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domingo, 11 de octubre de 2020

EFIALTES DE ATENAS

Efialtes (en griego antiguo: Ἐφιάλτης; ¿?-461 a. C.), fue un antiguo político ateniense del siglo V a. C., que se convirtió en el jefe del partido democrático de Atenas, a partir de 465 a. C., y que se opuso al aristócrata Cimón, cabeza del partido aristocrático. Junto con Pericles, emprendió una serie de reformas políticas y sociales.

 

Efialtes es considerado por muchos historiadores modernos, como el político que marcó el inicio de la "democracia radical", por la que Atenas sería famosa en adelante. Efialtes, sin embargo, no viviría durante mucho tiempo para participar de esta nueva forma de gobierno. En 461 a. C., fue asesinado a instigación de oligarcas resentidos, y el mando político de Atenas pasó a su adjunto: Pericles.

 

Efialtes aparece en la historia primero como estratego al mando de una flota ateniense en el mar Egeo, en 465 a. C.​ Sostenía que Esparta rivalizaba con Atenas por la hegemonía, y dirigió en vano la campaña contra el envío de refuerzos a los espartanos durante la rebelión de los hilotas (462 a. C.). Después, en agosto del 463 a. C., de rechazo a la petición de ayuda militar de Esparta para acabar con una revuelta de los hilotas.​ Cimón, el político ateniense más destacado de la época, era pro-espartano y abogó por enviar ayuda​ argumentando que Grecia no debía permitirse cojear, ni Atenas verse privada de su compañera de yunta. Efialtes, mientras tanto, argumentó que Esparta y Atenas eran enemigas por naturaleza, y que Atenas debía alegrarse de la desgracia de Esparta mejor que ayudarla a recuperarse. Cimón, sin embargo, venció en el debate, y fue enviado a Esparta con 4.000 hoplitas.​

 

En 462 a. C., Efialtes y sus aliados políticos empezaron a atacar al Areópago, un consejo compuesto de antiguos arcontes que era una fuerza tradicionalmente conservadora. Según Aristóteles y algunos historiadores modernos, Atenas había sido gobernada, desde aproximadamente el 478 a. C., bajo una informal «Constitución Areopagita», bajo el liderazgo de Cimón. Las atribuciones del Areópago no estaban muy definidas. En la época de las Guerras Médicas alcanzó un prestigio considerable y un influyente papel político. El Areópago era el bastión tradicional del conservadurismo y el principal apoyo de Cimón y del partido aristocrático.

 

Efialtes empezó su campaña contra este cuerpo enjuiciando a ciertos miembros por mala administración.​ Habiendo quitado fuerza al prestigio del consejo, Efialtes persuadió a la Asamblea para reformar el Areópago, limitó su poder y le dejó únicamente jurisdicción para los casos de homicidio y crímenes religiosos; y la administración de las propiedades sagradas. Efialtes propuso a la Ecclesia, o la asamblea popular, una serie radical de las reformas que dividió los poderes, tradicionalmente ejercidos por el Areópago, entre el consejo democrático de la Boulé, la propia ecclesia, y los tribunales populares.

 

Algunos historiadores han argumentado que Cimon y sus hoplitas estaban todavía en el Peloponeso en la época de esta propuesta,​ mientras que otros han argumentado que la propuesta fue después de su regreso.​ Aquellos que sitúan las propuestas durante la ausencia de Cimón, sugieren que intentaron derrocarle a su regreso, mientras que aquellos que creen que estaba presente durante las propuestas, creen que se opuso a ellas en el debate inicial. Todos están de acuerdo en que su resistencia fue condenada al fracaso, debido al hecho de que su ejército de hoplitas fue despedido por los espartanos groseramente, acción que demolió el prestigio político de Cimón y de otros atenienses pro-espartanos.

El éxito de las reformas de Efialtes fue seguido por el ostracismo de Cimón, que dejó a Efialtes y su facción el control del estado, aunque la democracia ateniense bien establecida de los años posteriores no se había asentado aún completamente; las reformas de Efialtes  parecen haber sido solamente el primer paso del programa del partido democrático.​ Efialtes, sin embargo, no viviría para ver el desarrollo adicional de esta nueva forma de gobierno. En el 461 a. C., fue asesinado por un tal Aristódico de Tanagra, como parte de un complot oligárquico. Pericles, su aliado político se encargaría de terminar la transformación gubernamental y dirigir a Atenas durante varias décadas.​

 

La tragedia Las Euménides, de Esquilo, testimonia en cierta medida las ideas y sentimientos despertados en el pueblo ateniense por estas nuevas medidas.



martes, 14 de abril de 2020

BOULÉ



 

En las ciudades de Grecia Antigua la Boulé (en griego Βουλή, también transcrito por Bulé) era una asamblea restringida de ciudadanos encargados de los asuntos corrientes de la ciudad. Su nombre, a menudo, ha sido traducido por «Consejo», y más raramente, por «Senado».


En Atenas se llamaba Boulé el consejo del Areópago, hasta que Solón convirtió la Boulé en un consejo de 400 miembros (100 por tribu). Clístenes amplió el número de bouleutas hasta 500, número que se conservará posteriormente. Estos se eligen anualmente por sorteo entre los ciudadanos de más de treinta años y reciben una paga de cinco óbolos. Son el verdadero órgano de gobierno de la democracia y gozan de las funciones deliberativa, administrativa y judicial.


En la Ilíada, relatando la Guerra de Troya se supone desarrollada en la época arcaica, la Boulé es la asamblea de los jefes griegos que debaten, a la llamada de Agamenón, sobre cuestiones de estrategia y de gobierno. De este tipo de estructura de nobles aconsejando a un rey más poderoso, la denominación de la Boulé evoluciona para designar diferentes instituciones, con poderes variables, según los regímenes políticos y las épocas. Así como en los regímenes oligárquicos el cargo de bouleuta era hereditario, en la Atenas democrática y sus émulos, era otorgado por sorteo. La mayoría de las boulai son desconocidas, sólo la Boulé ateniense está descrita por abundantes fuentes históricas (y especialmente la Constitución de los atenienses atribuida a Aristóteles y a sus discípulos del Liceo, cuya redacción sería sobre el 330 a. C.).


El consejo original de Atenas fue el Areópago. Estaba compuesto por ex-arcontes y tenía carácter aristocrático.

 

La boulé ateniense fue establecida por Solón en 594 a. C. Estaba compuesta de 400 hombres - 100 de cada una de las clases censatarias atenienses que eran los pentacosiomedimnos, los caballeros (hippeis), los zeugitas, y los tetes - y muy poco se conoce a propósito del funcionamiento y del papel exacto de la boulé ateniense en esta época, su existencia, además, ha sido puesta en duda.

 

Con la reforma de Clístenes fundada especialmente en la Ekklesía, asamblea soberana que ejercía lo esencial del poder legislativo y donde podía reunirse cualquier ciudadano, la Boulé evoluciona en una asamblea de 500 miembros renovados cada año, llamada Consejo de los Quinientos. Por cada una de las diez nuevas tribus, 50 ciudadanos eran designados buleutas por sorteo entre listas de voluntarios redactadas por demos. Después de las reformas de Pericles esta magistratura fue retribuida por el misthos. Los ciudadanos atenienses podían ser buleutas un máximo de dos veces en su vida.


El papel de la Boulé era recoger las proposiciones de ley de los ciudadanos, los probouleuma (προβούλευμα), a fin de establecer el orden del día de las sesiones de la Ekklesía que ella convocaba. No había ninguna concurrencia entre estas dos instituciones. Una presidencia rotatoria de la Boulé, la pritanía de una duración de un mes ateniense, estaba asegurada por los buleutas de una misma tribu. El mandato del bouleuta era anual, y el año ateniense constaba de 10 meses, todo bouleuta llega a ser pritano una vez. Entre los pritanos, se sorteaba diariamente un «Presidente del Consejo», el epístata. Era responsable del buen desarrollo de las sesiones de la Boulé y de la Ekklesía. En el caso de la promulgación o la discusión de un decreto contrario a las leyes de la ciudad bajo su corta presidencia, podía ser condenado a una grave sanción por el procedimiento de la graphè para nomon (ἡ γραφή παρά νόμων).


En la práctica los probouleuma eran tomados en cuenta por los buleutas que transmitían enseguida un informe a los pritanos en ejercicio. Lo cual discutían entre ellos y con el conjunto de los bouleutas sobre la oportunidad de levantar una sesión de la Ekklesía.


Además, la Boulé estaba encargada de verificar que las leyes y decretos promulgados por la Ekklesía, que eran a menudo probouleuma enmendados, no podían ir en contra de las leyes fundamentales de la ciudad. No obstante, la Boulé no ejercía nunca el menor poder de bloqueo, es decir siempre transmitió a los magistrados, para la ejecución y colocación en el ágora los decretos votados por la Asamblea; la Ekklesía permaneció siempre dueña de sus decisiones en última instancia.

 

Al cabo de los siglos, la Boulé recibió nuevas atribuciones, y en particular las de la acusación, como la graphè para nomon y la 'eisangelia. Así, la Boulé codetentaba una pequeña parte del poder judicial.


La graphè para nomon (en griego antiguo, γραφή παρανόμων, graphē paranómōn): la graphè (griego, γραφή) es la acción en la justicia pública en oposición a la dice (griego, δίκη), acción en la justicia privada. La graphè para nomon es literalmente una acción pública en la justicia para (defender las) leyes. Se traducía por la posibilidad ofrecida a todos los ciudadanos de solicitar la abrogación de un decreto o de una ley, en el momento de su proposición y durante el año que seguía a su adopción, si se estimaba que las leyes fundamentales de la ciudad eran infringidas o puestas en peligro. El autor, pero también el epístata que presidía la Asamblea el día de la votación eran perseguidos y condenados a graves sanciones. Este procedimiento judicial empezaba en la Pnyx pero el enjuiciamiento era hecho por los heliastas. La graphè para nomon intentaba proteger la democracia de los excesos de la mayoría soberana (sistema de regulación particularmente innovador y pionero, este riesgo no había sido percibido en las democracias representativas hasta más tarde con Tocqueville), y ponía a las instituciones al abrigo de los demagogos y del clientelismo. En este sentido era seguida por el ostracismo, desaparecido en 417 a. C.

 

La eisangelia (en griego antiguo, ἡ εἰσαγγελία, literalmente «el anuncio»). Es la denuncia pública de un ciudadano o de un magistrado ante la Ekklesía, donde se le acusaba de una acción política o de un delito que lesionaba los intereses de la ciudad, como una corrupción o un complot. Si por su voto, la Ekklesía decidía seguir con una acusación, el dossier era transmitido a la Boulé que redactaba entonces un probouleuma para definir precisamente el delito y proponer la sanción. La Ekklesía decidía entonces juzgar ella misma el asunto (disponemos así de alegatos dirigidos al pueblo), o de llevarla ante la Heliea (en aquel caso los alegatos se dirigían a los jueces). Además, la Boulé ejercía otra gran función: era responsable de la rendición de cuentas de los magistrados, es decir, del control de su trabajo al final de su mandato y del control preliminar de los nuevos bouleutas entrantes, la dokimasia. Se ocupaba también de la recepción de los huéspedes extranjeros en el Tholos.


 Tras la conquista de toda Grecia por Filipo II de Macedonia, las ciudades perdieron su independencia, pero guardaron cierta forma de autonomía. Así en Atenas, la Boulé fue la única institución conservada. Jugó entonces el papel de un consejo municipal. Los bouleutas no son ya elegidos por sorteo ni elegidos, sino que son escogidos entre los ciudadanos más ricos. Son responsables de las finanzas de la ciudad y de los impuestos del rey, luego del emperador durante la dominación romana. Deben asumir las liturgias asegurando el confort y la diversión de sus conciudadanos. A cambio, son honrados con inscripciones y estatuas.



En Esparta, las funciones habitualmente desarrolladas por la Boulé fueron desempeñadas por la gerusía (griego, γερουσία gerousía) una asamblea de 28 hombres de más de 60 años, elegidos de por vida por aclamación en la Apella (Asamblea espartana).


La gerusía tenía las funciones consultivas habituales de una boulé, sobre todo la supervisión de las leyes. Juzgaba los asuntos criminales más importantes, lo que correspondía más bien a las prerrogativas del Areópago, si es válida la comparación con el régimen ateniense, y jugó quizá un papel diplomático.


Sin embargo, la boulé tenía una diferencia fundamental con la gerusía, y es que en ella se recibían las propuestas políticas de todos los ciudadanos atenienses, mientras que en la gerusía tan solo se aceptaban las propuestas de éforos, reyes o gerontes.


viernes, 10 de abril de 2020

AREÓPAGO



El Areópago o «Colina de Ares», es un monte situado al oeste de la Acrópolis de Atenas, sede del Consejo que allí se reunió desde el 480 a. C. hasta el 425 d. C.



Geológicamente, la colina del Areópago es un enorme monolito de mármol gris azulado, veteado de rojo. Mide 115 m de altura y domina el Ágora de Atenas. En la cima y en las laderas se observan cortes en la roca, formando plataformas, que son los únicos restos de antiguos edificios.

Según la leyenda, se llamaba así porque Ares había sido juzgado por los dioses y exonerado de ser ajusticiado por dar muerte a Halirrotio, hijo de Poseidón, que había violado a una hija de Ares: Alcipe. Por otra parte, y también según la leyenda, allí fue juzgado Orestes por el asesinato de su madre Clitemnestra.



En su origen, el Consejo del Areópago dependía del rey y se componía únicamente de Eupátridas. La influencia de éstos aumentaba a medida que iba disminuyendo el poder del rey, hasta el siglo VII a. C., en el que estos últimos llegaron a gobernar.


Tras las reformas de Solón, sus miembros eran escogidos entre los arcontes (magistrados) cuyos cargos eran inamovibles y representaban a los ricos en oposición a los aristócratas, si bien constituían un organismo menos exclusivo.​


Este tribunal controlaba a los magistrados, interpretaba las leyes y juzgaba a los homicidas. ​Sus poderes políticos fueron recortados y, en cierta medida, limitados por Clístenes, pero mantuvieron el poder hasta las Guerras Médicas. ​Con el rápido progreso de las instituciones democráticas, sus poderes resultaban incongruentes. Los arcontes perdieron su prestigio y su poder político en el 487 a. C. y ya no eran escogidos entre los hombres más importantes de la sociedad, sino que eran elegidos por sorteo.


Efíaltes, en el 462 a. C. les retiró la custodia de la constitución, con lo que su competencia disminuyó. ​Conservaron, no obstante, su función de tribunal para juzgar los asuntos criminales, pero perdieron toda su importancia política.


Se encuentra registro bíblico, diciendo en Hechos 17,16-18 y 22, que el apóstol Pablo pronunció un discursó allí, cuando unos filósofos epicúreos y estoicos lo condujeron al Areópago para que explicara aquella enseñanza «extranjera» que publicaba:

 

 Ahora bien, mientras Pablo los esperaba en Atenas, se le irritó el espíritu en su interior al contemplar que la ciudad estaba llena de ídolos.  Por consiguiente, se puso a razonar en la sinagoga con los judíos y con las otras personas que adoraban a Dios, y todos los días en la plaza de mercado con los que por casualidad se hallaban allí.  Pero ciertos individuos, filósofos de los epicúreos así como de los estoicos, entablaban conversación polémica con él, y algunos decían: «¿Qué es lo que este charlatán quisiera contar?». Otros: «Parece que es publicador de deidades extranjeras». Esto se debió a que declaraba las buenas nuevas de Jesús y de la resurrección.  De modo que se apoderaron de él y lo condujeron al Areópago, y dijeron: «¿Podemos llegar a saber qué es esta nueva enseñanza que hablas?»  Pablo entonces se puso de pie en medio del Areópago y dijo: «Varones de Atenas, contemplo que en todas las cosas ustedes parecen estar más entregados que otros al temor a las deidades».

 

En la actualidad hay una placa de bronce que contiene este discurso del apóstol Pablo y que conmemora dicho acontecimiento. No es posible afirmar con certeza que en aquella ocasión Pablo hablase ante el tribunal del Areópago, pero en su auditorio tuvo por lo menos a un componente de ese notable tribunal, según se afirma en Hechos 17:33-34.


Así que Pablo salió de en medio de ellos,  pero algunos varones se unieron a él y se hicieron creyentes, entre los cuales también estuvieron Dionisio, juez del tribunal del Areópago, y una mujer de nombre Dámaris, y otros además de ellos.


sábado, 4 de abril de 2020

EFIALTES DE ATENAS



 

Efialtes (en griego antiguo: Ἐφιάλτης; ¿?-461 a. C.), fue un antiguo político ateniense del siglo V a. C., que se convirtió en el jefe del partido democrático de Atenas, a partir de 465 a. C., y que se opuso al aristócrata Cimón, cabeza del partido aristocrático. Junto con Pericles, emprendió una serie de reformas políticas y sociales.

 

Efialtes es considerado por muchos historiadores modernos, como el político que marcó el inicio de la "democracia radical", por la que Atenas sería famosa en adelante. Efialtes, sin embargo, no viviría durante mucho tiempo para participar de esta nueva forma de gobierno. En 461 a. C., fue asesinado a instigación de oligarcas resentidos, y el mando político de Atenas pasó a su adjunto: Pericles.

 


Efialtes aparece en la historia primero como estratego al mando de una flota ateniense en el mar Egeo, en 465 a. C.​ Sostenía que Esparta rivalizaba con Atenas por la hegemonía, y dirigió en vano la campaña contra el envío de refuerzos a los espartanos durante la rebelión de los hilotas (462 a. C.) Después, en agosto del 463 a. C., de rechazo a la petición de ayuda militar de Esparta para acabar con una revuelta de los hilotas.​ Cimón, el político ateniense más destacado de la época, era pro-espartano y abogó por enviar ayuda​ argumentando que Grecia no debía permitirse cojear, ni Atenas verse privada de su compañera de yunta. Efialtes, mientras tanto, argumentó que Esparta y Atenas eran enemigas por naturaleza, y que Atenas debía alegrarse de la desgracia de Esparta mejor que ayudarla a recuperarse. Cimón, sin embargo, venció en el debate, y fue enviado a Esparta con 4.000 hoplitas.​

 

En 462 a. C., Efialtes y sus aliados políticos empezaron a atacar al Areópago, un consejo compuesto de antiguos arcontes que era una fuerza tradicionalmente conservadora. Según Aristóteles y algunos historiadores modernos, Atenas había sido gobernada, desde aproximadamente el 478 a. C., bajo una informal «Constitución Areopagita», bajo el liderazgo de Cimón.​ Las atribuciones del Areópago no estaban muy definidas. En la época de las Guerras Médicas alcanzó un prestigio considerable y un influyente papel político. El Areópago era el bastión tradicional del conservadurismo y el principal apoyo de Cimón y del partido aristocrático.

 

Efialtes empezó su campaña contra este cuerpo enjuiciando a ciertos miembros por mala administración.​ Habiendo quitado fuerza al prestigio del consejo, Efialtes persuadió a la Asamblea para reformar el Areópago, limitó su poder y le dejó únicamente jurisdicción para los casos de homicidio y crímenes religiosos; y la administración de las propiedades sagradas. Efialtes propuso a la Ecclesia, o la asamblea popular, una serie radical de las reformas que dividió los poderes, tradicionalmente ejercidos por el Areópago, entre el consejo democrático de la Boulé, la propia ecclesia, y los tribunales populares.

 

Algunos historiadores han argumentado que Cimon y sus hoplitas estaban todavía en el Peloponeso en la época de esta propuesta,​ mientras que otros han argumentado que la propuesta fue después de su regreso.​ Aquellos que sitúan las propuestas durante la ausencia de Cimón, sugieren que intentaron derrocarle a su regreso, mientras que aquellos que creen que estaba presente durante las propuestas, creen que se opuso a ellas en el debate inicial. Todos están de acuerdo en que su resistencia fue condenada al fracaso, debido al hecho de que su ejército de hoplitas fue despedido por los espartanos groseramente, acción que demolió el prestigio político de Cimón y de otros atenienses pro-espartanos.​

 

El éxito de las reformas de Efialtes fue seguido por el ostracismo de Cimón, que dejó a Efialtes y su facción el control del estado, aunque la democracia ateniense bien establecida de los años posteriores no se había asentado aún completamente; las reformas de Efialtes  parecen haber sido solamente el primer paso del programa del partido democrático. Efialtes, sin embargo, no viviría para ver el desarrollo adicional de esta nueva forma de gobierno. En el 461 a. C., fue asesinado por un tal Aristódico de Tanagra, como parte de un complot oligárquico. Pericles, su aliado político se encargaría de terminar la transformación gubernamental y dirigir a Atenas durante varias décadas.​

 

La tragedia Las Euménides, de Esquilo, testimonia en cierta medida las ideas y sentimientos despertados en el pueblo ateniense por estas nuevas medidas.


martes, 31 de marzo de 2020

TEMÍSTOCLES Y EFIALTES


 

Cuando, una vez consumados los hechos, los generales y almirantes griegos se  reunieron  para  decidir quién, entre ellos,  había sido  el  mayor  artífice de la victoria y recompensarle, cada uno dio dos votos: uno a sí mismo y el otro a Temístocles.

 

Éste había continuado, aun después de Salamina, haciendo de las suyas. Después de la batalla naval, había vuelto a mandar el mismo esclavo, de absoluta confianza, a informar a Jerjes que él había logrado disuadir a sus colegas de que persiguiesen a la flota derrotada. ¿Lo había hecho realmente?. ¿Y por qué motivo advertía de ello a su adversario?. Tal vez  porque no se sentía seguro y prefería  que  éste  se  retirase. Pero la continuación de sus vicisitudes nos hace vislumbrar más graves sospechas. Sea como fuere, también esta vez Jerjes le hizo caso. Dejó en Grecia trescientos mil hombres bajo  el  mando  de Mardonio. Y con los demás, entre los que la disentería causaba estragos, se retiró desalentado a Sardes. Hubo un año de tregua porque en  ambas  partes  sentíase  necesidad de recobrar alientos. Después, un  ejército  griego de cien mil hombres conducidos por el rey de Esparta, Pausanias, fue a alinearse  en  Platea  frente  al  persa. El encuentro tuvo lugar en agosto de 479, y  de  nuevo nos hallamos ante cifras poco dignas de crédito. Heródoto dice que Mardonio perdió  doscientos  sesenta mil soldados, y esto puede ser. Pero añade que Pausanias perdió ciento cincuenta y nueve, y esto ya nos parece inverosímil.

 

De todos modos,  fue  una gran victoria  terrestre,  a la que pocos días después se añadió otra marítima, en Micala, donde la flota persa quedó destruida. Como después de la guerra de Troya, los griegos fueron de nuevo dueños del Mediterráneo. O mejor dicho, lo fueron los atenienses, que eran los que habían dado la  mayor contribución.  Temístocles,  el  hombre de las «emergencias» y de los «hallazgos», supo aprovechar para aquella posición.  Organizó  una confederación de  ciudades  griegas  de Asia y  del  Egeo,  que se llamó «Delia» porque  se  escogió  como  protector  al  Apolo de Delos, en cuyo templo  se convino  depositar el tesoro común. Pero pidió y obtuvo que Atenas, además de ser su guía, contribuyese no ya con dinero, sino con naves. Así ésta tuvo un pretexto para desarrollar aún más su flota, con la  que  reforzó  el  dominio naval que ya ostentaba.

 

Temístocles leía con claridad el destino de  su  patria. Sabía que de la parte de tierra no había que esperarse nada bueno, y no sosegó hasta que hizo aceptar al Gobierno el proyecto de encerrar la ciudad hasta el puerto de El  Pireo —que  es  un  buen trecho  de camino—, dentro de una enorme valla, y que ésta fuese abierta sólo sobre el  mar,  donde  su fuerza  era ya suprema. Preveía las luchas con Esparta y con los demás Estados del interior, celosos del poderío ateniense. Y al mismo tiempo tomó la iniciativa de los tratados de paz con Jerjes porque quería el mar despejado y abierto al comercio.

 

Mas, al igual que Milcíades, se proponía  hacerse pagar también los servicios  que  prestaba,  y  lo  hizo sin reparar en los medios. La democracia había enviado al exilio a muchos aristócratas conservadores y propietarios, poseedores de conspicuas fortunas. Propuso hacerles  llamar,  se  embolsó  las  gratificaciones y les dejó en el destierro. Un día se  presentó con la flota en las islas  Cicladas  y  les  impuso  una  multa por la ayuda que, obligados con violencia, habían prestado a Jerjes. Con  escrupulosa  exactitud  entregó el total al Gobierno; pero guardó en su bolsillo las sumas que algunas de aquellas ciudades le habían deslizado en él para quedar eximidas del castigo.

 

Si la guerra hubiese continuado, los atenienses  tal vez se lo habrían perdonado. Pero la gran borrasca había pasado ya y todos deseaban volver a la normalidad que significaba, sobre todo, honestidad y orden administrativo. Por lo que la Asamblea  recurrió otra vez el ostracismo para condenar a aquel que, apoyándose en el mismo, había hecho condenar al virtuoso Arístides.

 

Temístocles se retiró a Argos. Era riquísimo. Sabia gozar también de la vida al margen de las ambiciones políticas. Y acaso no  habría vuelto  a  dar que  hablar  si los espartanos no hubiesen mandado a Atenas un legajo de documentos de los que resultaba que Temístocles había negociado  secreta  y  traidoramente con Persia, de acuerdo con su regente Pausanias, que ellos habían condenado ya a muerte.

 

La Historia no ha  puesto  en  claro  si  esta denuncia correspondía a la  verdad. El  «affaire»  Temístocles semeja un  poco  al  de  Tukachevski,  el  mariscal soviético que los alemanes, para librarse de él, denunciaron como traidor a Stalin. Mas el brillante estratega, enterado de lo que estaba a punto de caerle encima, buscó refugio precisamente en la Corte de Artajerjes, el  sucesor  de  Jerjes.  ¿No  había  preparado Temístocles, hombre previsor, el  terreno,  el  día que mandó a los persas la famosa información que permitió su retirada, tras  el  desastre  de  Salamina, con toda tranquilidad?. Artajerjes le recompensó del favor con suntuosa hospitalidad, le aseguró una cuantiosa pensión, y prestó oído complaciente a los consejos que Temístocles le dio de reanudar la  lucha  contra Atenas, y a los criterios que había que seguir para llevarla a buen término.

 

La muerte, llevándose a  los  sesenta  y  cinco  años, en -459, a aquel  «padre  de  la  patria»  que  se  disponía a convertirse en el  sicario,  puso fin  a  la  carrera de un inquietante personaje, que parecía encarnar todas las cualidades y los vicios del genio griego.

 

Mientras tanto, en Atenas se había creado una situación  nueva.  Los  dos  partidos  —el   oligárquico  y el democrático, dirigido el  primero  por  Cimón,  hijo de Milcíades, y el  segundo  por Efialtes—  no  estaban ya equilibrados como antes, cuando se  alternaban  en  el poder. Por  dos  motivos;  en  primer  lugar  porque la guerra había sido  ganada  por  la  flota,  arma  y feudo de la burguesía mercantil,  a  costas  del  Ejército que, arma y feudo  de  la  aristocracia  terrestre, casi no había tomado parte en ella. Y,  además,  porque la valla dentro de la cual Atenas proyectaba encerrarse y que ya estaba comenzada, acentuaba su vocación, burguesísima, de emporio  marítimo,  Cimón  fue la víctima de  esta  situación.  De  su  padre  no había heredado ninguno de aquellos cínicos  recursos que habían labrado su suerte.  Era un  hombre honesto, de gran carácter y políticamente desmañado.  Pero no fue éste el motivo de su derrota, pues también su adversario era íntegro y esquinado.

 

De ese Efialtes, cuya acción  fue  decisiva,  pues allanó el camino a Pericles é  inauguró  el  período áureo de Atenas, sabemos solamente que era  un hombre pobre, incorruptible, melancólico e idealista. Atacó a la aristocracia en su castillo roquero, el Areópago o Senado, o sea en el plano constitucional, revelando ante la Asamblea todos los manejos que se perpetraban en aquél para convertir prácticamente en inoperante la democracia. Sus acusaciones eran documentadas e incontrovertibles. Ellas  pusieron  a  la luz todos los manejos y todas las intrigas a que se entregaban los senadores, con la colaboración de los sacerdotes, para imprimir un aval religioso a sus decisiones, que tendían solamente a salvaguardar los intereses de casta.

 

El Areópago salió malparado de aquella  campaña. No solamente no logró salvar a varios de sus miembros, condenados unos al destierro y otros a muerte, sino que se  vio  despojado  de  casi  todos  sus  poderes y reducido a  una  posición  subordinada  con  respecto a la Asamblea, o Cámara de diputados. Pero Efialtes pagó cara su victoria. Después de algunas tentativas infructuosas para corromperle, no les quedó a sus adversarios, para desembarazarse de él, más que el puñal de un asesino. Fue muerto el  -461.  Pero,  como  de costumbre, el delito  no  «pagó».  Al  revés,  hizo más aplastante e irrevocable el triunfo de la democracia y costó el ostracismo a Cimón, que probablemente nada tuvo que ver con el atentado.

 

Las perspectivas para Atenas no podían ser más brillantes cuando Pericles, sucesor natural de  Efialtes, hizo su debut político. En el mismo año -480 que Atenas  había  derrotado  a  los  persas  en  Salamina, los griegos de Sicilia habían batido en Himera a los cartagineses. En todo el Mediterráneo oriental el Occidente, representado por la flota  ateniense,  tomaba la delantera al Oriente, representado  por  los  persas y los fenicios. Las victorias  de  Maratón,  de  Platea, de Himera y de Micala no eran definitivas.

 

Contra los persas se siguió combatiendo durante decenios, pero los teatros de la  guerra  se  alejaban cada vez más hacia el Este. El Mediterráneo oriental estaba abierto ya para la flota de Atenas, que podía disfrutarlo a su antojo.

 

La ciudad poseía todas las condiciones para convertirse en una gran capital.  Mercaderías  y  oro afluían a ella. Y sobre todo afluían hombres de diversas civilizaciones para  crear  en  ella  aquel  cruce de culturas del que salió una nueva: la que suele llamarse precisamente «la civilización griega», la civilización del Partenón, de Fidias, de Sófocles, de Eurípides, de Sócrates,  de  Aristóteles  y  de  Platón. Fue un florecimiento rápido y  ágil,  que  en  dos  siglos dio a la  humanidad  lo  que  otras  naciones  no han dado en milenios.

( Indro Montanelli )



Clicleando encima de la imagen, podréis llegar a un enlace desde el cual podréis descargar o ver la película sobre Temístocles “300: EL ORIGEN DE UN IMPERIO”: