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domingo, 16 de junio de 2019

CLODIA



Clodia fue una dama patricia romana, nacida en 95 a. C., tercera hija del patricio Apio Claudio Pulcro y Cecilia Metela y hermana de Publio Clodio Pulcro.
 
Como las mujeres de clase alta de su época, Clodia recibió buena educación en Griego y en Filosofía, con un talento especial para escribir poesía. Su vida, inmortalizada en los escritos de Cicerón y también, según creencia general, en los poemas de Catulo, fue caracterizada por unos continuos escándalos.
 
Junto con su hermano Publio Clodio Pulcro, se cambió el nombre patricio Claudia al de Clodia, de connotación plebeya.
 
Clodia se casó con Lúculo y se divorció en 66 a. C. tras una disputa entre éste y su hermano Publio, y después con su primo Quinto Cecilio Metelo Céler. El matrimonio no fue feliz.
 
Clodia tuvo varias aventuras con hombres casados y esclavos, convirtiéndose al mismo tiempo en una famosa jugadora y bebedora. Las discusiones con Metelo Celer eran constantes, a menudo en público. Cuando Metelo Celer murió en extrañas circunstancias en 59 a. C., se sospechó que ella le había envenenado.
 
Como viuda, Clodia empezó a ser conocida como una mujer de vida alegre, tomando varios amantes, entre ellos posiblemente al poeta Catulo, quien perdería el favor de Clodia y, celoso y encolerizado, empezó a escribir contra Clodio. Pero fue otra de sus aventuras la que causó un tremendo escándalo, la que mantuvo con Marco Celio Rufo, el amigo de Catulo.
 
 Después de terminar la relación con Celio en 56 a. C., Clodia le acusó públicamente de intentar envenenarla. Hubo acusación de asesinato y un juicio. El defensor de Celio era Cicerón, que la trató muy duramente, (discurso Pro Caelio) ya que tenía un interés personal en el caso, porque su hermano Publio Clodio era su enemigo político más acérrimo.
 
 Entre otras cosas, Clodia fue acusada de ser una seductora y una borracha en Roma y en Baiae, así como de cometer incesto con su hermano Publio. La llamó una desgracia para su familia y la apodó Clodia la Medea del Palatino. Parece ser que el matrimonio de Cicerón con Terencia sufría por las sospechas persistentes de ésta de que Cicerón estaba teniendo una aventura con Clodia.
 
Quizás la palabra «celo» viene del enfrentamiento entre Celio y Cátulo. Es en este discurso de Cicerón donde se indica claramente su pertenencia a la gens Claudia, a través de su padre y su antecesor, Apio Claudio el Censor, responsable de la construcción de la Vía Apia.
 
Después del juicio de Celio, en el que éste fue encontrado no culpable, no se sabe nada o muy poco sobre Clodia, y se desconoce la fecha de su muerte. Debido a que las mujeres romanas no eran identificadas con nombres personalizados, hay cierta dificultad en identificarlas. Tal vez esta Clodia o una hermana estaba aún viva en 44 a. C.
El poeta Catulo escribió varios poemas de amor referentes a una mujer llamada Lesbia,​ identificada en la segunda mitad del siglo por el escritor Apuleyo (Apología 10) como una "Clodia". Esta práctica de sustituir nombres reales por unos con idéntico valor métrico era usual en la poesía latina de la época.
 
 La identificación de Lesbia con Clodia, basada sobre todo en el retrato que hizo de ella Cicerón, es un hecho aceptado, a pesar de detractores ocasionales.
 
La historiadora especializada en Roma, Suzanne Dixon, refiere un poderoso argumento no sólo contra la identificación de Clodia con Lesbia sino también sobre que 'Lesbia' se refería a una mujer real.
 
Existe una muy interesante versión sobre los amores de Clodia con su hermano y demás patricios romanos en un cuento de la colección Vidas imaginarias, de Marcel Schwob. Hay edición en español de la editorial Longseller.



sábado, 6 de octubre de 2018

FAUSTO CORNELIO SILA


Fausto Cornelio Sila (en latín, Faustus Cornelius Sulla; Roma, 86 a. C.-Tapso, 46 a. C.) fue un noble, político y militar romano, hijo del dictador Lucio Cornelio Sila. Miembro de la facción optimates, contó con la amistad y la protección de Pompeyo y Cicerón. Combatió a Julio César durante la segunda guerra civil, luchando en las batallas de Farsalia y Tapso, siendo muerto por las tropas cesarianas tras esta última.
 
Fausto Sila fue el mayor de los hijos supervivientes del dictador de Roma Lucio Cornelio Sila y su esposa Cecilia Metela, nacido en Grecia tras la huida de su madre del régimen de Lucio Cornelio Cinna en Roma. Era conocido simplemente como Fausto, puesto que era el único romano que recibía ese nombre desde Fausto Valerio, que vivió en tiempos del rey Numa Pompilio.
 
Durante su juventud, su vida se vio amenazada por todos los enemigos de su difunto padre, en especial por los proscipti y sus parientes, a los que Sila había hecho asesinar e incautar sus propiedades. En 75 a. C. su condiscípulo Cayo Casio lo abofeteó por alabar en la escuela las proscripciones de su padre y amenazar con imitarlo cuando la edad se lo permitiera. Sin embargo, contó con la protección del Senado, así como la de algunos de sus miembros más destacados, como Cicerón y, sobre todo, Pompeyo, de quien sería -además de su yerno- uno de sus más fieles seguidores.
 
Combatió como tribuno militar a las órdenes de Pompeyo, destacándose en el asedio de Jerusalén, en 63 a. C., al ser uno de los primeros en subir a las murallas de la ciudad santa.
 
Fue magistrado de la moneda un año después, en 62 a. C., y en 60 a. C. celebró unos grandes juegos en memoria de su padre. Cuestor en 54 a. C., sirvió de 49 a. C. a 47 a. C. como procuestor en el ejército de Pompeyo, durante su guerra con César. Combatió en la batalla de Farsalia, y, tras la derrota de Pompeyo se unió a las fuerzas senatoriales del norte de África, luchando hasta la batalla de Tapso (46 a. C.), en donde cayó prisionero y fue muerto por los soldados cesarianos.


miércoles, 27 de mayo de 2015

LA TUMBA DE CECILIA METELA (I A. DE J.C.)




La Vía Appia, iniciada en el 312 a. de J.C. por el cónsul Appio Claudio, del que toma el nombre, fue la primera de las grandes calzadas consulares. 


Enlazaba Roma con el Sur de Italia, llegando con ulterior prolongación en el 190 a. de J.C., hasta Brindisi, el antiguo puerto del que zarpaban las naves hacia Grecia, el Asia Menor y Egipto. 



La tumba de Cecilia Metela es una de las mejores conservadas. Fue construida por Cecilia, hija de Quinto Metelo Crético y esposa de Craso.




La estructura cilíndrica, de 20 metros de diámetro, se apoya sobre un basamento cuadrado, de cal y canto, del que ha sido arrancado el revestimiento.




En el siglo XIII se convirtió en torreón del castillo de la familia Caetani.





lunes, 1 de diciembre de 2014

LOS GRANDES CEMENTERIOS DE ROMA

 

Allí todo eran tumbas y más tumbas, salvo los imponentes mausoleos y sepulcros de los ricos y nobles, que flanqueaban las arterias que salían de la ciudad, y las simples lápidas de los humildes. Todos los romanos y griegos, incluidos los más pobres y los esclavos, soñaban con poder pagarse un monumento que atestiguara su existencia después de muertos. Por eso, pobres y esclavos formaban parte de asociaciones funerarias y aportaban lo poco que podían a aquellas fratrías, que administraban e invertían cuidadosamente los ingresos; las malversaciones abundaban en Roma, como en cualquier otra parte, pero las asociaciones funerarias estaban tan celosamente controladas por los afiliados, que a los administradores no les quedaba más remedio que ser honrados. Un buen funeral y una bonita tumba eran cosas importantes.

 

Un cruce de carreteras constituía el punto central de la enorme necrópolis situada en el Campus Esquilinus, y en el mismo cruce, entre unos frondosos árboles sagrados, se alzaba el imponente templo de Venus Libitina; dentro del podio se guardaban los libros de registro con los nombres de los ciudadanos romanos difuntos, acompañados de arcas y más arcas con el dinero pagado durante siglos por la inscripción. Por eso el templo poseía una gran riqueza, y aunque los fondos eran del Estado, no se tocaban. Se trataba de la Venus que regía a los muertos, no a los vivos, la Venus protectora de la extinción de la fuerza procreadora. Y su templo era la sede central del gremio de las empresas funerarias de Roma.

 



 Delante del templo había una explanada en la que se levantaban las piras, y detrás de ella estaba el cementerio de los pobres, una extensión siempre cambiante de fosas llenas de cadáveres, cal y tierra. Eran pocos los que, ciudadanos o no ciudadanos, elegían ser inhumados, aparte de los judíos, que recibían enterramiento en una zona especial, y los aristócratas de la familia noble de los Cornelios, a quienes se daba sepultura en la Via Apia. Por eso la mayoría de los sepulcros que convertían el Campus Esquilinus en una densa ciudad de piedra, guardaban urnas con cenizas en lugar de cuerpos en descomposición. Dentro del recinto sagrado de Roma no se enterraba a nadie, ni siquiera a los grandes.



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VÉAMOS AHORA EL MAUSOLEO DE CECILIA METELA: