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jueves, 15 de junio de 2023

TITO LUCRECIO CARO, EL POETA MATERIALISTA QUE REVELÓ LOS SECRETOS DE LA NATURALEZA

 

Tito Lucrecio Caro fue un poeta y filósofo romano que vivió aproximadamente entre el 99 y el 55 a.C. Su única obra conocida es el poema didáctico De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), en el cual expone las doctrinas del epicureísmo y la física atomista. Esta obra tiene un gran valor literario y filosófico, y ha ejercido influencia en poetas como Virgilio y Horacio, así como en pensadores modernos como Giordano Bruno, Montaigne o Marx. Aunque su vida está envuelta en misterio y se basa en escasos testimonios de autores posteriores, como San Jerónimo, Donato y Cicerón.

 

Según San Jerónimo, Lucrecio nació en el año 94 a.C. y pertenecía a una familia aristocrática de la gens Lucretia. Se dice que sufrió un ataque de locura provocado por un filtro amoroso que le dio su esposa Lucilia, y que se quitó la vida en el año 55 a.C., después de escribir algunos libros que fueron corregidos por Cicerón. Sin embargo, esta versión ha sido cuestionada por muchos estudiosos, quienes la consideran una invención o una confusión. No hay evidencia de que Lucrecio estuviera casado ni de que Cicerón interviniera en su obra.

 

Lo que sí parece cierto es que Lucrecio fue un amigo íntimo de Cayo Memio, un político y orador romano a quien dedicó su poema. También se sabe que Lucrecio fue un seguidor de Epicuro, el filósofo griego que enseñó que el fin último de la vida es el placer, entendido como la ausencia de dolor y temor. Lucrecio adoptó la visión materialista y naturalista de Epicuro, según la cual todo lo que existe está compuesto por átomos indivisibles e invisibles que se mueven en el vacío infinito. Lucrecio rechazó la idea de una providencia divina que interviniera en los asuntos humanos y afirmó que los dioses existen pero son indiferentes al mundo y a los hombres.

 

De rerum natura es un poema en hexámetros latinos dividido en seis libros, que suman aproximadamente 7.400 versos. Su objetivo es explicar la naturaleza del universo y del ser humano desde una perspectiva materialista y racionalista basada en las ideas de Epicuro y sus seguidores griegos. Lucrecio se propone liberar a los hombres del miedo a los dioses y a la muerte, y enseñarles el camino de la felicidad basado en la moderación de los deseos y el conocimiento de la verdad.

 

El primer libro presenta el tema general del poema y expone la teoría de los átomos, partículas indivisibles e invisibles que constituyen la materia y se mueven en el vacío infinito. El segundo libro describe el movimiento de los átomos y las leyes que lo rigen, así como las propiedades de los cuerpos compuestos por ellos. El tercer libro se ocupa del alma humana, la cual también está formada por átomos y se disuelve con la muerte. Lucrecio argumenta en contra del temor a la muerte y de la creencia en la inmortalidad del alma o en los castigos infernales. El cuarto libro trata sobre la percepción sensorial, el pensamiento, los sueños y las pasiones humanas. Lucrecio explica cómo los átomos producen imágenes o simulacros que llegan a nuestros sentidos o a nuestra mente, y cómo debemos distinguir entre lo verdadero y lo falso. También analiza el amor erótico como una pasión irracional que debe ser controlada por la razón.

 

El quinto libro se dedica a explicar el origen del mundo, de la vida, de la humanidad y de la civilización, desde una perspectiva evolucionista y naturalista. Lucrecio rechaza las explicaciones mitológicas o religiosas sobre la creación divina o el destino providencial. Por último, el sexto libro aborda los fenómenos naturales más complejos o extraordinarios, como los terremotos, los volcanes, las enfermedades, los rayos o los cometas. Lucrecio demuestra que todos ellos tienen causas naturales y no son signos de la ira o el favor de los dioses. El poema termina abruptamente con una descripción de la peste que asoló Atenas en el siglo V a.C., la cual Lucrecio utiliza como ejemplo de los males que puede sufrir la humanidad.

 

La obra de Lucrecio es una de las más importantes y originales de la literatura latina. Su poesía combina la belleza formal, la fuerza expresiva, la riqueza metafórica y la claridad expositiva. Su filosofía anticipa muchos conceptos científicos modernos, como el atomismo, el vacío, la conservación de la materia y la energía, el determinismo causal, el evolucionismo y el método experimental. Su ética propone una visión humanista y hedonista de la vida, basada en el placer moderado, la amistad, la libertad y la sabiduría.

 

Lucrecio ha influido en muchos poetas y pensadores posteriores, tanto antiguos como modernos. Entre los primeros se destacan Virgilio, Horacio, Ovidio y Lucano. Entre los segundos se pueden mencionar a Dante, Petrarca, Boccaccio, Montaigne, Shakespeare, Bacon, Galileo, Newton, Spinoza, Locke, Hume, Voltaire, Rousseau, Kant, Goethe, Byron, Shelley, Leopardi, Whitman, Emerson, Darwin, Marx, Nietzsche, Freud y Einstein.

 

Además, Lucrecio ha contribuido a preservar y difundir las ideas de Epicuro y sus discípulos griegos, las cuales de otro modo se habrían perdido. Gracias a Lucrecio, el epicureísmo se convirtió en una de las corrientes filosóficas más influyentes y atractivas de la historia del pensamiento occidental.

 

He aquí una lista de algunas frases didácticas de la obra "De rerum natura" de Tito Lucrecio Caro, con su traducción al español y su ubicación en el poema:

 

- Principio caeli terraeque marisque / magni rerumque omnium quae quibus in rebus / quove tenore gerantur et qua ratione / gubernentur, expediam (Libro I, versos 52-55)

 

En primer lugar, del cielo y de la tierra y del gran mar y de todas las cosas que en ellos hay, y en qué estado se hallan y con qué orden se rigen y por qué razón se gobiernan, explicaré.

 

- Nil igitur fieri de nilo posse fatendumst / seminibus quoniam res omnis constat eorum" (Libro I, versos 199-200)

 

Nada, pues, ha de admitirse que se forme de la nada, puesto que todas las cosas constan de semillas.

 

- Omnia natura quoniam sunt corpora sola / nec inane in rebus inaneque extra / praeter corpora quae sunt et loca quae res / omnis cum summa constet  (Libro I, versos 445-448)

 

Puesto que todas las cosas son cuerpos solamente y no hay vacío en las cosas ni vacío fuera, excepto los cuerpos que existen y los lugares que ocupan todas las cosas que con ello se completan.

 

- Nec tamen hoc dubites quin omnia corpora quae sunt / in numerum crescant cum res ex infinito / suppeditat natura" (Libro II, verso 1080-1082)

 

No dudes sin embargo que todos los cuerpos que existen aumentan en número cuando la naturaleza suministra las cosas desde el infinito.

 

- Nil igitur mors est ad nos neque pertinet hilum / quandoquidem natura animi mortalis habetur  (Libro III, verso 830-831)

 

Nada es, pues, la muerte para nosotros ni nos importa un ápice, puesto que se tiene por mortal la naturaleza del alma.

 

- Quapropter bene cum sititum natura monstravit / verum amorem natis deditque parentibus / quo conservaret genus humanum atque propagaret  (Libro IV, verso 1019-1021)

 

Por lo cual, cuando la naturaleza mostró bien lo que es el amor verdadero dio a los hijos y a los padres el amor con el que conservó y propagó el género humano.

 

- Sed genus humanum multo fuit illud in arvis / durius atque ferum et saevi plenumque rapinae / nec rationis erat sollertia nota nec ulli  (Libro V, verso 925-927)

 

Pero el género humano fue mucho más duro y salvaje en los campos y lleno de crueldad y rapiña y no se conocía la astucia de la razón ni a nadie.

 

-  Quare etiam atque etiam tales fateare necessest / esse deos merito qui tales corpora possint / efficere ut nostris sensibus ea nulla appareant  (Libro VI, verso 54-56)

 

Por lo cual es necesario confesar una y otra vez que existen con razón tales dioses que pueden hacer tales cuerpos que no aparecen a nuestros sentidos.



domingo, 7 de abril de 2019

CARTA DESDE ÁFRICA DE CNEO POMPEYO MAGNO AL DICTADOR LUCIO CORNELIO SILA



Las provincias de Africa y Numidia están pacificadas y en orden. Tardé cuarenta días en lograrlo. Zarpé de Lilibeo a finales de octubre con seis legiones y dos mil soldados de mi caballería, dejando a Cayo Memio al mando en Sicilia. No juzgué necesario establecer guarniciones allí donde ya había comenzado a reunir naves nada más llegar. A finales de octubre tenía ya más de ochocientos barcos. Me gusta organizarlo todo bien porque se gana mucho tiempo. Antes de zarpar, envié un mensajero al rey Bogud de Mauritania, quien actualmente tiene su ejército en Iol, no muy lejos de Tingis. Bogud reina desde Iol y ha dejado en Tingis un reyezuelo. Todos estos cambios se deben a la contienda de Numidia, en donde el príncipe Yarbas ha usurpado el trono del rey Hiempsal. Mi mensajero instó al rey Bogud a que invadiese inmediatamente Numidia por el oeste, sin aceptar pretexto alguno. Mi estrategia consistía en que Bogud obligase a Yarbas a replegarse hacia el este hasta que llegase a donde yo estaba para aplastarle.

Desembarqué mis tropas en dos divisiones: una en Cartago y la otra en Utica. Me puse al mando de esta segunda, y nada más tocar tierra recibí la sumisión de siete mil soldados de Cneo Ahenobarbo, lo que interpreté como buen augurio. Ahenobarbo decidió presentar batalla sin dilación, pues temía que, de no hacerlo, se pasaran a mis filas más tropas suyas. Desplegó su ejército ante una garganta para tenderme una emboscada cuando la atravesase, pero no caí en la trampa porque subí a un risco y vi su posición. Comenzó a llover (el invierno es la estación lluviosa en la provincia de Africa) y aproveché la circunstancia de que la lluvia azotaba los ojos de sus tropas. Gané una gran batalla y mis hombres me proclamaron imperator en el campo de batalla. Pero tres mil soldados de Ahenobarbo lograron escapar ilesos. Mis hombres seguían vitoreándome, pero yo les dije que lo hiciesen más tarde, y nos apresuramos a perseguir a Ahenobarbo hasta su campamento y lo aniquilamos con todas sus tropas. Entonces, permití que mis hombres me vitoreasen como imperator.

Luego marché a Numidia, una vez sometidos en todo el territorio de la provincia de Africa los insurgentes, a quienes ejecuté en Útica. El usurpador Yarbas se refugió en Bulla Regis, una ciudad en el curso superior del río Bagradas, al saber que yo avanzaba por el este y Bogud por el oeste. Por supuesto, yo llegué a Bulla Regis antes que el rey Bogud, y la ciudad me abrió sus puertas y se rindió, entregándome a Yarbas, a quien ejecuté inmediatamente, junto con otro noble llamado Masinisa; y repuse en su trono de Cirta al rey Hiempsal. Tuve oportunidad de dedicarme a la caza de animales salvajes, que en este país los hay de toda clase, desde elef¡antes hasta unos muy parecidos a grandes gatos. Te escribo ésta desde el campamento en la llanura de Numidia.

Me propongo volver pronto a Utica, al haber sometido todo el norte de Africa en cuarenta días, como te decía. No es necesario dejar guarniciones en esta provincia, y puedes enviar un gobernador sin cuidado. Voy a embarcar mis seis legiones y dos mil soldados de caballería y zarparemos hacia Tarentum. Después nos dirigiremos a Roma por la vía Apia, y me gustaría celebrar un triunfo. Mis hombres me han vitoreado como imperator en el campo de batalla y tengo derecho a ello. He pacificado Sicilia y Africa en cien días, y ejecutado a todos tus enemigos. Tengo también un buen botín para mostrar en el desfile triunfal.


CARTA RESPUESTA DEL DICTADOR SILA A CNEO POMPEYO MAGNO:

Ha sido un placer recibir tu carta, y te doy las gracias por los interesantes datos que me das sobre Africa. Procuraré visitarla algún día, aunque no sea más que para ver personalmente esos animalotes parecidos a gatos. Yo también reconozco un elefante cuando lo veo.

Enhorabuena. ¡Qué joven tan rápido eres!. Cuarenta días. Creo que es el tiempo que estuvo inundada Mesopotamia hace mil años.

Sé que puedo confiar en tu afirmación de que no hace falta establecer guarniciones ni en Africa ni en Sicilia, pero, mi querido Pompeyo, hay que actuar con sutileza. Por lo tanto, te ordeno que dejes en Utica cinco legiones y regreses con una. Una cualquiera, la que sea tu preferida. Y hablando de preferencias, ¡desde luego se ve que eres el preferido de la Fortuna!

Lamentablemente, no puedo autorizarte a celebrar un triunfo. Aunque tus tropas te hayan proclamado imperator en el campo de batalla, los triunfos están reservados a los miembros del Senado que han alcanzado la categoría de pretor. En el futuro ganarás más guerras, Pompeyo, y tendrás tu triunfo más pronto o más tarde.

Tengo que darte las gracias por el rápido envío del miembro de alimentación, vista, oído y olfato de Carbón. No hay nada mejor que una cabeza para convencer a alguien de que una persona ha mordido el polvo, para usar una expresión de Homero. La fuerza de mi argumentación de que Carbón había muerto y Roma no tenía cónsules se evidenció de inmediato. ¡Fue muy inteligente lo de meterla en vinagre!. Gracias también por Soranus y el anciano Bruto.

Hay sólo un detalle, mi querido Pompeyo. Hubiera preferido que hubieses optado por un modo menos espectacular de eliminar a Carbón, si estabas decidido a hacerlo de una manera tan bárbara. Empiezo a creer lo que dice la gente: rascas a uno de Picenum y aparece el galo.

Ya que te decidiste a presidir un tribunal con la toga pretexta y sillas curules con lictores, representabas a Roma. Pero no te condujiste como un romano; después de hacer padecer al pobre Carbón al sol durante horas, anunciaste en tono altanero que no merecía juicio y que había que ejecutarle allí mismo. Como le habías alojado y nutrido deplorablemente durante unos días, antes de esa lamentable vista pública, estaba enfermo. A pesar de ello, cuando solicitó retirarse para hacer de vientre en privado antes de morir ¡se lo negaste!. ¡Y me han dicho que murió en medio de sus propios excrementos, aunque dignamente!

¿Que cómo sé todo esto?. Tengo mis propias fuentes de información, pues si no las tuviese dudo mucho que pudiera ser dictador de Roma. Eres muy joven y has cometido el error de suponer que, porque yo quería la muerte de Carbón, tenía mal concepto de él. Y es verdad en cierto sentido; pero tengo el más alto concepto del consulado de Roma, y no cabe duda de que Carbón era cónsul electo cuando murió. Más vale que no olvides en el futuro, joven Pompeyo, que un cónsul merece todos los honores, aunque se llame Cneo Papirio Carbón.

Y hablando de nombres, me he enterado de que por esa bárbara escena en el ágora de Lilibeo te has ganado un nuevo epíteto. Muy conveniente para los desgraciados que no tienen un tercer nombre que les dé brillo, ¿no, Pompeyo? Adulescentulus carnifex. Si, creo que joven carnicero es un tercer nombre ideal para ti; porque, igual que tu padre, eres un auténtico carnicero.

Repito. cinco de tus legiones permanecerán en Utica aguardando plácidamente la llegada del nuevo gobernador, cuando tenga tiempo de enviarlo. Tú puedes volver a Italia; estoy deseando verte. Podremos charlar sobre elefantes y podrás ampliar mis conocimientos sobre Africa y sus cosas.

Te doy el pésame por la muerte de Publio Antitio Veto y su esposa, parientes tuyos. No acabo de entender cómo Bruto Damasipo los mató. Pero, claro, Bruto Damasipo ha fallecido. Le mandé ejecutar. Pero en privado, Pompeyo Joven Carnicero. En privado.


lunes, 10 de diciembre de 2018

AULO GABINIO SISENA


Aulo Gabinio Sisena (en latín, Aulus Gabinius Sisenna), también conocido como Sisena fue un soldado que vivió en la República romana en el siglo I aC.
 
Sisena nació y se crio en Roma. Era hijo del general y político plebeyo Aulo Gabinio y de su mujer Lolia, de la gens Lolia, quizás hija de Marco Lolio Palicano, tribuno de la plebe en 71 aC.
 
Sisena acompañó a su padre a Siria en 57 aC, cuando Gabinio se desempeñó como procónsul en aquella provincia. Sisena quedó en Siria con unas cuantas tropas, mientras Gabinio colaboraba en restituir al faraón greco egipcio Ptolomeo XII Auletes. Cuando Cayo Memio arengó a la gente contra Gabinio, Sisena se arrojó a los pies de Memio rogando por su padre. Memio no suavizó su postura ante esa súplica y trató indignamente a Sisenna, del que nada más se sabe después de ese momento.

miércoles, 15 de agosto de 2018

MUERTE DE DE APULEYO Y SUS PARTIDARIOS


 


De este modo, precisamente, Metelo, hombre de máximo prestigio, marcho al destierro, y Apuleyo, después de este suceso, fue elegido tribuno por tercera vez. Tenia como colega a uno que era tenido por esclavo fugitivo, pero que reclamaba como padre a Graco el viejo, y la plebe lo apoyo en la votación por su añoranza de Graco. Sin embargo, cuando llego la elección de los cónsules, Marco Antonio fue elegido sin discusión para una de las plazas, en tanto que por la otra contendían el conocido Glaucia y Memmio. Como este era con mucho un hombre bastante mas ilustre, Glaucia y Apuleyo, temerosos, enviaron contra él a algunos rufianes provistos de estacas en el acto mismo de la elección, los cuales golpearon a Memmio hasta darle muerte públicamente a la vista de todos.


 

La asamblea se disolvio presa del miedo, pues no existían ya ni leyes, ni tribunales, ni el menor sentido del pudor. El pueblo, al dia siguiente, corrio a reunirse, lleno de cólera, con la intención de matar a Apuleyo. Pero este, tras reunir a una masa de gente procedente del campo, se apodero del Capitolio junto con Glaucia y el cuestor Gayo Saufeyo. El senado decreto la muerte de ambos y Mario, a pesar suyo, armo, no obstante, a algunos hombres con cierta vacilación. Mientras el se demoraba, otros cortaron el suministro de agua al templo, y Saufeyo, a punto de morir de sed, propuso incendiarlo, pero Glaucia y Apuleyo, en la creencia de que Mario los socorrería, se entregaron los primeros y, tras de ellos, lo hizo Saufeyo. Mario, cuando todos le exigían de inmediato que les diera muerte, los encerró en el edificio del senado con la idea de tratar con ellos de una forma mas legal. Los demás, sin embargo, juzgando que se trataba de un pretexto, levantaron las tejas del techo del edificio del senado y asaetearon a los secuaces de Apuleyo hasta que los mataron incluyendo a un cuestor, a un tribuno de la plebe y a un pretor, que conservaban todavía los atributos de su cargo.


( Apiano en "Guerras civiles" )



martes, 10 de abril de 2018

DISCURSO DEL PRETOR URBANO DE ROMA CAYO MEMIO ANTE EL SENADO ROMANO



Padres conscriptos he recibido una carta de Cerdeña de Cneo Pompeyo Estrabo. Me la ha dirigido a mí en vez de a nuestro estimado cónsul Cayo Flavio, porque, como pretor urbano que soy, es mi deber supervisar los juzgados de Roma.

 

Para recordaros a los de atrás que apenas honráis a esta cámara con vuestra presencia, diré que Cneo Pompeyo Estrabón es cuestor del gobernador de Cerdeña, que creo recordaréis que este año es Tito Anio Albucio. ¿Queda bien entendida la complicada relación, padres conscriptos?

 

¡Bien, observo que hay consenso!. Entonces procederé a leer la carta que me ha dirigido Cneo Pompeyo. ¿Escucháis?

 

¡Bien!, aquí os la leo claro y alto para que me oigais todos:

"Os escribo, Cayo Memio, para solicitar se me permita procesar a Tito Anio Albucio, gobernador propraetor de nuestra provincia de Cerdeña, inmediatamente después de nuestro regreso a Roma a finales del año. Como sabe esa cámara, hace un mes Tito Anio comunicó su éxito en la erradicación del bandidaje en la provincia y solicitó una ovación por su obra. Solicitud que le fue justamente denegada. Aunque quedaron erradicadas ciertas redes de esos perniciosos individuos, la provincia no está ni mucho menos libre de bandoleros. Pero mis razones para procesar al gobernador se deben a su conducta antirromana al saber que su solicitud de ovación había sido denegada. No sólo motejó a los miembros del Senado de pandilla de irrumatores desconsiderados, sino que procedió, con grandes gastos, a celebrar una farsa de triunfo por las calles de Carales. Yo considero esta acción como una afrenta al Senado del pueblo de Roma, y ese burdo triunfo, una traición. De hecho, me siento tan indignado, que me obstino en ser yo mismo quien dirija el proceso. Os ruego me contestéis lo antes posible".

 

Yo agradecería la opinión del docto portavoz de la cámara, Marco Emilio Escauro.


domingo, 8 de enero de 2017

LA LEYENDA DE LOS AMORES HOMOSEXUALES ENTRE JULIO CÉSAR Y EL REY DE BITINIA NICÓMEDES IV


(...) Todo lo que la Bitinia y el amante de César poseyó jamás.


Paso en silencio las acusaciones de Dolabella y Curión, padre, en las que Dolabella le llama "rival de la reina" y "espalda del lecho real", y Curión "establo de Nicomedes" y "mal lugar de Bitinia". Tampoco me detendré en los edictos de Bíbulo contra su colega, en los que le trata de "reina de Bitinia" y en los que le censura a la vez a su antigua afición por un rey y ahora por un reino. Refiere M. Bruto que por esta época, una tal Octavio, especie de loco que decía cuanto se le antojaba, dio a Pompeyo, delante de numerosa concurrencia, el título de rey y a César el de reina. C. Memio le acusa de haber servido a la mesa de Nicomedes con los eunucos de este monarca y de haberle presentado la copa y el vino de numerosos convidados, entre los que se encontraban muchos comerciantes romanos cuyos nombres cita. No contento Cicerón con haber escrito en algunas cartas que César fue llevado a la cámara real por soldados, que se acostó en ella cubierto de púrpura en un lecho de oro, y que aquel descendiente de Venus prostituyó en Bitinia la flor de su juventud, le dijo un día en pleno Senado, estando César defendiendo la causa de Nisa, hija de Nicomedes, y cuando recordaba los favores que debía a este rey: "Omite, te lo suplico, todo eso, porque demasiado sabido es lo que has recibido y lo que le has dado". En fin, al día de su triunfo sobre las Galias, los soldados, entre los versos con que acostumbraban celebrar la marcha del triunfador, cantaron los conocidísimos:

César sometió a las Galias y Nicomedes a César. He aquí César que triunfa porque sometió las Galias y Nicomedes no triunfa, habiendo sometido a César.

 ( Lucinio Calvo)











martes, 6 de enero de 2015

CARTA DE CNEO POMPEYO MAGNO A CAYO MEMIO



Os escribo, Cayo Memio, para solicitar se me permita procesar a Tito Anio Albucio, gobernador propraetor de nuestra provincia de Cerdeña, inmediatamente después de nuestro regreso a Roma a finales del año. Como sabe esa cámara, hace un mes Tito Anio comunicó su éxito en la erradicación del bandidaje en la provincia y solicitó una ovación por su obra. Solicitud que le fue justamente denegada. Aunque quedaron erradicadas ciertas redes de esos perniciosos individuos, la provincia no está ni mucho menos libre de bandoleros. Pero mis razones para procesar al gobernador se deben a su conducta antirromana al saber que su solicitud de ovación había sido denegada. No sólo motejó a los miembros del Senado de pandilla de irrumatores desconsiderados, sino que procedió, con grandes gastos, a celebrar una farsa de triunfo por las calles de Carales. Yo considero esta acción como una afrenta al Senado del pueblo de Roma, y ese burdo triunfo, una traición. De hecho, me siento tan indignado, que me obstino en ser yo mismo quien dirija el proceso. Os ruego me contestéis lo antes posible.


( C. McC. )