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sábado, 14 de marzo de 2020

BATALLA DE CÍCICO


 

La batalla de Cícico fue un asedio librado entre el 74 y 73 a. C. entre los ejércitos de la República romana, comandados por el procónsul Lucio Licinio Lúculo, y los del Reino del Ponto, Mitrídates VI. Las tropas ponticas pusieron sitio a la ciudad hasta que fue roto por el procónsul, quien acabaría destruyendo a sus enemigos.

 

La victoria lograda por Mitrídates sobre Lucio Licinio Murena durante la Segunda Guerra Mitridática fortaleció la creencia del rey de que los romanos no eran invencibles, así como sus esperanzas de crear un gran reino en Asia Menor que contrarrestara el creciente poder romano en el mar Mediterráneo. Por eso empezó a preparar una nueva política expansionista antirromana.

 

Alrededor del 80 a. C., Mitrídates decidió volver a someter a todas las poblaciones que gravitaban alrededor del Ponto Euxinos. Así fue con su hijo Macares a conquistar todas las colonias griegas hasta Cólquida. Sin embargo, la empresa fue un desastre porque se perdieron dos contingentes, uno por una derrota y el clima y otro por una emboscada. Cuando regresó a Ponto, envió embajadores a Roma para firmar una nueva paz.

 

Al mismo tiempo, el rey Ariobarzanes I de Capadocia envió embajadores a Roma para quejarse que la mayor parte de los territorios ocupados por Mitrídates durante la segunda guerra no habían sido devueltos, tal y como había prometido. En el 78 a. C. volvió a enviar una embajada pero el dictador romano Lucio Cornelio Sila acababa de morir y el Senado estaba ocupado en otros asuntos, así que no se admitieron sus embajadores y todo quedo en nada. Mitrídates se enteró de la muerte del dictador y convenció a su yerno, Tigranes II de Armenia, de invadir Capadocia, como si fuera una acción independiente, sin embargo, no logró engañar a los romanos. El rey armenio invadió el país y lo arrasó, tomando un gran botín y 300.000 cautivos que llevo a su nueva capital Tigranocerta, para poblarla.

 

Mientras eso acontecía en Asia, Quinto Sertorio, rebelde romano en la península ibérica, lograba extender su revuelta contra el Senado.​ Ahí estableció su propio Senado, a semejanza del romano, y dos de sus miembros, Lucio Fanio y Lucio Magio, propusieron a Mitrídates una alianza para librar una guerra en el oeste y el este contra Roma.

 

Mitrídates, seducido por esta propuesta, envió a sus embajadores a Sertorio para evaluar las posibilidades de actuar coordinados. Finalmente se estableció una alianza en que Sertorio se comprometía en conceder al rey Bitinia, Paflagonia, Galacia, Capadocia y la provincia romana de Asia. También envió a su general Marco Vario (o Mario), con sus embajadores Magio y Fanio a ayudar a su aliado.

 

En la primavera del 74 a. C., Mitrídates invadió Paflagonia con sus generales Taxiles y Hermócrates, y luego se preparo para invadir Bitinia, recientemente convertido en provincia romana después que su rey Nicomedes IV muriera legando su reino al pueblo romano. El gobernador, Marco Aurelio Cota, sólo pudo huir a Calcedonia con todos sus soldados.​ El rey póntico avanzó y logró derrotar en el mar al prefecto de la flota, un tal Nudo, permitiéndole avanzar hasta los mismos muros de la ciudad. Luego introdujo su armada en el puerto para nuevamente vencer a los romanos. Después de esto, Cota permaneció encerrado en Calcedonia. En esta primera batalla los romanos perdieron 3.000 soldados y los pónticos 20 bastarnos, los primeros en entrar al puerto.

 

Esta vez Roma fue tomada por sorpresa. Se eligió como comandante de la expedición al cónsul (luego procónsul) Lucio Licinio Lúculo, que reclutó una legión en la península itálica, luego se le sumaron dos de Cayo Flavio Fimbria y dos que había en Asia. Al llegar a Anatolia marchó contra Mitrídates, que estaba acampado alrededor de Cícico. El rey había avanzado allí por su posición fundamental, había ocupado la montaña que ocupaba la zona y bloqueaba por tierra y mar la ciudad.​ Cícico también contaba con un magnífico puerto, poderosas murallas y una importante ciudadela para darle aún más valor a su captura.

 

Cuando se aproximó al enemigo, el procónsul se enteró que el ejército de Mitrídates sumaba unos 300.000 hombres, entre soldados, personal de marina y personal auxiliar no combatiente, y recibía suministros por mar y tierra. Lúculo decidió colocar su castra (campamento) cerca del póntico, en una colina fácilmente defendible, desde donde podía obtener suministros y cortar las líneas de provisiones enemigas.​ Pero para lograr aquello debía atravesar un estrecho paso defendido por un grueso contingente póntico mandado por Taxiles, sin embargo, tuvo la suerte que los oficiales romanos al servicio de Mitrídates se enteraron de la muerte de Sertorio y decidieron establecer comunicaciones secretas con Lúculo, quien les prometió su perdón pero a cambio debieron persuadir a Mitrídates de retirar sus tropas del paso asegurándole que si dejaba al enemigo acercarse las dos legiones de Fimbria desertarían.

 

El rey dio su permiso y los romanos pudieron pasar por el estrecho paso y fortificar la colina. Así Lúculo pudo asegurar sus líneas de provisiones mientras cortaba las del enemigo por tierra, gracias al terreno de los alrededores, donde estaba el lago Afnitis, varios montes y los ríos Asesepus. Los romanos sabían que se acercaba el invierno y pronto la llegada de suministros por mar a Mitrídates sería imposible. Lúculo esperaba que entonces el rey se retirada y habría vencido sin luchar.​

 

Pero Mitrídates sabía que aún había tiempo de romper las líneas romanas con su superioridad numérica. Por ello se centro en el asedio de Cícico, colocando bajos los muros sus aparatos de asedio mientras pensaba en solucionar sus problemas de aprovisionamiento tomando la ciudad.​ Primero, bloqueo el puerto con una doble línea de barcos, luego levanto una línea de circunvalación alrededor de la ciudad, levantó rampas, torres, arietes y testudos. En dos quinquerremes unidos hizo construir una torre de asedio desde donde levanto un puente levadizo móvil gracias a un dispositivo mecánico. Esta arma era conocida como sambuca. ​

 

Cuando todo estuvo listo, Mitrídates envió en sus barcos a 3.000 habitantes de Cícico que tenía prisioneros, con sus manos levantadas suplicando a sus compatriotas en los muros de la ciudad. Decían que si no se rendían el rey los ejecutaría pero Pisístrato, comandante de la ciudad, se negó y les dijo que aceptaran su destino.

 

Cuando la amenaza fracasó, Mitrídates hizo avanzar la sambuca hacia las paredes dejando boquiabiertos a los defensores en un primer momento, pero después reaccionaron lanzando brea ardiente al enemigo, obligándolo a alejarse.

 

Tres veces al día, todas las maquinas de asedio de tierras intentaban asaltar la ciudad de forma coordinada. Lograron romper a muros y lanzar material incendiario dentro, pero los habitantes supieron amortiguar los golpes de arietes interponiendo cestas de lana, apagar los conatos de incendios con agua y vinagre e interponerse a los proyectiles colgando ropa o lienzos frente a las casas.​ Aunque los ataques no paraban, los defensores reconstruían constantemente los muros por la noche. Finalmente, un fuerte viento destruyó gran parte de las armas de asedio pónticas.​

 

Entonces, considerando aquel suceso un mal presagio, los generales del rey Mitrídates le aconsejaron alejarse de la ciudad pero éste se negó. Sin embargo, decidió subir río arriba hacia el monte Dindymus, construyendo un terraplén entre aquel y la ciudad mientras fabricaba nuevas torres y hacia cavar túneles para minar las murallas. También por optó por enviar a sus caballos a Bitinia, pues no le eran útiles en el asedio y estaban amenazados por el agotamiento del forraje en la zona.​ Querían escabullirse al enemigo, pero el procónsul se dio cuenta y cayó sobre ellos cuando cruzaban el río Rindaco, matando a gran número y capturando a 15.000 hombres, 6.000 caballos y un numeroso equipaje.

 

Cuando llegó el invierno el ejército de Mitrídates pasó hambre hasta el punto que muchos soldados murieron de hambre. Algunos recurrieron al canibalismo y otros a las hierbas, quedando en un estado de salud lamentable. Así no se pudo enterrar a los cadáveres, lo que produjo una peste. Sin embargo, el rey seguía empeñado en tomar la ciudad a través de los montículos que se extendían desde el monte Dindymus. Pero cuando los habitantes de la ciudad lograron derribar y quemar las maquinas de asedio en sus frecuentes incursiones fuera del muro, el rey empezó a pensar en abandonar el sitio.

 

Decidió huir una noche, yendo con su flota a Pario, mientras su ejército fue por tierra a Lampsaco. Muchos hombres perdieron la vida cruzando los ríos Esepo y Gránico,​ cuando los encontraron las fuerzas romanas que salieron en su persecución. En honor de la victoria los habitantes de Cícico organizaron unos juegos anuales llamados Luculleani.​

 

Mitrídates envió algunos barcos a Lampsaco a ayudar a los soldados pónticos que se habían refugiado ahí pero quedaron bajo asedio romano. Lograron salvarlos junto a los habitantes de la ciudad. Finalmente decidió dejar 10.000 de sus mejores soldados y 50 naves a cargo de Marco Vario, Alejandro de Paflagonia y Diógenes el Eunuco.


 Él se retiró con el grueso de su ejército a Nicomedia pero una terrible tormenta destruyó a muchas de sus naves.​ El rey se salvo gracias al rescate de una nave pirata aliada. Mientras tanto, los habitantes de Cícico salieron de su ciudad y saquearon al campamento póntico, masacrando a los enfermos y heridos.


lunes, 2 de abril de 2018

EL CÓNSUL CAYO FLAVIO FIMBRIA




Cayo o Gayo Flavio Fimbria (en latín, Gaius Flavius Fimbria) fue un político y militar romano del siglo I a. C., hijo del cónsul homónimo, y uno de los más violentos partidarios de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna en la guerra civil contra Sila.

 

Durante los funerales de Mario, atentó contra la vida de Quinto Mucio Escévola y, puesto que escapó con vida —aunque herido de gravedad—, presentó una acusación contra él ante el pueblo. Cuando se le preguntó qué tenía contra un hombre tan recto, respondió nada excepto que no había permitido que el puñal penetrara lo suficiente en su cuerpo.

 

Acompañó a Lucio Valerio Flaco como legado para combatir en la primera guerra mitridática, pues Cinna consideraba a aquel inexperto. Flaco no tardó en granjearse el odio de los soldados por su severidad y crueldad. Mientras se encontraba en Bizancio, Fimbria se peleó con el cuestor de Flaco, lo que obligó a este a destituirlo y dejarlo atrás cuando partió a Calcedonia. Sin embargo, aprovechando la ausencia del general, Fimbria organizó un motín. Flaco no logró sofocarlo, tuvo que huir y fue alcanzado por Fimbria en Nicomedia donde lo asesinó.

 

Tras este hecho, Fimbria asumió el liderazgo de las tropas y obtuvo varios éxitos contra Mitrídates VI al que derrotó en Pitane, ciudad de la costa eolia, y seguramente lo habría capturado si Lucio Licinio Lúculo, general de Sila, hubiera cooperado con su flota.

 

Fimbria trató cruelmente a la gente de Asia que se había unido a Mitrídates o se había puesto del lado de Sila. Tras lograr que le abrieran las puertas en Troya, alegando que era un romano y como tal les daría un trato amistoso, masacró a todos los habitantes y arrasó la ciudad quemándola hasta los cimientos. En 84 a. C., tras la firma del tratado de Dárdanos, que finalizaba la primera guerra mitridática, Sila fijó su vista en Fimbria, cruzó a Asia Menor y atacó el campamento fimbriano en Tiatira. Como los soldados de Fimbria se negaron a luchar contra los de Sila, Fimbria intentó el asesinato. Al fracasar, huyó a Pérgamo donde, escondido en el templo de Esculapio y viendo que no había ninguna posibilidad de fuga, se suicidó.​

 

Cicerón lo describe como homo audacissimus et insanissimus.





martes, 19 de mayo de 2015

EL CÓNSUL MARCO CALPURNIO BÍBULO





Marco Calpurnio Bíbulo (Latín: Marcus Calpurnius Bibulus) (fallecido en el año 48 a. C.) fue un político y militar de finales de la República Romana. Fue un importante miembro de la aristocracia romana conservadora, a pesar de que era plebeyo. Bíbulo era además amigo íntimo y yerno del influyente político republicano, Marco Porcio Catón el Joven, a través de su matrimonio con la hija de éste, Porcia Catonis.




En el año 59 a. C. fue elegido cónsul junto a Julio César, gracias al apoyo del partido conservador del Senado, los optimates, oponentes del triunvirato de Julio César. En esto, César había fracasado en su intento de asegurar la elección al consulado de su aliado Lucio Luceyo. No obstante, con la fuerza combinada de los triunviros, César fue en gran medida capaz de eludir la autoridad de Bíbulo y de los optimates.




CARRERA POLÍTICA

Cuando era muy joven fue elegido tribuno militar, siendo destinado en Asia Menor, en la ciudad de Mitilene, la cual se había rebelado contra el dominio romano. Coincidió en este cargo entre otros con Aulo Gabinio, Julio César o Marco Valerio Mesala Rufo, los cuales se convertirían posteriormente en sus enemigos.




Durante el asalto a la ciudad, César se distinguió dirigiendo un destacamento de legionarios que habían sido reclutados por Cayo Flavio Fimbria y que, al igual que el que les había reclutado, tenían una muy dudosa reputación. César salvó la vida de sus tropas gracias a su habilidad dirigiendo tropas y ganó con ello el reconocimiento de su general y el honor de portar la corona cívica. Gracias a lo estipulado en la constitución legislada por el dictador Lucio Cornelio Sila, César ingresaba automáticamente en el Senado.




La gloria que César había obtenido suscitó en Bíbulo una gran envidia, ya que él por su parte no había realizado ninguna acción digna de mención durante la batalla. De marcada ideología conservadora y aristocrática, Bíbulo ingresó en los optimates, facción conservadora del Senado que en esa época estaba liderada por Quinto Lutacio Catulo, y contaba por esa época entre otros con Catón, Bíbulo, Lucio Domicio Ahenobarbo y Quinto Cecilio Metelo Escipión.




Bíbulo fue elegido edil curul el mismo año (65 a. C.) que César ya que, al tener edades similares, los dos jóvenes coincidieron en cargos políticos comunes. Durante los juegos que organizaron César y Bíbulo en su edilato, ambos mostraron gran falta de cooperación debido a su profunda enemistad. De nuevo, César quedó por encima de Bíbulo, al organizar unos espectaculares juegos en contraste con los modestos de Bíbulo.




Bíbulo fue elegido pretor de nuevo el mismo año que César, aunque su enemigo fue nombrado con el mayor número de votos, praetor urbanus. En el año 59 a. C. Bíbulo se presentó a las elecciones consulares apoyado por los optimates y salió elegido (de nuevo con César), aunque con el menor número de votos y nombrado en consecuencia consul junior.




César, por su parte, había logrado el consulado gracias al apoyo de sus aliados políticos, el famoso general Cneo Pompeyo Magno, y el rico aristócrata Marco Licinio Craso. Los tres decidieron acordar una alianza formal que pasaría a conocerse como el primer triunvirato.




Durante ese año, el único gran acto digno de mención de Bíbulo fue el veto que impuso sobre el proyecto de ley de César para dar tierras a los soldados veteranos de Cneo Pompeyo Magno, y luego declarar que el resto de los días en los que la Asamblea Centuriada podría reunirse fuesen días nefastos (en los que no cabía la posibilidad de votar leyes). César, sin embargo, presentó su ley en la Asamblea y Bíbulo cuando trató de intervenir, fue agredido por la multitud. Se retiró del foro, dejando a César el control total sobre el consulado. Durante el resto del año, Bíbulo se retiró a su casa para (según dijo) estudiar las estrellas en busca de augurios, lo cual técnicamente invalidaría toda la legislación de ese año (aunque en la práctica no fue así) y limitó su oposición a la publicación de edictos en contra de las medidas de César los cuales fueron ampliamente difundidos entre sus partidarios, siendo muy alabados como piezas de composición. De esta manera el año 59 a. C., tras la nula participación de Bíbulo, fue llamado por los propios romanos (con sentido del humor) el "año de Julio y César".




Tras la muerte de Catulo, Bíbulo y Catón se convirtieron en los líderes de su facción, convirtiéndose en el pilar de oposición a César durante su procónsulado en las Galias. A la expiración de su consulado no le fue asignado ninguna provincia y permaneció en Roma. Continuó oponiéndose a las medidas de Cesar y Pompeyo y aconsejó al último, en el año 56 a. C. no restablecer a Ptolomeo XII Auletes en el trono de Egipto.




Sin embargo, en el año 52 a. C., Bíbulo apoyó la política de Pompeyo que, tras la muerte de Craso en la Batalla de Carras (que significó el fin del triunvirato), se había unido a los conservadores. La facción de Bíbulo le permitió ser elegido cónsul único durante el turbulento año de las guerras callejeras entre Publio Clodio Pulcro y Tito Anio Papiano Milón.




LA GUERRA CONTRA CÉSAR

En el año 51 a. C., Bíbulo fue nombrado -según una Lex Pompeia que establecía que los futuros cónsules y pretores no tendrían una provincia asignada hasta pasados cinco años de finalizada su magistratura y que los magistrados de rango consular o pretorial que no habían gobernado provincias podrían pedir una- gobernador (con rango deprocónsul) de la provincia de Siria, la cual estaba bajo la inminente amenaza de invasión por parte del Imperio Parto. Poco antes de llegar a Siria los partos cruzaron el Éufrates pero fueron expulsados por el cuestor Cayo Casio Longino que, debido a su condición de magistrado de más alto rango tras la muerte de Craso, había decidido continuar gobernando los territorios. De esta forma Bíbulo encontró la provincia segura cuando llegó; y debido a que no era un militar, decidió seguir una política de intrigas dentro de la corte de su enemigo, la cual tuvo éxito. Gracias a la expulsión de los partos, le fue concedida por el Senado una acción de gracias de 20 días; Cicerón no paró de decir a sus amigos y de pregonar por todas partes que Bíbulo no había tenido parte en la victoria. Durante su gobierno se produjo un motín entre sus tropas, y los hijos de Bíbulo, que habían sido nombrados para volver a reclutar a los soldados veteranos estacionados enEgipto, fueron asesinados por éstos. Tras dar un merecido escarmiento a los soldados, y tras expirar su tiempo en el cargo, Bíbulo dejó la provincia con la fama de haberla administrado con integridad y celo.




Bíbulo se trasladó a Grecia donde esperó la llegada del resto de optimates que huían de la Península Itálica después de que estallara la Guerra Civil entre César y Pompeyo.




En el año 49 a. C. expresó su apoyo formal a Pompeyo contra César. Fue designado por el general conservador como almirante en jefe de la flota pompeyana que patrullaba el Mar Jónico, con el objetivo de impedir el paso de Cèsar a Grecia.




 A pesar de los desvelos de Bíbulo, César consiguió a duras penas eludir el bloqueo y desembarcar en Epiro, y Bíbulo sólo pudo atacar treinta barcos que regresaban a Italia después de desembarcar algunas tropas. Enfurecido por su fracaso, Bibuló quemó los barcos junto con sus tripulaciones.




Cuando llegó el invierno, sus hombres sufrieron mucho por el frío y la falta de combustible y agua, ya que César se encontraba en posesión de la costa oriental y les impedía un adecuado suministro. La enfermedad se desató entre sus hombres, el mismo Bíbulo cayó enfermo, y murió a principios del año 48 a. C., cerca de Corcira, antes de la batalla de Dirraquio.




TÁCTICAS DE BÍBULO

Bíbulo era conocido por servirse de su propia debilidad para agredir al contrario, utilizaba la debilidad como arma. De ahí viene la denominación tácticas de Bíbulo.




Se casó con Porcia, la hija de Marco Porcio Catón, con la cual tuvo tres hijos.