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viernes, 3 de abril de 2020

FILÍPIDES



Filípides o Fidípides (en griego, Φιλιππίδης o Φειδιππίδης)​ fue un héroe de la Antigua Grecia. Se trata de la figura central de la historia que inspiró un acontecimiento deportivo moderno: la maratón.

 

Heródoto relata que Filípides, un hemeródromonota ​ateniense, fue enviado a Esparta para pedir ayuda cuando los persas desembarcaron en Maratón.

 

Antes de abandonar la ciudad, los generales de Atenas enviaron un mensaje a Esparta. El mensajero fue un ateniense llamado Filípides, un profesional en carreras de larga distancia. De acuerdo con el relato que Filípides hizo a los atenienses a su regreso, se encontró con el dios Pan (un fauno) en el monte Partenio, sobre Tegea. 


Pan lo llamó por su nombre y le dijo que preguntara a los atenienses por qué no le prestaban atención, si él siempre se había mostrado cordial con ellos y los había ayudado en el pasado, y volvería a ayudarlos en el futuro. Los atenienses creyeron la historia de Filípides y, cuando recuperaron su prosperidad, erigieron un templo a Pan bajo la Acrópolis y, desde que recibieron su mensaje, celebraron una ceremonia anual en su honor, con carreras de antorchas y sacrificios, para solicitar su protección.


En la ocasión de la que hablo -es decir, cuando los comandantes de Atenas le encomendaron una misión a Filípides y éste explicó que había visto a Pan, Filípides llegó a Esparta un día después de haber salido de Atenas y pronunció su mensaje ante el gobierno espartano. "Hombres de Esparta -fue su mensaje- los atenienses os piden ayuda, y os ruegan que no permanezcáis de brazos cruzados mientras la ciudad más antigua de Grecia es aplastada y sometida por un invasor extranjero; Eretria ya ha sido esclavizada, y Grecia se debilita por la pérdida de una buena ciudad." Los espartanos, aunque se conmovieron por el ruego y querían brindarles ayuda, no podían hacerlo de inmediato sin quebrar sus propias leyes. Era el noveno día del mes, y dijeron que no podían marchar hasta que la luna estuviera llena. Así que esperaron a la luna llena, mientras que Hipias, el hijo de Pisístrato, guió a los persas a Maratón.
( Heródoto )

 

Heródoto escribió 30 o 40 años después de los hechos que describe, por lo que es bastante probable que Filípides sea una figura histórica. Si recorrió los 246 km que separaban a Atenas de Esparta en 2 días, por terreno escabroso, sería una hazaña digna de recordar.

 

Heródoto, por tanto, no relató una carrera desde Maratón a Atenas de Filípides, pero sí la marcha del ejército griego, que recorrió a toda prisa la distancia entre Maratón y Atenas. Esto fue porque los persas, recién embarcados en sus navíos tras su derrota en Maratón, podían rodear la península Ática en poco tiempo y tomar la indefensa Atenas. Pero para cuando los persas avistaron la ciudad, los soldados griegos ya habían llegado a ella y, viendo que la ciudad estaba bien defendida decidieron dar media vuelta y volver a Persia.


Posteriormente se encuentra un relato sobre una carrera de Maratón a Atenas para anunciar la victoria de los griegos en la obra de Plutarco (46-120), que atribuye la carrera a un heraldo llamado Tersipo —citando a Heráclides Póntico, un autor del siglo III a. C., como fuente de ese dato— o Eucles.

 

Luciano, un siglo después de Plutarco, atribuye esa carrera a Filípides: Se dice que fue Filípides, el corredor, el primero que usó esta expresión al anunciar la victoria de Maratón a los arcontes que estaban sentados y preocupados por el final de la batalla: ¡Alegraos, vencemos!. Y al decir esto, murió, exhalando su último suspiro junto con la noticia y el saludo.

 

El filólogo Michel Bréal fue el que, inspirándose en los relatos sobre Filípides, propuso a Pierre de Coubertin la celebración de una carrera llamada maratón dentro del programa de los modernos Juegos Olímpicos.​

 

Mientras que el maratón celebra la mítica carrera de Maratón a Atenas, desde 1983 una carrera anual desde Atenas a Esparta, el espartatlón, celebra la carrera —semihistórica, cuando menos— a través de 250 km de campiña griega.


domingo, 5 de marzo de 2017

EL ATLETA DIÁGORAS DE RODAS


Diágoras fue un atleta griego del siglo V a. C., nacido en Ialisos, en la isla de Rodas. Descendiente del rey de su ciudad natal, Damágenes, se hizo famoso por triunfar en varias ocasiones en los cuatro grandes juegos griego: olímpicos, nemeos, ístmicos y píticos.
 Nuevamente aparece aquí un vencedor en la disciplina del boxeo, año 464, aunque también venció en los Juegos Ístmicos, en los de Nemea y en Delfos. Al igual que a Teágenes, Diágoras era también considerado por los griegos hijo de otro personaje mítico, en este caso Hermes. Se sabe, según los autores clásicos, que poseía una estatura muy intimidatoria de alrededor de 2 metros, por lo que era considerado casi como un coloso o un gigante. Sus hijos también se erigieron en campeones olímpicos. Así, Acusilaos y Damagetos vencieron en los Juegos de 448 a.c. en las modalidades de boxeo y pancracio.
 Píndaro cantó su victoria en el pugilato en el año 464 a. C., en la Séptima Olímpica y se le levantó una estatua en Olimpia, obra del escultor Calicles:

Cubre Señor, de gloria
al que la gran victoria
en Olimpia ganó, púgil valiente.
Estima y reverencia
entre la propia y extranjera gente
le de tu omnipotencia;
Que el rumbo sigue a la arrogancia opuesto,
Enérgico y modesto,
y los ejemplos raros
siempre sus normas son, ¡Musa! No olvides
que del buen Calianate,
célebre en el combate,
es nieto, y de los nobles eratides.
Rodas está de fiesta. Su contento
no venga a perturbar mudable viento.
(Píndaro: fragmento de la Séptima Oda Olímpica al púgil Diágoras de Rodas)
 
Ya anciano tuvo la satisfacción de ver a sus dos hijos Damageto y Acusilao vencedores en los Juegos Olímpicos. Se cuenta que justo tras ser coronados, sus hijos lo cogieron en hombros y lo pasearon triunfalmente por el estadio. Entonces uno de los espectadores gritó Κάτθανε Διαγόρα, ουκ εις Όλυμπον αναβήση («Ya puedes morir, Diágoras, pues no esperes subir al Olimpo») y Diágoras, lleno de felicidad y reconocido por todos, soltó su último aliento. Otro hijo suyo, Dorieo, fue vencedor de pancracio, en varias ocasiones.
 
Otro de sus hijos, Dorieus, ganó el pancracio por lo menos en tres Olimpiadas consecutivas y sus nietos Eucles y Pisírodo, también inscribieron sus nombre entre los vencedores olímpicos.

Como anécdota, su cuenta, que estando prohibida la presencia de mujeres en las Olimpiadas, Calipatira, hija de Diágoras y madre de Pisírodo, decidió que no se iba a perder el día que su hijo triunfaría. Así que, se vistió con las ropas de los entrenadores y consiguió colarse. Tal y como ella había soñado, su hijo consiguió hacerse con la victoria pero, llevada por su alegría, saltó la valla para felicitar a su hijo y la ropa se quedó enganchada… Calipatira quedó desnuda frente a todos. Según las reglas de las Olimpiadas, el castigo para las mujeres que infringiesen la ley sería ser despeñadas por el monte Tipeo.

En honor a su padre, hermanos e hijo, campeones olímpicos, los jueces le perdonaron la vida. Además, desde aquel momento se promulgó una nueva norma que obligaba a los entrenadores a ir desnudos, igual que los atletas, para que no volviese a ocurrir.