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domingo, 30 de septiembre de 2018

EL CÓNSUL LUCIO MARCIO FILIPO


Lucio Marcio Filipo (en latín, Lucius Marcius Q. f. Q. n. Philippus) fue un senador y cónsul de la República Romana.
 
De joven, Lucio Marcio Filipo no consiguió ser nombrado tribuno militar,​ pero obtuvo el cargo de tribuno de la plebe en 104 a. C. Durante su mandato impulsó una ley agraria de la que casi no se tienen detalles, pero que se recuerda principalmente por el discurso que realizó en su defensa.​ Filipo esperó llevar adelante esta medida por su popularidad, pero dejó de intentar aprobarla cuando vio que no había ninguna esperanza. En 100 a. C. defendió junto a todo el Senado Romano al Estado de las acciones del tribuno de la plebe Lucio Apuleyo Saturnino.
 
Filipo perdió la campaña para el consulado en 93 a. C. frente a Marco Herenio, pero obtuvo el cargo en 91 a. C., con Sexto Julio César como colega consular. Fue un año muy turbulento debido a las actuaciones del tribuno de la plebe Marco Livio Druso, que impulsó varias leyes como: la distribución de grano, los repartos de terreno público y la implantación de nuevas colonias en Italia y en Sicilia. Al principio Druso gozaba de la plena confianza del Senado, especialmente cuando aprobó varias leyes beneficiosas para la plebe, que buscaban la reconciliación del pueblo con el Estado.
 
Filipo que pertenecía al partido progresista del Senado, los populares, realizó una oposición frontal a Druso, por lo que entró en conflicto con el Senado. Cuando había peleas callejeras o disturbios, los populares culpaban a Druso. En una ocasión Filipo declaró en el Senado, que no podía aprobar las actuaciones de tal cuerpo y que había necesidad de formar un nuevo senado. Esto hizo que el gran orador, Craso Orator, que se vio interrumpido en mitad de un discurso, replicara con una ira desorbitada en él, que era un hombre muy tranquilo, y dijera que no podía asimilar que un cónsul ni siquiera pudiera actuar con la decencia de un simple senador. En el Foro Romano estalló la violencia. En un intento por que Druso no aprobara su ley, Filipo lo interrumpió cuando explicaba su ley, esto hizo que Druso ordenara a sus guardias que condujeran a Filipo a prisión. La orden de Druso se ejecutó con suma violencia, tanto es así que el cónsul empezó a sangrar por la nariz y la garganta.​ Sin embargo Druso aprobó sus leyes en la Asamblea.
 
Filipo se reconcilió con el Senado cuando los miembros que antes apoyaban a Druso empezaron a oponérsele. Filipo, como augur, declaró todas las leyes de Druso nulas ya que se habían aprobado con auspicios desfavorables.​ Posteriormente a su consulado, Filipo apoyó la medida que reclamaba el Reino de Egipto para anexionarlo a la República Romana, el cual habría sido legado a Roma por el rey Ptolomeo X Alejandro.
 
Filipo no tuvo un papel activo durante la primera guerra civil, a pesar de su pertenencia al partido de Lucio Cornelio Sila, permaneció en Roma durante el tiempo de poder de Lucio Cornelio Cinna. Obtuvo el cargo de censor en 86 a. C. junto a Marco Perperna y se dice que expulsó a su propio tío del Senado, Apio Claudio.
 
A la muerte de Sila intentó detener las maniobras para reformar la constitución de Sila, especialmente la de Lépido (78 a. C.). Pero Filipo no era amigo de la aristocracia, y, en consecuencia, dio su apoyo a Pompeyo el Grande, por cuyo medio los populares finalmente recuperaron la mayor parte de su poder político anterior.
 
Reclamó encargar a Pompeyo la guerra en Hispania contra Sertorio.​ Probablemente fue amigo personal de Gneo Pompeyo al que había defendido en el año 86 a. C. cuando fue acusado de apropiarse de parte del botín hecho en Asculum durante la guerra social (89 a. C.).12​ Filipo ya habría muerto cuando Pompeyo volvió de Hispania.
 
Filipo fue uno de los más brillantes oradores de su época. Su reputación se mantuvo hasta que en la época de César Augusto podemos leer de Horacio:​

Strenuus et fortis causisque Philippus agendis Clarus.
 
Según Marco Tulio Cicerón Filipo era muy inferior a sus dos grandes contemporáneos, Marco Antonio Orator y Lucio Licinio Craso Orator, pero sin duda era el mejor tras ellos. Poseía una gran libertad al hablar, aderezada con dosis de brillante ingenio; Filipo tenía una gran capacidad de invención de desarrollo de sus ideas. En un duelo dialéctico era tremendamente agudo y sarcástico. Conocía a la perfección la literatura griega.​ Filipo utilizaba la improvisación en sus disertaciones, tanto es así que cuando empezaba a hablar a veces no sabía qué palabra utilizar primero.​ Por lo tanto, cuando era de edad avanzada escuchaba con desprecio y enfado los estudiados discursos de Quinto Hortensio Hórtalo.
 
Filipo era un hombre al que le gustaba vivir en el lujo, y su gran riqueza le permitía ver cumplido su deseo. Sus exóticos peces de estanque eran célebres en Roma y son comentados por antiguos epicúreos como Lucio Licinio Lúculo y Quinto Hortensio Hórtalo.
 
Tuvo dos hijos: Lucio Marcio Filipo y un hijastro, Lucio Gelio Publícola.

martes, 11 de septiembre de 2018

EL CÓNSUL LUCIO MARCIO FILIPO



Lucio Marcio Filipo (en latín, Lucius Marcius Q. f. Q. n. Philippus) fue un senador y cónsul de la República Romana.
 
De joven, Lucio Marcio Filipo no consiguió ser nombrado tribuno militar,​ pero obtuvo el cargo de tribuno de la plebe en 104 a. C. Durante su mandato impulsó una ley agraria de la que casi no se tienen detalles, pero que se recuerda principalmente por el discurso que realizó en su defensa.​ Filipo esperó llevar adelante esta medida por su popularidad, pero dejó de intentar aprobarla cuando vio que no había ninguna esperanza. En 100 a. C. defendió junto a todo el Senado Romano al Estado de las acciones del tribuno de la plebe Lucio Apuleyo Saturnino.​
 
Filipo perdió la campaña para el consulado en 93 a. C. frente a Marco Herenio, pero obtuvo el cargo en 91 a. C., con Sexto Julio César como colega consular. Fue un año muy turbulento debido a las actuaciones del tribuno de la plebe Marco Livio Druso, que impulsó varias leyes como: la distribución de grano, los repartos de terreno público y la implantación de nuevas colonias en Italia y en Sicilia. Al principio Druso gozaba de la plena confianza del Senado, especialmente cuando aprobó varias leyes beneficiosas para la plebe, que buscaban la reconciliación del pueblo con el Estado.
 
Filipo que pertenecía al partido progresista del Senado, los populares, realizó una oposición frontal a Druso, por lo que entró en conflicto con el Senado. Cuando había peleas callejeras o disturbios, los populares culpaban a Druso. En una ocasión Filipo declaró en el Senado, que no podía aprobar las actuaciones de tal cuerpo y que había necesidad de formar un nuevo senado. Esto hizo que el gran orador, Craso Orator, que se vio interrumpido en mitad de un discurso, replicara con una ira desorbitada en él, que era un hombre muy tranquilo, y dijera que no podía asimilar que un cónsul ni siquiera pudiera actuar con la decencia de un simple senador.​ En el Foro Romano estalló la violencia. En un intento por que Druso no aprobara su ley, Filipo lo interrumpió cuando explicaba su ley, esto hizo que Druso ordenara a sus guardias que condujeran a Filipo a prisión. La orden de Druso se ejecutó con suma violencia, tanto es así que el cónsul empezó a sangrar por la nariz y la garganta.​ Sin embargo Druso aprobó sus leyes en la Asamblea.
 
Filipo se reconcilió con el Senado cuando los miembros que antes apoyaban a Druso empezaron a oponérsele. Filipo, como augur, declaró todas las leyes de Druso nulas ya que se habían aprobado con auspicios desfavorables.​ Posteriormente a su consulado, Filipo apoyó la medida que reclamaba el Reino de Egipto para anexionarlo a la República Romana, el cual habría sido legado a Roma por el rey Ptolomeo X Alejandro​
 
Filipo no tuvo un papel activo durante la primera guerra civil, a pesar de su pertenencia al partido de Lucio Cornelio Sila, permaneció en Roma durante el tiempo de poder de Lucio Cornelio Cinna.​ Obtuvo el cargo de censor en 86 a. C. junto a Marco Perperna y se dice que expulsó a su propio tío del Senado, Apio Claudio.​
 
A la muerte de Sila intentó detener las maniobras para reformar la constitución de Sila, especialmente la de Lépido (78 a. C.).​ Pero Filipo no era amigo de la aristocracia, y, en consecuencia, dio su apoyo a Pompeyo el Grande, por cuyo medio los populares finalmente recuperaron la mayor parte de su poder político anterior.
 
Reclamó encargar a Pompeyo la guerra en Hispania contra Sertorio.​ Probablemente fue amigo personal de Gneo Pompeyo al que había defendido en el año 86 a. C. cuando fue acusado de apropiarse de parte del botín hecho en Asculum durante la guerra social (89 a. C.).​ Filipo ya habría muerto cuando Pompeyo volvió de Hispania.
 
Filipo fue uno de los más brillantes oradores de su época. Su reputación se mantuvo hasta que en la época de César Augusto podemos leer de Horacio:​

Strenuus et fortis causisque Philippus agendis Clarus.
 
Según Marco Tulio Cicerón Filipo era muy inferior a sus dos grandes contemporáneos, Marco Antonio Orator y Lucio Licinio Craso Orator, pero sin duda era el mejor tras ellos. Poseía una gran libertad al hablar, aderezada con dosis de brillante ingenio; Filipo tenía una gran capacidad de invención de desarrollo de sus ideas. En un duelo dialéctico era tremendamente agudo y sarcástico. Conocía a la perfección la literatura griega.​ Filipo utilizaba la improvisación en sus disertaciones, tanto es así que cuando empezaba a hablar a veces no sabía qué palabra utilizar primero. Por lo tanto, cuando era de edad avanzada escuchaba con desprecio y enfado los estudiados discursos de Quinto Hortensio Hórtalo.
 
Filipo era un hombre al que le gustaba vivir en el lujo, y su gran riqueza le permitía ver cumplido su deseo. Sus exóticos peces de estanque eran célebres en Roma y son comentados por antiguos epicúreos como Lucio Licinio Lúculo y Quinto Hortensio Hórtalo.​ Tuvo dos hijos: Lucio Marcio Filipo y un hijastro, Lucio Gelio Publícola.


domingo, 14 de enero de 2018

EL CÓNSUL LUCIO LICINIO CRASO EL ORADOR

Lucio Licinio Craso (latín Lucius Licinius L. F. Crassus), apodado el Orador (140 a. C.-91 a. C.) fue un político romano que ocupó el cargo de cónsul de la República Romana. Craso Orator fue, junto a Marco Antonio Orator el mejor orador de su época, según Cicerón.
 
Nació en el año 140 a. C., fue educado por su padre con el mayor cuidado, y recibió instrucción del célebre historiador y jurista Lucio Celio Antípatro.​ A muy temprana edad comenzó a mostrar su capacidad de oratoria. En 119 a. C., a la edad de 21 años​ acusó a Cayo Carbón, un hombre que era odiado por el partido aristocrático al que Craso pertenecía. 
Valerio Máximo​ da un ejemplo de su conducta honorable en este caso. Cuando un esclavo de Carbón presentó a Craso una caja llena de papeles de su maestro, Craso la devolvió a Carbón con el sello intacto, junto con su esclavo encadenado. Carbón escapó a la condena mediante suicidio.
 
En el año siguiente (118 a. C.) defendió la propuesta de ley de establecer una nueva colonia en Narbo en la Galia. La medida era rechazada por el Senado, que temía que producto de la asignación de tierras a ciudadanos más pobres, el aerarium sufriría por la disminución de las rentas del ager publicus, pero, en esta ocasión, Craso prefería la popularidad a su adhesión a la aristocracia ​ y gracias a su elocuencia consiguió su aprobación siendo uno de los que fundó la colonia.
 
En 114 a. C., emprendió la defensa de una pariente, la vestal Licínia, que era acusada de incesto junto con otras dos vestales más, Marcia y Emilia, pero, aunque en un juicio anterior su cliente había sido absuelta por Lucio Cecilio Metelo, Pontifex Maximus, y por todo el colegio de los pontífices, la energía puesta en su defensa no pudo prevalecer contra la severidad de L. Casio, que fue nombrado inquisidor por el pueblo con el propósito de revisar la sentencia indulgente.
 
Después fue cuestor con Quinto Mucio Escévola con el que ejerció otras magistraturas (todas con excepción de tribunado de la plebe y la censura). En su cuestura viajó a través de Macedonia a Atenas a su regreso de Asia, que parece haber sido su provincia. En Asia habría escuchado las enseñanzas de Metrodoro de Escepsis, y en Atenas recibió clases de Carmades y otros filósofos y retóricos, pero no permaneció mucho tiempo en esa ciudad, debido a la negativa de los atenienses a repetir la solemnización de los misterios, que acontecieron dos días antes de su llegada.​
 
A su regreso a Roma defendió a sus amigos, entre ellos a Sergio Orata acusado de apropiación de aguas públicas para sus cultivos de ostras.​ En 107 a. C. fue tribuno de la plebe.
 
En el año 106 a. C. apoyó la lex Servília, promovida por el cónsul Quinto Servilio Cepión que privaba a los caballeros del nombramiento de jueces que estaba en manos del orden senatorial. En 122 a. C., por la lex Sempronia de Cayo Graco, la judicia fueron trasladados desde el Senado a los equites. En 106 a. C. por la lex Servilia, estos privilegios fueron restaurados para el Senado. La lex Servilia de Cepión tuvo una existencia muy breve, pues cerca de 104 a. C., por la lex Servilia de C. Servilio Glaucia, la judicia se traspasó de nuevo a los caballeros. El discurso de Craso en favor de la lex Servilia de Cepión fue de notable poder y elocuencia.​ Fue en este discurso, que atacó a Memmius​ que era un vigoroso oponente de la rogativa de Cepión.
 
En 103 a. C. fue edil curul junto con Quinto Mucio Escévola y celebró unos espléndidos juegos en los que se introdujo la lucha de leones.​ Después fue pretor y augur.
 
Obtuvo el consulado en 95 a. C. Durante su consulado, Craso Orator y su colega consular Quinto Mucio Escévola aprobaron una ley, (la Lex Licinia Mucia de Civibus regundis) que obligaba a todos los ciudadanos que se hubieran inscrito en el censo desarrollado por los censores Marco Antonio Orator y Valerio Flaco sin poder demostrar esa ciudadanía (ese censo fue burdamente manipulado por los itálicos) a abandonar sus ciudades, además algunos serían azotados o se les confiscarían las propiedades. Cuando la ley se aprobó estalló la guerra social.
 
Durante aquel año defendió a Quinto Servilio Cepión acusado de traición (majestas) por el tribuno Cayo Norbano, pero Cepión fue condenado.
 
Se apresuró en llegar a su provincia, la Galia Cisalpina, y explorar los Alpes en busca de enemigos, pero no encontró ninguna oposición y se limitó a someter a algunas pequeñas tribus. Por este éxito insignificante solicitó los honores de un triunfo, y tal vez su demanda hubiera sido concedida por el senado, si no es porque su colega Escévola se opuso a concederle tal honor. Con excepción de este hecho, su conducta en la administración de su provincia fue irreprochable.
 
Participó en una de las causas privadas más célebres en los anales de la jurisprudencia romana como fue el pleito de herencia entre Marco Curio y Marco Coponio (93 a. C.) defendidos por Craso y por Quinto Escévola respectivamente y en el que Craso triunfó brillantemente.
 
En 92 a. C. fue elegido censor junto con Cneo Domicio Ahenobarbo y prohibió las escuelas de los llamados retóricos latinos.
 
Aunque los dos censores estuvieron de acuerdo en esta medida, el resto del período en el cargo lo pasaron en disputas y discordias, al ser ambos de caracteres y costumbres muy diferentes. Craso era aficionado a la elegancia y el lujo. Él tenía una casa en el Palatino, que, a pesar de que no superaba en magnificencia a la mansión de Q. Catulo en la misma colina, era notable por su tamaño, su mobiliario, y la belleza de sus adornos. Ahenobarbo, su colega, se horrorizaba ante este tipo de corrupción de las costumbres.
 
Poco antes de su muerte, habló a favor de Cneo Planco defendiéndolo de la acusación de Marco Junio Bruto. La réplica exitosa de Craso fue registrada por Cicerón​ y Quintiliano.
 
Su último discurso fue pronunciado en el senado en el año 91 a. C., contra Lucio Marcio Filipo, cónsul enemigo de los optimates. La vehemencia apasionada que puso en este hecho destrozó su salud y provocó una fiebre. Al cabo de siete días murió en su hogar.
 
Craso Orator se casó con Mucia Escévola, hija menor del cónsul Quinto Mucio Escévola Augur con su esposa Lelia, hija del cónsul Cayo Lelio Sapiens, cónsul en el 141 a. C. Craso Orator tuvo dos hijas con Mucia.
 
Licinia Crasa Maior, casada con el pretor Publio Cornelio Escipión Nasia, descendiente de Publio Cornelio Escipión el Africano y Publio Cornelio Escipión Nasica Corculum. De este matrimonio nació Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión Nasica Corneliano. Licinia Crasa Minor, casada con el cónsul Quinto Cecilio Metelo Pío, Pontifex Maximus y amigo íntimo de Lucio Cornelio Sila Félix. Metelo Pío era hijo de Quinto Cecilio Metelo el Numídico.
 
Según Plutarco y Cicerón, una de las Licinias estuvo brevemente casada con Cayo Mario el joven. La esposa de Craso y sus hijas eran conocidas en Roma por la pureza de su latín.