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lunes, 1 de junio de 2015

LA MANUMISIÓN EN ROMA




( EN LA FOTO DE ARRIBA, ESCLAVOS REMANDO EN UNA NAVE DE GUERRA )

En la Antigua Roma recibía el nombre de manumisión según nos dice Gayo en sus Institutas, la acción de dar libertad a los esclavos. En realidad la manumisión era una facultad del amo, ya que había tras formas de obtener la libertad, por vía de la ley.


Siguiendo a Gayo, este autor nos explica que existieron a los fines de manumitir medios solemnes y no solemnes. Entre los viejos modos solemnes, menciona la vindicta, el censo y el testamento.


La manumisión por vindicta se realizaba en sus comienzos ante el magistrado (cónsul, pretor o gobernador de provincia) y ante él, el dueño del esclavo (dominus) sosteniendo su cabeza, declaraba que quería que ese hombre fuera libre, liberándolo de su mano. El acto se complementaba con la intervención de un lictor que declaraba libre al esclavo tras tocarlo con una varilla. Luego, la costumbre modificó este procedimiento quedando todo a cargo del lictor, y apareciendo ficticiamente el dueño como demandado, y tras afirmarse que el esclavo era un hombre libre y el consiguiente silencio del amo, que ya no debía pronunciar ningún tipo de palabras, el esclavo se convertía en hombre libre.


La manumisión por censo (el censo se hacía cada 5 años) se producía cuando los esclavos se anotaban en en el censo por mandato de su amo, lo que los convertía en hombres libres ya que los esclavos no se inscribían en él. Al ser el censo reemplazado en el año 74 por los censos municipales o provinciales esta forma de manumisión perdió importancia práctica.


Como los esclavos eran cosas, les estaba permitido a sus dueños disponer de ellos en su testamento, y esto es lo que se llamó manumisión por testamento, que podía hacerse en forma directa o por fideicomiso, como un mandato al heredero o legatario de que manumitan al esclavo. En este último caso, los libertos tenían como patrono, al heredero o legatario. El patronato era la institución que regía las relaciones entre el antiguo amo y su ex esclavo luego de concedida la libertad. La manumisión en las iglesis (in sacrosanta ecclesia) fue introducida en época del emperador Justiniano.


Entre los modos no solemnes encontramos la manumisión por epístola o por carta; por permitirse sentar al esclavo en la mesa del amo; entre amigos, que era cuando el amo anunciaba ante sus amigos y cinco testigos que le daba la libertad al esclavo; y Justiniano, siguiendo a Catón, agregó el caso en que se lo trataba de hijo en forma pública.


Los manumitidos en forma solemne adquirían la categoría de libertos ciudadanos romanos. Los manumitidos en forma no solemne si bien no adquirían la libertad de acuerdo al Derecho Civil, estuvieron protegidos por el Derecho Pretoriano para repeler cualquier intento de volverlos a su estado de esclavitud. Finalmente la Ley Iunia Norbana, del año 19 de nuestra era, creo la categoría de libertos latinos iunianos para quienes hubieran sido manumitidos de forma no solemne.


jueves, 28 de mayo de 2015

LOS ESCLAVOS EN LA ÉPOCA DE LA ROMA DE CAYO JULIO CÉSAR





A alguien que no estuviera familiarizado con el modo en que Roma trabajaba podría perdonársele por asumir que la ley de números aseguraría que cualquier medida que alterase la situación de los manumitidos de Roma no supondría en realidad diferencia alguna, porque la definición de pobreza extrema en Roma era la incapacidad de un hombre para poseer un único esclavo... y, desde luego, había pocos que no poseyeran un esclavo. De ahí que, aparentemente, cualquier plebiscito que distribuyera a los esclavos manumitidos por las treinta y cinco tribus debería de tener poco efecto en la cumbre de la sociedad.




La inmensa mayoría de los propietarios de esclavos en Roma no tenía más que un esclavo, puede que dos. Pero no eran esclavos varones; eran hembras. Por dos razones: la primera, que el amo podía disfrutar de los favores sexuales de una esclava, y la segunda, que un esclavo era siempre una tentación para la esposa del amo, y la paternidad de los hijos resultaba sospechosa. Al fin y al cabo, ¿qué necesidad tenía un hombre pobre de un esclavo varón? Los trabajos serviles eran domésticos: lavar, acarrear agua, preparar las comidas, ayudar con los hijos, vaciar orinales; y los hombres no los hacían bien. La actitud mental no cambiaba sólo por el hecho de que una persona fuera lo bastante desafortunada como para ser esclava en lugar de libre; a los hombres les gustaba hacer cosas de hombres y despreciaban a las mujeres, a las que les tocaba hacer los trabajos más penosos.



Teóricamente a cada esclavo se le pagaba un peculium además de la manutención; esa pequeña cantidad de dinero se iba guardando para comprar la libertad. Pero en la práctica, la libertad era algo que sólo el amo pudiente podía permitirse otorgar, sobre todo por el hecho de que la manumisión llevaba consigo un impuesto del cinco por ciento. Con el resultado de que a la mayor parte de las esclavas de Roma nunca se las manumitía mientras eran útiles -y, temiendo la destitución más que el trabajo duro y no remunerado, se esforzaban por seguir siendo útiles incluso después de hacerse viejas-. Y tampoco podían permitirse pertenecer a una asociación funeraria que les permitiera pagar un funeral y un entierro decente después de su muerte. Acababan en los fosos de cal y ni siquiera había una señal en la tumba que dijera que alguna vez habían existido.



Sólo aquellos romanos con ingresos relativamente elevados y varias casas que mantener poseían muchos esclavos. Cuanto más elevada era la posición económica y social de un romano, más sirvientes utilizaba... y más probable era que contase con varones entre esos sirvientes esclavos. En estas esferas la manumisión era cosa corriente, y el período de servicio de un esclavo oscilaba entre diez y quince años, después de los cuales él -porque realmente se trataba de varones- se convertía en esclavo liberto y entraba a formar parte de la clientela de su antiguo amo. Llevaba puesto el gorro de la libertad y se convertía en ciudadano romano; si tenía esposa e hijos adultos, a éstos también se les manumitía.










martes, 3 de febrero de 2015

EL NÚMERO DE ESCLAVOS EN PROPIEDAD EN LA ANTIGUA ROMA


La inmensa mayoría de los propietarios de esclavos en Roma no tenía más que un esclavo, puede que dos. Pero no eran esclavos varones; eran hembras. Por dos razones: la primera, que el amo podía disfrutar de los favores sexuales de una esclava, y la segunda, que un esclavo era siempre una tentación para la esposa del amo, y la paternidad de los hijos resultaba sospechosa. Al fin y al cabo, ¿qué necesidad tenía un hombre pobre de un esclavo varón?


 Los trabajos serviles eran domésticos: lavar, acarrear agua, preparar las comidas, ayudar con los hijos, vaciar orinales; y los hombres no los hacían bien. 


La actitud mental no cambiaba sólo por el hecho de que una persona fuera lo bastante desafortunada como para ser esclava en lugar de libre; a los hombres les gustaba hacer cosas de hombres y despreciaban a las mujeres, a las que les tocaba hacer los trabajos más penosos.

 

Teóricamente a cada esclavo se le pagaba un peculium además de la manutención; esa pequeña cantidad de dinero se iba guardando para comprar la libertad. Pero en la práctica, la libertad era algo que sólo el amo pudiente podía permitirse otorgar, sobre todo por el hecho de que la manumisión llevaba consigo un impuesto del cinco por ciento.


 Con el resultado de que a la mayor parte de las esclavas de Roma nunca se las manumitía mientras eran útiles -y, temiendo la destitución más que el trabajo duro y no remunerado, se esforzaban por seguir siendo útiles incluso después de hacerse viejas-.


 Y tampoco podían permitirse pertenecer a una asociación funeraria que les permitiera pagar un funeral y un entierro decente después de su muerte. Acababan en los fosos de cal y ni siquiera había una señal en la tumba que dijera que alguna vez habían existido.

 

Sólo aquellos romanos con ingresos relativamente elevados y varias casas que mantener poseían muchos esclavos. Cuanto más elevada era la posición económica y social de un romano, más sirvientes utilizaba... y más probable era que contase con varones entre esos sirvientes esclavos. 


En estas esferas la manumisión era cosa corriente, y el período de servicio de un esclavo oscilaba entre diez y quince años, después de los cuales él -porque realmente se trataba de varones- se convertía en esclavo liberto y entraba a formar parte de la clientela de su antiguo amo. Llevaba puesto el gorro de la libertad y se convertía en ciudadano romano; si tenía esposa e hijos adultos, a éstos también se les manumitía.


( C. McC. )

martes, 25 de noviembre de 2014

EL LIBERTO O LIBERTINO EN LA ANTIGUA ROMA


 

( En la mayor parte de las imágenes, Posca, el supuesto liberto de Cayo Julio César, en la super-producción "Roma", aunque históricamente no existió el personaje)

 

Se llamaba liberto al salido de la esclavitud. En Roma sólo se daba ese nombre en relación al patrono.

 

Era la clase de hombres libres, según el Derecho Romano. Justiniano los define en la Instituta: qui ex insta servitite manumissi sunt; los manumitidos de justa esclavitud, concepto en el que hay que entender la manumisión en su sentido amplio, como toda salida legal del estado de esclavitud, pues había casos en que los esclavos se hacían libres por ministerio de la ley, aun contra la voluntad del dueño.
 

 Considerados con relación al que los había manumitido (patrono), se denominaban libertos.

 

En un principio todos los libertinos tenían la categoría de ciudadanos e iguales derechos; más por consecuencia de las restricciones puestas a la manumisión y por la introducción de los medios menos solemnes de manumitir, aparecieron, además de los libertinos ciudadanos (libertinos propiamente dichos), los libertinos latinos y los libertinos dedicticios.

 

 De estas dos últimas clases de libertinos, al final Justiniano los abolió, volviéndose a la unidad primitiva.

 

Diferenciábanse los libertinos de los ingenuos (esto es, de los libres desde su nacimiento), ya por virtud de la costumbre, siendo por tanto, de un orden inferior.

 

Por virtud de la costumbre, los libertinos llevaban una señal especial que los distinguía y eran de inferior calidad jurídica y social, dedicándose al trabajo, comercio, artes e industrias, ocupaciones que desdeñaban los ingenuos; sin embargo, libertinos hubo que llegaron a ser favoritos de emperadores, como Narciso, que lo fue de Nerón, y otros, como Terencio (manumitido por el senador Terencio Lucano) y Fedro (manumitido por Octavio Augusto), que han llegado a la celebridad.

 

 A tenor de la ley, en el orden público, los libertinos no podían desempeñar cargos ni empleos públicos, ni usar el anillo de oro; en el orden privado, como el libertino al salir de la esclavitud se encontraba sin familia y sin bienes, se trató de suplir esto por medio del derecho de patronato y de los peculios; por el primero debían de profesar profundo respeto al patrono y sus hijos, y obedecerle, no pudiendo demandarle sin consentimiento del magistrado, ni dirigir contra ellos acciones infamantes, todo so pena de incurrir en ingratitud que podía llevar consigo a la pérdida de la libertad; y en cuanto a los bienes, si bien los libertinos podían adquirirlos, pasaban a su muerte a poder del patrón y sus hijos.
 

Los libertinos podían llegar a ser considerados como ingenuos por concederles el emperador el uso del anillo de oro (aunque continuando en este caso sujetos al patrono), y por la natalium restitutio, concesión que extinguía el vínculo al patrono. Justiniano elevó a todos los libertinos a la categoría de ingenuos , si bien dejó en piel el derecho de patronato.

 

Es de advertir que en todo tiempo el nacido ingenuo que , por una causa cualquiera, había después incurrido en esclavitud, al salir de ésta readquiría su cualidad de ingenuo.






sábado, 9 de agosto de 2014

ROMA Y LOS ESCLAVOS





LOS ESCLAVOS 

En resumen, la sociedad romana parece haber sido una sociedad abierta. Al final del Alto Imperio (y, sobre todo, en el Bajo Imperio), la promoción social es, en conjunto, cosa corriente. La política imperial que consiste en utilizar hombres nuevos, permite que sea mucho mayor el número de individuos que alcanza el bienestar y los honores.




Asimismo, políticamente, la extensión del derecho de ciudadanía, concedido poco a poco a todos los ciudadanos del Imperio romano, es signo de la transformación constante de esta sociedad que, especialmente en la época republicana, había quedado estancada. 




Sin embargo, siempre existió en Roma y en las provincias un proletariado desdichado y poco protegido, constituido por pequeños campesinos arruinados y por esclavos.



Algunos historiadores marxistas contemporáneos consideran que el sistema de esclavitud es la base del progreso del Estado romano, puesto que favorece una economía de grandes propiedades (es decir, de aquellos que poseen una villa y una propiedad rústica importante). Los esclavos, poco numerosos al comenzar la historia romana, afluyen a medida que aumentan las conquistas.




Esclavos domésticos (artesanos, servidores, secretarios, músicos, etc.) y esclavos rurales (obreros agrícolas) no tienen ningún derecho en los primeros tiempos de Roma; sólo son cosas, que se compran y se venden en los mercados, seres sobre los cuales el dueño tiene derecho de vida y muerte.




La suerte de los esclavos depende del carácter de su amo, que puede suavizar su condición, e incluso liberarlos de su esclavitud.




Pero, en general, es una condición miserable que, en ciertos períodos de crisis, es punto de partida de sublevaciones brutales y violentas (las guerras de los siervos). Más tarde, el poder del dueño sobre el esclavo (la dominica potestas), es limitada; la ley Petronia (19 d. de J.C.) prohíbe entregar un esclavo a las fieras en los juegos circenses, salvo si antes ha sido considerado culpable de alguna falta. Antonino Pío prohíbe al dueño dar muerte a sus esclavos "sin motivo" (!).




Pero la condición jurídica del esclavo continúa siendo casi inexistente: no puede plantear un litigio y sus actos son -desde el punto de vista del derecho civil- actos nulos. Por ejemplo, la unión de un esclavo con una esclava no se considera matrimonio (sin embargo, en el Bajo Imperio esta unión -aunque no reconocida jurídicamente- tiene una cierta eficacia de hecho: los hijos ya no son separados de su madre en caso de que ésta sea vendida).




Sin embargo, no se puede hablar de esclavitud en Roma: para ello sería necesario demostrar que lo esencial de la riqueza romana era debido al trabajo de los esclavos. Ahora bien, es indudable que, en vísperas del Imperio, había en la Península Itálica unos 4.000.000 de esclavos por 10.000.000 de hombres libres.



POR EL MERCADO DE ESCLAVOS EN ROMA


El ritmo de las manumisiones va aumentando durante los dos primeros siglos. No porque el mundo romano se "humanice", sino porque los dueños, e incluso el Estado comprueban que un liberto es más "rentable" que un obrero esclavo: El mundo romano es más un mundo de libertos que de esclavos.