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jueves, 8 de junio de 2023

ANTONINO PÍO, EL MEJOR EMPERADOR DE ROMA QUE GOBERNÓ SIN HACER GUERRA

¿Sabías que hubo un emperador romano que gobernó durante 23 años sin hacer ninguna guerra ni ninguna conquista?. ¿Y que fue considerado uno de los mejores gobernantes de la historia de Roma por su sabiduría, su bondad y su eficacia?. Su nombre era Antonino Pío y en este artículo te voy a contar su fascinante biografía de forma breve:

 

El  emperador Antonino Pío (su nombre completo era Tito Aurelio Fulvio Boyonio Arrio Antonino, pero se le conoció como Antonino Pío por su piedad y respeto hacia su padre adoptivo, el emperador Adriano), fue un destacado líder del Imperio Romano que gobernó durante 23 años desde el año 138 hasta su muerte en 161. Nació el 19 de septiembre del año 86 en la ciudad de Lanuvium, ubicada en la región de Lacio, en Italia.

 

Antonino Pío provenía de una familia aristocrática y noble. Su padre, Tito Aurelio Fulvio Boiónio Antonino, fue cónsul y su madre, Arria Fadila, pertenecía a una distinguida familia senatorial. Su familia era originaria de Nemausus (actual Nimes) en la Galia Narbonense, pero se había trasladado a Italia en tiempos de los emperadores Julio-Claudios. Su madre, Arria Fadila, era hija de Cneo Arrio Antonino, un senador que también fue cónsul dos veces y que apoyó a Vespasiano y a Nerva en sus ascensos al trono. Antonino Pío tuvo dos hermanos: Tito Aurelio Fulvo Antonino y Arria Antonina. Aunque nació en una familia de renombre, Antonino Pío no era el heredero designado al trono imperial. Sin embargo, su adopción por parte del emperador Adriano en el año 138 cambió su destino. Esta adopción fue parte de una estrategia más amplia de Adriano para asegurar la estabilidad y continuidad del Imperio Romano. Como resultado, Antonino Pío se convirtió en el decimotercer emperador de Roma.

 

Antonino Pío recibió una educación esmerada y se dedicó a la carrera política y administrativa. Fue cuestor, pretor y cónsul sufecto en el año 120. También fue procónsul de Asia entre los años 134 y 135, donde se distinguió por su justicia y generosidad. En el año 136, contrajo matrimonio con Annia Galeria Faustina, una sobrina de Adriano que le dio cuatro hijos: Marco Aurelio Fulvo Antonino, Marco Galerio Aurelio Antonino, Aurelia Fadila y Annia Galeria Faustina Minor (más conocida como Faustina la Menor). Sólo le sobrevivió la última hija, que se casaría con Marco Aurelio.

 

En el año 138, Adriano, que no tenía hijos propios, decidió adoptar a Lucio Elio Vero como su heredero. Sin embargo, este murió poco después de una enfermedad. Entonces, Adriano eligió a Antonino Pío como su nuevo hijo adoptivo y sucesor, con la condición de que este a su vez adoptara a dos jóvenes: Marco Aurelio (el futuro emperador) y Lucio Vero (el hijo de Lucio Elio). Antonino Pío aceptó la propuesta y se convirtió en el nuevo emperador tras la muerte de Adriano el 10 de julio del 138.

 

Una de las características distintivas de Antonino Pío fue su enfoque en la paz y la estabilidad interna del imperio. Durante su gobierno, se dedicó a fortalecer la administración y la justicia, así como a promover el bienestar de sus súbditos. A diferencia de muchos de sus predecesores y sucesores, evitó las guerras y se centró en mantener la paz tanto en Roma como en las provincias. La única excepción fue la construcción del muro de Antonino en Britania, al norte del muro de Adriano, para contener a los brigantes. Sin embargo, este muro fue abandonado poco después por su escasa utilidad.

 

Antonino Pío fue conocido por su amabilidad y benevolencia. Fue considerado un gobernante sabio y compasivo que buscaba el bienestar de su pueblo. Durante su reinado, se preocupó por el bienestar de los ciudadanos romanos y promovió programas sociales para ayudar a los menos afortunados. Antonino Pío fue un administrador eficaz y prudente. Evitó el derroche y mantuvo las finanzas imperiales saneadas. Redujo los impuestos y aumentó los salarios de los funcionarios y los soldados. También impulsó obras públicas como acueductos, puentes, carreteras y templos. Con el ejército, se preocupó por el bienestar de los soldados romanos y se aseguró de que recibieran un trato justo y una remuneración adecuada. Entre sus construcciones más destacadas están el Arco de Antonino Pío en Roma, el Templo de Adriano en Atenas y el Templo de Augusto en Nemausus. Además, fue respetado por su integridad personal y su enfoque en la justicia.

 

A nivel legislativo, Antonino Pío promulgó numerosas leyes para proteger a los esclavos y mejorar la condición de las mujeres en el Imperio Romano. También demostró interés en el avance de la educación y la cultura, y fue un gran mecenas de las artes. Fue tolerante con los cristianos, a los que no persiguió ni castigó por su fe.  Bajo su gobierno, se construyeron numerosos edificios públicos y se restauraron monumentos antiguos.

 

Antonino Pío también se destaca por su política exterior. Mantuvo relaciones pacíficas con los reinos vecinos y evitó la guerra siempre que fue posible. Durante su reinado, el Imperio Romano se expandió hacia el este, anexando nuevas provincias como Armenia y Mesopotamia.

 

Antonino Pío amaba profundamente a su esposa y le fue fiel durante toda su vida. La trató con respeto y cariño, y le confió importantes asuntos de gobierno. También la honró con diversos títulos y honores, como el de Augusta, Mater Castrorum (madre de los campamentos) y Mater Senatus et Patriae (madre del Senado y de la Patria). Le dedicó monedas, estatuas y templos, y la hizo participar en los cultos imperiales. Faustina la Mayor murió en el año 141, mientras acompañaba a su esposo en una visita a las provincias orientales. Antonino Pío quedó muy afectado por su pérdida y se vistió de luto durante mucho tiempo. Hizo que el Senado la divinizara y le construyera un templo en el Foro Romano. También fundó una institución benéfica para las niñas pobres llamada Puellae Faustinianae (las niñas de Faustina) en su memoria.

 

El reinado de Antonino Pío se caracterizó por su estabilidad y prosperidad. Durante sus veintitrés años en el poder, el imperio experimentó una paz relativa y un crecimiento económico. A medida que su salud se deterioraba, Antonino Pío comenzó a buscar un sucesor adecuado para evitar una crisis de sucesión.

 

Antonino Pío murió el 7 de marzo del año 161 d.C. en Lorium, una villa cercana a Roma. Tenía 74 años y había gobernado durante 23 años. Fue el único emperador que murió en su lecho rodeado de su familia. Su cuerpo fue enterrado en el mausoleo de Adriano (actual castillo de Sant'Angelo) y fue deificado. El Senado le otorgó el título de Pío y le dedicó un funeral solemne. Le sucedieron sus hijos adoptivos Marco Aurelio y Lucio Vero, que compartieron el poder como co-emperadores. Pero al final Marco Aurelio se convirtió en el único emperador, tras fallecer Lucio Vero y continuó el legado de su suegro, llevando adelante una política de paz y promoviendo la filosofía estoica. “Recuerdo la piedad de mi padre hacia los dioses, su afecto hacia sus amigos, su tolerancia hacia los ignorantes y los malintencionados, su firmeza en el cumplimiento de sus deberes”, fue lo que escribió el emperador Marco Aurelio sobre su padre adoptivo.

 

La imagen de Antonino Pío se mantuvo en alta estima a lo largo de los siglos. Fue recordado como uno de los "Cinco Buenos Emperadores" de Roma, junto a Nerva, Trajano, Adriano y Marco Aurelio. Estos emperadores fueron reconocidos por su buen gobierno, su enfoque en la justicia y su contribución al bienestar del imperio. De hecho, Elio Espaciano escribió lo siguiente sobre Antonino Pío: “Antonino fue el único emperador cuya memoria no fue manchada por ningún crimen”.

 

La figura de Antonino Pío ha dejado un legado duradero en la historia romana. Su gobierno estable y benevolente fue un ejemplo para muchos gobernantes posteriores. Su enfoque en la paz y la justicia, así como su promoción de la cultura y la educación, sentaron las bases para un período de estabilidad y prosperidad en el Imperio Romano.



lunes, 8 de mayo de 2023

EL CÓNSUL LUCIO FLAVIO ARRIANO

 

Lucio Flavio Arriano (en latín: Lucius Flavius Arrianus; c. 89-175), también conocido como Arriano de Nicomedia (Nicomedia, hacia 86-Atenas, 175), fue un Senador, historiador y filósofo Grecorromano que vivió a finales del siglo I, y mediados del siglo II, y desarrolló su cursus honorum bajo los reinados de Trajano, Adriano, y Antonino Pío. Fue cónsul sufecto en el año 129 junto con Quinto Julio Balbo. Sus trabajos nos han transmitido la filosofía de Epicteto y las conquistas de Alejandro Magno. Su obra más conocida, Anábasis de Alejandro Magno, no debe confundirse con la narración homónima de Jenofonte, general y pensador ateniense del siglo IV a. C.

 

Arriano nació en Nicomedia, (actual İzmit), la capital de la provincia romana de Bitinia y Ponto, en lo que actualmente es Turquía, a 70 km de Bizancio, la actual Estambul. Dión Casio lo llamaba Flavius Arrianus Nicomediansis. Su familia era de la aristocracia provincial griega, y su nombre completo, Lucius Flavius Arrianus, indica que era ciudadano romano, lo que sugiere que la ciudadanía de su familia se remonta a varias generaciones, probablemente a la época de la conquista romana unos 170 años antes.

 

Estudió filosofía en Epiro con el filósofo estoico Epicteto, y escribió para él las obras Manual de Epicteto y Discursos, dos de los más importantes escritos estoicos, y obra capital para conocer las teorías de su maestro, ya que, al igual que Sócrates, Epicteto fue un conferenciante que no dejó escritos.

 

Al acabar sus estudios, entró en el ejército como caballero al servicio del emperador Trajano, ya que era ciudadano romano, y sirvió en la provincia de Nórico y en la frontera del Danubio.​ En el año 118, ya bajo Adriano, fue beneficiado con un adlectio inter praetorios, por lo que entre los años 126-129 fue procónsul de la provincia romana de la Hispania Bética e, inmediatamente después, en el año 129, fue nombrado cónsul sufecto junto con Quinto Julio Balbo; ya como consular, en 130, por su brillante hoja de servicios, fue nombrado gobernador de la provincia romana de Capadocia, dirigiendo las legiones romanas que defendían la frontera con Armenia. Como gobernador recibió un rescripto de Adriano sobre asuntos fiscales ​ En 135, repelió una invasión de alanos​ al organizar de forma magnífica las legiones y las tropas auxiliares a su disposición, entre ellas las legiones XII Fulminata y XV Apollinaris. Desplegó a los legionarios en profundidad, los apoyó con lanzadores de pila, con los arqueros a pie y con arqueros a caballo en la retaguardia, y derrotó el asalto de los alanos. Esta odisea la describió en la obra Plan de movilización contra los alanos, que es uno de los textos capitales para el conocimiento de la táctica romana durante el Alto Imperio.

 

Intervino también en un reconocimiento en torno al Ponto Euxino, que contó en una narración tan poco verídica como interesante, el Periplo del Ponto Euxino. Estas dos obras y la Táctica fueron escritas en latín.

 

A la muerte de su amigo y protector, el emperador romano Adriano, en 138, Arriano dejó Capadocia y se trasladó a Atenas, donde llegó a ser un ciudadano importante y miembro del Concilio de la ciudad. En 145 le concedieron el puesto honorífico de arconte. Aquí escribió la mayor y más conocida de sus obras, la Anábasis alejandrina, donde recogió los viajes de Alejandro Magno, y por su estilo fue considerado un segundo Jenofonte, el célebre discípulo de Sócrates. Ameno e instructivo, reconstruyó la epopeya del genio bélico macedonio con pasión y la narró con encanto, escribiendo de una forma realista.

 

Arriano era en cualquier caso principalmente un historiador militar, y siguió a su gran modelo, de quien ganó su apodo, el soldado-historiador breve y conciso Jenofonte. Tiene poco que decir acerca de la vida personal de Alejandro, su papel en la política griega o las razones por las que la campaña contra Persia fue lanzada en primer lugar. No obstante, su trabajo da cuenta razonablemente de la vida que llevaba durante la campaña, y en su evaluación personal, oscila entre adulación y condena. Concede la vanidad del general y la afición a la bebida, pero lo absuelve de los crímenes brutales de los que escritores posteriores lo acusaron.

 

Arriano en su vida cotidiana hablaría la koiné, o 'griego común' de los períodos helenista y romano, pero como escritor, se sentía obligado a seguir la opinión predominante de que los trabajos graves deben ser compuestos en «buen griego», es decir, imitando tanto como fuera posible la gramática y el estilo literario de los escritores atenienses del siglo V a. C. En su caso, esto significó seguir el estilo ático de Jenofonte y Tucídides.

 

Escribió también Historia índica, un relato del viaje de la flota de Alejandro desde la India al Golfo Pérsico bajo el mando de Nearco, en el que imitó el estilo literario de Heródoto.

 

Otra obra suya, el Cinegético, trata sobre la cría de perros de caza.



domingo, 18 de diciembre de 2022

ANTONINO PÍO, DESIGNADO SUCESOR DE ADRIANO

En el año 136 anunció que había determinado adoptar a Ceyonio Cómodo, yerno del antiguo conspirador Nigríno, pues le resultaba agradable por su belleza. Adoptó por tanto a Ceyonio Cómodo Vero, a pesar de la oposición general, y le llamó Elio Vero César. Con ocasión de su adopción concedió unos juegos circenses y distribuyó un donativo entre el pueblo y los soldados. Le honró con la pretura y le impuso inmediatamente el frente de la Panonia, tras habérsele concedido el consulado y las costas precisas para su ejercicio. Le volvió a designar cónsul por segunda vez. Y, como veía que tenía poca salud, solía repetir: «Nos hemos apoyado en una pared caediza y hemos perdido los cuatro millones de sestercios que hemos distribuido al pueblo y a los soldados por la adopción de Cómodo». Por lo demás, Cómodo ni siquiera pudo dar gracias a Adriano en el Senado por la adopción a causa de su enfermedad. Por fin, al arreciar ésta por la ingestión excesiva de un antídoto, murió el mismo día de las calendas de enero mientras dormía. Por ello Adriano no prohibió su luto, pues era el día destinado a los votos públicos. Y, una vez muerto Elio Vero César, ante el acoso violento de una funestísima enfermedad, Adriano adoptó a Arrio Antonino, que recibió después el nombre de Pío, pero con la con­dición de que adoptara él, a su vez, a Anio Vero y a Marco Antonio. Estos son los primeros que después gobernaron el Estado como dos Augustos, en igualdad de condiciones. Respecto a Antonino, se dice que recibió el nombre de Pío porque ofrecía su brazo a su suegro, fatigado ya por la edad, si bien otros afirman que recibió dicho apodo porque arrancó a muchos senadores de las manos de Adriano, que ya comenzaba a mostrarse cruel, y otros, porque ofreció grandes honores al propio Adriano después de su muerte. Muchísimos vieron con dolor que se hubiera adoptado a Antonino en aquellos momentos, especialmente Catilio Severo, prefecto de la Ciudad, que preparaba para sí el trono. Pero cuando se descubrieron sus intenciones, éste fue destituido de su cargo, tras haberle asignado un sucesor.

 ( Historia Augusta )






lunes, 13 de abril de 2020

AB URBE CONDITA




 Ab Urbe condita (AUC) es una expresión latina que significa «desde la fundación de la Ciudad» (de Roma), que se sitúa conforme al cálculo de Marco Terencio Varrón en el tercer año de la sexta olimpiada, 753 a. C., aunque se manejaban también otras fechas, como el primer año de la séptima olimpiada según Catón el Viejo.​ Por lo tanto, el año 1 de la era cristiana equivale al año 754 ab Urbe condita.


Desde el imperio de Claudio ( 41 a 54), este cálculo fue aceptado como el más correcto, dado que lo utilizó este emperador para celebrar, en 48, los ochocientos años desde la fundación de Roma. Un siglo después, también lo emplearon Adriano y Antonino Pío. En 248, por último, el emperador Filipo, el árabe, conmemoró el Milenio de la Urbe, con los Ludi saeculares que indicaban expresamente la fecha, al mismo tiempo su rival, Pacatiano, hacía acuñar monedas con la inscripción: "año mil y uno".


No obstante, esta expresión era utilizada raramente en la Antigua Roma para contar los años, y de hecho existían dataciones rivales respecto del comienzo de la era. Otra manera de computar los años era "desde la expulsión de los reyes" (post reges exactos) es decir, desde la creación de la república en 509 a. C.​ Sin embargo, a efectos prácticos, los romanos nombraban los años según el cónsul epónimo e incluso por el nombre de cualquier otro magistrado.​ Así, para designar el año 216 a. C. solía decirse el año del consulado de Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón; o para indicar el 44 a. C., el quinto consulado de Julio César. Más tarde se empleó el sistema de contar los años de los emperadores o, en ocasiones, tomar como inicio de la era el comienzo de alguna dinastía (Era Seleúcida) o un evento (Era Hispánica, Era de los Mártires)


En el siglo VI, el monje Dionisio el Exiguo calculó las fechas del ciclo pascual a partir de la fecha de la encarnación de Cristo, fijada por él en el 754 de la fundación de Roma, pero el nuevo sistema de cómputo no se generalizó hasta el reinado de Carlomagno, cuando fue introducido por Alcuino según la práctica anglosajona. Incluso siglos después, se mantuvieron en uso las eras antiguas.


El uso de la era ab urbe condita se hizo común a partir del Renacimiento, impulsado por la costumbre de los primeros editores de los clásicos de colocar en los márgenes la datación AUC. Esto ha dado la falsa impresión de que esta era se utilizaba habitualmente en la Antigüedad.


Imagen de una de las primeras
 monedas romanas datadas 
ab Urbe condita

lunes, 6 de abril de 2020

EL CÓNSUL MARCO CORNELIO FRONTÓN



Marco Cornelio Frontón (en latín, Marcus Cornelius Fronto; c. 95-c. 167) fue un senador romano, gramático, retórico y abogado romano de la etapa altoimperial. Aunque también llegó al consulado, se le conoce principalmente por haber sido maestro y amigo personal del emperador Marco Aurelio. La correspondencia que mantuvo con él y con otros personajes próximos a la familia imperial es una de las fuentes principales que se conservan del final del periodo de los Antoninos.

 

Frontón nació entre los años 90 y 110 el seno de una familia de colonos romanos de Cirta (después Constantina),​ en Numidia, por lo que se llamaba a sí mismo el «africano».​ Es probable que pasase algún tiempo en Alejandría, importante centro de estudios en la época,​ antes de que su padre, Tito Cornelio, lo enviara a Roma, seguramente en compañía de su hermano pequeño Quinto Cornelio Quadrato, durante el reinado de Adriano. Su familia debía ser influyente, porque en la década de 120 ambos hermanos eran ya miembros del Senado, y Frontón además primero cuestor de Sicilia y después pretor.​ Quinto Cornelio Cuadrato a su vez llegó a ser nombrado gobernador de Numidia sobre el año 142 y cónsul sufecto (consul suffectus o sustituto) en 147.​ Frontón comenzó a ejercer la abogacía ya antes de la muerte de Adriano, como refleja Dion Casio en un pasaje que se refiere probablemente al año 136.​

 

Pronto creció su prestigio como abogado y orador, hasta ser considerado solo inferior a Cicerón.​ Reunió una gran fortuna, erigió magníficas edificaciones y compró los famosos jardines de Mecenas.

 

Es posible que, ya en esta época, la reputación que había adquirido hiciera que se fijaran en él los tutores de Marco Aurelio,​ pero tras la adopción formal y ser este designado como heredero por Antonino Pío en 138, las primeras cartas de Frontón (que se datan con gran probabilidad en el año 139) ya recogen los consejos y felicitaciones de Frontón por los progresos de Marco en sus estudios.​ 
El método de Frontón consistía en encargar a sus alumnos ejercicios literarios consistentes en comentarios sobre temas variados, normalmente históricos, mezclados con discusiones sobre cuestiones filosóficas o, siguiendo a Cicerón, con ensayos sobre la política y la legislación romana. Instruía también en el empleo de un latín lo más estilizado posible siguiendo unos gustos que, en el caso de Frontón, se remiten a los grandes autores de la época republicana, en una reacción consciente contra el «purismo» de autores como Cicerón o Séneca. Marco compartía las preferencias de Frontón, una tendencia al arcaísmo extendida en el siglo II, y así prefería los poemas de Nevio, Plauto o Ennio a los del mismo Horacio.​

 

Esta relación maestro-discípulo continuó por lo menos con la misma intensidad hasta el año 145, cuando Marco Aurelio contrajo matrimonio con Faustina la Menor.​ Al final de su vida, el emperador dejó constancia en las Meditaciones de la deuda contraída con su maestro:

 

"De Frontón, el haberme puesto a considerar cómo es envidioso, voluble e hipócrita el poder del tirano, y que por lo general los que entre nosotros son llamados «eupátridas» están en cierto sentido carentes de sentimientos".

( Marco Aurelio en  "Meditaciones" )

 

A pesar de que no ambicionaba cargos oficiales, fue nombrado cónsul sufecto durante los meses de julio y agosto de 142,12​13​a​b​ un año antes de que Herodes Ático fuera cónsul epónimo.1​16​ Herodes Ático, también maestro y amigo de Marco Aurelio y de Vero, por entonces sostenía un litigio testamentario con los atenienses, quienes eligieron a Frontón para que los representara ante los tribunales romanos, por lo que Frontón tuvo que atender los insistentes ruegos del entonces césar de no ser excesivamente duro con él.17​ Más tarde, a finales de la década del 150 rechazó el proconsulado de Asia por problemas de salud.​

 

La esposa de Frontón, Cratia,​ era probablemente de origen griego,​ y con ella tuvo cinco hijas de las que solo sobrevivió la primera, también llamada Cratia, que nació hacia el año 142 y vivió hasta cerca de los sesenta años. Cratia, al igual que Frontón, mantenía íntima amistad con la madre de Marco Aurelio, Domicia Lucila, además de una afinidad intelectual que les llevaba a intercambiarse alusiones a autores clásicos como Homero, Eurípides o Hesíodo. En sus cartas, como la que le envío en 142 con motivo de su aniversario, Frontón se dirigía a Domicia en griego. ​ Cratia murió en 165 o 166 poco antes de cumplir cincuenta años. Cratia minor se casó con Cayo Aufidio Victorino, también compañero de Marco Aurelio como discípulo de Frontón y cónsul sufecto el año 155. Nada más llegar al poder el emperador confió a Aufidio la vigilancia de la frontera de Recia y el gobierno de Germania Superior, cargo que conservó hasta el año 165 o 166 en que asumió el cargo en la provincia de África. Bajo Cómodo ocupó el consulado en 183 y el cargo de prefecto de Roma, pero se suicidó poco después debido a la persecución a que lo sometieron los partidarios del nuevo emperador.​ De los hijos de Cratia y Aufidio solo dos llegaron a la edad adulta: Marco Aufidio Frontón, nacido c. 160 y cónsul en 199, y Cayo Aufidio Victorino, un año menor que su hermano y cónsul en 200. ​ Frontón deja de Aufidio un retrato muy favorable y se conserva su reflexión por la pena que sobrellevó ante el fallecimiento de uno de sus hijos pequeños, «Decimanus» alrededor del año 165, cuando debía tener unos tres años. ​

 

A finales del año 166 se tiene noticia de Frontón recibiendo afectuosamente en Roma a Lucio Vero, que regresaba de su campaña en Media por la que durante un tiempo tanto él como Marco Aurelio recibieron el cognomen de «Médico».​ Se desconoce la fecha exacta de su muerte aunque, enfermo y amargado por la muerte de su esposa y cuatro de sus hijas, debió fallecer no mucho después del año 167.​

 

Sus talentos como orador y retórico fueron muy admirados por sus contemporáneos, algunos de los cuales formaron una escuela llamada en su honor Frontoniani, cuyo propósito era restaurar la antigua pureza y simplicidad de la lengua latina en lugar de las exageraciones de la escuela sofista griega, o de las artificialidades de los autores del siglo I, como Séneca.

 

Los autores de la era Julio-Claudia (s. I d. C. ) fueron muy menospreciados, mientras que a Catón el Viejo, Ennio, Lucrecio Plauto, Laberio o Salustio se les tuvo como modelos a ser imitados.​

 

A Frontón, citado por Aulo Gelio en sus Noches Áticas, se debe el primer ejemplo conservado de la utilización del término «clásico» para referirse a los mejores autores del pasado (Aulo Gelio, Noches Áticas).​

 

Hasta 1815, los únicos trabajos existentes atribuidos erróneamente a Frontón eran dos tratados gramaticales, De nominum verborumque differentiis y Exempla elocutionum (este último perteneciente a Arusiano Mesio).

 

Fragmento del códice Vaticanus Latinus, encontrado por Angelo Mai en 1819, que contiene, entre otros textos, algunas de las cartas de Frontón. Las cartas de Frontón fueron compiladas ya en la Antigüedad por lo menos en un manuscrito sobre pergamino que data de finales del siglo v. Posteriormente, alrededor del año 700, el códice fue reutilizado para la copia de las actas del primer Concilio de Calcedonia de 451 y se conservó durante varios siglos en la abadía de San Columbano de Bobbio. Por razones que se desconocen, el palimpsesto fue desmembrado alrededor del año 1600 sin que se tuviera conocimiento de su contenido hasta que, en 1815, el futuro cardenal Angelo Mai descubrió en la biblioteca Ambrosiana de Milán las primeras 282 páginas (Ambrosianus E 147).e​ Mai descifró el texto subyacente de las cartas de Frontón y publicó inmediatamente una primera edición un tanto apresurada, que completó en 1823 después de localizar en 1819 otras 106 páginas en la Biblioteca Vaticana (Vaticanus Latinus ). 



En 1867 el filólogo alemán S. A. Naber publicó una nueva edición que se consideró la más autorizada hasta la de Michael P.J. van den Hout de 1954. Bernhard Bischoff publicó además en 1958 fragmentos de una carta dirigida a Lucio Vero contenidas en el códice Parisinus Latinus  de la Biblioteca Nacional de París.  ​ Se calcula que el manuscrito original tenía 680 páginas, de las cuales solo se han recuperado 388 entre Milán y Roma, lo que significa que se han perdido cerca de la mitad de las cartas que contenía.​ Además, y como era corriente en la época, Mai utilizó reactivos químicos para hacer resaltar el texto y poderlo leer, lo que acaba deteriorando o destruyendo las partes afectadas de los manuscritos; en consecuencia, los editores posteriores han tenido que recurrir a conjeturas más o menos razonables, o bien simplemente fiarse de las interpretaciones originales de Mai para fijar el texto de los pasajes hoy destruidos. Como resultado de todo este proceso sobreviven, aunque no todas completas, unas doscientas cartas enviadas o recibidas por Frontón.​

 

Las cartas, que probablemente pasaron al patrimonio de Cratia y Aufidio Victorino, no estaban pensadas para ser publicadas y, aunque algunas tuvieron cierta difusión y fueron leídas por más personas además de sus destinatarios,​ no fueron copiadas hasta el siglo IV, cuando se tiene constancia del primer autor que parece haberlas leído: el retórico latino Nazario.​ El conjunto contiene la correspondencia entre Frontón y Antonino Pío, Marco Aurelio, Lucio Vero, Domicia Lucila, su yerno Aufidio Victorino, además de otros amigos y personajes importantes de la época.​ La mayoría de las cartas están escritas en latín, con excepción de unos pocos ejemplos en que se emplea el griego.

 

En las cartas el carácter de los alumnos de Frontón aparece bajo una luz muy favorable, especialmente en el afecto que ambos parecen conservar por su antiguo maestro. También subsisten cartas a amigos, especialmente cartas de recomendación, y tratados sobre la elocuencia, algunos fragmentos históricos y bagatelas sobre temas como la alabanza al humo y el polvo, la negligencia, y una disertación sobre Arión de Lesbos. Su principal mérito consiste en haber preservado extractos de escritores antiguos que de otra manera se hubieran perdido.