siquiera externamente, alcanzo incluso este objetivo del siguiente modo. Otrora, los reyes romanos eran elegidos por su valor y, cuando alguno de ellos moría, un senador tras otro ejercían el poder real por cinco días, hasta que el pueblo decidía quien debía ser el nuevo rey. Aquel que ejercía el poder durante cinco días era llamado interrex, pues era rey en ese tiempo. Los magistrados salientes presidían siempre las elecciones de los cónsules y, si en alguna ocasión no había por casualidad un cónsul, también se elegía entonces un interrex para los comicios consulares. Sila, aprovechándose precisamente de esta costumbre, como no había cónsules puesto que Carbón habia muerto en Sicilia y Mario en Preneste, se alejo un poco de la ciudad y ordeno al senado que eligiera un interrex. El senado eligió a Valerio Flaco en la esperanza de que iba a presidir la elección de los cónsules. Sin embargo, Sila ordeno a Flaco, por medio de una carta, que hiciera llegar al pueblo su opinión de que Sila estimaba que seria útil para la ciudad, en la situación presente, la magistratura que llamaban dictadura, cuya practica había ya decaído hacia cuatrocientos anos. Y aconsejo, además, que el que eligiesen detentara el cargo no por un tiempo fijado, sino hasta que hubiesen quedado consolidados en su totalidad la ciudad, Italia y el gobierno, zarandeados, a la sazón, por luchas intestinas y por guerras. El espíritu de la propuesta aludía al propio Sila y no cabía lugar a dudas, pues Sila, sin recato hacia su persona, había revelado al final de la carta que le parecía que el seria, en especial, útil a la ciudad en esta coyuntura.

 

Estas eran las propuestas de la carta de Sila. Y los romanos, contra su voluntad, pero no pudiendo celebrar ya una elección conforme a la ley y al juzgar que el asunto en su conjunto no dependía de ellos, recibieron con alegría, en medio de su total penuria, el simulacro de elección a modo de una imagen externa de libertad, y eligieron a Sila dictador por el tiempo que quería.

 

Ya antes, el poder de los dictadores era un poder absoluto, pero limitado a un corto espacio de. tiempo; en cambio entonces, por primera vez, al llegar a ser ilimitado en su duración devino en autentica tiranía. Tan solo añadieron, para dar prestancia al titulo, que lo elegían dictador para la promulgación de las leyes que estimara convenientes y para la organización del Estado. De este modo los romanos, después de haberse gobernado por reyes durante mas de sesenta olimpiadas y por una democracia con cónsules elegidos anualmente durante otras cien olimpiadas, ensayaron de nuevo el sistema monárquico. Entonces corría entre tos griegos la ciento setenta y cinco olimpiada, pero ya no se celebraba en Olimpia ninguna competición atlética a excepción de la carrera en el estadio, porque Sila se había llevado a Roma a los atletas y todos los demás espectáculos para celebrar sus triunfos sobre Mitridates o en las guerras de Italia, aunque el pretexto había sido conceder un respiro y procurar diversión al pueblo de sus fatigas.

 

Sila, no obstante, para mantener la apariencia de la constitución patria encargo que fueran designados cónsules, y resultaron elegidos Marco Tulio y Cornelio Dolabella. Y el propio Sila, como si se tratase de un rey, era dictador sobre los cónsules. Se hacia preceder, como dictador, de veinticuatro fasces, numero igual al que precedía a los antiguos reyes, y se hacia rodear de una numerosa guardia personal; abolía unas leyes y promulgaba otras; prohibió que se ejerciera la pretura antes de la cuestura y que se fuera cónsul antes que pretor, y también veto que se desempeñara la misma magistratura antes de haber transcurrido diez anos. De igual modo, casi destruyo también el poder de los tribunos de la plebe, debilitándolo en grado máximo al impedir por ley que un tribuno pudiera ejercer ya ninguna otra magistratura. Por lo cual todos aquellos que por razón de fama o linaje competían por esta magistratura la rechazaron en el futuro. Yo no puedo decir con exactitud si Sila, como ocurre ahora, transfirió este cargo del pueblo al senado. Incremento el numero de senadores, que había quedado bastante menguado a causa de las luchas civiles y las guerras, con trescientos nuevos miembros reclutados entre los caballeros mas destacados, concediendo a las tribus el voto sobre cada uno de ellos. A su vez, inscribió en el partido popular a los esclavos mas jóvenes y robustos, mas de diez mil, de aquellos ciudadanos muertos, después de haberles concedido la libertad y les otorgo el derecho de ciudadanía romana y les dio el nombre de Cornelios por su propio nombre, a fin de tener dispuestos a todo a diez mil personas entre el partido del pueblo. Persiguiendo el mismo objetivo con respecto a Italia distribuyo a las veintitrés legiones que habían servido bajo su mando, según he dicho, una gran cantidad de tierra en numerosas ciudades, de la que una parte era propiedad publica que estaba aún sin repartir y la otra se la había quitado a las ciudades en pago de una multa.

( Apiano en "Guerras Civiles" )


viernes, 11 de enero de 2019

DISCURSO DE SILA EN EL SENADO SOLICITANDO PODERES DE DICTADOR POR ENCIMA DE LOS SEIS MESES, Y POR TIEMPO INDEFINIDO



Algunos no toleráis más de 6 meses de Dictadura, pero yo os digo que en seis meses no habré podido hacer nada. Créeme, padres conscriptos, no quiero el maldito cargo ni un solo día, y menos para toda la vida. Cuando considere que he culminado la tarea, lo dejaré. Pero en seis meses es imposible hacerla.

 

¿Por qué, os preguntáis, cuando los anteriores dictadores de Roma acostumbraban a devolver todos los poderes pasados los seis meses?. Por un sencillo motivo: la situación financiera de Roma es un caos. Para restablecerla debidamente se necesitará un año, quizá dos. Hay veintisiete legiones por licenciar, buscarles parcelas y pagarlas. Hay que hacer que los que apoyaron los regímenes ilegales de Mario, Cinna y Carbón no escapen al castigo. Las leyes de Roma están anticuadas, sobre todo en relación con los tribunales y los gobernadores de provincias. Sus servidores civiles están desorganizados e incurren en letargo y codicia. Se han robado tantos tesoros, dinero y lingotes de los templos, que nuestro Erario cuenta aún con doscientos ochenta talentos de oro y ciento veinte de plata, a pesar de los despilfarros de este año. El templo de Júpiter Optimus Maximus es una pavesa. ¿Continúo, senadores?.

 

No puedo tener poderes de dictador por seis meses y luego volver a solicitar el cargo otros seis meses más. Debo ser dictador para todo el tiempo que necesite. Si fuera para tan sólo seis meses, me encontraría con que tres de cada seis meses me los tendría que pasar contentando a las centurias. ¡ Rogando, dando explicaciones, excusándome, pintándolo todo de rosa, acariciando la bolsa de todos los caballeros comerciantes y convirtiéndome en la puta más vieja y detestable del mundo!. Pues no, senadores, ¡lo haré a mi manera o no lo haré!. ¿Me oís, miserable conjunto de tontos y cobardes hipócritas que se quedan en casa?. ¡Queréis que Roma se recupere, pero reclamáis el derecho inmerecido de hacer de la vida del que va a acometer la tarea lo más angustioso, penoso y servil posible!. Bien, padres conscriptos, decidíos ahora mismo, porque Lucio Cornelio Sila ha vuelto a Roma y si se lo propusiera podría sacudirla en sus cimientos hasta convertirla en ruinas. ¡Tengo en el campo del Lacio un ejército que hubiera podido hacer entrar en la ciudad para echarlo sobre vuestros despreciables pellejos como lobos sobre corderos!. No lo he hecho. He actuado conforme a vuestros intereses desde que llegué al Senado, y sigo haciéndolo. Pacíficamente; por las buenas. Pero estáis poniendo a prueba mi paciencia, os lo advierto con toda amabilidad. Seré dictador cuanto tiempo sea necesario. ¿Está claro? ¿Lo está, señores senadores?


DISCURSO DEL ANCIANO PRÍNCIPE DEL SENADO LUCIO VALERIO FLACO EN LA CURIA, SOLICITANDO QUE LUCIO CORNELIO SILA SEA NOMBRADO DICTADOR TRAS LA GUERRA CIVIL ROMANA



En las calendas de noviembre estuvimos a punto de perder Roma. De no haber sido por el valor y celeridad de Lucio Cornelio Sila, sus legados y su ejército, Roma estaría en manos del Samnio, y habríamos pasado bajo el yugo como hicimos en las horcas Caudinas. Bien, no necesito decir nada más. El Samnio ha sido derrotado, Lucio Cornelio ha vencido y Roma no corre peligro.

 

No obstante, aunque la guerra haya concluido, Roma tiene muchos problemas que la perturban. El Tesoro está vacío, igual que las arcas de los templos; han disminuido los negocios, han mermado los senadores, han muerto los cónsules y sólo queda un pretor de los seis que había a principios del año. De hecho, padres conscriptos, Roma ha cruzado la raya hasta la cual es posible la gobernación normal. Roma debe ser guiada por la mano más capaz. La única mano capaz de poner a nuestra querida Roma en pie. Mi cargo de interrex cumple a los cinco días; me sucederá otro interrex durante otros cinco días, y en ese plazo se convocarán elecciones, pero si no pudiera hacerlo, un tercer interrex tendrá que intentarlo. Y así sucesivamente. Pero esta gobernación incompleta no arreglará las cosas, padres conscriptos. Vivimos una situación de profunda crisis, y yo sólo veo aquí un hombre capaz de hacer lo que se debe. Pero lo que hay que hacer no puede hacerlo como cónsul. Por consiguiente, propongo una solución diferente para someterla a votación del pueblo en sus centurias, por ser el cuerpo elector más tradicional. Pido al pueblo que apruebe en sus centurias una lex rogata nombrando y dando poderes a Lucio Cornelio Sila como dictador de Roma.

 

El cargo de dictador es antiguo, y normalmente se limita a la dirección de una guerra. En tiempos pasados fue tarea del dictador proseguir la guerra cuando los cónsules no podían hacerlo, y hace más de cien años que no se ha dado poder a un dictador. Pero la actual situación de Roma es algo sin precedentes. La guerra ha concluido, y yo os digo, padres conscriptos, que la crisis consiste en que no hay cónsules electos que puedan hacer resurgir a Roma. Los remedios necesarios no serán muy agradables y causarán resentimiento. Al final del año al frente del cargo, a un cónsul se le puede exigir que responda ante el pueblo o la plebe de sus actos, y se le puede acusar de traición. Y si todo se ha vuelto en contra suya, hasta desterrarle y confiscarle las propiedades. Sabiéndose de antemano vulnerable a tal riesgo, no hay hombre que pueda desarrollar la decisión y la fuerza que Roma requiere en estos momentos. Mientras que un dictador no teme un castigo del pueblo, pues la naturaleza de su cargo le hace inmune a cualquier represalia. Sus actos como dictador se sancionan para siempre, y no se le puede aplicar la ley. Alentado por saberse inmune y exento del veto por parte de algún tribuno de la plebe y de la condena de cualquier asamblea, el dictador puede servirse totalmente de sus poderes y propósitos para enderezar las cosas. Para poner en pie a nuestra querida Roma.

 

Ya sé que ell dictador lo propone el Senado, pero deben nombrarlo los cónsules. Y cónsules no tenemos, porque han muerto en la guerra civil y los fasces se han enviado al templo de Venus Libitina. Y así muchos pensáis que no se puede nombrar un dictador. Pero os expongo cómo puede hacerse: mediante una lex rogata aprobada por las centurias. Cuando no hay cónsules para aplicar la ley, los sustituye el pueblo reunido en centurias. En realidad, el único poder ejecutivo, el interrex, debe delegar en ellos la ejecución de su única función, que es organizar y celebrar las elecciones curules. El pueblo en centurias no hace la ley, sino las centurias.

 

Tengo la intención de convocar la asamblea centuriada mañana al amanecer. Les pediré que den una ley nombrando dictador a Lucio Cornelio Sila. Realmente, es una ley que no requiere gran complicación; cuanto más sencilla mejor. Una vez que el dictador esté nombrado legalmente por las centurias, las demás leyes las dictará él. Lo que pediré a las centurias es que nombren y den poderes a Lucio Cornelio Sila como dictador para todo el tiempo que su cargo lo requiera, que sancionen sus anteriores actos de cónsul y procónsul, que deroguen en su persona todo castigo oficial en forma de degradación y destierro, que garanticen la inmunidad en todos sus actos como dictador para siempre, que protejan sus actos como dictador del veto tribunicio y del rechazo o anulación por parte de la asamblea, del Senado y del pueblo en cualquier forma que fuere o por medio de cualquier tipo de magistrado, y del recurso ante cualquier clase de asamblea o cuerpo de magistrados.

 

Imagino que algunos estáis pensando que eso es mejor que ser rey de Roma!. En realidad es distinto. Un dictador no tiene que dar cuenta de sus actos, pero no gobierna solo. Cuenta con la ayuda del Senado y de todos los comicios como cuerpos asesores, es el mestre ecuestre y dispone de cuantos magistrados él mismo elija. Es costumbre, por ejemplo, que los cónsules se subordinen al dictador.


viernes, 4 de enero de 2019

DISCURSO DE SILA EN EL SENADO TRAS GANAR LA GUERRA CIVIL CONTRA CINNA Y EL HIJO DE MARIO



Esta horrorosa costumbre que se ha instaurado tan recientemente cuando yo era pretor en una Roma que la desconocía no cesará hasta que se hayan restablecido del todo las tradiciones del mos maiorum y nuestra antigua república vuelva a surgir de las cenizas a que ha sido reducida. He oído decir que quiero convertirme en rey de Roma. ¡No, quirites, no lo deseo!. ¿Condenarme los años que me queden de vida a constantes intrigas, conjuras, sublevaciones y represalias?. ¡No lo deseo!. He servido mucho tiempo con gran esfuerzo a Roma, y he tenido la recompensa de pasar mis últimos días libre de cuidados y responsabilidades, ¡libre de Roma!. Por ello, una cosa prometo al Senado y al pueblo, que no me proclamaré rey de Roma ni gozaré un solo momento del poder que debo conservar hasta que concluya mi tarea.

 

Los cónsules han muerto, y los fasces deben volver a los Padres, en los almohadones del templo de Venus Libitina hasta que se elijan nuevos cónsules. Roma debe tener un interrex; en eso la ley es terminante. El portavoz de la cámara, Lucio Valerio Flaco, es el patricio decano del Senado, de su decuria y de su familia. Lucio Valerio, tú eres el primer interrex. Te ruego que asumas el cargo y desempeñes todas sus funciones durante los cinco días del interregnum.

 

Antes de que el portavoz de la cámara tome la palabra en esta reunión, hay un par de cosas que quiero decir. Roma no corre peligro estando a mi cuidado, y nadie vendrá a causarle mal. Volverá la ley justa, regresará la República a sus días de gloria; pero eso son cosas que emanarán de las decisiones de nuestro interrex y no insistiré en ello. Lo que sí quiero decir es que he tenido a mis órdenes hombres muy capaces, y hora es de que se lo agradezca. Comenzaré por los que no están presentes: Cneo Pompeyo, que ha asegurado la cosecha de Sicilia y con ello salvado a Roma del hambre este invierno... Lucio Marco Filipo, que el año pasado aseguró la cosecha de Cerdeña, y este año se enfrentó al enviado contra él, Quinto Antonio Balbo, y le dio muerte en combate. Cerdeña está en nuestro poder... En Asia he dejado hombres excelentes que cuidarán la provincia romana más rica y valiosa: Lucio Licinio Murena, Lucio Licinio Lúculo y Cayo Escribonio Curio... Y aquí, conmigo, están mis más fieles seguidores en momentos difíciles y desesperados: Quinto Cecilio Metelo Pío y su legado Marco Terencio Varrón Lúculo, Publio Servilio Vatia, Cneo Cornelio Dolabela el viejo, Marco Licinio Craso...


domingo, 17 de junio de 2018

EL CÓNSUL LUCIO VALERIO FLACO




Lucio Valerio Flaco (Latín clásico: LVCIVS·VALERIVS·FLACCVS) fue un político y militar romano que vivió entre los siglos II a. C. y I a. C., ocupando el consulado en el año 100 a. C.

 

Hijo probablemente del cónsul del año 131 a. C. Lucio Valerio Flaco, fue el padre del Lucio Valerio Flaco que fue defendido por Cicerón.​

 

Cuando era edil curul, el tribuno Deciano presentó una acusación contra él. Fue nombrado cónsul en 100 a. C., con Cayo Mario como colega consular.

 

Durante los disturbios de Lucio Apuleyo Saturnino, los cónsules recibieron órdenes de apoyar a los tribunos y pretores para mantener la dignidad de la República. Como consecuencia de esto, Valerio Flaco condenó a muerte a Saturnino, Glaucia y a otros del partido revolucionario.

 

Censor en 97 a. C., junto a Marco Antonio Orator, puesto desde el que ayudó a la incorporación de italianos como ciudadanos romanos. Se convirtió en princeps senatus a la muerte del mítico Marco Emilio Escauro, en 86 a. C. por ser el consular de mayor edad.

 

Pasó a formar parte de la facción de Lucio Cornelio Sila, asegurando su elección como dictador con la presentación de la Lex Valeria, que le concedió poderes omnímodos.​ Sila, al ejercer la dictadura, le hizo su magister equitum.



lunes, 2 de abril de 2018

EL CÓNSUL CAYO FLAVIO FIMBRIA




Cayo o Gayo Flavio Fimbria (en latín, Gaius Flavius Fimbria) fue un político y militar romano del siglo I a. C., hijo del cónsul homónimo, y uno de los más violentos partidarios de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna en la guerra civil contra Sila.

 

Durante los funerales de Mario, atentó contra la vida de Quinto Mucio Escévola y, puesto que escapó con vida —aunque herido de gravedad—, presentó una acusación contra él ante el pueblo. Cuando se le preguntó qué tenía contra un hombre tan recto, respondió nada excepto que no había permitido que el puñal penetrara lo suficiente en su cuerpo.

 

Acompañó a Lucio Valerio Flaco como legado para combatir en la primera guerra mitridática, pues Cinna consideraba a aquel inexperto. Flaco no tardó en granjearse el odio de los soldados por su severidad y crueldad. Mientras se encontraba en Bizancio, Fimbria se peleó con el cuestor de Flaco, lo que obligó a este a destituirlo y dejarlo atrás cuando partió a Calcedonia. Sin embargo, aprovechando la ausencia del general, Fimbria organizó un motín. Flaco no logró sofocarlo, tuvo que huir y fue alcanzado por Fimbria en Nicomedia donde lo asesinó.

 

Tras este hecho, Fimbria asumió el liderazgo de las tropas y obtuvo varios éxitos contra Mitrídates VI al que derrotó en Pitane, ciudad de la costa eolia, y seguramente lo habría capturado si Lucio Licinio Lúculo, general de Sila, hubiera cooperado con su flota.

 

Fimbria trató cruelmente a la gente de Asia que se había unido a Mitrídates o se había puesto del lado de Sila. Tras lograr que le abrieran las puertas en Troya, alegando que era un romano y como tal les daría un trato amistoso, masacró a todos los habitantes y arrasó la ciudad quemándola hasta los cimientos. En 84 a. C., tras la firma del tratado de Dárdanos, que finalizaba la primera guerra mitridática, Sila fijó su vista en Fimbria, cruzó a Asia Menor y atacó el campamento fimbriano en Tiatira. Como los soldados de Fimbria se negaron a luchar contra los de Sila, Fimbria intentó el asesinato. Al fracasar, huyó a Pérgamo donde, escondido en el templo de Esculapio y viendo que no había ninguna posibilidad de fuga, se suicidó.​

 

Cicerón lo describe como homo audacissimus et insanissimus.





lunes, 20 de julio de 2015

DISCURSO DE LUCIO VALERIO FLACO, DECANO DEL SENADO, SOLICITANDO PODERES DE DICTADOR PARA LUCIO CORNELIO SILA


¡Senadores!. En las calendas de noviembre estuvimos a punto de perder Roma. De no haber sido por el valor y celeridad de Lucio Cornelio Sila, sus legados y su ejército, Roma estaría en manos del Samnio, y habríamos pasado bajo el yugo como hicimos en las horcas Caudinas. Bien, no necesito decir nada más. El Samnio ha sido derrotado, Lucio Cornelio ha vencido y Roma no corre peligro.

 

No obstante, aunque la guerra haya concluido, Roma tiene muchos problemas que la perturban. El Tesoro está vacío, igual que las arcas de los templos; han disminuido los negocios, han mermado los senadores, han muerto los cónsules y sólo queda un pretor de los seis que había a principios del año . De hecho, padres conscriptos, Roma ha cruzado la raya hasta la cual es posible la gobernación normal. Roma debe ser guiada por la mano más capaz. La única mano capaz de poner a nuestra querida Roma en pie. Mi cargo de interrex cumple a los cinco días; me sucederá otro interrex durante otros cinco días, y en ese plazo se convocarán elecciones, pero si no pudiera hacerlo, un tercer interrex tendrá que intentarlo. Y así sucesivamente. Pero esta gobernación incompleta no arreglará las cosas, padres conscriptos. Vivimos una situación de profunda crisis, y yo sólo veo aquí un hombre capaz de hacer lo que se debe, que es Lucio Cornelio Sila. Pero lo que hay que hacer no puede hacerlo como cónsul. Por consiguiente, propongo una solución diferente para someterla a votación del pueblo en sus centurias, por ser el cuerpo elector más tradicional. Pido al pueblo que apruebe en sus centurias una lex rogata nombrando y dando poderes a Lucio Cornelio Sila como dictador de Roma.

 

El cargo de dictador es antiguo , y normalmente se limita a la dirección de una guerra. En tiempos pasados fue tarea del dictador proseguir la guerra cuando los cónsules no podían hacerlo, y hace más de cien años que no se ha dado poder a un dictador. Pero la actual situación de Roma es algo sin precedentes. La guerra ha concluido, y yo os digo, padres conscriptos, que la crisis consiste en que no hay cónsules electos que puedan hacer resurgir a Roma. Los remedios necesarios no serán muy agradables y causarán resentimiento. Al final del año al frente del cargo, a un cónsul se le puede exigir que responda ante el pueblo o la plebe de sus actos, y se le puede acusar de traición. Y si todo se ha vuelto en contra suya, hasta desterrarle y confiscarle las propiedades. Sabiéndose de antemano vulnerable a tal riesgo, no hay hombre que pueda desarrollar la decisión y la fuerza que Roma requiere en estos momentos. Mientras que un dictador no teme un castigo del pueblo, pues la naturaleza de su cargo le hace inmune a cualquier represalia. Sus actos como dictador se sancionan para siempre, y no se le puede aplicar la ley. Alentado por saberse inmune y exento del veto por parte de algún tribuno de la plebe y de la condena de cualquier asamblea, el dictador puede servirse totalmente de sus poderes y propósitos para enderezar las cosas. Para poner en pie a nuestra querida Roma.

 

Ya sé que al dictador lo propone el Senado, y que también deben nombrarlo los cónsules. Pero tras esa lamentable guerra civil que hemos padecido, legalmente cónsules no tenemos, y los fasces se han enviado al templo de Venus Libitina, pero ahora os explico cómo puede hacerse: mediante una lex rogata aprobada por las centurias. Cuando no hay cónsules para aplicar la ley, los sustituye el pueblo reunido en centurias. En realidad, el único poder ejecutivo, el interrex, debe delegar en ellos la ejecución de su única función, que es organizar y celebrar las elecciones curules. El pueblo en centurias no hace la ley, sino las centurias.

 

Por tanto, tengo la intención de convocar la asamblea centuriada mañana al amanecer. Les pediré que den una ley nombrando dictador a Lucio Cornelio Sila. Realmente, es una ley que no requiere gran complicación; cuanto más sencilla mejor. Una vez que el dictador esté nombrado legalmente por las centurias, las demás leyes las dictará él. Lo que pediré a las centurias es que nombren y den poderes a Lucio Cornelio Sila como dictador para todo el tiempo que su cargo lo requiera, que sancionen sus anteriores actos de cónsul y procónsul, que deroguen en su persona todo castigo oficial en forma de degradación y destierro, que garanticen la inmunidad en todos sus actos como dictador para siempre, que protejan sus actos como dictador del veto tribunicio y del rechazo o anulación por parte de la asamblea, del Senado y del pueblo en cualquier forma que fuere o por medio de cualquier tipo de magistrado, y del recurso ante cualquier clase de asamblea o cuerpo de magistrados.

 

Eso no quiere decir que optemos tener una especie de monarca...¡eso no!. Cierto es que un dictador no tiene que dar cuenta de sus actos, pero no gobierna solo. Cuenta con la ayuda del Senado y de todos los comicios como cuerpos asesores, es el maestro del caballo y dispone de cuantos magistrados él mismo elija. Es costumbre, por ejemplo, que los cónsules se subordinen al dictador. Gracias. 






martes, 27 de enero de 2015

HAMBRUNA POR FALTA DE GRANO EN ROMA


El segundo cónsul y flamen martialis, Lucio Valerio Flaco, se encontró con los silos - al pie del Aventino contiguo al puerto de Roma- vacíos y con cantidades exiguas en los graneros privados del Viscus Toscus. Estas exiguas cantidades, dijeron los mercaderes a Flaco y a sus ediles, se venderían a más de cincuenta sestercios por modius de trece libras. Y las familias del proletariado apenas podrían pagar la cuarta parte de aquel precio. No escaseaban otros alimentos más baratos, pero la carestía del trigo hacía subir los precios de todo lo demás debido al aumento del consumo y a la limitada producción. Y los estómagos acostumbrados al buen pan no se contentaban con gachas y nabos, que eran los artículos más socorridos en época de carestía. Los que estaban fuertes y sanos sobrevivían, pero los viejos, los débiles, los niños y los enfermizos solían perecer.

 

En octubre, el proletariado comenzaba a agitarse y la población de Roma empezó a atemorizarse, porque la perspectiva de convivir con un proletariado sin nada que comer era algo temible. Muchos ciudadanos de la tercera y cuarta clase, para quienes resultaba oneroso comprar un trigo tan caro, comenzaron a hacer acopio de armas para defender sus despensas de las depredaciones de los más necesitados.


( C. McC. )