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sábado, 27 de octubre de 2018

EL CÓNSUL QUINTO FABIO MÁXIMO EBURNO



Quinto Fabio Máximo Eburno (en latín, Quintus Fabius Maximus Eburnus) fue un político y cónsul de la República Romana, perteneciente a la gens Fabia, una familia de origen patricio; era hijo de Quinto Fabio Máximo Serviliano.

 

Máximo Eburno obtuvo la pretura venciendo en las elecciones con el máximo número de votos y obteniendo por tanto el puesto de pretor urbano en 118 a. C. En esta condición presidió el juicio de Cayo Papirio Carbón acusado de traición por Lucio Craso.

 

Obtuvo el consulado en 116 a. C. con Cayo Licinio Geta como colega senior. Eburno era conocido en Roma por el salvajismo del que hacía gala con su familia, tanto es así que asesinó a su hijo por «inmoralidad» (al ser el paterfamilias, tenía derecho a castigar o asesinar a cualquier miembro de su familia, aunque casi nunca se hacía). Por ello fue repudiado por la sociedad romana y acusado por Cneo Pompeyo Estrabón de excederse de los límites de su patria potestas. Máximo Eburno fue condenado al exilio, probablemente en Nocera Umbra.


martes, 10 de abril de 2018

EL CÓNSUL MARCO FULVIO FLACO


 

Marco Fulvio Flaco (en latín, Marcus Fulvius M. f. Q. n. Flaccus; m. 121 a. C.) fue un militar y político romano del siglo II a. C.

 

Senador del círculo de los Gracos, fue miembro, junto con Cayo Papirio Carbón y Cayo Graco, de la comisión agraria triunviral de 129 a. C. encargada de la aplicación de la ley de reparto de tierras.

 

Nombrado cónsul en 125 a. C., fue enviado a ayudar a los habitantes de Massilia (en la actualidad, Marsella) a reprimir las depredaciones de los saluvios. Fue el primero en dominar a los ligures transalpinos y, a su regreso a Roma, tuvo derecho a celebrar un triunfo. Durante su consulado propuso la concesión de la ciudadanía romana a todos los aliados italianos, introduciendo una cuestión que preocuparía a Roma por muchos años.

 

En el año 123 a. C. acompañó a Cayo Graco a la fundación de la colonia de Junonia sobre las ruinas de Cartago. Este momento, que marca el cenit de las reformas de los Gracos, es también su punto de inflexión, pues su ausencia de Roma fue aprovechada por sus enemigos para emprender una campaña de calumnias para minar su prestigio.

 

Cuando en el año 121 a. C. Cayo Graco no consiguió ser reelegido como tribuno de la plebe, Flaco envió a sus partidarios a protestar a la colina Aventina. El cónsul Lucio Opimio la reprimió brutalmente y resultaron muertos Cayo Graco, Marco Fulvio Flaco y el hijo mayor de este, que se habían refugiado en el templo de Diana, así como miles de sus seguidores.​

 

Cicerón lo menciona entre los oradores de la época, pero afirma que él apenas estaba por encima de la mediocridad; a pesar de eso, sus discursos todavía estaban vigentes en la época de Cicerón.

 

Su hija Fulvia fue la esposa de Publio Léntulo y madre de Léntulo Sura. Cicerón lo llama suegro de un hermano de Q. Catulo,​ de donde podemos inferir que tenía una segunda hija. Una tercera hija se casó con Lucio Julio César, cónsul en 91 a. C., de modo que Fulvio Flaco fue el abuelo de Lucio Julio César, que fue cónsul en el año 64 a. C.




LA RECONCILIACIÓN DE MARCO EMILIO LÉPIDO Y FULVIO FLACO






martes, 26 de septiembre de 2017

EL CÓNSUL LUCIO GELIO PUBLÍCOLA


 
Lucio Gelio Publícola (en latín, Lucius Gellius Publicola) fue un político y militar romano.
 
Nadie de su familia había alcanzado ninguno de los altos cargos del estado antes que él. Fue contubernalis del cónsul Cayo Papirio Carbón. El año en que fue pretor se desconoce, pero después de su pretura recibió la provincia de Acaya, con el título de procónsul, y durante su gobierno ofreció, en son de burla, su mediación entre los filósofos rivales de Atenas, para conciliar sus controversias.​ En 74 a. C. defendió la causa de M. Octavio Ligur, cuyo adversario se vio injustamente favorecido por el pretor Verres.
 
En 72 a. C. alcanzó el consulado con Léntulo Clodiano, un año después del inicio del levantamiento de Espartaco. Los dos cónsules fueron asignados a la guerra contra los esclavos sublevados.
 
En un principio derrotó a los 20.000 esclavos rebeldes que lideraba Criso cerca del monte Garganus, en Apulia, en donde el líder rebelde perdió la vida y ordenó a sus hombres marchar al norte en persecución del resto de sediciosos. Con Clodiano combatiendo a Espartaco en el norte, Gelio esperaba atacar por detrás y acabar con ellos. No obstante, Clodiano cayó derrotado y Espartaco atacó a Gelio, sobre el que también alcanzó la victoria.​A continuación, los dos cónsules unieron sus fuerzas, pero fueron derrotados nuevamente en Picenum.
 
Fue por esta época, en que los cónsules presentaron e hicieron aprobar una ley para ratificar las concesiones de ciudadanía que había hecho Gneo Pompeyo a Hispania.​ Otra propuesta de los cónsules fue que ningún provincial podría ser acusado de crímenes capitales en ausencia. Esta ley iba dirigida contra Verres.
 
El Senado decidió entonces destituir a los dos cónsules y conceder el mando a Craso.​ En 70 a. C. Gelio y Clodiano alcanzaron la censura  y ejercieron el cargo con severidad, expulsando a muchos senadores entre los cuales estaba Gayo Antonio. Fue durante su censura que Pompeyo, que era entonces cónsul, apareció como un ecuestre común en el solemne desfile de los equites, y, entre los aplausos de los espectadores, llevó su caballo ante la silla curul de los censores, y respondió a las preguntas de rigor.
 
En 67 a. C. y 66 a. C. sirvió como uno de los legados de Pompeyo en la guerra contra los piratas teniendo a su cargo el mar de Toscana. Durante la primera conspiración de Catilina se hizo un intento para apoderarse de su flota, y aunque lo pudo evitar estuvo a punto de morir. Por eso en el año 63 a. C. dio activo apoyo a Cicerón en la represión de la conspiración, y propuso que Cicerón debía ser recompensado ​​con una corona cívica. A partir de ese momento fue muy cercano del orador y del partido aristocrático.
 
En 59 a. C. se opuso a la ley agraria de Julio César; en 57 a. C. se manifestó a favor de llamar del exilio a Cicerón. Todavía estaba vivo en 55 a. C., cuando Cicerón pronunció su discurso contra Pisón, pero probablemente murió poco después. Se sabe que se casó dos veces.

lunes, 11 de septiembre de 2017

EL CÓNSUL CAYO PAPIRIO CARBÓN


 
Cayo Papirio Carbón (en latín, Caius Papirius Carbo) (164 a. C.-119 a. C.) fue un político y orador de la República de Roma, hijo del pretor del mismo nombre Caius Papirius Carbo.
 
Perteneciente a la rama plebeya de la gens Papiria fue seguidor de Cayo Sempronio Graco. En el desarrollo de la reforma agraria iniciada por Tiberio Sempronio Graco, formó parte de la comisión agraria triunviral (triumvir agrorum dividendorum) encargada de la aplicación de la ley de reparto de tierras.
 
Fue elegido tribuno de la plebe en 131 a. C., periodo en el que impuso dos leyes: una sobre la posibilidad de que los tribunos fueron reelegidos indefinidamente y una lex tabellaria, que establecía la votación secreta para la aprobación o derogación de las leyes en los Comicios centuriados. Durante su tribunado continuó ocupando el cargo de triumvir agrorum dividendorum.
 
La dificultad del reparto de tierras según la ley agraria de Sempronio, provocaba constantes conflictos. Un día, cuando el enemigo de los Graco, Publio Cornelio Escipión Emiliano murió de manera repentina en 129 a. C., Papirio fue calificado de sospechoso de esa muerte.
 
Después de su tribunado, Carbón siguió actuando como amigo de los Gracos hasta la muerte de Cayo Graco en 121 a. C. en manos de Lucio Opimio, el cónsul de ese año, que hizo matar a numerosos amigos de los Graco.
 
 Al final de su consulado, Opimio, el asesino de Cayo Graco, fue acusado del asesinato de ciudadanos romanos sin juicio previo, por el tribuno de la plebe Quinto Decio.
 
Carbón obtuvo el consulado en 120 a. C., y desde su puesto defendió con éxito a Lucio Opimio, pasándose de hecho al bando de los optimates. Incluso llegó a justificar el asesinato de Cayo, diciendo que fue una muerte justa.
 
A pesar de sus últimas actuaciones, los optimates no confiaban en él, por considerarle implicado en la muerte de Escipión y esperaban el momento oportuno para la venganza.
 
De esta forma, tras su mandato, en el año 119 a. C. fue imputado por el joven orador Lucio Licinio Craso por un cargo similar al que él había defendido anteriormente, y viendo su causa perdida, se vio forzado al suicidio. Valerio Máximo​ dice que fue enviado al exilio.
 
Carbón era un hombre de grandes talentos, y sus dotes de orador son mencionadas por Cicerón con grandes elogios.