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lunes, 20 de julio de 2015

EL CÓNSUL GNEO DOMICIO CORBULÓN


Gneo Domicio Corbulón (7 - 67) fue un político y militar del Imperio romano.
Nació en 7, en Italia, en el seno de una familia de rango senatorial; su padre había sido pretor durante el reinado de Tiberio, y su madre, llamada Vistilia, procedía de una familia que había ostentado el pretorado.
Se desconocen los orígenes de su carrera, aunque se sabe que fue cónsul en 40 durante el reinado del emperador Calígula, que era su cuñado a través de su matrimonio con su hermanastra, Milonia Cesonia.
Tras el asesinato de Calígula, su carrera entró en un punto muerto hasta el año 47, año en el que Claudio le nombró comandante de los ejércitos de Germania Inferior, que tenían como base la moderna Colonia.


El nombramiento de esta zona tan inestable se vio además dificultado debido a que tuvo que hacer frente a importantes rebeliones y brotes de violencia encabezados por las tribus germánicas. Durante su gobierno en Germania, el general ordenó la construcción de un canal entre los ríos Rin y Mosa. Partes de esta gran obra de ingeniería que se conocen como Fossa Corbulonis o Canal de Corbulón se han encontrado en una excavación arqueológica. Su curso es idéntico al del río Vilet, que une las modernas ciudades de Leiden y Voorburg.
Regresó a Roma, donde permaneció hasta 52, cuando fue nombrado gobernador de la provincia de Asia. Tras la muerte de Claudio en 54, el nuevo emperador, Nerón, le envió a las provincias orientales a fin de que solucionara el asunto relativo a la sucesión del trono de Armenia. 
En 58, inició la ofensiva y, reforzado por las tropas de Germania, atacó a Tiridates I, rey de Armenia y hermano de Vologases I de Partia. Bajo su mando las legiones capturaron las ciudades de Artaxata y Tigranocerta (Legio III Gallica, Legio VI Ferrata y Legio X Fretensis), y Tigranes VI, que había sido educado en Roma y estaba dispuesto a someterse a las órdenes del emperador, se instaló en el trono.


En 61 Tigranes invadió Adiabene, parte integrante del reino de los partos, haciendo que la guerra entre el Imperio Parto y el Romano pareciera inevitable. Vologases por su parte creía que la mejor manera de terminar con el conflicto era negociar con el Imperio romano.
 Vologases quería que los soldados romanos abandonaran Armenia, que se destronara a Tigranes y que se reconociera la posición de Tiridates. El gobierno romano se negó a ceñirse a estos términos y se ordenó a Lucio Caesenio Paeto, gobernador de Capadocia, que resolviera la cuestión para que Armenia quedara directamente bajo control romano.
Mientras Corbulón centraba su atención en los asuntos de Siria, Paeto por su parte, un incapaz y débil comandante que despreciaba la fama adquirida por Corbulón, sufrió una severa derrota en Rhandeia (62). El mando de las tropas fue por tanto vuelto a encomendar a Corbulón.
 En 63 cruzó el Éufrates a la cabeza de un fuerte ejército, pero Tiritades se negó a presentar batalla y llegó a un acuerdo de paz. En Rhadeia le entregó al romano su diadema imperial, prometiendo que no volvería a ceñírsela hasta que el propio Nerón le coronara en Roma.
 
Tras dos conspiraciones encabezadas por senadores, entre los cuales se encontraba su yerno Lucio Annio Viniciano para derrocar a Nerón en 65, Nerón comenzó a sospechar de él y de su popularidad entre las masas. En 67 estallaron disturbios en la provincia de Judea, pero Nerón envió a Tito Flavio Vespasiano para que sofocara la rebelión. 
Nerón convocó a Corbulón y a los gobernadores de las dos Germanias a Grecia. A su llegada a Corinto, unos mensajeros de Nerón se entrevistaron con Corbulón y le obligaron a suicidarse. Éste, obedientemente se dejó caer sobre su propia espada diciendo: Axios("yo soy digno")






jueves, 18 de diciembre de 2014

PREPARATIVOS EN CAMPAÑA DE LOS LEGIONARIOS ROMANOS

 


El ejercito romano no emprende guerras por cualquier cosa, pero cuando lo hace tiende a tomar la iniciativa. Por tanto, los legionarios suelen saber con antelación que se aproxima una campana.

 

Si eras un militar de las legiones romanas, tenías que hacer lo siguiente:

Primero, tomate tu tiempo y escríbele a tus seres queridos, y despídete tiernamente de la mujer que ames o de tu prostituta favorita. No es que vayáis a partir inmediatamente, pero en los próximos tiempos vas a tener pocos ratos libres para esas cosas.

 

Segundo, y sobre todo, come como un oso antes de ponerse a hibernar. Esta es una buena idea por dos razones: en la campana que se avecina vas a quemar calorías a un ritmo endiablado y la forma mas segura de hacer acopio de provisiones es en forma de grasa alrededor de la cintura. Aunque no te lo creas, es posible estar gordo y en forma al mismo tiempo, y todo legionario debe intentar alcanzar este estado antes de partir.

 

Tercero, el legado y el resto de oficiales incrementaran la ferocidad de las rutinas diarias de entrenamiento. Cuando quiera que las legiones se dispongan a hacer algo para ganarse el sustento, lo habitual es que el comandante las saque de la base para meterlas en tiendas. Cualquier general competente sabe que, antes de empezar a marchar en serio, resulta recomendable sacar a una legión al campo durante una o dos semanas para quitarle las legañas, especialmente si dicha legión lleva cierto tiempo sin moverse del campamento.

 

Todo el mundo recuerda las maniobras del 57-58 d. C., en las que Corbulón cogió al perezoso ejercito romano de Oriente y le pego una buena sacudida para convertirlo en la afinada y despiadada maquina de matar partos.  Las marchas de entrenamiento en las invernales cordilleras de Armenia fueron tan brutales que algunos centinelas murieron de congelación en sus puestos. La tierra con la que se construían los terraplenes estaba completamente helada, y un soldado al que se había mandado a buscar combustible se le desprendieron las manos de las muñecas al soltar el haz de lena que llevaba.

 

Cuarto, practica tus habilidades con el pico y la pala. Los zafarranchos de combate son poco frecuentes, y sirven para relajarse entre intensas fases de excavación. Los generales romanos están firmemente convencidos de que las guerras se ganan con el dolabra, el azadon del legionario. Por ello, cuando el legionario no este cavando trincheras alrededor del campamento -de tres metros de profundidad, por favor, el centurión vendrá luego para comprobarlo- los legionarios se dedicaran a otras actividades, como por ejemplo:

• Construir terraplenes defensivos.

• Excavar zanjas para evitar que la caballería enemiga coja al ejercito por los flancos.

• Construir parapetos para las armas de asedio.

• Realizar trabajos de ingeniería en las carreteras y en los puentes por los que el ejercito va a pasar para llegar a su destino. (Por ejemplo, el ingeniero imperial Apolodoro estaba trabajando  en un puente -de casi un kilómetro de longitud- que permitió al ejercito atravesar el Danubio en dirección a Dacia. Esta obra de ingeniería se mantuvo en pie durante varios milenios, hasta que los últimos restos sean volados en la primera década del s. xx por suponer un riesgo para la navegación.)

 

Finalmente, la charla previa. Una vez que el periodo de entrenamiento intensivo haya llegado a su fin y la campana este a punto de comenzar de veras, cualquier general con buenos modales debe salir a la palestra. Esto supone reunir a la legión en pleno para asistir a una arenga del comandante. En dicha elocución, el general explicara los motivos de la campana, los beneficios que Roma extraerá de ella y el enorme botín que les espera si esta tiene éxito, del que podrán beneficiarse todos los implicados. Este ultimo punto resulta especialmente importante si el general en cuestión esta empleando las tropas para iniciar una guerra civil y ponerse al frente del Imperio, porque en este caso los incentivos ofrecidos a las tropas habrán de ser especialmente tentadores.