Una vez allí, entró en la
taberna, se sentó en un extremo y se puso a mirar a su alrededor con ojos
expectantes esperando verla. Pasaron las horas y, como no la encontraba, se
dirigió al posadero en tono jocoso. «Amigo, me han contado —dijo— que tienes
aquí a una chica muy buena; si te parece bien, me gustaría mucho echarle una
ojeada.» El posadero le respondió que, efectivamente, lo que le habían contado era
cierto, era una muchacha extremadamente hermosa. Y realmente María tenía un cuerpo
precioso, casi demasiado precioso para ser real. Abraham preguntó cuál era su nombre,
y el posadero le dijo que se llamaba María. Entonces Abraham dijo alegremente:
«Venga, hazla venir, enséñamela y déjame cenar hoy con ella, pues he oído que
todo el mundo la elogia». Así que la llamaron. Cuando la chica entró y el bondadoso
anciano la vio vestida como una ramera, prácticamente todo su cuerpo se desplomó
de pena. Sin embargo, ocultó el pesar de su alma y se sentaron y bebieron vino.
El viejo empezó a bromear con ella. La chica se levantó y le rodeó el cuello con
sus brazos, seduciéndolo con besos. El viejo, en tono simpático, le dijo: «Vale,
vale, he venido aquí a correrme una juerga». Sacó una moneda de oro que había
traído consigo y se la dio al posadero. «Ahora, amigo —dijo—, prepáranos una buena
cena para que pueda correrme una juerga con la chica, pues he venido de muy lejos
para estar con ella.» Después del banquete, la chica empezó a insistir en que fueran
a su habitación para tener relaciones sexuales. «Vamos», dijo Abraham. Al entrar
en el cuarto, vio una majestuosa cama preparada y enseguida se sentó en ella como
si tal cosa. Entonces la chica le dijo: «Vamos, señor, déjeme que le quite los zapatos».
«Cierra la puerta con cuidado —dijo él— y quítamelos». «Acércate, María», dijo
el anciano, y cuando la chica se sentó a su lado en la cama la tomó fuertemente
de la mano como si fuera a besarla; entonces, quitándose el sombrero, rompió a
llorar. «María, hija mía —dijo—. ¿No me reconoces?». Con la cabeza a sus pies,
la chica se pasó llorando toda la noche… Al romper el alba, Abraham le dijo: «Levántate,
hija, y vámonos a casa». Ella le respondió: «Tengo un poco de oro y algunas
ropas, ¿qué quieres que haga con ellas?». Abraham le contestó: «Déjalo todo aquí
».
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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martes, 7 de mayo de 2019
EFRÉN DE SIRIA (DIÁCONO DE EDESA) DESCRIBE EL CASO DE UNA PROSTITUTA CRISTIANA DE TABERNA ( SANTA MARÍA LA PROSTITUTA )
sábado, 4 de mayo de 2019
EFRÉN DE EDESA, EL ARPA DEL ESPÍRITU
Efrén (o Efraín) de Siria, también conocido como Efraín de Nísibe
o Nisibi, (Nísibis, 306-Edesa, 373) fue un diácono, escritor, músico, santo,
Padre de la Iglesia y Doctor de la Iglesia (proclamado por Benedicto XV en
1920) sirio del siglo IV. Ya en su tiempo fue conocido como «el Místico», con
el apelativo de «El arpa del Espíritu».
Nació en Nísibis, la actual
Nusaybin en Turquía, entonces en la provincia romana de Mesopotamia, en 306.
Desde joven quedó marcado por la vida intolerante de su padre, que era un tenaz
pagano. Efrén, hostigado por su padre por haber abrazado el cristianismo, huyó
de casa para evitar malos tratos y acudió a su obispo, quien lo acogió. El
obispo Jacobo de Nísibe logró su plena formación y conversión (324). Más tarde,
Jacobo lo ordenó diácono y, a pesar de la su insistencia para ordenarse como
presbítero, Efrén siempre renunció porque no se veía digno.
Fundó una escuela de teología
en Nesaybin que se distinguió por su alto grado de preparación y por el
esplendor de sus alumnos. Cuando la escuela estaba en su apogeo, llegó una
invasión persa y los sasánidas se apoderaron de su región natal. Efrén cruzó la
frontera y fundó la escuela en Edesa dentro del Imperio romano. Aquí se
convirtió en el gran defensor de la doctrina cristológica y trinitaria en la
Iglesia siria de Antioquía. Escribió mucho: hizo el comentario de toda la
Biblia, compuso poemas que sustituyeron a los cantos empleados en las fiestas
populares de los paganos. La Iglesia antioquena se unió a él, y sus himnos
fueron el inicio de la práctica del canto en la liturgia cristiana.
Es uno de los poetas más
grandes en lengua siria. Vivía con absoluta austeridad.
No se debe confundir al
personaje real con la leyenda surgida a principios del siglo XVII que le
menciona como primer obispo de Astorga: por estas fechas el padre Jerónimo
Román de la Higuera compuso un falso Chronicón atribuido falazmente a Flavio
Lucio Dextro en el que señalaba a Efrén como obispo de Astorga en el siglo I
dando crédito a éste, varios escritores y religiosos astorganos
contemporáneos contribuyeron sin saberlo a difundir la mentira, y aunque
posteriormente quedó demostrada la falsedad del episodio e identificado su
origen, todavía hubo autores que lo repitieron hasta bien entrado el siglo XIX.
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