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martes, 25 de agosto de 2020

EL CÓNSUL QUINTO LUTACIO CÁTULO



Quinto Lutacio Cátulo (Latín: Quintus Lutatius Q. F. Q. N. Catulus; c. 120 – 61 a. C.), también llamado Capitolino, era el hijo de Quinto Lutacio Cátulo. Fue proscrito por Mario en 87 a. C. igual que su padre y heredó un odio profundo hacia Cayo Mario, a consecuencia de ello percibió muchos apoyos de la aristocracia.


En 78 a. C. fue cónsul con Marco Emilio Lépido que, tras la muerte de Lucio Cornelio Sila, propuso derogar toda la constitución de Sila, el restablecimiento de la distribución de grano, la llamada a Roma de los desterrados, y otras tantas medidas democráticas. Cátulo se opuso a esto vehementemente, teniendo éxito.

 

Pero Lépido, teniendo un buen contingente de tropas en la Galia Transalpina, volvió a Roma a la cabeza de un ejército. Cátulo lo derrotó en el Campo de Marte y en Etruria y Lépido escapó a Sardinia (la actual Cerdeña), donde murió poco después. Cátulo, aunque leal a su facción y a sus principios, denunció las prácticas corruptas del Senado y el hecho de que tuviera el derecho exclusivo de actuar como juez en los procesos penales.


En el año 70 a. C. estuvo en contra de la iniciativa de Pompeyo para la restauración de los privilegios de los tribunos. En 67 a. C. y 66 a. C., Cátulo se opuso sin éxito a una nueva constitución, a las leyes de Gabinio y Manilio, que conferían poderes y mandos especiales a Cneo Pompeyo Magno. En 65 a. C. Cátulo fue elegido censor con Marco Licinio Craso como colega y se opuso al deseo de Craso de convertir a Egipto en tributario de Roma, y tan firme fue en el mantenimiento de su posición, que al final ambos renunciaron a realizar nada durante su censura.


Durante la conspiración de Catilina (63 a. C.) apoyó enérgicamente a Cicerón y, según Salustio, quiso implicar en la revuelta a Cayo Julio César, seguramente por rencor, puesto que César lo había derrotado en las elecciones a Pontífice Máximo.


Luego, cuando era pretor (62 a. C.) César le acusó de malversar dinero público destinado a la reconstrucción del Capitolio que se había quemado durante la guerra civil (año 83 a. C.) y propuso privarle del cargo de comisario para la restauración de edificios, cargo que tenía desde la muerte de Sila. Los seguidores de Cátulo presionaron a César, que retiró los cargos. De esta forma, el nombre de Cátulo se relacionó con el Capitolio y su nombre quedó inscrito en el templo hasta que fue destruido de nuevo por el fuego en el reinado de Vitelio.


Según Dión Casio fue Princeps Senatus en el momento de la lex Gabinia.​


A pesar de no ser un político especialmente habilidoso, Cátulo ejercía una notable influencia sobre los senadores gracias a su coherencia política y su indudable compromiso de proteger el Estado. Cátulo murió durante el consulado de Metelo Celer, en 60 a. C.



jueves, 8 de agosto de 2019

CARTA DE SERVILIA CEPIONIS AL CÓNSUL MARCO EMILIO LÉPIDO



Creo que por fin he podido descubrir lo que se esconde en la maniobra de Filipo, aunque no tengo prueba concluyente de mis sospechas. No obstante, ten por seguro que quien mueve a Filipo mueve también a Cetego.

 

He analizado varias veces las actas que recogen el primer discurso de Filipo. y he hablado bastante con mujeres que pueden saber algo, salvo con la odiosa Praecia, que ahora es la reina de la mansión de Cetego, parece que como soberana exclusiva. Hortensia no sabe nada porque estoy convencida de que su esposo Catulo no sabe nada. Sin embargo, pude obtener la clave esencial de una Julia, la viuda de Cayo Mario; ¡puedes hacerte idea de hasta dónde han llegado mis indagaciones!.

 

Su antigua nuera, Mucia Tercia, está casada ahora con un joven arribista de Piceno, un tal Cneo Pompeyo que tiene la audacia de hacerse llamar Magnus. No es miembro del Senado, pero es riquísimo, muy descarado y con ambiciones de brillar. Tuve que tener muchísimo tacto para no dar a Julia la impresión de que andaba recabando información, pero ella es muy sincera cuando confía en alguien, y desde el principio se mostró bien predispuesta hacia mí por la lealtad que mostró el padre de mi esposo hacia Cayo Mario, a quien, como recordarás, acompañó al exilio durante el primer consulado de Sila.

 

Resulta, además, que Julia detesta a Filipo desde que se vendió a Cayo Mario hace años; por lo visto, Cayo Mario le despreciaba a pesar de que se sirvió de él. Bien, en mi tercera visita (juzgué conveniente ganarme la confianza de Julia, antes de mencionar de pasada a Filipo) llevé la conversación al tema de la actual situación y de los posibles motivos de Filipo para hacerte su víctima, y Julia me dijo que pensaba, por algo que Mucia Tercia le había comentado durante su última visita a Roma, que Filipo está ahora al servicio de ese Pompeyo. ¡Igual que Cetego!.

 

No pregunté nada más. Realmente no hacía falta. Desde aquella primera conversación, Filipo no ha dejado de machacar la cláusula especial de la ley de Sila autorizando al Senado a buscar fuera de él un jefe militar o un gobernador si no hubiese una persona adecuada para el cargo en la cámara. ¿Aún no ves lo que esto tiene que ver con la situación?. Te confieso que yo tampoco lo veía hasta que me puse a reflexionar sobre la actuación de Filipo en los últimos treinta años.

 

Y llegué a la conclusión de que Filipo sólo actúa para quien le paga, y quien le paga es Pompeyo. Filipo no es un Cayo Graco ni un Sila, él no tiene una estrategia bien pensada para inclinar al Senado y lograr la destitución de todos los que estáis organizando la campaña contra Faesulae, y nombrando a Pompeyo en vuestro lugar. Seguramente sabe de sobra que el Senado no lo haría bajo ninguna circunstancia, pues en este momento hay muchos senadores con capacidad militar. Si cayesen los dos cónsules -posibilidad que, de momento, es difícil considerar- no hay nadie más que Lúculo para cubrir el hueco, y él es pretor este año, lo que quiere decir que ya tiene el imperium.

 

No, Filipo se contenta con armar el mayor alboroto posible para tener la oportunidad de recordar al Senado que existe esa cláusula de Sila sobre el mando especial. Y es de suponer que Cetego le apoya porque está también comprometido con Pompeyo. ¡No por dinero, evidentemente!. Pero hay medios aparte del dinero, y en el caso de Cetego podría ser cualquier cosa.

 

Por consiguiente, mi querido Lépido, creo que eres hasta cierto punto una víctima casual, que tu valentía para decir lo que piensas, aunque vaya en contra de la mayoría del Senado, le ha dado a Filipo ocasión para hacerte blanco de sus ataques a cambio de las colosales sumas que le estará pagando Pompeyo. Presiona a favor de uno que no es senador, pero considera importante contar con una fuerte facción en el senado para el día en que sus servicios sean requeridos.

 
Con toda sinceridad, te diré que podría equivocarme; pero no lo creo.








( El cónsul Marco Emilio Lépido de esta carta, es el padre del futuro triunviro Marco Emilio Lépido, del mismo nombre)



miércoles, 5 de diciembre de 2018

EL PRETOR MARCO MARIO GRATIDIANO



Marco Mario Gratidiano (f. 82 a. C.) fue un pretor y partidario de la facción de los populares liderada por su tío Cayo Mario durante las últimas guerras civiles de los años 80 a. C. en la República romana. Gratidiano es conocido fundamentalmente por haber sufrido una muerte particularmente violenta durante las proscripciones de Sila. Según los relatos más sensacionalistas, fue torturado y desmembrado por Catilina en la tumba de Quinto Lutacio Cátulo, en una forma que evocaba un sacrificio humano.
 
Como pretor, Gratidiano también es conocido por su reforma monetaria durante la crisis económica de los años 80 a. C.
 
Gratidiano fue el hijo de la hermana de Cayo Mario y Marco Gratidio de Arpino. Fue adoptado por Marco, el hermano de Mario. Una tía se casó con el Marco Tulio Cicerón que fue el abuelo del famoso Cicerón.​ Gratidiano habría mantenido una relación especialmente acre con uno de sus parientes: su hermana podría haber sido la primera esposa de Catilina, quien fue acusado por Cicerón de participar en su tortura y asesinato.
 
Gratidius, su padre biológico, era un amigo cercano de Marco Antonio el Orador, el cónsul de 99 a. C.. Fue asesinado ca. 102–100 a. C., mientras fungía de prefecto bajo el gobierno de Antonio en Cilicia. En 92 a. C., Antonio desplegó sus famosas capacidades oratorias para defender al hijo de su amigo cuando Gratidiano fue demandado por el cultivador de ostras y especulador de bienes raíces Cayo Sergio Orata en un caso civil que involucró la venta de una propiedad en el Lago Lucrino.​ Orata también contaba con un buen orador en la persona de Lucio Licinio Craso el Orador. Cicerón afirma que Orata estaba tratando de forzar a Gratidiano a comprar nuevamente la propiedad cuando el plan de negocios de Orata fracasó, probablemente, debido a complicaciones imprevistas relacionadas con el derecho de agua y de pesca.​ Poco antes de 91 a. C., una demanda, probablemente también civil, fue presentada contra Gratidiano, esta vez por Gayo Viselio Aculeo, defendida nuevamente por Craso; sin embargo, los detalles de la demanda no son conocidos.
 
Para 87 a. C., Gratidiano era un tribuno de la plebe.​ y, por tanto, estuvo entre los seis de los diez tribunos que dejaron la ciudad para tomar las armas cuando Cinna fue expulsado.​ Ese mismo año, Gratidiano era un legatus, posiblemente, el comandante nombrado Mario.​ que fue enviado por Cinna al norte con el objetivo de capturar Ariminum e interrumpir los refuerzos que podían ser enviados a Sila desde la Galia Cisalpina. Este Mario logró derrotar a Publio Servilio Vatia Isáurico y tomó el control de su ejército.
 
A fines de 87 a. C., Gratidiano había regresado a Roma con Cinna y Mario. Allí encabezó el procesamiento de Quinto Lutacio Cátulo, una acción que probó con el tiempo ser fatal. Cátulo había sido el colega consular de Mario en 102 a. C. y había compartido su triunfo sobre los cimbros en la guerra, pero posteriormente había roto con él. Antes que enfrentar el veredicto inevitable de culpabilidad, Cátulo se suicidó. El cargo fue probablemente perduellio sometido al juicio del pueblo (iudicium populi), por el cual el castigo era muerte por flagelación.

lunes, 12 de febrero de 2018

EL CÓNSUL CNEO MALIO MÁXIMO


 
Cneo Malio Máximo (en latín, Cnaeus Mallius Maximus) fue un político y militar de la República Romana.
 
Malio Máximo era un Homo novus, es decir, un hombre procedente de la nobleza rural más que de la aristocracia romana. Cneo Malio se concedió a sí mismo el cognomen de Máximo, lo que era una auténtica provocación para la clase aristocrática romana. A pesar de su condición de hombre nuevo, Malio Máximo fue elegido cónsul en el 105 a. C. junto con Publio Rutilio Rufo, venciendo en las elecciones a Quinto Lutacio Cátulo. Cicerón​ representa a Malio como un completo inútil. Se le otorgó la provincia de la Galia Transalpina.
 
Cuando Malio llegó a su provincia, se encontró con una falta de cooperación total por parte del cónsul del año anterior, Quinto Servilio Cepión. Cepión no cooperaba con Malio al considerarle un arribista, algo totalmente inaceptable para el aristócrata, y se negó a cederle el mando de sus tropas. Por ello cuando llegaron los cimbrios, se encontraron con dos ejércitos desunidos bajo las órdenes de dos generales totalmente ineptos militarmente. La batalla librada el 6 de octubre de 105 a. C. y que posteriormente se conocería como Batalla de Arausio se convirtió no solo en una derrota, sino en una derrota tan contundente para los romanos que pocos supervivientes escaparon. Malio Máximo perdió a sus hijos en la batalla y cuando llegó a Roma fue juzgado y condenado bajo los cargos de "pérdida de su ejército". Fue defendido por Marco Antonio el Orador.

domingo, 23 de abril de 2017

EL CÓNSUL LUCIO CECILIO METELO DALMÁTICO


 

Lucio Cecilio Metelo Dalmático (en latín, Lucius Caecilius L. f. Q. n. Metellus Dalmaticus) fue un militar y político de la República Romana, hijo de Lucio Cecilio Metelo Calvo.
 
Nació alrededor de 160 a. C. Perteneciente a la facción de los optimates del Senado, estuvo en alianza política con Marco Emilio Escauro, Quinto Cecilio Metelo el Numídico, Cneo Domicio Ahenobarbo y Quinto Lutacio Cátulo entre otros.
 
Elegido cónsul en 119 a. C. junto con Lucio Aurelio Cota y llevado por su deseo de obtener un triunfo, declaró la guerra a los dálmatas, un pueblo asentado aproximadamente en los territorios que comprende la actual Croacia que no había hecho nada contra la República. Los dálmatas no opusieron ninguna resistencia. Después de pasar el invierno en Salona, la capital dálmata, regresó a Roma donde pidió y obtuvo los honores del triunfo y el cognomen de Dalmático. Con el botín de esta pseudoguerra restauró el templo de Cástor y Pólux.
 
Censor en 115 a. C. con Cneo Domicio Ahenobarbo, en unión de su colega expulsó a treinta y dos miembros del Senado, entre los cuales se encontraba Cayo Licinio Geta (más tarde él mismo censor). También recibió el cargo de pontífice máximo. Su decisión por la cuestión de las vestales en el juicio de 114 a. C. fue en general condenada.
 
Todavía vivía en el año 100 a. C., ya que es mencionado como uno de los senadores de alto rango que combatió al tribuno de la plebe Lucio Apuleyo Saturnino, contribuyendo así a la vuelta a Roma de su hermano Quinto Cecilio Metelo Numídico desterrado de Roma por no jurar una ley del citado tribuno de la plebe.
 
Fue padre de Lucio Cecilio Metelo y de Cecilia Metela, que se casó con Marco Emilio Escauro y, cuando el Príncipe del Senado murió durante la guerra social, contrajo matrimonio con Lucio Cornelio Sila con el que tuvo a los gemelos Fausta Sila y Fausto Sila.