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lunes, 22 de agosto de 2016

EL CÓNSUL CAYO TERENCIO VARRÓN


Cayo Terencio Varrón (en latín, Gaius Terentius Varro) fue un cónsul romano durante la segunda guerra púnica, cargo que poseyó durante el año 216 a. C. con Lucio Emilio Paulo como colega.
 
Se dice que Varrón era hijo de un carnicero, que se encargaba personalmente de las empresas desde sus primeros años y que subió en preeminencia por apoyar las causas de las clases bajas en oposición a la opinión de los denominados hombres buenos. Si estos relatos son verdaderos o exagerados, no se puede determinar, pero sí se puede considerar como cierto que Varrón surgió de las clases bajas y era considerado como el principal defensor de la facción popular.
 
No puede haber sido una persona tan despreciable como Tito Livio señala, pues de lo contrario el Senado no habría ido a su encuentro después de la batalla de Cannas para darle las gracias por no haber perdido la esperanza en su país; ni se le hubiera empleado, durante el resto de la guerra en importantes mandos militares.
 
Se menciona a Varrón por primera vez en el año 217 a. C., cuando apoyó el proyecto de ley para dar a Marco Minucio Rufo, magister equitum, igual poder que el del dictador Quinto Fabio Máximo.
 
Varrón había sido pretor el año anterior (218 a. C.) y había ejercido previamente los cargos de cuestor, edil plebeyo y edil curul. El pueblo ahora había resuelto elevarlo al consulado, pensando que necesitaban un hombre de energía y decisión a la cabeza de una fuerza abrumadora para llevar la guerra a su fin. La aristocracia en vano le ofreció la mayor oposición a su elección. El otro cónsul electo, Lucio Emilio Paulo, era uno de los líderes del partido aristocrático.
 
Comandó el ejército romano contra Aníbal en la batalla de Cannas (216 a. C.). La batalla fue librada por Varrón en contra del consejo de Paulo. El ejército romano fue casi aniquilado. Emilio Paulo y casi todos los oficiales perecieron. Varrón fue uno de los pocos que logró escapar y llegar a salvo a Venusia, con cerca de setenta jinetes. Su conducta después de la batalla le hizo ser merecedor de grandes elogios.
 
Procedió a ir a Canusium, donde los restos del ejército romano se habían refugiado, y allí, con gran presencia de ánimo, aprobó todo tipo de medidas que las exigencias del caso hacían necesarias.
 
Su conducta fue muy elogiada por el Senado y el pueblo romano y su derrota fue olvidada dados los servicios que había prestado últimamente. A su regreso a la ciudad todas las clases fueron a su encuentro y el Senado le dio gracias por no haber perdido la esperanza en sus compatriotas.
 
Varrón continuó empleándose en Italia durante varios años sucesivos en importantes mandos militares hasta casi el final de la guerra púnica. Fue nombrado procónsul al año siguiente, cargo que mantuvo hasta 213 a. C., y propretor en 208 a. C. y 207 a. C., defendiendo Etruria ante los ataques de Asdrúbal Barca.
 
En 203 a. C. fue uno de los tres embajadores enviados a Filipo V de Macedonia y tres años después (200 a. C.) se le volvió a enviar en una embajada a África para arreglar los términos de la paz con Vermina, el hijo de Sifax. A su regreso en el curso del mismo año, Varrón fue nombrado uno de los triunviros para asentar a los nuevos colonos en Venusia.






domingo, 24 de julio de 2016

TITO LIVIO DICE SOBRE LAS MADRES DE LEGIONARIOS ROMANOS



Se cuenta que, cuando llegaron penosamente a Roma los pocos supervivientes de la matanza de Cannas en 216 a. C., una mujer, que se encontró de sopetón en la puerta misma de la ciudad con su hijo a salvo, murió al abrazarlo; a otra, a la que por error se le había comunicado la muerte de su hijo y que estaba sentada en casa sumida en el abatimiento, así que lo vio regresar, murió por exceso de alegría.








martes, 18 de agosto de 2015

TRASIMENO Y CANNAS



PUNOS EN ITALIA

Gracias a un sutil juego de maniobras, Aníbal atrajo a un segundo ejército romano a las orillas del lago Trasimeno (217 a. de J.C.). La derrota de las legiones, en las que por primera vez militaban esclavos, fue tan completa que casi ningún soldado se salvó, y su jefe, el cónsul Flaminio, estuvo entre los caídos.




Roma fue víctima del pánico, pero, como siempre, volvió a encontrar en el peligro las razones para sacar fuerzas de flaqueza. Nombró un dictador, Quinto Fabio Máximo, que pasó a la historia con el nombre de Cunctator (el Contemporizador). Este evitó hábilmente las batallas en campo abierto, debilitando al adversario con continuas escaramuzas.



Pero los caprichos de la política romana condujeron a la sustitución de Fabio por Varrón, un plebeyo demagogo que, para satisfacer a sus electores, buscó un éxito rápido. Su ejército, cuatro veces superior en número al del general cartaginés, atacó a éste en Cannas.



Pero Aníbal, con un golpe maestro de estrategia militar (fingió ceder en el centro, atrayendo a los romanos entre sus dos alas reforzadas que se cerraron sobre ellos como un cepo), logró una nueva victoria: 45.000 romanos resultaron muertos y 20.000 fueron hechos prisioneros. Varrón, huyendo de la muerte, pidió indulgencia al pueblo romano (216 a. de J.C.).



La urbe parecía condenada, y una parte de Italia se sublevó. Siracusa volvió a aliarse con Cartago.



En Hispania, Escipión resistió; Aníbal negoció con Filipo de Macedonia, decidido a intervenir para expulsar a los romanos de Iliria, donde fijaron un protectorado en el 229 a. de J.C.

domingo, 12 de abril de 2015

EL CÓNSUL LUCIO EMILIO PAULO

 
Lucio Emilio Paulo (en latín, Lucius Aemilius M. f. M. n. Paullus) (f. 216 a. C.) fue un magistrado de la República romana, hijo del cónsul Marco Emilio Paulo.

 

Elegido cónsul por primera vez, en 219 a. C. junto a Marco Livio Salinator. Fue enviado contra los ilirios, que se habían levantado de nuevo en armas bajo el mando de Demetrio; en la Segunda Guerra Ilírica.
 
Paulo lo derrotó sin ninguna dificultad: tomó el puerto de Pharos y sometió a Demetrio a tal acoso que obligó a éste a huir a la corte de Filipo V de Macedonia. Por estos servicios, Paulo obtuvo un triunfo a su regreso a Roma, pero fue llevado a juicio junto con su colega M. Livio Salinator, con el argumento de que no se había repartido equitativamente el botín entre los soldados. Salinator fue condenado, y Paulo fue absuelto con dificultad.
 
En 216 a. C., durante la Segunda Guerra Púnica, Emilio Paulo fue cónsul por segunda vez con C. Terencio Varrón. Comandó el mayor ejército romano reunido hasta la fecha junto a Varrón, con quien se turnaba diariamente el mando de las tropas. El mando correspondió a Varrón durante la batalla de Cannas, la cual se libró en contra del consejo de Paulo; y él fue uno de los muchos romanos ilustres que perecieron en la batalla, negándose a abandonar el campo de batalla, cuando un tribuno le ofreció su caballo.
 
El heroísmo de su muerte es cantado por Horacio:

Animaeque magnae Prodigum Paulum superante Poeno Grato insigni referam camena
Paulo fue uno de los pontífices (Liv. XXIII. 21).
 
Fue durante toda su vida un partidario acérrimo de la aristocracia, y fue apoyado para su segundo consulado por esta última fracción para contrarrestar la influencia de los plebeyos de Terencio Varrón. Él mantuvo todos los principios tradicionales de los patricios, de los cuales tenemos un ejemplo en los hechos relatados por Valerio Máximo.
 
El Senado siempre miró con sospecha la introducción de cualesquiera nuevos ritos religiosos en la ciudad, y, en consecuencia ordenó en el primer consulado de Paulo la destrucción de los santuarios de Isis y Serapis, que habían sido erigidos en Roma. Pero debido a que ningún trabajador se atrevía a tocar los edificios sagrados, el cónsul arrojó a un lado su toga praetexta, se apoderó de un hacha, y rompió las puertas de uno de los templos.


domingo, 27 de julio de 2014

EXPANSIÓN Y GUERRAS PÚNICAS




LA CONQUISTA DEL MEDITERRÁNEO (260-120 a. de J.C.)

La política exterior y el éxito de las legiones romanas dominan esta época, particularmente caracterizada por las guerras contra Cartago (las tres guerras púnicas).




La primera guerra púnica empieza en 264 a. de J.C.. Su causa es la rivalidad que enfrenta en Sicilia a Roma y Cartago.



Las victorias navales de Miles (264 a. de J.C.) y de las islas Egates (241 a. de J.C.), proporcionan a los romanos el dominio de dicha isla, a pesar de los éxitos cartagineses en tierra firme, debidos al genio militar de Amílcar Barca (hacia 247 a. de J.C.).



En 238 a. de J.C., Roma se hace dueña de Cerdeña y Córcega. La segunda guerra púnica empieza en 219 a. de J.C. Fue buscada por el cartaginés Aníbal, uno de los más grandes capitanes de la Antigüedad.





Este, partiendo de Hispania, atravesó los Pirineos y los Alpes con un ejército temible (80.000 infantes, los jinetes númidas -Numidia es la actual Argelia- y 37 elefantes), e infligió a Roma una serie de aplastantes derrotas:

- en las riberas del Trebia (afluente del Po), en 218;
- cerca del lago Trasimeno, en 217 a. de J.C. (contra Flaminio),
- finalmente, en Cannas (Apulia), el 2 de agosto de 216 a. de J.C. (contra Varrón y Paulo Emilio). En seguida, reconquistó Sicilia, y tomó Capua en 210 a. de J.C.



ANÍBAL ENTRANDO TRIUNFALMENTE EN CAPUA

Pero Roma salió al fin victoriosa de esta "guerra inexpiable" gracias a las maniobras de desgaste dirigidas por el cónsul Fabio Cunctátor (Fabio el Contemporizador). Sicilia fue reconquistada en 210-205 a. de J.C. (muerte de Arquímedes en el sitio de Siracusa, en 212 a. de J.C.).



Los hermanos Escipión acosaron a los cartagineses en Hispania y el hijo de uno de ellos, Publio Cornelio Escipión, de sólo veinticuatro años de edad, reconquistó la Hispania del sur (Andalucía) y, después de la victoria de Metauro (207 a. de J.C.), obtenida por los cónsules romanos, llegó a Africa en 204 a. de J.C..



Aliado con el númida Masinisa, Escipión el Africano aplastó a Aníbal en la batalla de Zama, en 202 a. de J.C.: Cartago se convirtió en vasallo de Roma.



La tercera guerra púnica fue desencadenada, en 149 a. de J.C., por Catón, obsesionado por su odio a Cartago (acababa todos sus discursos con la misma frase: Delenda est Carthago: "Cartago debe ser destruida").



Pretextando una violación del tratado de 201 a. de J.C., los romanos desembarcaron en Africa al mando de Escipión Emiliano (no hay que confundirlo con el vencedor de Zama), hijo de Paulo Emilio. Después de un asedio que duró tres años, Cartago cayó, en 146 a. de J.C., en manos de los romanos.



Fue completamente arrasada, y sus habitantes, asesinados o desterrados. Paralelamente, los romanos acabaron la conquista de Hispania (Escipión Emiliano aniquiló la última resistencia en Numancia, en 133 a. de J.C.) y, traspasando los Pirineos, se instalaron en Provenza.



La conquista romana también se llevó a cabo hacia el este: ocupación de Macedonia (Filipo V de Macedonia fue derrotado en Cinoscéfalos, en 197 a. de J.C., y Perseo en Pidna, en 168 a. de J.C., y se conquistó definitivamente el país en 148 a. de J.C.). Luego, Grecia entera y, el reino asiático de Pérgamo (129 a. de J.C.), cayeron también en manos de las legiones romanas.



Consecuencias de estas conquistas

La Roma victoriosa imita a la Grecia vencida (nacimiento de la literatura latina). Por otra parte, los pequeños propietarios -la clase media romana-, arruinados y diezmados, desaparecen. Sólo quedan en Roma ricos y pobres.




Los Gracos (Tiberio y Cayo Graco, que ocupan el poder de 133 a 121 a. de J.C.) intentan en vano establecer una ley agraria para reconstituir la clase social de los pequeños agricultores, indispensable para el equilibrio político de la república.


Pero, asesinados ambos, su intento de establecer una república popular en Roma, fracasa.