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miércoles, 14 de junio de 2023

ARBOGASTO DE ESTRASBURGO, EL GENERAL FRANCO QUE RETÓ AL EMPERADOR TEODODIO I EL GRANDE

Flavio Arbogastes (en latín, Flavius Arbogastes; ¿?-6 de septiembre de 394), conocido como Arbogaste o Arbogasto el viejo para distinguirlo de Arbogasto el joven, comes de Tréveris en 477, fue un general romano de origen franco, magister militum del Imperio Romano de Occidente a finales del siglo IV.

 

Se conoce poco de su vida antes de 388, cuando fue puesto al mando de las tropas occidentales por el emperador Teodosio I a la muerte del usurpador Magno Máximo. Arbogastes fue un buen soldado y un fiel amigo de los emperadores. Luchó contra los bárbaros y los rebeldes. Teodosio I le dio el mando del ejército occidental. El senado le apoyó para elegir a Eugenio como emperador.

 

El nombre franco Arbogastes parece provenir de dos elementos germánicos; arwa; heredero y gastiz: espíritu. Hasta los estudios de Jones en la década de 1990, se creía que Arbogasto era hijo de Flavio Bauto, magister militum y protector de Valentiniano II, a quien sucedió. No obstante, el consenso actual es que esta filiación debe ser descartada. Es aceptado, en cambio, que era sobrino del general franco Ricomero.

 

Arbogastes se unió al Ejército Imperial Romano bajo el mando del emperador Graciano, hijo de Valentiniano I, y hermano mayor de Valentiniano II, en el Imperio Romano Occidental. Cuando Graciano fue asesinado por el usurpador Magno Máximo en el 383, Arbogastes se pasó al bando del emperador Teodosio I, que gobernaba el Imperio Romano de Oriente. Teodosio I reconoció a Valentiniano II, el hermano menor de Graciano, como emperador legítimo de Occidente, pero le asignó a Arbogastes como su magister militum o comandante en jefe. 

Al poco tiempo se hizo un buen nombre por su extremada efectividad y lealtad a su comandante en el campo de batalla y en 380 Graciano lo había enviado con el magister militum Bauto a apoyar a Teodosio I contra los visigodos de Fritigerno, quienes habían saqueado en Macedonia y Tesalia ese año y el siguiente. Los ejércitos del occidentales comandados por Bauto y Arbogastes y las fuerzas de Teodosio I en el Este, tuvieron éxito expulsando a Fritigerno de Macedonia y Tesalia, hacia Tracia y en Mesia y finalmente firmaron un tratado de paz con los visigodos en el año 382.

 

Arbogastes ayudó a Teodosio I a derrotar a Magno Máximo en el 388, tras una guerra civil que duró cuatro años. Arbogastes se convirtió entonces en el verdadero gobernante de Occidente, relegando a Valentiniano II a un papel secundario. Después de la muerte de Valentiniano II el 15 de mayo de 392, era necesario un nuevo líder del imperio romano occidental.  El 22 de agosto de 392, Arbogastes, con la ayuda del senado de Roma, eligió a Eugenio,​ un gramático cristiano que apoyaba la tolerancia entre las diferentes corrientes filosóficas y religiosas, como su emperador.​ 

Eugenio era un cristiano moderado que favorecía la tolerancia hacia el paganismo y el arrianismo. En cambio Teodosio I era un cristiano ortodoxo que había promulgado leyes contra los cultos paganos y las herejías. Teodosio I contaba con el apoyo de sus aliados godos y alanos, que eran cristianos arrianos. Al mismo tiempo de la muerte de Valentiniano II, Teodosio I nombra a su hijo Honorio como emperador del imperio romano occidental. Después de numerosos esfuerzos infructuosos para apaciguar a Teodosio I y apuntalar la posición de Eugenio, estalla la guerra.

 

El 5 de septiembre de 394, Teodosio atacó a Arbogastes en la batalla del Frígido en las orillas del río Frigido, en la actual Eslovenia. La batalla fue muy sangrienta y  duró dos días con grandes pérdidas en ambos lados. Finalmente, Teodosio I logró vencer gracias al apoyo de sus aliados godos y alanos, además de que un fuerte viento se le hizo favorable, pese a que Arbogastes y Eugenio partían con ventaja. El 6 de septiembre, Arbogastes se suicidó inmediatamente después de su derrota en los Alpes Julianos.​ El emperador Eugenio cayó en el campo de batalla el mismo día.

 

Se especuló extensamente sobre si Arbogastes asesinó a Valentiniano II, sin embargo, se juzgó como un suicidio. Valentiniano II y Arbogastes disputaron con frecuencia por el control sobre el imperio romano occidental. Probablemente estas alegaciones eran propaganda usada por Teodosio I para justificar una toma de posesión hostil del imperio romano occidental.

Arbogastes vivió en un contexto histórico muy complejo y difícil para el Imperio Romano de Occidente, que se enfrentaba a varios desafíos:

 

- Las invasiones bárbaras de diversos pueblos germánicos, como los godos, los alamanes, los francos o los vándalos, que presionaban las fronteras y amenazaban la seguridad y la estabilidad del imperio. Estas invasiones se intensificaron a partir del siglo IV, cuando el Imperio Romano se dividió en dos partes: una oriental y otra occidental.

- Las luchas internas por el poder entre diferentes emperadores, usurpadores, generales y senadores, que debilitaban la autoridad y la cohesión del imperio. Estas luchas provocaron varias guerras civiles, como la de Magno Máximo contra Graciano y Valentiniano II (383-388) o la de Eugenio contra Teodosio I (392-394).

- La crisis religiosa provocada por el surgimiento y la expansión del cristianismo, que entraba en conflicto con el paganismo tradicional y con otras corrientes cristianas consideradas heréticas, como el arrianismo. El cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio bajo el reinado de Teodosio I, que promulgó leyes contra los cultos paganos y las herejías.

 

Estos desafíos contribuyeron al declive y la caída del Imperio Romano de Occidente, que se produjo en el año 476, cuando el último emperador, Rómulo Augústulo, fue depuesto por el jefe bárbaro Odoacro

 

Por otra parte las consecuencias fueron que Teodosio I se convirtió en el último emperador en gobernar todo el Imperio Romano, ya que a su muerte en el año 395 lo dividió entre sus dos hijos: Honorio en Occidente y Arcadio en Oriente. Esta división fue definitiva y marcó el inicio de la decadencia del Imperio Romano de Occidente.

- Teodosio I consolidó el cristianismo niceno como la religión oficial del Imperio Romano, eliminando cualquier tolerancia hacia el paganismo o las herejías. El cristianismo se convirtió en un factor de unidad e identidad para los romanos frente a las invasiones bárbaras que amenazaban al imperio.

- Teodosio I fortaleció la alianza con los godos y los alanos, que se establecieron como federados dentro del Imperio Romano. Sin embargo, esta alianza no impidió que algunos grupos godos se rebelaran contra Roma y saquearan ciudades como Roma o Cartago en los siglos siguientes.  



viernes, 9 de junio de 2023

TEMISTIO Y LA FILOSOFÍA DE LA GUERRA: RAZÓN, IRA Y JUSTICIA

Temistio, un filósofo y orador de la Antigüedad Tardía, aborda la filosofía de la guerra en su discurso "Sobre la victoria de Valente". En este discurso, Temistio destaca que la tarea de los líderes militares es actuar conforme a la razón que permite dominar la ira. Según él, los reyes deben ser guiados por la razón y los soldados por la ira.

 

Temistio se inspira en Platón para equiparar a los reyes con la razón y a los soldados con la ira. Además, destaca que el honor de la victoria corresponde a los generales, oficiales y cada soldado de la tropa en condiciones normales. 

Sin embargo, en el caso específico que aborda en su discurso, Temistio reconoce que Valente puede atribuirse gran parte del mérito debido a su determinación ante una situación incierta.

 

En su discurso "Sobre la victoria de Valente", Temistio felicita al emperador por su triunfo sobre el usurpador Procopio en el año 366 y le pide clemencia para algunos de los rebeldes. Temistio destaca que Valente actuó con razón y moderación, controlando su ira y siguiendo el consejo de sus generales. Según él, Valente demostró ser un gobernante prudente y justo, que buscaba la paz y la unidad del imperio.

 

El emperador Valente tuvo que enfrentarse a la invasión de los godos en el año 376, cuando estos pidieron refugio en el imperio huyendo de los hunos. Valente les permitió cruzar el Danubio, pero pronto surgieron conflictos entre los godos y los romanos por el trato abusivo que recibieron de algunos funcionarios corruptos. 

Los godos se rebelaron y se aliaron con otros pueblos bárbaros, amenazando la seguridad del imperio. Valente decidió enfrentarse a ellos con su ejército, pero fue derrotado y muerto en la batalla de Adrianópolis en el año 378. 

Aunque Temistio no dedica un tratado sistemático a la filosofía de la guerra, en sus discursos públicos sobre cuestiones políticas hace frecuentes alusiones a la paz y la guerra. En ellos, destaca que la guerra es un fenómeno complejo que requiere de una comprensión adecuada para tomar decisiones acertadas en el campo de batalla.

 

Temistio considera que los líderes militares deben ser guiados por la razón para dominar la ira y actuar con prudencia en el campo de batalla. Según él, los reyes deben ser los encargados de guiar a los soldados hacia la victoria, ya que son los únicos capaces de mantener el equilibrio entre las pasiones y las necesidades del Estado.

 

Además, Temistio destaca que el propósito de la guerra es asegurar la paz y la justicia. Para él, las guerras justas son aquellas que se llevan a cabo para defenderse o para proteger a otros de una injusticia. En este sentido, considera que los líderes militares deben actuar con prudencia y justicia para asegurar que sus acciones estén en línea con estos objetivos.

 

En resumen, Temistio destaca que los líderes militares deben ser guiados por la razón para dominar la ira y actuar con prudencia en el campo de batalla. Además, enfatiza en que el propósito de la guerra es asegurar la paz y la justicia y considera que las guerras justas son aquellas llevadas a cabo para defenderse o proteger a otros de una injusticia.   





martes, 16 de mayo de 2023

QUODVULTDEUS DE CARTAGO

Quodvultdeus de Cartago fue un santo católico y obispo de la diócesis de Cartago en el siglo V. Tuvo una estrecha relación con Agustín de Hipona, uno de los padres de la Iglesia y también obispo de Cartago en esa época.

 

Cuando Genserico, el rey vándalo, conquistó la ciudad de Cartago en el año 438, Quodvultdeus se vio obligado a abandonar su ciudad junto con un grupo de clérigos. Su escape fue bastante dramático, ya que tuvieron que embarcarse en naves viejas y fueron dejados a merced del viento. Afortunadamente, la providencia los guió hasta las costas de Campania, donde finalmente encontraron refugio.

 

Quodvultdeus continuó su ministerio y dedicó su vida a la predicación y enseñanza del cristianismo. Falleció en el año 453, probablemente en la ciudad de Nápoles. Tras su muerte, fue reemplazado como obispo de Cartago por Deogracias, quien también fue canonizado más tarde.

 

La fiesta de Quodvultdeus se celebra en el Martirologio romano el 19 de febrero y en el calendario cartaginés el 8 de enero. Además de su labor pastoral, también se le atribuyen varios sermones, aunque algunos críticos sugieren que algunos de estos sermones fueron erróneamente atribuidos a Agustín de Hipona. Estos sermones incluyen tres sobre el símbolo de la fe, dos sobre el tiempo de los bárbaros, dos sobre aquellos que se acercan a la gracia, uno contra cinco herejías, uno sobre el cataclismo, uno sobre el último miércoles de Cuaresma, uno sobre un tema nuevo y uno contra los judíos. También se le atribuye el tratado "De promissionibus et praedictionibus Dei", que originalmente se pensaba que era obra de Próspero de Aquitania.

 

Es importante destacar que Quodvultdeus no debe confundirse con otro personaje también llamado Quodvultdeus, quien era un diácono y envió dos cartas a San Agustín en ese mismo período histórico.

 

La figura de Quodvultdeus de Cartago nos muestra la valentía y el compromiso de los líderes religiosos en tiempos de persecución y cambio político. Su amistad con Agustín de Hipona y sus contribuciones a la predicación y la escritura nos permiten comprender mejor el contexto y las enseñanzas de la Iglesia en el siglo V.




domingo, 14 de mayo de 2023

EL PERSPICAZ, ATREVIDO, Y POLÉMICO HISTORIADOR BIZANTINO DE LOS SECRETOS IMPERIALES PROCOPIO DE CESAREA

 

Este destacado historiador bizantino del siglo VI es reconocido como uno de los últimos grandes cronistas de la Antigüedad Tardía. A través de sus obras, nos ofrece una valiosa ventana hacia el reinado del emperador Justiniano y su época. Además, su estilo de escritura en griego clásico, inspirado en Heródoto y Tucídides, nos sumerge en relatos cautivadores que nos permiten comprender mejor la historia y la sociedad de aquel entonces.

 

Nuestro protagonista, Procopio, nació en Cesarea, Palestina. Aunque se conocen pocos detalles sobre sus orígenes, sabemos que fue un estudioso ávido de los clásicos griegos. Asistió a una escuela de Derecho, posiblemente en Berytus (hoy en día Beirut), y se convirtió en rhetor, es decir, en un hábil abogado. En 527, tuvo el honor de unirse a Belisario, un destacado general y comandante militar, como su consejero legal.

 

Las andanzas de Procopio junto a Belisario lo llevaron a presenciar eventos históricos cruciales. Estuvo presente en la batalla de Callinicum en el año 531, donde Belisario sufrió una derrota. También fue testigo de la aplastante represión de la rebelión de Niká en el año 532. La aventura continuó cuando se unió a Belisario en su exitosa campaña contra el reino vándalo en el norte de África, participando activamente en la conquista de Cartago.

 

Pero la historia no se detiene ahí. A su regreso a Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino, Procopio decidió quedarse en África durante un tiempo. Sin embargo, pronto se reunió nuevamente con Belisario para embarcarse en una nueva empresa: la campaña contra el reino ostrogodo de Italia. Fue en Italia donde Procopio presenció el asedio de Roma por parte de los ostrogodos en 537-538, así como la conquista de Rávena, la capital gótica, por parte de Belisario en 540.

 

Aunque las relaciones entre Procopio y Belisario parecen haberse enfriado posteriormente, su conexión inicial fue inolvidable. Procopio nos muestra cómo las circunstancias a veces pueden distanciar a las personas. Enfrentado a nuevos desafíos, Procopio optó por quedarse en Constantinopla mientras Belisario se enfrentaba al nuevo rey ostrogodo, Totila. Fue en esta ciudad donde Procopio presenció y describió la devastadora plaga que asoló Constantinopla en 542.

 

Lamentablemente, la información sobre la vida posterior de Procopio es escasa. Sabemos que recibió el título de "illustris" en el año 560 y es posible que haya ocupado el cargo de prefecto urbano de Constantinopla en 562-563. Sin embargo, el misterio que rodea su vida después de estas fechas nos deja con ganas de saber más sobre sus logros y actividades.

 

Hablemos ahora de las obras de Procopio, que nos brindan una valiosa visión de la época y destacan por su estilo literario y contenido histórico detallado.

 

Una de sus obras más importantes es "Historia de las guerras" una obra dividida en ocho libros que relatan las guerras libradas por el Imperio durante el reinado de Justiniano. Procopio, testigo presencial de muchos de estos eventos, nos sumerge en narraciones emocionantes y vívidas. A través de su pluma, podemos experimentar la tensión de la batalla y entender las estrategias militares utilizadas en aquella época.

 

En "Sobre los edificios", Procopio nos deleita con un panegírico dedicado a las numerosas obras públicas emprendidas por el emperador Justiniano. Dividido en seis libros, este trabajo resalta el enfoque del emperador en fortificar la ciudad, construir iglesias y garantizar el suministro de agua para el bienestar de sus súbditos. A través de las descripciones detalladas de Procopio, podemos visualizar majestuosas estructuras y admirar los logros arquitectónicos de la época.

 

Sin embargo, la obra más controvertida y fascinante de Procopio es "Historia secreta". Descubierta siglos después de su escritura, esta obra desvela un lado oscuro y crítico de Procopio hacia el emperador Justiniano, su esposa Teodora, su antiguo amigo Belisario y su esposa Antonina. Aquí, Procopio arroja luz sobre los escándalos y las intrigas de la corte imperial, llegando incluso a descripciones provocativas y sexuales. Aunque algunos han cuestionado su autenticidad, el análisis del texto respalda la atribución de esta obra a Procopio. 

 

Aparte cabe destacar que Procopio nos enseña que el coraje y la audacia a menudo son más reconocidos que la prudencia y la seguridad. Su valentía al enfrentar peligros y participar en campañas militares nos inspira a superar nuestros miedos y perseguir nuestros objetivos con determinación.

 

Asimismo, nos recuerda que cuando nos enfrentamos a la desgracia, no estamos solos en nuestra aflicción. El consuelo proviene del conocimiento de que los males no nos afectan solo a nosotros, sino que son parte de la condición humana. Esta perspectiva nos ayuda a encontrar fortaleza y seguir adelante en tiempos difíciles.

 

La creencia de Procopio de que Dios nunca abandona a aquellos que se enfrentan a peligros necesarios nos invita a confiar en una fuerza superior y a encontrar consuelo en la fe cuando nos enfrentamos a desafíos que no hemos elegido.

 

Además, nos advierte sobre los peligros de dejarnos llevar por el sufrimiento intenso, ya que puede nublar nuestro juicio y llevarnos a tomar decisiones equivocadas. Es importante mantener la calma y la claridad mental incluso en medio de las dificultades más desgarradoras que nos pueden llevar a tomar las peores decisiones, incluso hacer que seamos crueles.

 

También Procopio nos insta a priorizar lo más importante cuando nos enfrentamos a un peligro inminente. En lugar de distraernos con preocupaciones triviales, debemos concentrarnos en la situación en sí y tomar las medidas necesarias para superarla. Esto nos enseña a ser sabios en la elección de nuestras acciones y a dar prioridad a lo que realmente importa en momentos críticos.

 

A lo largo de su vida, Procopio se dedicó apasionadamente a su labor como historiador, dejando un legado invaluable para las generaciones futuras. Su estilo literario, influido por los grandes escritores de la Antigüedad, nos sumerge en los acontecimientos históricos y nos transporta a esa época lejana.

 

Como último aprendizaje de Procopio, podemos apreciar su cuidado en explicar términos contemporáneos y aclarar conceptos para su audiencia. 

Esta dedicación a la claridad y la comprensión muestra su deseo de transmitir conocimientos de manera accesible para todos. Nos inspira a compartir el conocimiento de manera didáctica y agradable, de manera que pueda ser apreciado y entendido por un amplio público.

 

En resumen, Procopio de Cesarea fue un destacado historiador bizantino cuyas obras nos permiten conocer en detalle el reinado de Justiniano. Su valentía, su capacidad de observación y su estilo literario cautivador hacen de sus escritos una fuente invaluable de conocimiento histórico. 

A través de sus enseñanzas, aprendemos a valorar el coraje sobre la prudencia, a encontrar consuelo en la compañía de otros en la adversidad, a confiar en la ayuda divina cuando enfrentamos peligros y a mantener la claridad mental en tiempos de sufrimiento. Siguiendo el ejemplo de Procopio, podemos buscar la excelencia en nuestras propias vocaciones y compartir nuestros conocimientos de manera didáctica y práctica para enriquecer la experiencia de aquellos que nos rodean.