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domingo, 22 de abril de 2018

EL CÓNSUL QUINTO LUTACIO CÁTULO CÉSAR



EL CÓNSUL QUINTO LUTACIO CÁTULO CÉSAR,
 SEGÚN UN DIBUJO DE COLLEEN McCULLOUGH

Quinto Lutacio Cátulo (Latín: Quintus Lutatius Catulus, Q·LVTATIVS·C·F·CATVLVS), fue un general romano de la gens Lutatia que ocupó el cargo de cónsul junto con Cayo Mario en 102 a. C. Su hijo, llamado Quinto Lutacio Catulo, fue una figura importante de la política romana que llegó a cónsul y a censor a finales de la república.
 
Se sabe que antes de alcanzar el consulado había sido derrotado en tres intentos previos de obtener esta magistratura, por primera vez ante Cayo Atilio Serrano en 106 a. C., en segundo lugar, por Cneo Malio Máximo en 105 a. C. y en tercer lugar por Cayo Flavio Fimbria en 104 a. C. Ese año, o bien no fue candidato para el consulado de 103 a. C., o tampoco tuvo éxito.
 
En el momento en que Cátulo asumió la magistratura, en Roma reinaba una gran consternación. Los cimbrios, a los que en su gran migración hacia el oeste se habían sumado los teutones, ambrones, tigurinos y otras tribus menores, después de asolar el sur de la Galia y el norte de Hispania y derrotar a cinco ejércitos romanos (Carbón en 113 a. C., Silano en 109 a. C., Casio en 107 a. C., Malio y Quinto Servilio Cepión en 105 a. C.) estaban a punto de entrar en Italia. Los invasores se dividieron en dos enormes columnas. Los teutones marchaban a través de la Provenza por la costa hacia el golfo de Liguria, mientras que los cimbrios se preparaban para cruzar por los Alpes hacia el Po.
 
Se decidió que Mario se enfrentaría a los teutones y Cátulo (con Sila como su lugarteniente) fue enviado a defender el paso de los Alpes para detener el avance de los cimbrios, pero se vio obligado a retirarse al río Po cuando el pánico comenzó a extenderse entre sus tropas, abandonando así toda la Galia Transalpina a los estragos del enemigo. Tan pronto como la noticia de este desastre, que ocurrió en la primavera de 101 a. C., llegó a Roma, Mario, que había regresado recientemente a la ciudad, tras su gran victoria obtenida en Aquae Sextae, salió en ayuda de su colega; los dos ejércitos reunidos cruzaron el Po y fueron hacia el campamento de los cimbrios, que estaba cerca de Vercellae y el 30 de julio de 101 a. C. comenzó el combate que significó una nueva victoria romana.
 
Cuando el honor de la victoria fue otorgado a Mario en exclusiva, Cátulo se convirtió en su enemigo. Cátulo fue uno de los que tomaron un papel activo en la muerte de Saturnino, sirvió con distinción en la guerra social, y abrazó con entusiasmo la causa de Sila en la guerra civil. Por esta causa, su nombre fue incluido en la lista de víctimas en la proscripción del año 87 a. C. Como Mario rechazó perdonarlo, Quinto Lutacio Cátulo se suicidó.
 
Se distinguió como orador, poeta y escritor en prosa, y estaba instruido en literatura griega.​ Se dice que escribió la historia de su consulado y de la guerra contra los cimbrios siguiendo el estilo de Jenofonte.
 
Cátulo fue un hombre muy rico que empleó su dinero en embellecer la ciudad de Roma. Había dos edificios que se conocían como Monumenta Catuli: el templo a la Diosa Fortuna, para conmemorar la victoria en Vercellae (en el Área Sacra de Largo di Torre Argentina), y el Pórtico Cátulo, construido gracias a la venta del botín capturado a los cimbrios. Una parte de este edificio fue destruida por Clodio cuando arrasó la casa de Cicerón.

martes, 10 de abril de 2018

MARCO LIVIO DRUSO DICE SOBRE CAYO MARIO




Aunque a algunos de mi clase les deje perplejos, por una vez no coincido con la opinión de mis iguales. Yo voté por Cayo Mario...  Pero es que no sólo voté por Cayo Mario, sino que se lo aconsejé a casi todos mis amigos y clientes. Yo estuve en Aurasio y vi con mis propios ojos lo que sucede cuando el elitismo senatorial se antepone al buen sentido romano. Y os digo sinceramente que si Cayo Mario fuese bizco como César Estrabo, tan descarado como Pompeyo Estrabo, tan bajo de cuna como un trabajador del puerto de Roma, tan vulgar como el caballero Sexto Perquetieno... aun así le votaría. No creo que exista un militar de su talla, y yo no toleraría que nombraran por encima de él a un cónsul que le tratase como Quinto Servilio Cepio trató a Cneo Malio Máximo.



viernes, 30 de marzo de 2018

DISCURSO DEL PRETOR MANIO AQUILIO EN EL SENADO SOLICITANDO EL MANDO SUPREMO PARA CAYO MARIO EN ARAS DE HACER FRENTE A LA INVASIÓN GERMANA TRAS LA DERROTA ROMANA DE AURASIO



Publio Rutilio, Marco Emilio, padres conscriptos, coincido con el cónsul en que sólo hay un hombre con capacidad para sacarnos de apuros, y estoy de acuerdo en que ese hombre es Cayo Mario. Pero la solución que nuestro estimado cónsul propone no es la adecuada. No podemos restar posibilidades a Cayo Mario con un imperium proconsular limitado a la Galia Transalpina. En primer lugar, ¿qué sucederá si la guerra trasciende de la Galia Transalpina? ¿Qué sucederá si se extiende a la Galia itálica, a Hispania o a la propia Italia? ¡Pues que el mando pasaría automáticamente al gobernador correspondiente o al cónsul del año!.  Cayo Mario cuenta con muchos enemigos en esta cámara. Y yo, para empezar, no estoy muy seguro de que esos enemigos antepongan el interés de Roma a sus rencores. La negativa de Quinto Servilio Cepio a colaborar con Cneo Malio Máximo constituye inequívoco ejemplo de lo que sucede cuando un miembro de la antigua nobleza antepone su dignitas a la dignitas de Roma.

 

 Sí, príncipe del Senado, ya sé que me habéis dicho que Quinto Servilio mantuvo su dignitas idéntica a la de Roma. Hacéis muy bien en corregirme y os agradezco la rectificación. ¡La dignitas de Roma y la de Quinto Servilio Cepio son idénticas! Pero ¿por qué sostener que la dignitas de Cayo Mario sea inferior a la de Quinto Servilio Cepio? ¡Qué duda cabe de que la contribución personal de Cayo Mario es bastante alta, si no más alta, a pesar de que sus antepasados no tuvieran nada! ¡La carrera personal de Cayo Mario es ilustre! ¿Piensa, por ello, algún miembro de esta cámara que Cayo Mario anteponga Arpinum a Roma? ¿Cree seriamente algún miembro de esta cámara que Cayo Mario piensa en Arpinum como si no fuese una parte integrante de Roma? ¡Todos nosotros tenemos antepasados que fueron hombres nuevos! ¡Hasta Eneas, que llegó al Lacio desde la lejana Ilión! ¡El era un hombre nuevo! Cayo Mario ha sido pretor y cónsul, ennobleciéndose con ello, y sus descendientes serán nobles hasta el final de los tiempos.

 

Veo hoy aquí a varios padres conscriptos que llevan el nombre de Porcio Catón. Pues su abuelo era un hombre nuevo. Sin embargo, ¿no consideramos hoy a estos Porcios Catones pilares de esta cámara, nobles descendientes de un hombre que en su día causaba el mismo efecto en romanos con el nombre de Cornelio Escipión, del mismo modo que Cayo Mario lo causa hoy en otros con el nombre de Cecilio Metelo?

 

Es Cayo Mario y no otro quien debe ostentar el mando supremo contra los germanos ¡Independientemente de donde se plantee la guerra! Por consiguiente, no basta con investir a Cayo Mario con imperium proconsular limitado a la Galia Transalpina.

 

Como es evidente, Cayo Mario no se halla aquí para dar su opinión, y el tiempo corre como un corcel desbocado. Cayo Mario debe ser cónsul. Es el único modo de concederle el poder que va a necesitar. ¡Hay que hacerle candidato a las próximas elecciones consulares... candidato in absentia!

 

¿Puede alguien aquí negar que los hombres de las centurias son lo mejor del pueblo?.  Pues yo os digo, ¡dejad que decidan los hombres de las centurias! ¡Que elijan cónsul a Cayo Mario in absentia o que no lo elijan!.  Porque la decisión de conceder el mando supremo es de suma responsabilidad para que la adopte esta cámara. Y también lo es para la Asamblea de la plebe o para todo el pueblo. ¡Yo os digo, padres conscriptos, que la decisión de otorgar el mando supremo en la guerra contra los germanos debe trasladarse a esa capa del pueblo romano que más cuenta, los ciudadanos de primera y segunda clase que voten en su propia asamblea comitia centuriata!. Gracias.



DISCURSO DEL CÓNSUL URBANO PUBLIO RUTILIO RUFO EN EL SENADO PROPONIENDO MEDIDAS URGENTES DE NUEVOS ALISTAMIENTOS A LAS LEGIONES, TRAS CONOCER LA DERROTA DE AURASIO



 

No es ocasión para entrar en debate, padres conscriptos. Ni para recriminaciones y más enfrentamientos. Hoy es día de acción.

 

Mañana son los idus de octubre y eso quiere decir que ha concluido la temporada de campañas. Pero nos queda muy poco tiempo si queremos evitar que los germanos invadan Italia en cualquier momento, como parece probable. He formulado un plan de actuación que voy a presentaros, pero antes voy a hacer una solemne advertencia. Al menor signo de discusión, disensión o cualquier otra forma de partidismo en la cámara, presentaré el plan al pueblo y haré que lo apruebe la Asamblea de la plebe. Así, os privaré, conscriptos padres, de vuestra prerrogativa a dirigir los asuntos relativos a la defensa de Roma.

 

La conducta de Quinto Servilio Cepio es exponente de la gran debilidad de la institución senatorial, es decir, su negativa a admitir que la casualidad, la fortuna y la suerte a veces se concatenan y hacen surgir hombres de las capas sociales más bajas con grandes dotes que todos nosotros consideramos inherentes al linaje y a la tradición para gobernar al pueblo de Roma y tener el mando de sus ejércitos.

 

Vamos a necesitar todos los hombres útiles de toda Italia, eso desde luego. Desde los del censo por cabezas hasta las órdenes y clases del Senado, ¡todos los hombres útiles! Por lo tanto os pido un decreto pidiendo a la Asamblea de la plebe que redacte inmediatamente una ley prohibiendo a todo el que tenga entre diecisiete y treinta y cinco años abandonar las costas de Italia o cruzar el Arnus y el Rubico hacia la Galia itálica. Mañana quiero que haya correos dispuestos para dirigirse al galope a todos los puertos de la peninsula con órdenes para que ninguna nave acepte hombres libres útiles como marineros ni pasajeros. Eludir el servicio militar se penará con la muerte, tanto por parte del que lo eluda como del que lo consienta.

 

Todo el personal disponible será enviado a reclutar soldados de todas las clases desde el censo por cabezas hasta la senatorial. Y eso significa, padres conscriptos, que los que entre vosotros tengan treinta y cinco años o menos irán inmediatamente destinados a las legiones, independientemente del número de campañas en que hayáis servido anteriormente. Si aplicamos la ley con energía, conseguiremos soldados. Si no, mucho me temo que no obtengamos los precisos. Quinto Servilio limpió las últimas bolsas de pequeños propietarios en toda Italia y Cneo Malio alistó a casi setenta mil proletarios del censo por cabezas como soldados o tropas auxiliares. Así que tendremos que tener en cuenta los ejércitos que tengamos en otros países. En Macedonia sólo disponemos de dos legiones, las dos auxiliares y a las que posiblemente sea imposible desplazar. En Hispania, dos legiones en la provincia Ulterior y una en la Citerior; dos de ellas son romanas y la otra de tropas auxiliares, y no sólo tienen que permanecer allí, sino que deben reforzarse notablemente ya que los germanos se proponen invadir Hispania.

 

Hay tres aspectos de la guerra en Africa que deseo mencionar. El primero es su acertada conclusión, con un enemigo totalmente batido, un rey enemigo con su familia que en estos momentos se encuentra en Roma como rehén en casa de nuestro noble Quinto Cecilio Metelo el Meneítos... oh, os ruego que me perdonéis, Quinto Cecilio, el Numídico, quería decir. Bien, que se encuentra aquí en Roma. El segundo aspecto es la existencia de un ejército de seis legiones formadas por proletarios, sí, pero estupendamente entrenados, valientes y con excelentes oficiales, desde los centuriones más jóvenes y cadetes tribunos hasta los legados. Y cuenta con una fuerza de caballería de dos mil jinetes igualmente avezados y valientes. El tercer aspecto, padres conscriptos, es un hombre. Un solo hombre. Me refiero, naturalmente, al procónsul Cayo Mario, comandante en jefe del ejército de Africa y único artífice de una victoria tan absoluta que merece parangón con las victorias de Escipión Emiliano. El peligro en Africa para los ciudadanos de Roma, sus propiedades, su provincia y el abastecimiento de trigo ha desaparecido. De hecho, Cayo Mario nos ha legado una Africa tan pacificada que ni siquiera es necesario dejar allí una legión para guarnecerla.

 

Roma necesita un general más que soldados y centuriones. Como dijo en cierta ocasión el propio Cayo Mario en esta misma cámara, millares y millares de soldados romanos han perecido en los pocos años que van desde la muerte de Cayo Graco... ¡única mente por la incompetencia de los hombres que los mandaban a ellos y a los centuriones! Y cuando Cayo Mario dijo estas palabras, Italia tenía cien mil hombres más de los que tiene en este momento. ¿Y cuántos soldados, centuriones y fuerzas auxiliares ha perdido Cayo Mario? ¡Prácticamente ninguno, padres conscriptos! Hace tres años llevó seis legiones a Africa y aún cuenta con esas seis legiones en perfecto estado. ¡Seis legiones veteranas, seis legiones con centuriones!

 

¡Cayo Mario es la solución a la necesidad que tiene Roma de un general competente!. Habéis escuchado a Marco Aurelio Cota decir que había habido una rencilla entre los germanos, y que de momento parece que han desistido de migrar a través de la provincia de la Galia Transalpina. Creo que no deberíamos quedarnos tan tranquilos por ese informe. Debemos tomarlo con escepticismo y que no nos haga incurrir en mayores necedades. No obstante, un hecho parece cierto: disponemos de este invierno para prepararnos. Y la primera fase de preparación debe ser nombrar a Cayo Mario procónsul en la Galia, con un imperium que no se le derogue hasta que venzamos a los germanos.

 

Ya sé que Metelo el Numídico se opone a dar a Cayo Mario el gobierno de la Galia Transalpina con imperium proconsular de varios años, pero dada la gravísima magnitud de nuestros apuros, necesitamos un general de la categoría de Cayo Mario. Sé que algunos, incluído el príncipe del Senado Marco Aurelio Escauro deseais dar el mando supremo a Quinto Cecilio el Meneitos, pero yo no os lo recomiendo. Me explico: Quinto Cecilio estuvo dos años en Africa perdiendo el tiempo; lo sé porque yo estaba allí. Yo he servido con Quinto Cecilio, y lo de Meneítos es un buen epíteto para él, porque es tan indeciso calculando como una mujer veleidosa. Y también he colaborado con Cayo Mario, y quizá no sea pedir demasiado que algunos miembros de esta cámara recuerden que yo mismo no soy de despreciar en el terreno militar. ¡A mi se me habría debido dar el mando en la Galia Transalpina y no a Cneo Malio Maximo! Pero eso es agua pasada y no tengo tiempo que perder en reproches.

 

¡Os repito, padres conscriptos, que la apurada situación de Roma exige urgentemente que cese ese alcahueteo de unos cuantos en la cima de este noble árbol! Os lo repito, padres conscriptos, a los que os sentáis en el tercio medio de los dos lados de esta cámara, a los que os sentáis en el tercio posterior de ambos lados de esta cámara, que sólo hay un hombre con capacidad para conjurar este peligro! ¡Y que ese hombre es Cayo Mario! ¡Qué importa que no figure en el registro genealógico! ¿Qué más da que no sea un romano descendiente de romanos? ¡Quinto Servilio Cepio es un romano auténtico y mirad dónde nos ha dejado! ¿Sabéis dónde nos ha dejado? ¡En la pura mierda!

 

Honorables miembros de esta cámara, hombres de bien, compañeros senadores! ¡Os suplico que en esta ocasión dejéis a un lado vuestros prejuicios! ¡Tenemos que dar a Cayo Mario poder proconsular en la Galia Transalpina todo el tiempo que sea preciso hasta que los germanos retrocedan a Germania!. Gracias a todos, y que los dioses nos acompañen.


domingo, 25 de marzo de 2018

BREVE CARTA DEL CÓNSUL CNEO MALIO MÁXIMO A SU COCÓNSUL QUINTO SERVILIO CEPIO EN VÍSPERAS DE LA BATALLA DE AURASIO



Como supremo comandante del campo, os repito mi orden de trasladaros con el ejército al otro lado del río sin más dilación. Os ruego consideréis esta segunda orden como la última. Si persistierais en desafiarme, procederé contra vos por la vía legal en Roma bajo la acusación de alta traición y vuestra altanera actitud será la prueba.

 

RESPUESTA DE QUINTO SERVILIO CEPIO:


No admito que seáis el comandante supremo de campo. Sí, iniciad los procedimientos contra mí por traición. Yo iniciaré procedimientos por traición contra vos. Como los dos sabemos quién ganará, os exijo que me cedáis inmediatamente el mando.


( C. McC. )


lunes, 12 de febrero de 2018

EL CÓNSUL CNEO MALIO MÁXIMO


 
Cneo Malio Máximo (en latín, Cnaeus Mallius Maximus) fue un político y militar de la República Romana.
 
Malio Máximo era un Homo novus, es decir, un hombre procedente de la nobleza rural más que de la aristocracia romana. Cneo Malio se concedió a sí mismo el cognomen de Máximo, lo que era una auténtica provocación para la clase aristocrática romana. A pesar de su condición de hombre nuevo, Malio Máximo fue elegido cónsul en el 105 a. C. junto con Publio Rutilio Rufo, venciendo en las elecciones a Quinto Lutacio Cátulo. Cicerón​ representa a Malio como un completo inútil. Se le otorgó la provincia de la Galia Transalpina.
 
Cuando Malio llegó a su provincia, se encontró con una falta de cooperación total por parte del cónsul del año anterior, Quinto Servilio Cepión. Cepión no cooperaba con Malio al considerarle un arribista, algo totalmente inaceptable para el aristócrata, y se negó a cederle el mando de sus tropas. Por ello cuando llegaron los cimbrios, se encontraron con dos ejércitos desunidos bajo las órdenes de dos generales totalmente ineptos militarmente. La batalla librada el 6 de octubre de 105 a. C. y que posteriormente se conocería como Batalla de Arausio se convirtió no solo en una derrota, sino en una derrota tan contundente para los romanos que pocos supervivientes escaparon. Malio Máximo perdió a sus hijos en la batalla y cuando llegó a Roma fue juzgado y condenado bajo los cargos de "pérdida de su ejército". Fue defendido por Marco Antonio el Orador.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

CARTA DEL CÓNSUL PUBLIO RUTILIO RUFO A CAYO MARIO


Hemos tenido un invierno inquietante y una primavera en la que ha imperado el pánico. Los germanos por fin se han puesto en movimiento y han penetrado al sur de nuestra provincia por el curso del río Rhodanus. Se han estado recibiendo cartas urgentes de nuestros aliados galos y eduos desde finales del año pasado diciendo que sus indeseados huéspedes, los germanos, iban a ponerse en marcha. Luego, en abril, llegó la primera delegación edua a decirnos que los germanos habían limpiado los graneros de eduos y ambarres para cargar sus carros. Sin embargo, habían dicho que se dirigían a Hispania, y los del Senado, que creen más prudente quitar importancia a la amenaza germana, difundieron en seguida la noticia.

 

Suerte que Escauro no es de éstos, ni tampoco Cneo Domicio Ahenobarbo. Así que, poco después de que Cneo Malí o y yo iniciásemos el consulado, hubo una numerosa facción que nos instó a reclutar un nuevo ejército para caso de urgencia y a Cneo Malio se le encomendó reunir seis legiones.


Sí, ya sé, ya sé. No te enfades, Cayo Mario, y déjame exponerte la situación antes de que empieces a pisotearme la cabeza, ¡y no me refiero a esa masa de hueso y carne de encima de los hombros! Sé que por derecho me habría correspondido reclutar y mandar ese ejército, lo sé muy bien. Soy el primer cónsul, tengo una larga y fructífera carrera militar y hasta cierto grado de fama porque por fin se ha publicado mi manual bélico. Mientras que mi colega Cneo Malio casi no tiene experiencia.

 

¡Pues todo es culpa tuya! Mi relación contigo es bien sabida y creo que tus enemigos en la cámara antes prefieren que Roma perezca en un aluvión de germanos que satisfacerte a ti y a los tuyos en modo alguno. Así que, Metelo el Meneítos, el Numídico, se puso en pie y efectuó un magnífico discurso diciendo que yo era demasiado viejo para mandar un ejército y que se sacaría mayor provecho de mis innegables talentos dejándome el gobierno de Roma. 


Le siguieron como borregos que van tras el que los lleva al matadero y aprobaron los decretos al efecto. ¿Por qué no me enfrenté a ellos?, te oigo decir. ¡Oh, Cayo Mario, yo no soy como tú! Yo no tengo ese arranque de odio destructor que tú sientes por ellos ni tu fenomenal energía. Así que me he contentado con insistir en que a Cneo Malio se le den unos legados veteranos aptos y con experiencia, y al menos esto se ha hecho. Tiene a Marco Aurelio Escauro de ayudante: sí, he dicho Aurelio, no Emilio, pues lo único que tiene en común con nuestro amigo de la cámara es el cognomen. No obstante, sospecho que su capacidad militar es mucho mayor que la del famoso Escauro. ¡Eso espero para bien de Roma y de Cneo Malio!

 

En definitiva, Cneo Malio lo ha hecho bastante bien. Optó por reclutar entre el censo por cabezas y puso como ejemplo tu ejército africano como prueba de la efectividad de los proletarios. A finales de abril, cuando llegaron las noticias de que los germanos se dirigirían hacia el sur, penetrando en nuestra provincia, Cneo Malio disponía ya de seis legiones, todas de romanos o de proletarios latinos. Pero luego llegó la delegación de los eduos, y por primera vez el Senado dispone de un cálculo seguro del número de germanos que componen esta migración. Hemos sabido, por cierto, que los germanos que mataron a Lucio Casio en Aquitania, y cuyo número creíamos que totalizaba un cuarto de millón, eran en realidad tres veces menos. Así que, según los eduos, unos ochocientos mil germanos, entre guerreros, mujeres y niños, se dirigen actualmente hacia la costa de la Galia y el mar Mediterráneo. Es increíble, ¿verdad?


La cámara autorizó a Cneo Malio a reclutar otras cuatro legiones para que su ejército tenga un total de diez legiones y cinco mil soldados de caballería. Por entonces ya se había difundido por toda Italia la noticia de la llegada de los germanos, pese a los esfuerzos del Senado por calmar los ánimos. Estamos muy preocupados, sobre todo porque hasta la fecha no los hemos vencido en ningún combate. Desde tiempos de Carbo todo han sido derrotas. Y hay quienes dicen ahora, sobre todo entre la gente ordinaria, que nuestro famoso refrán de que seis buenas legiones romanas vencen a un cuarto de millón de bárbaros indisciplinados es pura merda. Ya te digo, Cayo Mario, toda Italia está atemorizada. Y yo no se lo reprocho.

 

Supongo que, debido al temor generalizado, varios aliados itálicos han cambiado su política de los últimos años y han aportado voluntariamente tropas al ejército de Cneo Malio. Los samnitas han enviado una legión de infantería con armamento ligero y los marsos han aportado una magnífica legión de infantería al estilo romano. Contamos con una legión mixta de Umbría, Etruria y Piceno. Así que, como podrás imaginarte, nuestros padres conscriptos están como el gato que ha cazado un ratón, pagados de si mismos y muy satisfechos. De las cuatro legiones suplementarias, tres las pagan y mantienen los aliados itálicos.


Todo eso es positivo, pero hay un aspecto negativo, claro. Tenemos una escasez abrumadora de centuriones, lo cual quiere decir que ninguna de las nuevas tropas de proletarios alistadas han recibido instrucción adecuada y la única legión de este tipo de las cuatro últimas va casi sin preparación. Su legado Aurelio sugirió que Cneo Malio repartiese a los centuriones veteranos uniformemente entre las siete legiones de proletarios, teniendo en cuenta que no más del cuarenta por ciento de todos ellos han tomado parte en combate real. Los tribunos militares son buenos y hay bastantes, pero no necesito decirte que son los centuriones quienes mantienen la coherencia de centurias y cohortes.

 

Con toda sinceridad, temo lo que pueda pasar. Cneo Malio no es mala persona, pero no le veo capaz de guerrear contra los germanos. Es una opinión que el propio Cneo Malio me corroboró cuando se puso en pie en la cámara a finales de mayo y dijo que no podía asegurar que toda su tropa supiera lo que se debe hacer en el campo de batalla. ¡Siempre hay quienes no saben qué hacer en el campo de batalla, pero uno no se pone en pie en el Senado a decirlo!


¿Y qué hizo el Senado? Enviar órdenes a Quinto Cepio en Narbo para que se trasladase inmediatamente con su ejército al Rhodanus y se uniese al de Cneo Malio en cuanto éste llegue allí. Por una vez el Senado no aplazó una decisión y el mensaje salió por correo a caballo y en menos de dos semanas de Roma a Narbo. Ayer recibimos su respuesta. ¡Y vaya respuesta!


Naturalmente, las órdenes senatoriales decían que Quinto Cepio se subordinase con sus tropas al imperium del cónsul del año. Todo perfectamente normal y legal. El cónsul del año pasado tiene imperium proconsular, pero en cualquier empresa conjunta es el cónsul del año el que asume el mando.

 

¡Ah, Cayo Mario, pero eso no le apetecía a Quinto Cepio! ¿Pensaba sinceramente la cámara que él, un Servilio patricio descendiente directo de Cayo Servilio Ahala, iba a avenirse a ser subordinado de un advenedizo y hombre nuevo que no tiene efigies de antepasados en sagrarios ancestrales, que un hombre ha llegado al consulado sólo porque nadie de mejor linaje se ha presentado a la elección? Hay cónsules y cónsules, decía Quinto Cepio. ¡Te juro que eso es lo que alegaba! En su año hubo bastantes candidatos, pero este año lo más que pudo presentar Roma fue un noble menor arruinado (yo) y un presuntuoso nuevo rico con más dinero que gusto (Cneo Malio). Así que, Quinto Cepio concluía su carta diciendo que desde luego marcharía inmediatamente hacia el Rhodanus, pero que cuando llegase esperaba encontrar un correo senatorial que le aguardase con la noticia de que se le nombraba comandante supremo de ese ejército mixto. Y añadía que con Cneo Malio a sus órdenes todo iría estupendamente.

 

¡Qué carta tan larga! Pero es que no habrá quien te explique las cosas con tanta sinceridad, y debes saberlas. La carta de Quinto Cepio estaba dirigida a Escauro, príncipe del Senado, y no a mí, y, naturalmente, ya conoces a nuestro querido Marco Emilio Escauro. Leyó la horrenda carta ante el Senado con patentes muestras de sádica satisfacción. Realmente, babeaba. ¡Ah, y puso los perros en danza! Hubo rostros congestionados, puños alzados y una gresca entre Cneo Malio y Metelo el Meneitos, que yo interrumpí llamando a los lictores del vestíbulo de la Curia, iniciativa que a Escauro no le gustó. ¡Oh, qué día para Marte! Lástima no haber podido embotellar aquella ardiente atmósfera para haber arrojado contra los germanos el arma más ponzoñosa con que cuenta Roma.


El resultado es que, efectívamente, habrá un correo esperando a Quinto Cepio a orillas del Rhodanus, pero las nuevas órdenes serán exactamente iguales que las anteriores. Tiene que ponerse a las órdenes de Cneo Malio Máximo, cónsul del año legalmente elegido. Es una lástima que el necio se atribuyese un cognomen como Máximo, ¿no? Algo así como regalarse una corona de hierba cuando te han salvado tus hombres y no al revés. No sólo es el colmo ese autobombo, sino que, además, cuando no se es un Fabio, lo de Máximo es de una presunción insoportable. Claro, él sostiene que su abuela era una Fabia Máxima y que su abuelo lo usaba, pero yo sé que no es cierto. Y dudo mucho lo de Fabia Máxima.

 

Bien, aquí me tienes, como un corcel de guerra que ha vuelto al prado, deseando encontrarme en la piel de Cneo Malio y, por el contrario, agobiado por cruciales decisiones, como, por ejemplo, si podemos dar este año una nueva capa de pez a los silos estatales después de haber pagado el equipamiento de siete nuevas legiones de proletarios. ¿Querrás creer que con toda Roma no hablando más que de los germanos, la cámara estuvo discutiendo ese tema ocho días? ¡Es para volverse loco!


Pero tengo una idea y voy a ponerla en práctica. Venzamos o nos derroten en la Galia, la voy a poner en práctica. Como en toda Italia no queda un solo hombre que llegue a la altura del zapato a ningún centurión, voy a reclutar instructores militares en las escuelas de gladiadores. Capua está llena de escuelas de gladiadores, y de las mejores. Así que, ¿no es lo más acertado, dado que Capua es el campamento base de nuestras nuevas tropas? Si Lucio Tidlipus puede contratar suficientes gladiadores para dar un gran espectáculo en los funerales de su abuelo, más lo necesita Roma. Y al mismo tiempo, te digo que voy a seguir reclutando del censo por cabezas.


Ya te mantendré informado. ¿Qué tal van las cosas en la tierra de los comedores de lotos, las sirenas y las islas encantadas? ¿Aún no has conseguido ponerle los grilletes a Yugurta? Seguro que ya falta poco. Metelo el Meneitos está un poco nervioso estos días porque no acaba de decidirse en si arremeter contra ti o contra Cneo Malio. Naturalmente, pronunció un magnífico discurso a favor de que diesen el mando a Quinto Servilio y me procuró el inopinado placer de hundirle la argumentación con unas cuantas flechas.


¡Por los dioses, Cayo Mario, cómo me deprimen! ¡No hacen más que proclamar las proezas de sus malditos antepasados, cuando lo que Roma necesita ahora es un genio militar de carne y hueso! Date prisa y vuelve a Italia. Te necesitamos, porque yo no puedo enfrentarme a todo el Senado; no puedo.

 

POSTDATA.- Por cierto, se han producido un par de curiosos incidentes en Campania. No me gusta nada, aunque tampoco acierto a ver por qué se han producido. A principios de mayo hubo una revuelta de esclavos en Nuceria, que fue fácilmente sofocada y cuya consecuencia ha sido la ejecución de treinta pobres criaturas de todos los rincones del mundo. Pero luego, hace tres días, volvió a estallar otra revuelta, esta vez en un gran campo de las afueras de Capua, para esclavos varones de baja calidad, en el que aguardaban la venta a compradores que necesitaban un centenar para mano de obra en muelles, canteras o para el empuje de ruedas. Esta vez participaron unos doscientos cincuenta esclavos. Fue sofocada rápidamente ya que cerca de Capua había varias cohortes recién reclutadas. Unos cincuenta revoltosos perecieron en la lucha y al resto se los ejecutó inmediatamente. Pero no me gusta, Cayo Mario. Es mal augurio. En este momento, los dioses no están de nuestro lado. Lo noto.

 


POSTDATA.- En este momento me llegan malas noticias para ti. Cuando mi carta ya estaba lista para que Marco Granio de Puteoli la llevase en su nave más rápida que zarpará a finales de semana para Utica, he preferido decirte lo que ha sucedido. Tu querido suegro, Cayo Julio César, murió esta tarde. Como sabes, hacía tiempo que padecía una malignidad en la garganta. Y esta tarde se echó sobre su espada. Estoy seguro de que estarás de acuerdo en que ha elegido la mejor alternativa. Nadie debe constituir una carga para sus seres queridos, y más cuando se ve mermado en su dignidad e integridad de ser humano. ¿Quién de nosotros prefiere aguardar la muerte cuando la vida le obliga a yacer en sus propios excrementos o a que un esclavo le limpie esos excrementos? No, cuando un hombre es incapaz de dominar su vientre o su garganta, debe eliminarse. Yo creo que Cayo Júlio habría optado por hacerlo antes, de no haber sido porque estaba preocupado por su hijo menor, que como creo que ya sabrás, se casó hace poco. Hace tan sólo dos días fui a ver a Cayo Julio y pudo susurrarme en medio de su ahogo que se habían disipado sus dudas respecto al matrimonio del joven Cayo Júlio, porque la hermosa Aurelia -si, ya sé que es mi adorada sobrina- era la mujer ideal para su hijo. Así que ave atque vale, Cayo Julio César.

( C. McC. )