La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad.
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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martes, 9 de mayo de 2023
lunes, 23 de marzo de 2020
SEMBLANZA DE CÉSAR SEGÚN SEUTONIO
César eligió la
Galia porque era el lugar que, con más probabilidad, podría ofrecerle riquezas
y triunfos. No dejó escapar ninguna oportunidad de hacer la guerra, por injusta
y peligrosa que fuese. Obligó a los galos al pago de un tributo anual de
cuarenta millones de sestercios. Fue el primero que, tras tender un puente,
atacó a los germanos al otro lado del Rin y consiguió sobre ellos señaladas
victorias. Con el dinero que obtenía de los enemigos inició la construcción de
un foro. Prometió al pueblo espectáculos y festines. Duplicó a perpetuidad la
soldada de las legiones. En la Galia saqueó los altares y los templos de los
dioses; esta conducta le proporcionó mucho oro que hizo vender en Italia.
Durante su primer consulado robó del Capitolio tres mil libras de peso en oro y
lo sustituyó con igual cantidad de cobre dorado. Era muy diestro en el manejo
de las armas y caballos y siempre dirigió a su ejército, algunas veces a
caballo y con más frecuencia a pie. Nunca dejó que su ejército sufriera
emboscadas. Castigaba con severidad a los desertores. A veces, tras una batalla
y una gran victoria, dejaba a sus tropas que se divirtieran. Se sentía tan
unido a sus soldados que, cuando un grupo de ellos era masacrado, se dejaba
crecer la barba y el cabello y no se los cortaba hasta vengar su derrota.
Prosiguió hasta el Rubicón, que era el límite de su provincia y donde le
esperaban sus cohortes. Se detuvo unos momentos, reflexionando sobre las
consecuencias de su empresa y luego dijo: "Todavía podemos retroceder,
pero si cruzamos el puentecillo todo habrán de decirlo las armas". Un
prodigio le decidió; entonces César dijo: "Marcharemos a donde nos llaman
los signos de los Dioses y la iniquidad de los enemigos. La suerte está
echada". En cuanto se sentó en el Senado, le rodearon los conspiradores
con el pretexto de saludarle. Entonces Cimber Telio, que se había
encargado de comenzar, se le acercó como para dirigirle un ruego, le cogió de
la toga por ambos hombros y entonces otro, que se encontraba a su espalda, lo
hirió algo más abajo de la garganta. César le cogió el brazo e intentó
levantarse pero un nuevo golpe le detuvo. Viendo entonces puñales
levantados por todas partes, se tapó la cabeza con la toga. Recibió
veintitrés heridas y solo a la primera lanzó un gemido, sin pronunciar una sola
palabra. Sin embargo, algunos escritores cuentan que, al ver acercarse a Bruto,
le dijo en lengua griega: "¡Tú también hijo mío!". Murió a los
cincuenta y seis años de edad, el día de los idus de marzo.
( Suetonio en
"Vida de los doce Césares" )
lunes, 12 de agosto de 2019
EL CÓNSUL CÉSAR OCTAVIO PLANEA UN TRIBUNAL ESPECIAL PARA JUZGAR A LOS ASESINOS DE CÉSAR
Voy a
organizar un tribunal especial para enjuiciar a los asesinos. Marco Vipsanio
Agripa acusará a Cayo Casio Longino, Lucio Cornificio acusará a Marco Bruto.
Uno de mis amigos para cada asesino. Naturalmente, espero que todos los jurados
emitan un veredicto de CONDEMNO. Si algún jurado votase ABSOLVO, quiero conocer
su nombre. Para referencias futuras porque siempre va bien saber qué hombres
son fieles a sus convicciones, o a sus exoneraciones.
martes, 19 de febrero de 2019
CÉSAR OCTAVIO DICE SOBRE LOS ASESINOS DE CAYO JULIO CÉSAR
No
descansaré hasta que el último de los asesinos esté muerto, su reputación
destrozada, sus propiedades confiscadas y sus mujeres y sus hijos abocados a la
indigencia. Me desharé de todos los enemigos de César, y de mi mismo.
domingo, 30 de diciembre de 2018
JURAMENTO DE CÉSAR OCTAVIO AL CONOCER EL ASESINATO DE SU TÍO ABUELO CAYO JULIO CÉSAR
martes, 25 de diciembre de 2018
TORPE DISCURSO DE MARCO JUNIO BRUTO EN EL FORO POR EL ASESINATO DE CÉSAR
Conciudadanos
de Roma, es cierto que César ha muerto. Para cuantos amamos la libertad era
inadmisible que siguiera con vida. Así que algunos de nosotros, incluido yo,
hemos decidido liberar a Roma de la tiranía dictatorial de César. ¡Aquí podéis
ver el puñal ensangrentado con el que lo he matado!.
César
no podía despojar de sus tierras a hombres que las han poseído desde hace
siglos sólo para establecer a sus veteranos en Italia. Nosotros, los
Libertadores, que hemos matado al dictador César, el rey de Roma, comprendemos
que los soldados de Roma deben tener tierras donde retirarse, y amamos a los
soldados de Roma tanto como César, pero amamos también a los hacendados de
Roma, y ¿qué íbamos a hacer?, os pregunto. César se mostró muy partidista, así
que debía desaparecer. Roma no se reduce a sus veteranos, aunque nosotros, que
hemos liberado a Roma de César, amamos a los veteranos de Roma.
miércoles, 10 de octubre de 2018
SÓCRATES DICE SOBRE LA MUERTE
La
muerte es la separación del alma y el cuerpo. Estar muerto es el resultado final de esta separación. Para gozar del conocimiento puro, debemos despojarnos de
nuestros cuerpos... el alma
está hecha a imagen de Dios,
y es inmortal, y posee inteligencia, y es uniforme, y no cambia. Es inmutable. El cuerpo, por el contrario, está hecho
a imagen del género humano. Es mortal. Carece
de inteligencia, adopta muchas formas y se desintegra. Así pues, si lo que digo es verdad, el cuerpo debe entrar en
decadencia, pero el alma
no.
martes, 11 de septiembre de 2018
RELATO DEL ASESINATO DE CÉSAR POR PLUTARCO
73. A
lo que parece, no fue tan inesperado como poco precavido el hado de Cesar,
porque se dice haber precedido maravillosas señales y prodigios. Por lo que
hace a los resplandores y fuegos del cielo, a las imágenes nocturnas que por
muchas partes discurrían y a las aves solitarias que volaban por la plaza,
quizá no merecen mentarse como indicios de tan gran suceso. Estrabón el
filosofo refiere haberse visto correr por el aire muchos hombres de fuego, y
que el esclavo de un soldado arrojo de la mano mucha llama, de modo que los que
le veían juzgaban se estaba abrasando, y cuando ceso la llama se hallo que no
tenia ni la menor lesión. Habiendo Cesar hecho un sacrificio, se desapareció el
corazón de la victima, cosa que se tuvo a terrible agüero, porque por naturaleza
ningún animal puede existir sin corazón. Todavía hay muchos de quienes se puede
oír que un agorero le anuncio aguardarle un gran peligro en el día del mes de
marzo que los romanos llamaban los idus. Llego el día, y yendo Cesar al Senado
saludo al agorero, y como por burla le dijo: "Ya han llegado los idus
de marzo",
a lo que contesto con gran reposo: "Han llegado, si; pero no
han pasado." El día antes lo tuvo a cenar Marco Lépido, y
estando escribiendo unas cartas, como lo tenia de costumbre, recayó la
conversación sobre cual era la mejor muerte, y Cesar, anticipándose a todos,
dijo: "La
no esperada." Acostado después, con su mujer, según solía,
repentinamente se abrieron todas las puertas y ventanas de su cuarto, y turbado
con el ruido y la luz, porque hacia luna clara, observo que Calpurnia dormía
profundamente, pero que entre sueños prorrumpía en voces mal pronunciadas y en
sollozos no articulados, y era que le lloraba teniéndolo muerto en su regazo.
Otros dicen que no era esta la visión que tuvo la mujer de Cesar, sino que
estando incorporado con su casa un pináculo, que, según refiere Livio, se le
había decretado por el Senado para su mayor decoro y majestad, lo vio entre
sueños destruido, sobre lo que se acongojo y lloro. Cuando fue de día rogó a
Cesar que si había arbitrio no fuera al Senado, sino que lo dilatara para otro
día; y si tenia en poco sus sueños, por sacrificios y otros medios de
adivinación examinara qué podría ser lo que conviniese. Entro también Cesar, a
lo que parece, en alguna sospecha y recelo, por cuanto, no habiendo visto antes
en Calpurnia señal ninguna de superstición mujeril, la advertía entonces tan
afligida; y cuando los agoreros, después de haber hecho varios sacrificios le
anunciaron que las señales no eran faustas, resolvió enviar a Antonio con la
orden de que se disolviera el Senado.
74.
En esto, Decio Bruto, por sobrenombre Albino, en quien Cesar tenia gran
confianza, como que fue por el nombrado heredero en segundo lugar, pero que con
el otro Bruto y con Casio tenia parte en la conjuración, recelando no fuera que
si Cesar pasaba de aquel día la conjuración se descubriese, comenzó a
desacreditar los pronósticos de los adivinos y a hacer temer a Cesar que podría
dar motivo de quejas al Senado contra si, pareciendo que le miraba con
escarnio; pues que si venia era por su orden y todos estaban dispuestos a
decretar que se intitulara rey de todas las provincias fuera de Italia, y fuera
de ella llevara la diadema por tierra y por mar: "Y si estando ya sentados
-añadió ahora se les diera orden de retirarse, para volver cuando Calpurnia
tuviese sueños más placenteros, que serian lo que dijesen los que no le miraban
bien? .De quien de sus amigos oirían con paciencia, si quería persuadirles, que
aquello no era esclavitud y tiranía? Y si absolutamente era su animo mirar como
abominable aquel día, siempre seria lo mejor que fuera, saludara al Senado y
mandara sobreseer por entonces en el negocio." Al terminar este
discurso tomo Bruto a Cesar de la mano y se lo llevo consigo. Estaban aun a
corta distancia de la puerta, cuando un esclavo ajeno porfiaba por llevarse a
Cesar; más dándose por vencido de poder penetrar por entre la turba de gentes
que rodeaba a Cesar, por fuerza se entro en la casa y se puso en manos de
Calpurnia, diciéndole que le guardase hasta que aquel volviera, porque tenia
que revelarle secretos de grande importancia.
75. Artemidoro, natural de Cnido, maestro de lengua
griega, y que por lo mismo había contraído amistad con algunos de los
compañeros de Bruto, hasta estar impuesto de lo que se tenia tramado, se le
presento trayendo escrito en un memorial lo que quería descubrir; y viendo que
Cesar al recibir los memoriales los entregaba al punto a los ministros que
tenia a su lado, llegándose muy cerca le dijo a Cesar: "Léelo
tu solo y pronto, porque en el están escritas grandes cosas que te interesan."
Tómalo, pues, Cesar, y no le fue posible leerlo, estorbandoselo el tropel de
los que continuamente llegaban, por más que lo intento muchas veces; pero
llevando y guardando siempre en la mano aquel solo memorial, entro en el
Senado. Algunos dicen que fue otro el que se lo entrego, y que a Artemidoro no
le fue posible acercarse, sino que por todo el transito fue estorbado de la
muchedumbre. Todos estos incidentes pueden mirarse como naturales, sin causa
extraordinaria que los produjese ; pero el sitio destinado a tal muerte y a tal
contienda, en que se reunió el Senado, si se observa que en él había una
estatua de Pompeyo y que por este había sido dedicado entre los ornamentos
accesorios de su teatro, parece que precisamente fue obra de algún numen
superior el haber traído allí para su ejecución semejante designio. Así, se
dice que Casio, mirando a la estatua de Pompeyo al tiempo del acometimiento, le
invoco secretamente, sin embargo de que no dejaba de estar imbuido en los
dogmas de Epicuro, y es que la ocasión, según parece, del presente peligro
engendro un entusiasmo y un afecto contrarios a la doctrina que había abrazado.
A Antonio, amigo fiel de Cesar y hombre de pujanza, lo entretuvo afuera Bruto
Albino, moviendole de intento una conversación que no podía menos de ser larga.
Al entrar Cesar, el Senado se levanto, haciéndole acatamiento; pero de los
socios de Bruto, unos se habían colocado detrás de su silla y otros le habían
salido al encuentro como para tomar parte con Tulio Cimbro en las suplicas que
le hacia por un hermano que estaba desterrado, y, efectivamente, le rogaban
también, acompañándole hasta la silla. Sentado que se hubo, se negó ya a
escuchar ruegos, y como instasen con mas vehemencia se les mostró indignado, y
entonces Tulio, cogiéndole la toga con ambas manos, la retiro del cuello, que
era la señal de acometerle. Casca fue el primero que le hirió con un puñal
junto al cuello; pero la herida que le hizo no fue mortal ni profunda, turbado,
como era natural, en el principio de un empeño como, era aquel; de manera que,
volviéndose Cesar, le cogió y le detuvo el puñal, y a un mismo tiempo
exclamaron ambos, el ofendido, en latín: "Malvado Casca, ¿que
haces?",
y el ofensor, en griego, a su hermano "Hermano, auxilio."
Como este fuese el principio, a los que ningún antecedente tenían les causo
gran sorpresa y pasmo lo que estaba pasando, sin atreverse ni a huir ni a
defenderlo, ni siquiera a articular palabra. Los que se hallaban aparejados
para aquella muerte, todos tenían las espadas desnudas, y hallándose Cesar
rodeado de todos ellos, ofendido por todos y llamada su atención a todas
partes, porque por todas solo se le ofrecía hierro ante el rostro y los ojos,
no sabia adonde dirigirlos, como fiera en manos de muchos cazadores, porque
entraba en el convenio que todos habían de participar y como gustar de aquella
muerte, por lo que Bruto le causo también una herida en la ingle. Algunos dicen
que antes había luchado, agitándose acá y allá, y gritando; pero al ver a Bruto
con la espada desenvainada, se echo la ropa a la cabeza y se presto a los
golpes, viniendo a caer, fuese por casualidad o porque le impeliesen los
matadores, junto a la base sobre que descansaba la estatua de Pompeyo, que toda
quedo manchada de sangre; de manera que parecía haber presidido el mismo
Pompeyo al suplicio de su enemigo, que tendido expiraba a sus pies, traspasado
de heridas, pues se dice que recibió veintitrés; muchos de los autores se
hirieron también unos a otros, mientras todos dirigían a un solo cuerpo tantos
golpes.
( Plutarco )
domingo, 29 de julio de 2018
ASESINATO DE CÉSAR EN LOS IDUS DE MARZO DESCRITO POR PLUTARCO
A lo que parece, no fue tan inesperado como
poco precavido el hado de Cesar, porque se dice haber precedido maravillosas
señales y prodigios. Por lo que hace a los resplandores y fuegos del cielo, a
las imágenes nocturnas que por muchas partes discurrían y a las aves solitarias
que volaban por la plaza, quizá no merecen mentarse como indicios de tan gran
suceso. Estrabón el filosofo refiere haberse visto correr por el aire muchos
hombres de fuego, y que el esclavo de un soldado arrojo de la mano mucha llama,
de modo que los que le veían juzgaban se estaba abrasando, y cuando cesó la
llama se hallo que no tenia ni la menor lesión. Habiendo Cesar hecho un
sacrificio, se desapareció el corazón de la victima, cosa que se tuvo a
terrible agüero, porque por naturaleza ningún animal puede existir sin corazón.
Todavía hay muchos de quienes se puede oír que un agorero le anuncio aguardarle
un gran peligro en el día del mes de marzo que los romanos llamaban los idus.
Llego el día, y yendo Cesar al Senado saludo al agorero, y como por burla le
dijo: "Ya
han llegado los idus de marzo", a lo que contesto con
gran reposo: "Han llegado, si; pero no han pasado."
El día antes lo tuvo a cenar Marco Lépido, y estando escribiendo unas cartas,
como lo tenia de costumbre, recayó la conversación sobre cual era la mejor
muerte, y Cesar, anticipándose a todos, dijo: "La no
esperada." Acostado después, con su
mujer, según solía, repentinamente se abrieron todas las puertas y ventanas de
su cuarto, y turbado con el ruido y la luz, porque hacia luna clara, observo
que Calpurnia dormía profundamente, pero que entre sueños prorrumpía en voces
mal pronunciadas y en sollozos no articulados, y era que le lloraba teniéndolo
muerto en su regazo. Otros dicen quo no era esta la visión que tuvo la mujer de
Cesar, sino que estando incorporado con su casa un pináculo, que, según refiere
Livio, se le había decretado por el Senado para su mayor decoro y majestad, lo
vio entre sueños destruido, sobre lo que se acongojo y lloro. Cuando fue de día
rogó a Cesar que si había arbitrio no fuera al Senado, sino que lo dilatara
para otro día; y si tenia en poco sus sueños, por sacrificios y otros medios de
adivinación examinara que podría ser lo que conviniese. Entro también Cesar, a
lo que parece, en alguna sospecha y recelo, por cuanto, no habiendo visto antes
en Calpurnia señal ninguna de superstición mujeril, la advertía entonces tan
afligida; y cuando los agoreros, después de haber hecho varios sacrificios le
anunciaron que las señales no eran faustas, resolvió enviar a Antonio con la
orden de que se disolviera el Senado.
En esto, Decio Bruto, por sobrenombre Albino,
en quien Cesar tenia gran confianza, como que fue por el nombrado heredero en
segundo lugar, pero que con el otro Bruto y con Casio tenia parte en la
conjuración, recelando no fuera que si Cesar pasaba de aquel día la conjuración
se descubriese, comenzó a desacreditar los pronósticos de los adivinos y a
hacer temer a Cesar que podría dar motivo de quejas al Senado contra si,
pareciendo que le miraba con escarnio; pues que si venia era por su orden y
todos estaban dispuestos a decretar que se intitulara rey de todas las
provincias fuera de Italia, y fuera de ella llevara la diadema por tierra y por
mar: "Y
si estando ya sentados -añadió ahora se les diera orden de retirarse, para
volver cuando Calpurnia tuviese sueños mas placenteros, que serian lo que
dijesen los que no le miraban bien?. De quien de sus amigos oirían con
paciencia, si quería persuadirles, que aquello no era esclavitud y tiranía? Y
si absolutamente era su animo mirar como abominable aquel día, siempre seria lo
mejor que fuera, saludara al Senado y mandara sobreseer por entonces en el
negocio. Al terminar este discurso tomo Bruto a Cesar de la mano y se lo llevo
consigo. Estaban aun a corta distancia de la puerta, cuando un esclavo ajeno
porfiaba por llevarse a Cesar; más dándose por vencido de poder penetrar por
entre la turba de gentes que rodeaba a Cesar, por fuerza se entro en la casa y
se puso en manos de Calpurnia, diciéndole que le guardase hasta que aquel
volviera, porque tenia que revelarle secretos de grande importancia.
Artemidoro,
natural de Cnido, maestro de lengua griega, y que por lo mismo había contraído
amistad con algunos de los compañeros de Bruto, hasta estar impuesto de lo que
se tenia tramado, se le presento trayendo escrito en un memorial lo que quería
descubrir; y viendo que Cesar al recibir los memoriales los entregaba al punto
a los ministros que tenia a su lado, llegándose muy cerca le dijo a Cesar: "Léelo
tu solo pronto, porque en el están
escritas grandes cosas que te interesan." Tomolo, pues, Cesar, y
no le fue posible leerlo, estorbandoselo el tropel de los que continuamente
llegaban, por mas que lo intento muchas veces; pero llevando y guardando
siempre en la mano aquel solo memorial, entro en el Senado. Algunos dicen que
fue otro el que se lo entrego, y que a Artemidoro no le fue posible acercarse,
sino que por todo el transito fue estorbado de la muchedumbre. Todos estos
incidentes pueden mirarse como naturales, sin causa extraordinaria que los
produjese ; pero el sitio destinado a tal muerte y a tal contienda, en que se
reunió el Senado, si se observa que en el había una estatua de Pompeyo y que
por este había sido dedicado entre los ornamentos accesorios de su teatro,
parece que precisamente fue obra de algún numen superior el haber traído allí
para su ejecución semejante designio. Así, se dice que Casio, mirando a la
estatua de Pompeyo al tiempo del acometimiento, le invoco secretamente, sin
embargo de que no dejaba de estar imbuido en los dogmas de Epicuro, y es que la
ocasión, según parece, del presente peligro engendro un entusiasmo y un afecto
contrarios a la doctrina que habia abrazado. A Antonio, amigo fiel de Cesar y
hombre de pujanza, lo entretuvo afuera Bruto Albino, moviéndole de intento una
conversación que no podía menos de ser larga. Al entrar Cesar, el Senado se
levanto, haciéndole acatamiento; pero de los socios de Bruto, unos se habían
colocado detrás de su silla y otros le habían salido al encuentro como para
tomar parte con Tulio Cimbro en las suplicas que le hacia por un hermano que
estaba desterrado, y, efectivamente, le rogaban también, acompañándole hasta la
silla. Sentado que se hubo, se negó ya a escuchar ruegos, y como instasen con
mas vehemencia se les mostró indignado, y entonces Tulio, cogiéndole la toga
con ambas manos, la retiro del cuello, que era la señal de acometerle. Casca
fue el primero que le hirió con un puñal junto al cuello; pero la herida que le
hizo no fue mortal ni profunda, turbado, como era natural, en el principio de
un empeño como, era aquel; de manera que, volviéndose Cesar, le cogió y le
detuvo el puñal, y a un mismo tiempo exclamaron ambos, el ofendido, en latín: "Malvado
Casca, ¿que haces?", y el ofensor, en griego, a su hermano "Hermano,
auxilio."
Como este fuese el principio, a los que ningún antecedente tenían les causo
gran sorpresa y pasmo lo que estaba pasando, sin atreverse ni a huir ni a
defenderlo, ni siquiera a articular palabra. Los que se hallaban aparejados
para aquella muerte, todos tenían las espadas desnudas, y hallándose Cesar
rodeado de todos ellos, ofendido por todos y llamada su atención a todas
partes, porque por todas solo se le ofrecía hierro ante el rostro y los ojos,
no sabia adonde dirigirlos, como fiera en manos de muchos cazadores, porque
entraba en el convenio que todos habían de participar y como gustar de aquella
muerte, por lo que Bruto le causo también una herida en la ingle. Algunos dicen
que antes había luchado, agitándose acá y allá, y gritando; pero al ver a Bruto
con la espada desenvainada, se echo la ropa a la cabeza y se presto a los
golpes, viniendo a caer, fuese por casualidad o porque le impeliesen los
matadores, junto a la base sobre que descansaba la estatua de Pompeyo, que toda
quedo manchada de sangre; de manera que parecía haber presidido el mismo
Pompeyo al suplicio de su enemigo, que tendido expiraba a sus pies, traspasado
de heridas, pues se dice que recibió veintitrés; muchos de los autores se
hirieron también unos a otros, mientras todos dirigían a un solo cuerpo tantos
golpes.
( Plutarco en "César" )
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