En la República, la incompetencia política debería ser castigada
severamente.
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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viernes, 6 de diciembre de 2019
jueves, 5 de diciembre de 2019
DICTADOR LUCIO QUINCIO CINCINATO
La
palabra dictador viene del latín dictator y significa literalmente «el que
dicta». En sus orígenes, tampoco se les llamaba dictadores sino magister populi
(maestros del pueblo, maestros de la gente o maestros del ejército).
La historia de Cincinato “el
del pelo ensortijado”, se remonta al 467 a. C. cuando Roma estaba entrando en
un conflicto importante por una ley agraria que favorecía la entrega de tierra
a los plebeyos de Roma. Fue Cónsul y dos veces dictador.
Nos dejó escrito Tito Livio
la siguiente anécdota:
Una delegación del senado
fue enviada al otro lado del río Tíber a buscar a Cincinato, éste vivía en
terreno no muy grande y una modesta choza con su esposa. La delegación lo
encontró trabajando la tierra, como de costumbre. El pobre Cincinato no estaba
ni enterado de lo que sucedía. Mientras se secaba el sudor y se quitaba el
polvo ordenó a su esposa que le trajese su toga.
No
prestos a esperar a su esposa, la delegación le hizo entrega de la toga de
dictador y se lo llevaron a Roma. El pueblo estaba en descontento al enterarse
de nuevo que Cincinato fuese nombrado dictador y con mucha razón: podía
ejecutar a cuanto plebeyo se le cruzara por la mente, tomar las medidas que
creyera convenientes y ni así sería culpable. Siendo dictador tenía todos los
privilegios así que la ciudad estaba asustada de este hecho.
Pero aún así, con todo ese
poder y las razones para abusar de su situación, Cincinato no hizo nada más que
proteger la ciudad, resultando victorioso.
Una vez solventado el
conflicto renunció a su magistratura y se retiró a la soledad de su humilde
hogar para seguir arando la tierra.
miércoles, 17 de julio de 2019
SILA ANUNCIA AL SENADO QUE DEJARÁ EL CARGO DE DICTADOR
Bien, padres conscriptos, básicamente está todo
hecho. Era mi intención declarada
volver a poner a Roma en pie y decretar nuevas leyes que
correspondiesen a las
necesidades del mos maiorum. Y eso he hecho. Pero continuaré en el cargo de
dictador hasta julio, cuando
se celebrarán las elecciones para las magistraturas del año que viene. Ya lo
sabíais. Empero, creo que
algunos de vosotros os negáis a creer que un hombre dotado de tal poder se
avenga a cederlo. Por ello,
os repito que dejaré el cargo de dictador tras las elecciones de julio. Esto
significa que los magistrados
del año que viene serán los últimos elegidos personalmente por mí. En años
venideros habrá elecciones
libres, abiertas a cuantos candidatos se presenten. Hay quienes no han cesado
de desaprobar que el dictador
elija los magistrados y ponga únicamente a votación el mismo número de
nombres como cargos hay,
pero, como yo siempre he sostenido, el dictador debe trabajar con hombres que
estén dispuestos a apoyarle
incondicionalmente. No se puede confiar en que el electorado escoja a los
mejores, ni siquiera a los
que merecen y les corresponde el cargo por su categoría y experiencia. Así pues,
como dictador he podido tener
la seguridad de que me rodeaba de los que yo deseaba y para quienes el
cargo era un derecho moral y
ético. Como es el caso del ausente pontífice máximo, mi querido Quinto
Cecilio Metelo Pío, que sigue
gozando de mi favor y está ya camino de la Hispania Ulterior para enfrentarse
al criminal proscrito Quinto
Sertorio.
domingo, 14 de julio de 2019
SILA DICE SOBRE SU PODERÍO DE DICTADOR DE ROMA
No hay ningún rey en el mundo que no sea subordinado mío. ¡Yo reino en Roma y soy el hombre más poderoso entre los ríos del Océano y el Indo!.
sábado, 8 de junio de 2019
PROFECÍA DE SILA EL DÍA DESPUÉS DE RENUNCIAR AL CARGO DE DICTADOR DE ROMA
¡Por
fín, ha llegado mi primer día de libertad!. Durante más de treinta año he ocultado mi naturaleza. Me he
privado del amor y el placer... primero por mi nombre y mi ambición, y luego a
causa de Roma. Pero se acabó. ¡Se acabó, se acabó, se acabó!. Ya tenéis otra
vez a Roma libre, fuerte, próspera, en orden, y con el tesoro público lleno a
rebosar. ¡Os devuelvo Roma... hombrecillos y presuntuosos gusanos!. Otra vez
quedáis libres de desahogar vuestra bilis sobre el país... elegir los hombres
inadecuados, gastar los dineros públicos alegremente sin pensar en el mañana.
¡Pronostico que en los treinta años de una generación, vosotros y los que os
sucedan traeréis la ruina irremisible a Roma!.
domingo, 19 de mayo de 2019
viernes, 11 de enero de 2019
DISCURSO DE SILA EN EL SENADO SOLICITANDO PODERES DE DICTADOR POR ENCIMA DE LOS SEIS MESES, Y POR TIEMPO INDEFINIDO
Algunos no toleráis
más de 6 meses de Dictadura, pero yo os
digo que en seis meses no habré podido hacer nada. Créeme, padres conscriptos,
no quiero el maldito cargo ni un solo día, y menos para toda la vida. Cuando
considere que he culminado la tarea, lo dejaré. Pero en seis meses es imposible
hacerla.
¿Por qué, os preguntáis, cuando los anteriores
dictadores de Roma acostumbraban a devolver todos los poderes pasados los seis
meses?. Por un sencillo motivo: la situación financiera de Roma es un caos.
Para restablecerla debidamente se necesitará un año, quizá dos. Hay veintisiete
legiones por licenciar, buscarles parcelas y pagarlas. Hay que hacer que los
que apoyaron los regímenes ilegales de Mario, Cinna y Carbón no escapen al
castigo. Las leyes de Roma están anticuadas, sobre todo en relación con los
tribunales y los gobernadores de provincias. Sus servidores civiles están
desorganizados e incurren en letargo y codicia. Se han robado tantos tesoros,
dinero y lingotes de los templos, que nuestro Erario cuenta aún con doscientos
ochenta talentos de oro y ciento veinte de plata, a pesar de los despilfarros
de este año. El templo de Júpiter Optimus Maximus es una pavesa. ¿Continúo,
senadores?.
No puedo tener poderes de dictador por seis meses y
luego volver a solicitar el cargo otros seis meses más. Debo ser dictador para
todo el tiempo que necesite. Si fuera para tan sólo seis meses, me encontraría
con que tres de cada seis meses me los tendría que pasar contentando a las
centurias. ¡ Rogando, dando explicaciones, excusándome, pintándolo todo de
rosa, acariciando la bolsa de todos los caballeros comerciantes y convirtiéndome
en la puta más vieja y detestable del mundo!. Pues no, senadores, ¡lo haré a mi
manera o no lo haré!. ¿Me oís, miserable conjunto de tontos y cobardes
hipócritas que se quedan en casa?. ¡Queréis que Roma se recupere, pero
reclamáis el derecho inmerecido de hacer de la vida del que va a acometer la
tarea lo más angustioso, penoso y servil posible!. Bien, padres conscriptos,
decidíos ahora mismo, porque Lucio Cornelio Sila ha vuelto a Roma y si se lo
propusiera podría sacudirla en sus cimientos hasta convertirla en ruinas.
¡Tengo en el campo del Lacio un ejército que hubiera podido hacer entrar en la
ciudad para echarlo sobre vuestros despreciables pellejos como lobos sobre
corderos!. No lo he hecho. He actuado conforme a vuestros intereses desde que
llegué al Senado, y sigo haciéndolo. Pacíficamente; por las buenas. Pero estáis
poniendo a prueba mi paciencia, os lo advierto con toda amabilidad. Seré
dictador cuanto tiempo sea necesario. ¿Está claro? ¿Lo está, señores
senadores?
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lunes, 10 de septiembre de 2018
CÉSAR DICE SOBRE EL CARGO DE DICTADOR
Yo no soy un soberano. Roma
tiene cónsules, pretores y distintos magistrados. Un dictador es sólo una
medida temporal, nada más. En cuanto yo, como dictador, ponga a Roma en orden, dejaré
el cargo. Tal como hizo Sila.
domingo, 27 de agosto de 2017
RESUMEN DE LAS PRINCIPALES MAGISTRATURAS O CARGOS POLÍTICOS ROMANOS EN LA ÉPOCA DE CÉSAR
-Cuestores
(o indagadores): eran los funcionarios de Hacienda que velaban por la tesorería
y libraban los pagos. Cuando Roma era sólo algo parecido una modesta alcaldía eran
dos, pero en la época de César el Estado había crecido tanto que ya eran cuarenta.
-Ediles:
eran el equivalente a los concejales municipales. Solían ser cuatro.
-Pretores:
eran altos funcionarios de algo parecido al ministerio de Justicia y del de Interior.
Ocupaban el lugar de los cónsules cuando éstos se ausentaban de la ciudad. En la
época de César eran ya dieciséis.
-Cónsules
(palabra que significa asociados): eran algo parecido a los presidentes de gobierno
con poderes casi absolutos. Presidían el Senado y los comicios y capitaneaban
el ejército. Como eran dos y sus decisiones debían ser colegiadas, muy a menudo
estaban enfrentados y no llegaban a decisión ninguna. Los romanos no lo
lamentaban: de este modo se evitaba que uno de ellos acaparara demasiado poder
y cayera en la tentación de proclamarse rey. Es que en Roma el mando único
estaba muy desprestigiado porque traía aciagos recuerdos de cuando fue
monarquía. La palabra rey era tabú hasta el punto que, cuando se restauró la
monarquía hereditaria, los reyes jamás se atrevieron a usar tal título y se
contentaron con el de emperador, aunque sus poderes fueran tan absolutos y
hereditarios como los de cualquier monarca antiguo.
-Otros
cónsules salientes (los consulares) eran nombrados censores, un importante
cargo quinquenal cuyo cometido consistía en elaborar y mantener al día el censo
de los ciudadanos, actualizándolo por clases según la fortuna de cada
individuo. También designaban a los nuevos senadores y velaban por la pureza de
las costumbres.
Los
cargos gubernativos más bajos (cuestores y ediles) tenían solamente potestas,
es decir, poder administrativo; pero los más altos (pretores, cónsules, procónsules)
estaban dotados, además, de imperium, poder de vida y muerte, cuyo
carácter sagrado confería inviolabilidad. Cuando ejercían su cargo, los
magistrados con imperium iban precedidos y escoltados por un
número variable de soldados (lictores) que portaban al hombro las fasces,
o haces de varas de azotar, símbolo del poder coactivo que otorgaba el cargo.
Aparte
los romanos también crearon para su gobierno la figura del dictador, al que se
le otorgaba temporalmente poderes absolutos, y así ocurría cuando el Estado
estaba en gravísimo peligro o riesgo, que requería la resolución pronta y rápida
de una sola persona con todos los poderes absolutos y que nada ni nadie le
obstruyera en sus decisiones de resolver la grave crisis.
domingo, 30 de julio de 2017
IMPERIUM, TRIBUNOS DE LA PLEBE, PATRICIOS Y PLEBEYOS
A primera vista, el tribuno de
la plebe era un cargo menor en la jerarquía senatorial. Los tribunos de la
plebe no tenían imperium, palabra sin equivalente en el mundo no romano. Pero
¿qué demonios era el Imperium?, ese poder que se consideraba de emanación
divina solo aplicable entre los romanos. Pues bien, eso de ímperíum equivalía al grado
de autoridad que posee un dios en la tierra. Con aquello, un solo pretor podía
obligar a un gran rey a que le acompañase. Los gobernadores provinciales tenían
imperium, los cónsules tenían ímperíum, los pretores tenían imperium, curules y
ediles tenían imperium, pero todos ellos poseían una clase distinta de imperium.
La única evidencia tangible de imperium era el lictor. Los lictores eran
ayudantes profesionales que iban delante del que ostentaba el imperium abriéndole
paso y llevando sobre el hombro izquierdo el fasces o haz de varas sujetas con
cintas rojas.
Los censores no tenían imperium.
Ni los ediles de la plebe, ni los cuestores. Tampoco lo tenían los los tribunos
de la plebe. Estos últimos eran los representantes elegidos del pueblo, ese
vasto conjunto de ciudadanos romanos sin derecho a la alta distinción de ser patricios.
Los patricios eran la aristocracia antigua, aquellos cuya familia había formado
parte de los padres de Roma. Cuando la república romana acababa de
constituirse, sólo contaban los patricios, pero conforme algunos plebeyos
adquirieron dinero y poder e ingresaron en el Senado ocupando una silla curul,
también quisieron ser aristócratas, y el resultado fueron los nobilis (nobles).
Así, la doble aristocracia la constituían los patricios y los nobles. Para ser
noble bastaba con tener un cónsul en la familia, y nada impedía que un plebeyo
llegara a cónsul. De este modo quedaban satisfechos el honor y la ambición de
los plebeyos.
Los plebeyos tenían su propia
asamblea de gobierno, a la que les estaba vedada la asistencia y el voto a los
patricios. Pero tan poderosos se habían hecho los plebeyos, en detrimento de
los patricios, que este nuevo organismo de la Asamblea de la Plebe era quien asumía
la mayor parte de la legislación. Para que velaran por sus intereses, la plebe
elegía diez tribunos renovables cada año, y ésa era la peor característica del gobierno
romano: que sus magistrados sólo ocupaban el cargo durante un año, con la consecuencia
de que no se podía sobornar a una persona, al no saber si iba a durar lo bastante
para servir los intereses de uno. Así, cada año había que sobornar a un hombre distinto,
y generalmente había que sobornar a varios.
No, un tribuno de la plebe no
tenía imperium ni era un magistrado mayor; en apariencia, no contaba gran cosa,
pero tenía el enorme poder de vetar cualquier ley recién votada o aprobada. No
obstante, habían logrado convertirse en los magistrados más importantes del
común y disponían de auténtico poder, ya que eran los únicos con derecho a veto,
un mecanismo político para que manteniera la división de poderes y no llegara a
ser absoluto para nadie. Y era un veto que obligaba a todos; sólo el dictador
quedaba exento de él.. Un tribuno de la plebe podía vetar a un censor, a un cónsul,
a un pretor, al Senado, a sus nueve colegas tribunos de la plebe, vetar las
reuniones, las asambleas, las elecciones, prácticamente cualquier cosa, y el
esto residía el enorme poder del aparentemente tribuno de la plebe que no
disponía de Imperium alguno con el resto de los magistrados. Además, su persona
era sacrosanta; es decir, no se le podía impedir físicamente que ejecutara sus
funciones. Y, además, hacía las leyes.
El Senado no podía legislar,
sino únicamente recomendar la adopción de una ley. Es indudable que todo esto
tendía a establecer un sistema equilibrado de controles para impedir la posible
hegemonía política de un organismo o un individuo. Si los romanos hubieran sido
una raza superior de animales políticos, el sistema habría dado resultado; pero
como no lo eran, casi no funcionaba. De entre todos los pueblos en la historia
universal, los romanos eran los más ingeniosos para encontrar subterfugios
legales a la ley, y por eso desarrollaron lo que conocemos como "Derecho
Romano".
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