-Tienes la más bonita de las flores -comenzó a decir César lentamente.
-¿Ah, sí? Nunca me la he visto -dijo ella-. Además, una necesitaría un modelo para establecer comparación. Pero me siento halagada. Tú debes haber olido la mayoría de las flores de Roma en tus tiempos.
-¡Pues venérala, César, venérala! -exclamó-. ¡Ecastor, eres maravilloso!
