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martes, 25 de abril de 2023

jueves, 29 de diciembre de 2022

AMIANO MARCELINO DESCRIBE EL FINAL DE LA BATALLA DE ADRIANÓPOLIS


Los godos, después de su victoria, asedian Adrianopolis, donde Valente había dejado sus tesoros y las insignias imperiales confiados al prefecto y a los miembros del consistorio. Pero se retiran, después de fracasar en todas sus tentativas.



Después de la funesta batalla, cuando la oscuridad de la noche cubrió la tierra, los que sobrevivieron intentaron llegar junto a los suyos, ya por la derecha, por la izquierda, o por donde les llevara el temor, ya que, como no veían a nadie excepto a ellos mismos, pensaban que las espadas de los enemigos se cernían sobre sus cabezas. Sin embargo, a gran distancia, podían escuchar los quejidos lastimosos de los que habían quedado atrás, los sollozos de los moribundos y los llantos desgarradores de los heridos.



Por su parte, los vencedores, al amanecer, como bestias excitadas por el olor de la sangre, llevados por la tentación de una vana ganancia, se dirigieron hacia Adrianopolis en formación compacta, dispuestos a destruida a cualquier precio.



Gracias a las palabras de traidores y desertores, sabían que los oficiales de mayor rango y las insignias del poder imperial, así como los tesoros de Valente, habían quedado allí por ser considerada una fortaleza inexpugnable.



Y para que esta rabia no se apagara con largas demoras, a la hora cuarta del día, rodearon las murallas y, con su furia innata, comenzaron un ataque durísimo hasta las ultimas consecuencias, mientras que los defensores se empleaban con todas sus fuerzas.



Y como había un gran numero de soldados y de mozos a los que se les había prohibido entrar en la ciudad con sus animales, asentados junto a las murallas y a las construcciones anejas, luchaban con gran valor teniendo en cuenta la humildad de su posición.



Cuando el furioso ataque de los asaltante había superado ya la hora novena, súbitamente, trescientos de nuestros infantes, que estaban en las trincheras, se lanzaron sobre los godos en  forma de cuna, pero fueron muertos todos.


















domingo, 25 de octubre de 2020

ELIA EUDOXIA, ESPOSA DEL EMPERADOR ARCADIO

Elia Eudoxia (en latín, Aelia Eudoxia; fallecida el 6 de octubre de 404) fue una emperatriz romana consorte, esposa del emperador romano de Oriente Arcadio.

 
Era la hija de Flavio Bauto, un franco romanizado que sirvió como magister militum en el ejército romano de Occidente durante los años 380. La identidad de su padre la menciona Filostorgio.​ La crónica fragmentaria de Juan de Antioquía, un monje del siglo VII ​ considera a Bauto también como el padre de Arbogasto. Este parentesco no es aceptado por los historiadores modernos.​ La Historia del Imperio romano tardío (1923) de John B. Bury​ y el estudio histórico Theodosian Empresses. (1982) de Kenneth Holum consideran que la madre de Eudoxia era romana y por lo tanto ella podría ser considerada "semibárbara"; sin embargo, las fuentes primarias no mencionan su linaje materno.​

 
Su padre aparece mencionado por última vez como cónsul romano con Arcadio en el año 385. Para el 388 ya estaba muerto.​ Según Zósimo, Eudoxia comenzó su vida en Constantinopla como miembro de la casa de Promoto, magister militum del Imperio romano de Oriente. Se cree que para entonces ya era huérfana.​ Su entrada en la casa de Promoto puede indicar amistad de los dos magistri​ o una alianza política.​


Promoto murió en el año 391. Según Zósimo, le sobrevivió su esposa Marsa y dos hijos que fueron criados junto con los hijos y emperadores conjuntos de Teodosio I. Tales hijos eran Arcadio y su hermano menor, Honorio. Zósimo afirma que Eudoxia vivió junto con uno de los hijos supervivientes en Constantinopla. Por lo tanto se asume que ya conocía a Arcadio durante sus años como colega menor de su padre. Zósimo cuenta que Eudoxia fue educada por Pansofio. Su anterior tutor fue promovido al rango de obispo de Nicomedia en el año 402. Wendy Mayer considera que Eudoxia había sido preparada como un vehículo de las ambiciones de su familia de acogida.​

 
El 17 de enero de 395, Teodosio I falleció en Milán. Arcadio le sucedió en Oriente y Honorio en Occidente. Arcadio fue efectivamente colocado bajo el control de Rufino, prefecto pretoriano de Oriente. Supuestamente Rufino pretendía casar a su hija con Arcadio y establecer su propio parentesco con la dinastía teodosiana.​ Bury considera que «una vez que fuera suegro del emperador, él [Rufino] esperaría convertirse en emperador por sí mismo».


Sin embargo Rufino se vio distraído por un conflicto con Estilicón, magister militum de Occidente. La boda de Eudoxia y Arcadio fue organizada por Eutropio, uno de los oficiales eunucos del Gran Palacio de Constantinopla. El matrimonio tuvo lugar el 27 de abril de 395, sin el conocimiento o consentimiento de Rufino. Para Eutropio era un intento de incrementar su propia influencia sobre el emperador y confiaba en asegurar la lealtad de la nueva emperatriz hacia él. Rufino había sido un enemigo de Promoto y la casa superviviente del magister militum, incluida Eudoxia, podría estar ansiosa de socavar su influencia.​ El propio Arcadio pudo verse motivado a afirmar su propia voluntad sobre la de su regente.​ Zósimo cuenta que Arcadio también estaba influido por la extraordinaria belleza de la novia pero esto se considera dudoso por eruditos posteriores.​ Arcadio tenía aproximadamente dieciocho años de edad y Eudoxia puede calcularse que tenía más o menos la misma edad.


 
En la década entre el matrimonio y su muerte, Eudoxia dio a luz a cinco hijos supervivientes. Una fuente contemporánea conocida como Pseudo-Martirio también habla de dos hijos que nacieron muertos. Se cree que el escritor era Cosme, quien defendía a Juan Crisóstomo, y atribuyó ambos acontecimientos al castigo por los dos exilios de Juan. Zósimo señala que se rumoreó ampliamente que su hijo Teodosio era el hijo que tuvo con un cortesano. Se cree que el relato de su vida hecho por Zósimo es, en general, hostil a Eudoxia, y su exactitud es dudosa.​


Se considera que ella y Gainas, el nuevo magister militum, intervinieron en la privación de todos los cargos y posterior ejecución de Eutropio en el año 399. Sin embargo, la extensión y la naturaleza de su implicación son controvertidas. No obstante, parece que incrementó su influencia personal tras su destitución. El 9 de enero del año 400, Eudoxia recibió oficialmente el título de Augusta. También pudo a partir de entonces llevar el paludamento púrpura, representando el rango imperial y fue representada en las monedas romanas. También circularon imágenes oficiales de ella en un estilo similar al de un Augusto masculino. Su cuñado Honorio más tarde se quejaría a Arcadio de que estas monedas llegaban a su propia corte.


La extensión de su influencia en asuntos cortesanos y de Estado ha sido objeto de debate entre los historiadores. Filostorgio considera que ella era más inteligente que su marido, pero dice que sufría de una “arrogancia bárbara”. Zósimo considera que era terca pero al final la manipulaban los eunucos de la corte y las mujeres que la rodeaban. Unas fuentes consideran que se sobreestima su influencia en las fuentes primarias​ mientras que según otras, ella dominó el gobierno entre el 400 y su muerte en el 404.​


En 403, Simplicio, prefecto de Constantinopla, erigió una estatua dedicada a ella sobre una columna de pórfido y una base de mármol. Arcadio rebautizó la ciudad de Selimbria (Silivri) Eudoxiópolis por ella, aunque este nombre no sobrevivió.​

 
Su papel en los asuntos eclesiásticos de la época está bastante bien documentada. Se convirtió en defensora de la facción cristiana que defendía el símbolo niceno y según Sócrates de Constantinopla financió las procesiones anti-arrianas de Constantinopla. También presidió las celebraciones públicas a la llegada de nuevas reliquias de mártires cristianos a la ciudad y se unía a vigilias nocturnas sobre los restos. Frecuentemente se habla de ella como actuando sola en temas religiosos y aparecer sola en público. Arcadio permanecía notablemente ausente de acontecimientos públicos.​


Una interpretación es que Eudoxia había adoptado el papel de patrona de la Iglesia que antes perteneció a los Augustos, de Constantino I en adelante.​ Su papel la llevaría al conflicto con Juan Crisóstomo, el patriarca de Constantinopla. Su oposición inicial pudieron ser sus protestas sobre la caída del poder y la ejecución de Eutropio.


Durante su época como arzobispo, Juan firmemente rechazó celebrar lujosos encuentros sociales, lo que le hizo popular entre la gente del pueblo, pero impopular entre los ciudadanos ricos y el clero. Sus reformas del clero también eran impopulares con estos grupos. Dijo a los predicadores visitantes que regresaran a las iglesias en las que se suponía que estaban sirviendo, sin ningún pago por los gastos.​


Alrededor de la misma época, Teófilo, el patriarca de Alejandría, quería traer a Constantinopla bajo su dominio y se opuso al nombramiento de Juan para Constantinopla. Siendo un oponente a las enseñanzas de Orígenes, acusó a Juan de ser demasiado parcial por las enseñanzas de ese teólogo. Teófilo había disciplinado a cuatro monjes egipcios (conocidos como "los hermanos altos") por su apoyo a Orígenes. Huyeron y Juan los recibió. Juan hizo otro enemigo en Elia Eudoxia, la esposa del emperador de Oriente Arcadio, quien asumió (quizá con razón) que sus denuncias de la extravagancia en el vestido femenino estaban dirigidas a ella misma.​


Dependiendo del punto de vista que se defienda, Juan o bien carecía de tacto, o bien de temor, cuando denunciaba ofensas en altos cargos. Se aliaron en contra suya Eudoxia, Teófilo y otros de sus enemigos. Celebraron un sínodo en 403 (el Sínodo del roble) para acusar a Juan, en el que su conexión con Orígenes se usó en su contra, dando como resultado su deposición y exilio. Arcadio lo llamó de vuelta de forma casi inmediata, pues el pueblo se volvió "tumultoso" por su marcha. Hubo también un terremoto la noche de su arresto, lo que Eudoxia tomó como un signo de la ira de Dios, lo que la impulsó a pedir a Arcadio la reinstauración de Juan.


Poco duró la paz. Una estatua de plata de Eudoxia se erigió cerca de su catedral. Juan Crisóstomo denunció las ceremonias de dedicación. Habló contra ella en términos duros: "De nuevo Herodías delira; de nuevo se preocupa; danza otra vez; y de nuevo desea recibir la cabeza de Juan en una bandeja," una alusión a los acontecimientos que rodearon la muerte de Juan el Bautista.


Otra vez desterraron a Juan, esta vez al Cáucaso en Armenia.​ Eudoxia no sobreviviría mucho tiempo más. Su séptimo y último embarazo acabó en aborto o, según Pseudo-Martirio, en un segundo nacimiento de niño muerto. Sufrió hemorragias y murió de una infección poco después. El Pseudo-Martirio celebra su muerte y la considera una segunda Jezabel.​


 
Eudoxia y Arcadio tuvieron, que se sepa, cinco hijos. La principal fuente sobre sus nacimientos y muertes es la crónica de Amiano Marcelino:

Flacila (nacida el 17 de junio de 397). Su nacimiento fue documentado por Amiano. Murió antes que su padre. Es la única de sus hijos que no está mencionada como viva en su muerte el año 408.
Pulqueria (19 de enero de 399 - 453). Se casó con Marciano.
Arcadia (3 de abril de 400 - 444).
Teodosio II (10 de abril de 401 - 28 de julio de 450).
Marina (12 de febrero de 403 - 449).


martes, 15 de septiembre de 2020

LIBANIO, EL PEQUEÑO DEMÓSTENES



Libanio (en griego Λιβάνιος, Libanios), conocido también como "el pequeño Demóstenes" (circa 314 - circa 394 d. C.) fue un profesor de retórica de habla griega durante el Bajo Imperio romano. Era pagano, educado en la escuela sofista, en una época en que el mundo romano adoptaba el cristianismo como religión oficial.


Libanio nació en una familia de Antioquía muy culta y antaño influyente, que había perdido hacía poco toda su riqueza e influencia. A los catorce años, Libanio descubrió la retórica, a la que dedicaría toda su vida. Como muchos paganos educados en el siglo IV d. C., Libanio se retiró de la vida pública y se dedicó a la erudición.


Estudió en Atenas y comenzó su carrera en Constantinopla como tutor privado, hasta que fue exiliado a Nicomedia. Antes de su exilio, Libanio fue amigo del emperador Juliano, el Apóstata; ha sobrevivido parte de la correspondencia que intercambiaban. Libanio usó su arte de la retórica como poderoso defensor de causas privadas y políticas. Entre sus pupilos estuvieron Juan Crisóstomo, Basilio, Obispo de Cesárea y el historiador Amiano Marcelino.


Para los estudios contemporáneos, Libanio es una gran fuente de información sobre el tránsito del paganismo al cristianismo en el siglo IV. Su primera Oración I es una narrativa autobiográfica, colorida y reveladora, que revisaría a lo largo de su vida, el registro de un erudito que termina con el diario privado de un exiliado.


En el año 354, aceptó la cátedra de retórica de Antioquía, donde permaneció hasta su muerte. Aunque era pagano, sus estudiantes incluían a los cristianos Juan Crisóstomo y Teodoro de Mopsuestia.​ Pese a su amistad con el emperador pagano Juliano (361-363), fue hecho prefecto honorario por el emperador cristiano Teodosio I (379-395).


Obra:

64 oraciones en los tres campos de la oratoria: Judicial, deliberativa y demostrativa. Todas las oraciones están escritas como si se emitiesen en público, aunque estaban pensadas para ser leídas en privado, aunque en voz alta, en el estudio. Los dos volúmenes de selecciones en la Biblioteca Clásica Loeb dedican un volumen a las oraciones de Libanio relacionadas con el emperador Juliano el Apóstata; el otro incluye las relacionadas con Teodosio. La más famosa es su "Lamentación" por la desacralización de los templos (peri ton leron);

51 declamationes, un formato tradicional de retórica de habla pública en la Antigüedad, hablando de temas predefinidos históricos y mitológicos (traducciones al inglés, entre otros, por D. A. Russell, "Libanius: Imaginary Speeches"; M. Johansson, "Libanius' Declamations 9 and 10");


57 hipótesis o introducciones a las oraciones de Demóstenes (escritas circa 352), en la que las sitúa en el contexto histórico para un lector novicio, y sin polémicas.
varias docenas de ejercicios de escritura que usar como modelos o Progymnasmata, que fueron utilizados en sus cursos y se convirtieron en modelos de buen estilo admirados en muchos lugares.

1544 cartas conservadas (más que Cicerón). La Edad Media aceptó sin críticas unas 400 cartas adicionales en latín, supuéstamente traducciones, pero después se demostraría que estaban mal atribuidas a Libanio, o que alternativamente eran falsificaciones del humanista italiano Francesco Zambeccari en el siglo XV, ante un examen atento de los mismos textos.


sábado, 11 de abril de 2020

AMIANO MARCELINO EXPLICA CÓMO COMBATEN LOS INVASORES HUNOS



Los hunos acuden a la batalla en grupos. Y como son ligeros y muy paridos a la hora de combatir, lanzan a propósito ataques por sorpresa y ... de forma desordenada, se desplazan causando grandes matanzas. Y es que, como luchan a distancia, disparan armas que cuentan con huesos afilados en vez de punta, y que están realizadas con una técnica extraordinaria. Después recorren al galope la larga distancia que les separa del enemigo y luchan cuerpo a cuerpo con espadas.





lunes, 6 de abril de 2020

ANÓNIMO VALESIANO



Anónimo Valesiano –en latín, Anonymus Valesianus–, a veces referido como Excerpta Valesiani, es el título convencional para la compilación de dos crónicas fragmentarias en latín vulgar llamada así por su editor, el filólogo e historiador francés Henri Valois o Henricus Valesius (1603–1676). Valois publicó el texto por primera vez en 1636 junto a la edición príncipe de las Res gestae de Amiano Marcelino a partir de un único manuscrito de Berlín del siglo IX, el Codex Berolinensis 1885.

 

El Anonymus Valesianus I, en ocasiones seccionado bajo la denominación académica de Origo Constantini Imperatoris –«El linaje del emperador Constantino»–, data posiblemente en torno a 390 y generalmente se considera una fuente fidedigna. ​

 

El Anonymus Valesianus II, escrito después de 526 y probablemente entre 540 y 550, lleva el encabezado item ex libris Chronicorum inter cetera. El libro, que en su mayor parte trata el reinado del ostrogodo Teodorico el Grande en Italia, «aunque pobremente escrito, está basado en una crónica que ya no existe del obispo de Rávena, Maximiano, un sabio muy erudito e instruido.​