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viernes, 16 de junio de 2023

DILEMA DE FALLAR EN LOS FAVORES RECIPROCOS

El primer favor denegado anula todos los anteriores. 

( Cayo Plino Segundo –Plinio el Viejo-)

 

El dicho de Plinio el Viejo que menciona se encuentra en su obra "Historia natural", libro VIII, capítulo XXII, donde habla de la fidelidad de los perros. Allí dice: "Nullum tam imprudens mendacium est, ut teste careat. Quin etiam canes inter se fidem et societatem colunt, nec unquam obliviscuntur beneficii aut iniuriae. Primus denegatus favor omnes anteriores abolet" (No hay falsedad tan insensata que no la apoye algún testigo. Incluso los perros mantienen entre sí la fidelidad y la amistad, y nunca olvidan un beneficio o una injuria. El primer favor denegado anula todos los anteriores).

 

Este dicho expresa una idea que puede tener varias interpretaciones y valoraciones. Por un lado, puede reflejar una actitud de ingratitud o de resentimiento hacia quien nos ha hecho favores en el pasado, pero nos niega uno en el presente. En este caso, el dicho sería una crítica a la falta de reconocimiento y de generosidad que mostramos hacia nuestros benefactores, y nos invitaría a ser más agradecidos y comprensivos con ellos.

 

Por otro lado, puede reflejar una actitud de decepción o de desconfianza hacia quien nos ha fallado en un momento crucial, después de habernos ayudado en otras ocasiones. En este caso, el dicho sería una advertencia sobre la fragilidad y la inconstancia de las relaciones humanas, y nos invitaría a ser más cautelosos y selectivos con quienes consideramos nuestros amigos.

 

En cualquier caso, el dicho nos plantea un dilema moral sobre cómo valorar y responder a los favores que recibimos o que nos son negados por los demás. Una posible lección educativa que se podría extraer de este dilema es que debemos actuar con justicia y equidad, sin olvidar ni exagerar los méritos o los defectos de las personas que nos rodean, y sin dejar que nuestras emociones o intereses nos cieguen o nos manipulen. Así podremos mantener relaciones más sanas y armoniosas con los demás, basadas en el respeto mutuo y la reciprocidad. Porque no es del todo correcto pensar que una negativa anula todos los favores anteriores, cada favor se debe valorar individualmente y no se deben esperar recompensas por hacer favores.

 

Algunos ejemplos prácticos o historias ilustrativas que respalden las interpretaciones que aquí expongo podrían ser:

 

-Un ejemplo de ingratitud hacia quien nos ha hecho favores en el pasado, pero nos niega uno en el presente, podría ser el caso de Marco Aurelio Carino, hijo del emperador Caro, que fue asesinado por sus propios soldados después de haberles concedido muchos beneficios, pero haberles negado el saqueo de Roma tras derrotar a Diocleciano en la batalla del Margus en el año 285 d.C1.

-Un ejemplo de decepción hacia quien nos ha fallado en un momento crucial, después de habernos ayudado en otras ocasiones, podría ser el caso de Valente, emperador de Oriente, que fue abandonado y traicionado por muchos de sus oficiales y aliados que habían recibido su favor y confianza, cuando se enfrentó a los godos en la desastrosa batalla de Adrianópolis en el año 378 d.C2.

-Y finalmente un ejemplo de justicia y equidad hacia quienes nos hacen o nos niegan favores, sin olvidar ni exagerar sus méritos o defectos, podría ser el caso de Constantino I, emperador de Occidente, que supo perdonar y recompensar a sus rivales y enemigos cuando se convirtió en el único gobernante del Imperio tras derrotar a Majencio y Licinio, y que también supo castigar y desterrar a sus propios hijos y esposas cuando cometieron crímenes o traiciones .




viernes, 2 de junio de 2023

LA LUCHA POR EL PODER EN EL IMPERIO ROMANO DURANTE EL SIGLO IV

Galerio, hombre de buen carácter y sobresaliente en asuntos militares, cuando se dio cuenta de que Italia, con la aquiescencia de Constancio, había pasado también a su administración, nombró dos Césares: Maximino, a quien puso al mando de Oriente, y Severo, a quien entregó Italia. Él permaneció en el Ilírico, pero, una vez muerto Constancio, Constantino, hijo suyo, de un matrimonio más que oscuro, fue nombrado emperador en Britania y sucedió a su padre como el gobernante más deseado. Entretanto en Roma los pretorianos, tras iniciar una sublevación, nombraron Augusto a Majencio, hijo de Herculio, que estaba en una villa pública no lejos de la ciudad. Cuando se anunció esto, Maximiano Herculio, estimulado por la esperanza de recobrar su rango, que había dejado en contra de su voluntad, corrió hacia Roma desde Lucania, donde había elegido retirarse como ciudadano, para envejecer en el campo, en un lugar muy agradable; pidió también a Diocleciano que volviera a tomar el poder, que había abandonado, por medio de una carta que aquél no tomó en consideración. Pero Severo César, enviado a Roma por Galerio a reprimir la sublevación de los pretorianos y de Majencio, llegó con el ejército y en el asedio de la ciudad fue abandonado por la traición de sus propios soldados.


( Eutropio en Brevario de la historia de Roma )







jueves, 27 de abril de 2023

LACTANCIO DESCRIBE CÓMO MAJENCIO CONSULTA LOS LIBROS SIBILINOS SU DERROTA ANTE CONSTANTINO

 

«Se descubre en ellos que aquel día moriría el enemigo de los romanos. Reanimado en la esperanza de la victoria con esta respuesta, se pone en marcha y llega al campo de batalla. El puente se corta a sus espaldas con lo que, al verlo, se recrudece la batalla y la mano de Dios se extiende sobre las líneas de combate. El ejército de Majencio es presa del pánico; él mismo inicia la huida y corre hacia el puente, que estaba cortado, por lo que arrastrado por la masa de los que huían, se precipita en el Tíber».



domingo, 8 de diciembre de 2019

CRISMÓN



 
Crismón es la denominación de la más usual de las representaciones del cristograma​ o monograma de Cristo: XP. El DRAE lo da como sinónimo de lábaro, el estandarte de los emperadores romanos, que a partir de Constantino I el Grande lo incorporaba.​
 
Consiste en las letras griegas Χ (ji) y Ρ (rho), las dos primeras del nombre de Cristo en griego: Χριστός (Khristós -"el ungido"-). En otras versiones, la Ρ se sustituye por la Τ (tau) haciendo así una pequeña cruz latina. El crismón aparece a veces acompañado de otros elementos, como las letras α (alfa) y ω (omega), la primera y la última del alfabeto griego, que representan a Cristo como principio y fin de todas las cosas.
 
Otros cristogramas son IC, XC, la primera y última letra de cada uno de los dos nombres ΙΗΣΟΥΣ ΧΡΙΣΤΟΣ (Jesús Cristo), que es el más común en las iglesias ortodoxas bizantinas, e IHC o bien IHS, las tres primeras letras del nombre ΙΗΣΟΥΣ (Jesús), que es el más común en la iglesia latina.
 
Un estudio que se mantiene fiel a los datos históricos sobre el crismón es el de Francisco de Asís García García de la Universidad Complutense, el cual contiene también una larga bibliografía.​ En el uso previo al cristianismo, el monograma Χ (ji) Ρ (rho) era una marca relativamente común para indicar los pasajes importantes de un manuscrito, dado que abreviaba la palabra griega jrēston, es decir, bueno. Algunas monedas lágidas (de Ptolomeo III Evergetes) y otras de Herodes, también están marcadas con el crismón como indicio de calidad​.
 
Al convertirse Constantino I al cristianismo, se empezó a interpretar el chi-rho como abreviatura de Cristo.
 
El cristograma empezó a aparecer en las monedas romanas después del Edicto de Milán (313) con el que Constantino I establecía la libertad de culto para los cristianos.
 
Las fuentes no se ponen de acuerdo sobre el momento y las razones del emperador Constantino para adoptarlo. Los textos principales son de Eusebio de Cesarea y Lactancio. Según la Vida de Constantino de Eusebio, el motivo fue una visión que tuvo antes de la Batalla del Puente Milvio contra Majencio, consistente en el signo del crismón en el cielo junto con el lema en griego «Ἐν τούτῳ νίκα» (con esto vence). Según De mortibus persecutorum (Sobre las muertes de los perseguidores) de Lactancio, lo de Constantino no fue una visión, sino un sueño la noche anterior a la batalla.
 
El monograma IHS, basado en las tres primeras letras del nombre de "Jesús" en griego, ΙΗΣΟΥΣ (latinizado IESOUS), ha sido erróneamente interpretado no sólo como un anagrama o especie de abreviatura para la expresión Iesus Hominum Salvator (Jesús Salvador de los Hombres), sino también las tres palabras iniciales de la frase In hoc signo vinces, versión latina de Ἐν τούτῳ νίκα.

















martes, 28 de mayo de 2019

RURICIO POMPEYANO


Ruricio Pompeyano (en latín, Ruricius Pompeianus), fue un prefecto del pretorio y comandante del Ejército romano, que vivió entre los siglos III y IV. Sirvió al Imperio romano en el reinado de los emperadores Galerio (r. 293-311), Constantino el Grande (r. 306-337), Majencio (r. 306-312) y Licinio (r. 308-324). Luchó en la guerra civil de Constantino I y Majencio, comandando el ejército de este último emperador. Falleció en el verano de 312, durante la batalla de Verona.
 
Ruricio Pompeyano es mencionado en los Panegíricos Latinos, en dos relatos de la campaña de Constantino contra Majencio: En el primero se le llama «Pompeianus», mientras que en otra mención se le conoce como «Ruricius». Como es claramente la misma persona, el conflicto suele resolverse mediante la combinación de los nombres «Ruricius Pompeianus».
 
Durante la guerra civil de Constantino I y Majencio, trabada entre 311 y 312, Ruricio fue prefecto del pretorio y comandante de la caballería e infantería de Majencio en Italia.
 
En el verano de 312, Ruricio recibió noticias de la proximidad de Constantino, quien venía de Mediolanum (hoy Milán). Rápidamente envió un contingente de caballería pesada a las inmediaciones de Brixia (actual Brescia) con el fin de bloquear el paso al ejército invasor. Sin embargo, una arremetida de la caballería de Constantino desarticuló a las fuerzas contrarias, de esta manera el emperador obtuvo una rápida victoria en la batalla de Brescia. Las tropas restantes de Ruricio tuvieron que replegarse hacia Verona.
 
Constantino aprovechó la oportunidad para dirigirse hacia Verona, en donde Ruricio había agrupado a un numeroso ejército proveniente de Venetia. Las tropas constantinianas comenzaron a sitiar la ciudad. Pompeyano consiguió escapar antes del sitio, huyendo al este para conseguir refuerzos. Pronto regresó con un considerable ejército, colocando al emperador en la difícil situación de luchar en dos frentes. Constantino dejó una parte de sus tropas para contener a la guarnición de la ciudad, mientras que el resto atacó a los refuerzos. Pompeyano murió durante el combate y sus huestes se desintegraron. Los defensores de Verona se desmoralizaron, capitulando inmediatamente.

lunes, 6 de mayo de 2019

BATALLA DE VERONA


La batalla de Verona fue el penúltimo enfrentamiento de la guerra civil entre los emperadores romanos Constantino I (r. 306-337) y Majencio (r. 306-312), trabado en la ciudad italiana de Verona durante el verano de 312. Previamente, Majencio había declarado la guerra a Constantino, alegando que pretendía vengar la muerte de su padre Maximiano (r. 285-308, 310), quien se había suicidado después de ser derrotado por este. Constantino, respondería a su vez con una invasión a gran escala a Italia.
 
La batalla de Verona ocurrió después de la batalla de Brescia, enfrentamiento en el cual, Constantino fue capaz de derrotar a un contingente de caballería enviado por el prefecto del pretorio Ruricio Pompeyano para bloquear la ruta en dirección a Roma. En Verona, al igual que en los otros combates que ocurrieron en esta guerra civil, Constantino pudo marcar otra importante victoria contra el ejército de Majencio, la cual le abrió el camino para su última batalla en el Puente Milvio, situado en las inmediaciones de Roma.
 
La causa del enfrentamiento entre los emperadores romanos Constantino I (r. 306-337) y Majencio (r. 306-312), residía en las rivalidades motivadas en consecuencia del sistema de gobierno instituido por Diocleciano, denominado tetrarquía. Al poco tiempo que Diocleciano y Maximiano renunciaron al trono, los gobernadores provinciales comenzaron a disputarse el control del Imperio romano.
 
Uno de los perjudicados por este sistema fue Constantino, quien aunque tenía derechos dinásticos al trono, por ser el hijo del emperador de Occidente Constancio Cloro, se veía afectado por el hecho de que la tetrarquía obviaba dichos derechos, al considerar que el linaje imperial no era un requisito indispensable en los emperadores. Cuando Constancio murió en Britania, el 25 de julio de 306, sus tropas proclamaron como su sucesor a Constantino en Eboracum (actual York).
 
Mientras tanto en Roma, el favorito a la sucesión era el hijo de Maximiano, Majencio, quien se autoproclamó princeps el 28 de octubre de 306, y llamó a su padre del retiro para que cogobierne con él. En 307, Italia fue invadida por Flavio Severo (r. 305-307), por orden del emperador del Oriente Galerio (r. 293-311). Con la ayuda de un ardid de Maximiano, Severo se rindió, siendo y fue hecho prisionero, muriendo en 317 en circunstancias que aún no se han podido esclarecer.
 
En 308, durante la conferencia de Carnunto convocada por Galerio, se nombró al oficial Flavio Valerio Licinio (r. 308-324) como emperador de Occidente, con el propósito de derrocar a Majencio, sin embargo, Licinio prefirió no intervenir en el asunto.​
 
Ese mismo año, Maximiano pretendió destronar a su propio hijo pero fracasó en el intento, huyendo a la corte de Constantino en la Galia.​ En el verano de 310, cuando Constantino se encontraba sofocando una insurrección de los francos, Maximiano intentó proclamarse como nuevo emperador, pero al retornar Constantino, apresó a Maximiano y lo obligó a suicidarse.
 
El año siguiente, Majencio pidiendo venganza por la muerte de su padre, declara la guerra a Constantino, quien respondió con una invasión del norte de Italia con 90 000 legionarios y 8000 équites (jinetes), según las crónicas del historiador Zósimo.​ Después del sitio de Segusio (actual Susa, en Italia), el ejército constantiniano se dirigió hacia el sur, venciendo a las tropas de Majencio en la batalla de Turín. Constantino continuó hasta Mediolanum (hoy Milán), ciudad que le abrió las puertas y lo acogió. A mediados del verano, continuó su marcha hacia Roma.
 
Ruricio Pompeyano, un prefecto del pretorio que comandaba a las tropas majencianas acantonadas en Verona, recibió noticias de la proximidad de Constantino. Rápidamente envió a un contingente de caballería pesada a las inmediaciones de Brixia (actual Brescia) con el fin de bloquear el paso al ejército invasor. Constantino entonces ordenó a su caballería arremeter contra el enemigo. La batalla de Brescia tuvo una corta duración, gracias a la acción de la caballería constantiniana, que logró desarticular a las fuerzas enemigas, las cuales tuvieron que replegarse hacia Verona.
 
Después que la ciudad de Mediolanum se pasara del lado de Constantino meses antes, Verona se convertiría en la más importante fortaleza de Majencio en el norte de Italia. Verona estaba naturalmente defendida en tres de sus costados por el río Adigio. Asimismo, contaba con grandes fortificaciones que constituían una poderosa barrera contra ataques. Ruricio Pompeyano había agrupado a un numeroso ejército proveniente de Venetia, concentrándolo dentro de Verona. Constantino envió una pequeña fuerza al norte de la ciudad, en un intento de cruzar el río sin ser detectados. Pompeyano mientras tanto, envió a un gran destacamento para contener a su fuerza expedicionaria, pero fue derrotado y forzado a volver dentro de los muros.
 
El ejército constantiniano prosiguió con su ataque contra la ciudad y comenzó a sitiarla. Pompeyano consiguió escapar antes del sitio, huyendo al este para conseguir refuerzos. Pronto regresó con un considerable ejército, colocando al emperador en la difícil situación de luchar en dos frentes.
 
Constantino respondió tomando la iniciativa en la ofensiva: dejó una parte de sus tropas para contener a la guarnición de la ciudad, mientras que el resto atacó a los refuerzos. Constantino personalmente dirigió este ataque y su ejemplo de valor inspiró un esfuerzo heroico en sus soldados. Pompeyano murió en el combate y sus huestes se desintegraron. Los defensores de Verona, se desmoralizaron ante tal situación, capitulando inmediatamente.
 
La rendición de Verona fue seguida por la de Aquilea, Mutina (actual Módena)​ y Rávena.​Con esto, el camino directo hacia Roma quedaba abierto para Constantino.​ La última confrontación de la guerra entre ambos emperadores tuvo lugar en el margen del Tíber, cerca al Puente Milvio. Majencio murió durante la batalla y Constantino se convirtió en único emperador de la mitad occidental del Imperio romano.