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sábado, 4 de febrero de 2017

CINEAS


En la Historia de la Antigua Roma, Cineas figura como un ministro en Tesalia y amigo del gran general Pirro Rey del Epiro.
 
En la guerra con Roma, tras su victoria en la Batalla de Heraclea, Pirro, envió a Cineas como embajador con propuestas de paz, mientras él reunía las fuerzas de sus aliados y marchaba lentamente hacia la Italia central. Los términos que ofreció en su propuesta fueron los de un conquistador:

-Que los romanos debían reconocer la independencia de los italiotas.
-Que debían restaurar a samnitas, lucanos, apulios y brucios todas las posesiones perdidas en la guerra.
-Que Roma debía firmar la paz con él mismo y con los tarentinos.
-Tan pronto como se acordara el tratado de paz en estos términos, el epirota devolvería todos los prisioneros romanos sin rescate alguno.
 
Cineas, cuya persuasiva elocuencia se dice que ganó más ciudades para Pirro que sus ejércitos, no reparó en medios para asegurar el favor de los romanos hacia su rey e inducirles a aceptar la paz.
 
 Las perspectivas de la república parecían tan oscuras que muchos senadores consideraron prudente acceder a las demandas de Pirro, y probablemente esto habrían hecho de no ser por el discurso patriótico del anciano censor Apio Claudio Ceco, quien rechazó la idea de rendición y expulsó a Cineas de Roma ese mismo día.
 
Cineas informó a Pirro que el Senado Romano era una asamblea de caballeros venerables, y que luchar contra ellos era como enfrentarse con la Hidra de Lerna. Cineas poseía una gran memoria. Al día siguiente a su llegada a Roma, fue capaz de saludar a cada senador y guadia por su nombre.




domingo, 16 de agosto de 2015

EL CÓNSUL APIO CLAUDIO CECO EL CENSOR


Apio Claudio el Censor, también llamado Apio Claudio Ceco (Appius Claudius Caecus) que significa el Ciego (340 a. C.-273 a. C.) fue un famoso censor romano que ocupó el cargo en 312 a. C. Fue nombrado para el cargo aunque no había sido cónsul previamente, como era lo habitual en el cursus honorum. Hijo del dictador Cayo Claudio Craso. Se creía generalmente entre los antiguos que su ceguera era real, y no puede haber ninguna duda de que tal era el hecho, aunque es casi seguro que Apio no se quedó ciego antes de su vejez. La tradición de su ceguera se debe a Tito Livio.
 
Fue dos veces edil curul, y en el año 312 a. C. fue elegido censor con Cayo Plaucio Deciano, sin haber sido previamente cónsul. En su magistratura apoyó a las clases bajas y a la burguesía comercial, permitiendo a ciudadanos ricos, e incluso a los hijos de los libertos (este término se refiere a hombres libres pertenecientes a la aristocracia de otras ciudades itálicas y no a individuos esclavos que adquieren la libertad), entrar en el Senado. Durante la Segunda Guerra Samnita, promovió la fundación de colonias en el Lacio y la Campania, a fin de que sirviesen de bastiones contra los samnitas y etruscos.
 
Con el diseño de la formación en el senado de un partido del pueblo, que debía estar subordinado a él en sus ambiciosos proyectos, llenó las vacantes en el Senado con un gran número de los nombres del pueblo bajo, incluso los hijos de los libertos. Su lista, sin embargo, se dejó de lado el año siguiente, en el que C. Plautius renunció, y Apio continuó en su cargo como único censor. Luego procedió a elaborar las listas de las tribus, e inscribió en ellas a todos los libertos, a quienes distribuyó entre todas las tribus, de modo que su influencia podría predominar en todas.

 

Pero el monumento más duradero de su censura (debido a que sus innovaciones políticas fueron en gran parte anuladas por Q. Fabio Máximo) fueron la carretera a Capua (Vía Apia), que fue iniciada por él, y el acueducto Aqua Appia, el cual completó.Niebuhr conjetura, con cierta probabilidad, de que con el fin de recaudar dinero, debió haber vendido una gran parte de la tierra pública.

 

Consiguió reservar la elaboración de las listas senatoriales para los censores, actividad antes ejercida por los cónsules.

Publicó un calendario legal, facultad hasta entonces reservada a los pontífices.

Mantuvo su censura de cuatro años.

 

En 307 a. C. fue elegido cónsul después de renunciar a su censura, que en vano había tratado de mantener y se mantuvo en Roma con el fin de fortalecer sus intereses. En el año siguiente lo encontramos como un oponente vigoroso de la ley Olgulnia para la apertura de las magistraturas de pontífice y augur a los plebeyos. En 298 a. C. fue nombrado interrex (un cargo que ocupó tres veces), y al principio se negó a recibir los votos para un candidato plebeyo.

En 296 a. C. fue elegido cónsul por segunda vez, y comandó al principio en Samnio con cierto éxito. De Samnio condujo a sus fuerzas a Etruria, y tras haber sido liberado de una situación peligrosa por su colega Volumnio, los ejércitos combinados lograron una victoria decisiva sobre los etruscos y samnitas. En esta batalla prometió un templo a Bellona, que luego dedicó.

 

Al año siguiente continuó en el mando, como pretor, pero fue enviado de vuelta a Roma por el cónsul Fabio. Posteriormente, en conjunción con Volumnio, obtuvo una victoria sobre los samnitas.

En 287 a. C. o 286 a. C. ejerció de dictador. Se desconoce el año exacto.

 

En su vejez, cuando Cineas fue enviado por Pirro a proponer la paz, Apio, entonces completamente ciego, se presentó en el Senado, y por su discurso prevaleció sobre ellos la idea de rechazar las condiciones ofrecidas. Este discurso se conservaba aún en el tiempo de Cicerón. Dejó cuatro hijos y cinco hijas.

A finales del siglo IV a. C., tuvo la iniciativa de redactar la primera obra de Derecho, obra que también se puede considerar la primera obra literaria romana, si se descartan como tales los escritos anteriores pertenecientes a la Ley de las XII Tablas y los Anales de los pontífices.

 

Compuso una serie de sententiae, aforismos de influencia pitagórica en versos saturnios, de los que sólo unos pocos han llegado hasta nosotros. Entre ellos se cuenta el famoso: faber est suae quisque fortunae («cada uno es artífice de su propia fortuna»).