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domingo, 14 de octubre de 2018

NABOPOLASAR



Nabopolasar (en acadio Nabu-apla-us-ur o Nabu-apla-utsur) (658 a. C. - 15 de agosto de 605 a. C.) fue un rey caldeo de Babilonia, fundador del Imperio Neobabilónico y artífice de la caída del Imperio Asirio.

 

Su reinado comenzó el 23 de noviembre de 626 a. C. y falleció el 15 de agosto de 605 a. C.
 

No obstante sus oscuros orígenes (en una de sus inscripciones, conocida como el «Cilindro de .Nabopolasar», se llama a sí mismo «hijo de nadie»), Nabopolasar habría sido un jefe caldeo de cierto relieve en los años previos a su llegada al trono. Assurbanipal, rey de Asiria, murió hacia 627 a. C., al mismo tiempo que Kandalanu, su «rey marioneta» de Babilonia.

 

El vacío de poder fue ocupado rápidamente por Nabopolasar, quien, luego de exitosas campañas contra las posiciones asirias en ciudades como Nippur o Uruk, fue coronado rey de Babilonia en el 626 a. C. 


A pesar de ello, se cree que Assur-etil-ilani y Sin-shar-ishkun, sucesivos reyes de Asiria, mantuvieron por un tiempo en su poder buena parte de Babilonia.

 

En este primer período la guerra se desarrolló en el territorio de Babilonia, lo que llevó a la destrucción de templos y el saqueo de ciudades. Después del 623 a. C. las crónicas nos presentan una laguna de siete años, pero en el 616 a. C. se ve a Nabopolasar mucho más afianzado y adoptando una posición ofensiva. 


El ejército babilonio sometió varias ciudades del Éufrates medio, alcanzando Suhu e Hindanu (al sur de Harrán), y regresando con un lucrativo botín. En el año 615 a. C., Nabopolasar remontó el curso del Tigris hasta sitiar Assur, pero fue rechazado. Por entonces los asirios ya eran apoyados por las fuerzas egipcias de Psamético I, el cual era independiente de Asiria desde el 654 a. C.

 

En su año de ascensión (626 a. C.), Nabopolasar había devuelto estatuas divinas a la ciudad elamita de Susa, tratando de ganarse el favor de Elam, tradicional aliado de los líderes caldeos. Elam se encontraba por entonces en plena decadencia, pero su rol sería ocupado por los emergentes medos (llamados umman-manda en las Crónicas de Babilonia). 


Tras repetidos ataques sobre Asiria, la ciudad de Asur cayó en manos de los medos en el 614 a. C. Nabopolasar llegó a Assur unos días más tarde, pactando allí mismo una alianza con el rey medo Ciáxares, la cual fue, según informes tardíos (Beroso), confirmada por el matrimonio de Nabucodonosor, heredero de Babilonia, con una princesa meda. 


En el 612 a. C. los medos y los babilonios atacaron la ciudad de Nínive, devastando y saqueando la gran capital asiria. Sin-shar-ishkun, el rey asirio, pudo haber perecido durante la destrucción de Nínive.

 

Con el apoyo egipcio, un nuevo rey, Assur-uballit II, formó un último foco de resistencia en Harrán, ciudad que cayó en el año 609 a. C. En los años siguientes las campañas de Nabopolasar se concentraron en las fronteras de Urartu, donde se especula que se habría refugiado Assur-uballit.


 Durante los futuros encuentros con los egipcios en el Alto Éufrates, el ejército de Babilonia fue comandado por Nabucodonosor. Nabopolasar, enfermo y probablemente a una edad avanzada, murió en Babilonia el 15 ó 16 de agosto de 605 a. C.

 

Las campañas de Nabopolasar lograron el establecimiento de la hegemonía babilonia sobre los valles del Tigris y el Éufrates, y sentaron la base para la futura expansión sobre Siria y el Levante.

 

Asiria perdió su entidad política, y sus grandes ciudades fueron saqueadas. No se sabe mucho sobre lo que sucedió en Asiria después de la conquista, aunque se cree que fue repartida entre Babilonia y los medos. En otras áreas, como Hindanu o Rasapu en el Éufrates, Nabopolasar aplicó la deportación masiva, sentando un precedente que sería seguido por su hijo Nabucodonosor.

 

La presencia del rey en Babilonia durante buena parte del año (debido al sistema de campañas anuales, que ocupaban a sobre todo los meses de verano y primavera), así como la relativa estabilidad de los últimos años, permitieron que se llevara a cabo un extenso programa de obras públicas.

 

Aun así, muchos proyectos, como la construcción del sistema de fortificaciones de Babilonia, la calle procesional, el zigurat de Marduk (Etemenanki) y el palacio real, quedaron inconclusos durante el reinado de Nabopolasar y fueron finalizados por su sucesor Nabucodonosor II. 


Además del Etemenaki, muchos templos fueron restaurados y reconstruidos, tanto en Babilonia como en otras ciudades de prestigio. En cuanto al desarrollo agrario (base de la economía babilonia), se promovió activamente mediante la construcción de canales de regadío.

 

Cuatro Crónicas de Babilonia (textos proto-historiográficos escritos por sacerdotes babilonios) permiten reconstruir la secuencia cronológica del reinado de Nabopolasar: la Crónica de los primeros años de Nabopolasar (627-623 a. C.), la Crónica de la caída de Nínive (616-608 a. C.), la Crónica de los últimos años de Nabopolasar (608-605 a. C.) y la Crónica de los primeros años de Nabucodonosor (605-594 a. C.). Una quinta crónica, la llamada Crónica del Akitu, tan sólo menciona interrupciones del akitu o fiesta de año nuevo en su año de ascensión.

 

Aparte de ello poseemos una serie de inscripciones del propio rey, escritas en ocasiones como la apertura de un canal o la fundación o restauración de un templo; además Nabucodonosor nos informa en sus inscripciones acerca de los proyectos de construcción iniciados por su padre y finalizados por él.

 

La referencias clásicas son escasas. El historiador judío Flavio Josefo habla brevemente acerca de Nabopolasar en su Contra Apión (libro 1, capítulo 19; Sacred-Texts.com), citando al babilonio Beroso, y lo mismo hace Eusebio de Cesarea.

 

En cambio Heródoto, en su descripción de la caída de Asiria, se concentra en los medos y ni siquiera hace mención de Babilonia. La Biblia hebrea no menciona explícitamente a Nabopolasar, pero en el Libro de Nahum se profetiza sobre la caída de Asiria, y en ciertos pasajes de Reyes y Crónicas se hace referencia a hechos contemporáneos (2 Reyes 22, 28-30; 2 Crónicas 35, 20-36).


domingo, 22 de octubre de 2017

ALIATES


Aliates (siglo VI a. C.), fue el cuarto rey de Lidia de la dinastía mermnada. Su reinado duró desde aproximadamente el 600 a. C. hasta el 560 a. C.
 
Tras Giges, Ardis y Sadiates II, Aliates fue el cuarto rey de Lidia. Su nombre puede que derive de la palabra lidia walwi ("león"). El padre y abuelo de Aliates habían consolidado el reino en la Anatolia occidental, y Aliates se embarcó en una política de conquista. En honor a la verdad, sus campañas anuales contra Mileto habían empezado seis años antes de que se convirtiera en nuevo rey. Desconocemos si fue él mismo como príncipe o su padre como rey quien había tomado la decisión de atacar.
 
Según el historiador griego Heródoto de Halicarnaso, Aliates atacaba el territorio milesio año tras año, pero se limitaba a saquear campos y cultivos. El lidio sabía que era inútil el asedio a Mileto con el dominio del mar que esta ciudad tenía, así que durante las campañas dejaba intactas las casas de los milesios, para que estos, conservando un lugar donde vivir, siguieran cultivando y Aliates pudiera llevarse algo al año siguiente.
 
Tras la quinta campaña, las dos partes sellaron un acuerdo de paz. Los términos exactos de este tratado son inciertos, pero Mileto permaneció independiente y los lidios ofrecieron reconstruir uno de los templos milesios. Lo que ganó Aliates con el tratado se desconoce, pero está claro que algo tuvo que recibir a cambio. Sus campañas anuales habían sido muy fáciles y la guerra, en su conjunto, era exitosa y barata. Quizás recibió algo como una concesión de comercio, o una alianza militar, o quizás Aliates simplemente necesitaba asegurar su frontera occidental porque en el este estaba a punto de estallar una guerra nueva contra los medos. Independientemente de los acuerdos alcanzados, Aliates envió grandes ofrendas al Oráculo de Delfos.
 
Hasta ese momento, Aliates había tenido éxito donde su bisabuelo Giges había fracasado: los lidios capturaron Esmirna (confirmado por arqueólogos). A pesar de que un ataque posterior a Clazómenas no tuvo el resultado esperado, los lidios controlaban ya dos puertos (Esmirna y Colofón), y ejercían cierta influencia en Mileto. Esto significa que controlaban los ríos Meandro, Caistro y Hermos. También eran los amos de la Tróade.
 
 En el este, Aliates conquistó la antigua capital del reino frigio Gordio, construyendo una fortaleza. La expansión lidia había alcanzado la Anatolia central, lo que dio paso a nuevos problemas. Por ejemplo, los cimerios, quienes habían tomado Frigia en el pasado, aún permanecían activos como amenaza. Aliates fue capaz de derrotarlos, aunque es posible que su victoria no fuera tan espectacular como debía parecer a sus contemporáneos. Tras sus primeras incursiones, las tribus nómadas normalmente se asentaban perdiendo agresividad. Probablemente los cimerios se habrían convertido en sedentarios por aquellos tiempos, por lo que Aliates simplemente fanfarroneó acerca de que había derrotado a un peligroso enemigo.
 
Los medos fueron otro enemigo. En el 612 a. C., habían derrotado a los asirios en alianza con los babilonios. Nínive había sido saqueada y los medos y babilonios se dividieron el imperio que tiempo atrás había unificado por completo el Oriente Próximo. Más tarde, el rey medo Ciáxares entró en el Asia Menor desde el este, a través de Armenia, invadiendo Capadocia. Durante cinco años lucharon medos y lidios repartiéndose por igual las victorias sin resultado definitivo.
 
Según Heródoto, en el transcurso de una batalla el 28 de mayo del 585 a. C., se produjo un eclipse total de sol (predicho con anterioridad por Tales de Mileto a los jonios). Acabado este, ambos bandos decidieron sellar la paz, la cual fue negociada por Siennesis, rey de Cilicia, y por Labineto de Babilonia (Labineto es probablemente el mismo hombre que posteriormente se convertiría en el último rey de Babilonia, Nabónido). Para legitimar el tratado, Arienis, hija de Aliates, fue dada en matrimonio a Astiages, hijo de Ciáxares.
 
La frontera entre Lidia y Media fue establecida en el río Halys. Heródoto ofrece una lista de naciones que estaban sujetas al dominio del hijo de Aliates, Creso:
 
Todas las naciones que moran más acá del río Halys, fueron conquistadas por Creso y sometidas a su gobierno, a excepción de los Cilicios y de los Licios. Su imperio se componía por consiguiente de los de los Lidios, Frigios, Misios, Mariandinos, Cálibes, Paflagonios, Tracios, Tinos y Bitinios; como también de los Carios, Jonios, Dorios, Eolios y Pánfilos.
 
A pesar de que la lista se refiere a la situación hacia el 550 a. C., es probable que la mayor parte de estas tribus fueran conquistadas ya por Aliates. Los misios, mariandinos, cálibes, paflagonios, tracios, tinos y bitinios vivían en la Tróade y a lo largo de las orillas meridionales del mar Negro y ya estaban sujetos al dominio de Aliates. Los dorios, jonios y eolios eran los griegos del Asia Menor. Los carios habían sido aliados de los lidios, pero es probable que quedaran sujetos a la jurisdicción lidia tras un matrimonio diplomático (la madre de Creso era caria). Esto nos deja sólo con los pánfilos como nueva conquista. Quizás fueran subyugados por Creso, aunque el reinado de 40 años de Aliates deja margen suficiente como para una campaña en Panfilia.
 
Aliates tuvo al menos dos esposas: una mujer caria que dio a luz a Arienis y Creso (su sucesor), y una mujer griega que fue la madre de Pantaleón. Cuando Aliates falleció, no estaba claro quien debía sucederle y el resultado fue una disputa civil entre hermanastros.
 
De igual forma que el resto de reyes de la familia, Aliates fue enterrado en el cementerio real de Bin Tepe, en la llanura de Sardes.