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domingo, 17 de marzo de 2019

CAYO MARCIO CENSORINO



Cayo o Gayo Marcio Censorino a​ (m. 82 a. C.) fue un político y militar romano del siglo I a. C. parteneciente a la gens Marcia.



Es mencionado por primera vez cuando acusó de soborno a Sila tras su regreso de Asia, pues este había recibido de un rey una suma de dinero por encima de lo estipulado. Sin embargo, no se presentó el día del juicio y retiró la acusación.


Cuando estalló la primera guerra civil, se puso en el bando de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna contra Sila. Tras la toma de Roma del año 87 a. C., participó en la masacre de sus oponentes. Así, cuando se proscribió al cónsul Cneo Octavio, fue quién lo degolló y llevó su cabeza a Cinna, el cual la expuso en el Foro durante varios días.​


En 83 a. C. Sila volvió a Italia con su ejército dispuesto a luchar contra los populares, quienes, muertos Mario y Cina, estaban bajo el mando de Cneo Papirio Carbón y Cayo Mario el Joven. A mediados de 82 a. C. fue enviado contra Pompeyo, pero fue derrotado por éste en Sena Gálica y huyó ante Carbón.​ Como a Mario el Joven, que se hallaba sitiado en Preneste, comenzó a escasearle el alimento, fue enviado a socorrerle con ocho legiones, pero, emboscado por Pompeyo, fue nuevamente derrotado. Los sobrevivientes, refugiados en una colina, le culparon de la emboscada. Una legión marchó sin orden previa hacia Arímino, mientras que el resto desertó y Censorino tuvo que regresar al campamento de Carbón acompañado únicamente de algunos jinetes.​


En septiembre, Carbón, desanimado por tantas derrotas, huyó a Sicilia y Censorino, junto a Cayo Carrinas y Marco Junio Bruto Damasipo se puso al mando de las legiones que había en Clusio. Pompeyo los atacó causándoles veinte mil muertos y, tras este desastre, huyeron al Samnio, donde el samnita Poncio Telesino había alistado setenta mil hombres para librar a Mario del asedio.​ Sin embargo, Sila cortó los caminos que iban hacia Preneste, impidiéndoles el paso. Ante esto, Telesino decidió marchar sobre Roma, no para reconquistarla, sino para saquearla cual una ciudad enemiga.​ Sila marchó tras él y, el 1 de noviembre de 82 a. C. entabló combate ante las puertas de la ciudad y, con la ayuda de Craso, aniquiló a los enemigos.​ Censorino, al igual que la mayoría de los suyos, fue capturado y degollado el 3 de noviembre, tras lo cual su cabeza fue enviada a Preneste para desanimar a las tropas de Mario, las cuales desertaron inmediatamente.


lunes, 28 de enero de 2019

EL CÓNSUL CAYO CELIO CALDO


Cayo o Gayo Celio Caldo a​ fue un político y militar romano de los siglos II y I a. C. perteneciente a la gens Coelia.
 
Ningún miembro de su familia había obtenido antes ninguna magistratura destacada, pero él tuvo éxito en formarse por sí mismo gracias a sus acciones y a su elocuencia, aunque sus dotes como orador parecen no haber sido muy destacadas. Después de haber intentado en vano obtener la cuestura,​ fue elegido en el año 107 a. C. tribuno de la plebe.
 
Su tribunado se destacó por el hecho de que hizo aprobar una lex tabellaria, por la cual en las cortes de justicia, en caso de alta traición, los votos deberían ser dados en tablas.​ Cicerón señala que Caldo se arrepintió toda la vida de haber propuesto esta ley.
 
En el año 94 a. C., fue electo cónsul y obtuvo una de las Hispanias como provincia, probablemente la Citerior.
 
Durante la primera guerra civil, Caldo fue un partidario firme del partido mariano y en conjunto con Cayo Carrinas y Marco Junio Bruto se esforzó para evitar que Pompeyo uniera sus legiones a Sila. Pero como los tres no actuaron en coordinación, Pompeyo atacó al ejército de Bruto por el que rompió el cerco y frustró por completo el plan de Caldo.


domingo, 23 de septiembre de 2018

CAYO MARCIO CENSORINO


 Gayo Marcio Censorino a​ (m. 82 a. C.) fue un político y militar romano del siglo I a. C. parteneciente a la gens Marcia.
 
Es mencionado por primera vez cuando acusó de soborno a Sila tras su regreso de Asia, pues este había recibido de un rey una suma de dinero por encima de lo estipulado. Sin embargo, no se presentó el día del juicio y retiró la acusación.​
 
Cuando estalló la primera guerra civil, se puso en el bando de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna contra Sila. Tras la toma de Roma del año 87 a. C., partcipó en la masacre de sus oponentes. Así, cuando se proscribió al cónsul Cneo Octavio, fue quién lo degolló y llevó su cabeza a Cinna, el cual la expuso en el Foro durante varios días.
 
En 83 a. C. Sila volvió a Italia con su ejército dispuesto a luchar contra los populares, quienes, muertos Mario y Cinna, estaban bajo el mando de Cneo Papirio Carbón y Cayo Mario el Joven. A mediados de 82 a. C. fue enviado contra Pompeyo, pero fue derrotado por éste en Sena Gálica y huyó ante Carbón.​ Como a Mario el Joven, que se hallaba sitiado en Preneste, comenzó a escasearle el alimento, fue enviado a socorrerle con ocho legiones, pero, emboscado por Pompeyo, fue nuevamente derrotado. Los sobrevivientes, refugiados en una colina, le culparon de la emboscada. Una legión marchó sin orden previa hacia Arímino, mientras que el resto desertó y Censorino tuvo que regresar al campamento de Carbón acompañado únicamente de algunos jinetes.
 
En septiembre, Carbón, desanimado por tantas derrotas, huyó a Sicilia y Censorino, junto a Cayo Carrinas y Marco Junio Bruto Damasipo se puso al mando de las legiones que había en Clusio. Pompeyo los atacó causándoles veinte mil muertos y, tras este desastre, huyeron al Samnio, donde el samnita Poncio Telesino había alistado setenta mil hombres para librar a Mario del asedio.​ Sin embargo, Sila cortó los caminos que iban hacia Preneste, impidiéndoles el paso. Ante esto, Telesino decidió marchar sobre Roma, no para reconquistarla, sino para saquearla cual una ciudad enemiga.​ Sila marchó tras él y, el 1 de noviembre de 82 a. C. entabló combate ante las puertas de la ciudad y, con la ayuda de Craso, aniquiló a los enemigos. Censorino, al igual que la mayoría de los suyos, fue capturado y degollado el 3 de noviembre, tras lo cual su cabeza fue enviada a Preneste para desanimar a las tropas de Mario, las cuales desertaron inmediatamente.

lunes, 25 de diciembre de 2017

EL CÓNSUL CNEO PAPIRIO CARBÓN


Gneo Papirio Carbón (en latín: Cnæus Papirius CN. F. C. N. Carbo) (130 a. C. - 82 a. C.), cónsul de la Roma Antigua, de origen plebeyo.

 

Hijo del cónsul del año 113 a. C. y sobrino de Cayo Papirio Carbón, cónsul en 120 a. C.. Era primo de Cayo Papirio Carbón Arvina, el tribuno de la plebe del año 90 a. C.

 

Aparece mencionado en la historia por primera vez en el año 92 a. C. cuando el cónsul Cayo Claudio Pulcro informó al senado de intentos suyos de sedición.​ Fue uno de las cabezas del partido popular y en 87 a. C., cuando Cayo Mario volvió de África, dirigió uno de los cuatro ejércitos con los que asedió y tomó Roma.

 

En 85 a. C. fue elegido por Lucio Cornelio Cinna como colega consular, y empezaron a preparar la guerra en Grecia contra Sila, quien anunció su intención de volver a Italia. De esta forma los dos cónsules movilizaron a sus partidarios, recaudaron dinero, y restauraron la flota para que vigilara las costas de Italia. 


Sila escribió al Senado romano desde Grecia y el senado decidió no cursar ninguna propuesta de los cónsules hasta no tener nuevas noticias de aquél; los cónsules se mostraron dispuestos a obedecer al senado pero tan pronto los embajadores de Sila abandonaron Roma, Cinna y Carbón se declararon cónsules para el año siguiente (84 a. C.), ya que ellos no querían ser obligados a ir a Roma para celebrar los comicios.

 

Se hizo una leva de muchas legiones, y numerosas tropas se transportaron por el mar Adriático; pero como Cinna fue asesinado por sus propios soldados, quienes se negaron a participar en una guerra civil, Carbón se vio obligado a traerlos de vuelta a Italia. Cuando Carbón llegó a Roma no pudo hacer los comicios para elegir a un reemplazo del asesinado Cinna por prodigios desfavorables y permaneció como cónsul único (lo que era ilegal) el resto del año 84 a. C..


 

En 83 a. C. Sila llegó a Italia y Carbón, que era ahora procónsul en la Galia, se dirigió a Roma e impuso un decreto que declaraba a Metelo y a todos los senadores que apoyaban a Sila enemigos de la República. Al mismo tiempo el Capitolio fue quemado y se sospechó de Carbón.

 

En 82 a. C., mientras Sila y sus partidarios avanzaban en diversas partes de Italia, Carbón fue elegido cónsul por tercera vez con el joven Mario; su ejército estaba en la Galia Cisalpina. En la primavera de 82 a. C., su legado, Cayo Carrinas tuvo que sostener una dura batalla con Metelo al norte de Italia, y fue puesto en fuga. Pero el propio Carbón siguió a Metelo y lo atrapó en una posición en que no podía hacer nada. Pero cuando se enteró de las desgracias de su colega Mario en Praeneste, condujo a su ejército de regreso a Ariminum donde fue seguido por Gneo Pompeyo.

 

Al mismo tiempo, Metelo pudo obtener otra victoria sobre un ejército de Carbón, y Sila,·después de entrar en Roma, se dirigió contra Carbón. Los dos ejércitos se enfrentaron a orillas del río Glanis, donde los hispanos que se habían unido a Carbón desertaron al campo de Sila, y los que no lo hicieron fueron ejecutados por Carbón puesto que ya no confiaba en su fidelidad. 



Posteriormente una gran batalla ocurrió cerca de Clusium y duró un día entero para acabar sin un vencedor claro. Debido a que Pompeyo y Craso se enfrentaban a Carrinas en la cercanía de Spoletum, Carbón le envió un ejército de refuerzo en su ayuda. Sila, al enterarse de esto, atacó a este ejército matando a dos mil hombres en una emboscada, pero Carrinas, que estaba asediado, pudo escapar merced a esta distracción.

 

Gayo Marcio Censorino, que fue enviado por Carbón para levantar el asedio de Mario en Preneste, fue también emboscado y atacado por Pompeyo, y perdió a muchos de sus hombres. Sus soldados, que lo consideraban la causa de su derrota, desertaron, con la excepción de unas pocas cohortes, con las cuales regresó con Carbón. Poco después Carbón y Gayo Norbano Balbo hicieron un ataque contra el campamento de Quinto Cecilio Metelo Pío cerca de Faventia, pero el tiempo y el lugar eran desfavorables para ellos, y fueron derrotados: cerca de 10.000 de sus hombres fueron muertos, y 6.000 de ellos se pasaron a Metelo, por lo que se vio obligado Carbón a retirarse a Arretium con cerca de 1.000 supervivientes.

 

Las deserciones siguieron; Norbano huyó a Rodas donde se suicidó; y aunque aún conservaba un gran ejército y los samnitas le permanecieron fieles, Carbón se quedó muy desilusionado al no conseguir liberar Bruto Damasipo con dos legiones la ciudad de Praeneste, donde estaba refugiado el joven Mario, y decidió dejar Italia. Primero fue a África, luego a la isla de Cosira (Pantelaria), donde fue arrestado, llevado encadenado ante Pompeyo en Lilibea, ejecutado y enviada su cabeza a Sila (82 a. C.).


sábado, 28 de enero de 2017

SEXTO POMPEYO, EL HIJO MENOR DE CNEO POMPEYO MAGNO

 

Sexto Pompeyo Magno Pío (en latín Sextus Pompeius Magnus Pius) (circa 65 - 35 a. C.) fue un militar romano del periodo final de la República, y la última oposición que tuvo el Segundo Triunvirato en sus intentos por controlar la República.
 
Sexto era el hijo menor de Cneo Pompeyo Magno y su tercera esposa, Mucia Tertia; su hermano mayor era Cneo Pompeyo el Joven, hijo de la misma madre. Ambos hermanos crecieron a la sombra de su padre, uno de los mejores generales romanos, y que en principio no pertenecía al ala política conservadora, sino que se acercó a la facción tradicional cuando Julio César se convirtió en una amenaza para la República.
 
Según Apiano, debió nacer en 75 a. C., ya que señala que al momento de su muerte tenía 40 años de edad. Sin embargo, esta versión es rechazada por Emilio Gabba, quien sitúa su nacimiento en 66 a. C. o 68 a. C.2
 
Cuando César cruzó el río Rubicón en 49 a. C., comenzando así la segunda guerra civil, su hermano mayor huyó junto a su padre a Oriente, como hicieron muchos de los senadores conservadores. Sexto permaneció en Roma bajo el cuidado de su madrastra, Cornelia Metela. El ejército pompeyano fue derrotado en la batalla de Farsalia (48 a. C.), y Pompeyo tuvo que huir para salvar la vida, refugiándose en Mitilene, en la isla de Lesbos. Allí se reunió con Cornelia y Sexto antes de dirigirse hacia Egipto, donde, a su llegada, fue traicionado y asesinado por los egipcios, el 29 de septiembre, ante el temor de negarle la entrada o que su llegada provocara la invasión del ejército de César. Tras la muerte de Pompeyo, que Sexto presenció desde el barco donde se hallaba, su madrastra Cornelia volvió a Roma, mientras que él se dirigió a Chipre y posteriormente se unió con su hermano Cneo a la resistencia contra César en las provincias africanas. Junto a Metelo Escipión, Catón el Joven y otros senadores, dirigió la oposición a César y su ejército hasta el final, mientras su hermano Cneo se dirigió a Hispania.
 
Tras la batalla de Tapso (46 a. C.), César venció a Metelo y Catón, quienes acabaron suicidándose, mientras Sexto huyó de África y se reencontró con su hermano en Hispania, junto con Labieno y otras personas de su partido. En Hispania se encargó de la posesión de Corduba, hasta la derrota de su hermano en la batalla de Munda, en marzo de 45 a. C., donde murieron Gneo y Labieno, teniendo que huir de nuevo. Sexto se refugió en el país de los lacetanos, entre el Iberus y los Pirineos, donde vivió del robo hasta que al poco tiempo logró reunir una considerable banda de seguidores; con ellos se dirigió a la Bética, gobernada por Gayo Carrinas, quien fue incapaz de ofrecer resistencia, ya que Sexto contaba con el apoyo general de los nativos y de los veteranos de guerra que su padre había establecido en la provincia. De esta forma, Carteia y otras ciudades cayeron en sus manos.
 

De vuelta a Roma, César fue asesinado en los idus de marzo (15 de marzo) del año 44 a. C. por un grupo de senadores, liderados por Casio y Bruto. Este incidente no supondría la esperada vuelta a la normalidad que los senadores esperaban, sino una nueva confrontación civil entre los partidarios de César y sus asesinos. Para Sexto, la muerte de Julio César fue muy favorable. Gayo Asinio Polión, sucesor de Carrinas en el gobierno de Hispania Ulterior, tenía poco talento militar y sufrió varias derrotas ante Sexto, que le permitieron dominar toda la Bética, recibiendo la aclamación de imperator. 
Sexto pactó entonces con el gobernador de la Hispania Citerior y de la Galia Narbonense, Lépido, por el cual se establecía una tregua y se permitía que Sexto pudiera ir a Roma para recibir la herencia paterna. Sexto aceptó esta proposición y el Senado le concedió además una importante cantidad de dinero en compensación por la propiedad paterna que había sido confiscada.
 
En 43 a. C., cuando Marco Antonio se dirigió a la Galia Cisalpina para oponerse a Décimo Junio Bruto Albino, el Senado romano buscó apoyos contra el futuro triunviro, y apeló a Lépido y a Sexto, que entonces había llegado a Massalia con una flota y un ejército dispuesto a intervenir según más conviniera. El Senado, a propuesta de Cicerón, aprobó un decreto laudatorio en su honor, y le ofreció nominarlo para el puesto que había tenido su padre en el colegio de los augures. También lo nombró para el mando de la flota republicana con el título praefectus classis et orae maritimae; sin embargo, Sexto no realizó ninguna acción para aliviar el sitio de Mutina, permaneciendo inactivo.

 
En el mes de agosto de 43 a. C., Octavio controló el consulado e impuso la lex Pedia propuesta por su colega Quinto Pedio, por la que todos los asesinos de César eran declarados proscritos. Pompeyo fue incluido entre los asesinos de César, aunque no había tenido participación en el hecho, y finalmente fue proscrito en el mes de octubre cuando se estableció el Segundo Triunvirato, formado por Octaviano, Marco Antonio y Lépido, cuyas intenciones eran vengar a César y subyugar toda oposición.
 
El dominio de la flota garantizaba a Sexto cierta seguridad; pero como los gobernadores de ambas Hispanias y el de la Galia apoyaron el triunvirato, no disponía de ninguna base en tierra firme. Sexto se limitó a atacar las zonas costeras, y sus fuerzas aumentaron con todos aquellos que los triunviros habían proscrito, y con multitudes de esclavos que acudían a él. Finalmente se vio con fuerzas suficientes para desembarcar en Sicilia, donde estableció su cuartel general. Las ciudades de Milas, Tindaris, Mesina y Siracusa cayeron en su poder, al igual que toda la isla finalmente. El propretor de Sicilia, Aulo Pompeyo Bitínico, le rindió Mesina a condición de repartirse el gobierno de la isla. También recibió el apoyo de Quinto Cornificio, gobernador de la provincia de África. El dominio de estas provincias por los pompeyanos afectó seriamente al suministro de grano de Roma.

 
En 42 a. C. Octaviano envió a la isla a su legado Quinto Salvidieno Rufo, que consiguió evitar los ataques de Sexto a las costas italianas, pero fue derrotado en el estrecho de Sicilia, en las cercanías de Escileo, cuando intentó enfrentarse a la flota pompeyana. Octavio, tras esta batalla, partió inmediatamente después a Grecia, con objeto de ayudar a Marco Antonio en la guerra contra Bruto y Casio. Sexto estaba en la cumbre de su poder y se hizo llamar "hijo de Neptuno"; entonces hizo matar al co-gobernador Aulo Pompeyo Bitínico, acusado de una supuesta conspiración, quedando así como único gobernador de la isla. Mientras Octavio luchaba en Grecia contra los republicanos, Pompeyo se mantuvo inactivo, y esto sería su error fatal.

 
Tras la derrota y muerte de Casio y Bruto en la doble batalla de Filipos (42 a. C.), los triunviros volvieron su atención hacia Sexto, quien había fortalecido su posición en Sicilia, preparado para ofrecerles resistencia y amenazado el abastecimiento marítimo de trigo de Roma.

 
Sin embargo, en 41 a. C., Octavio, a su regreso a Italia, se mantuvo ocupado con la Guerra Perusina, lo que permitió a Pompeyo continuar haciendo estragos en las costas de Italia. A comienzos de 40 a. C., Marco Antonio buscó la alianza con Pompeyo y este envió fuerzas a Italia, pero tuvo que retirarlas cuando se produjo la reconciliación de los triunviros en la paz de Brindisi, quienes decidieron hacer la guerra a Sexto. No obstante, Sexto se hallaba en posesión no solamente de Sicilia, sino que además había ocupado Sardinia y Córcega, y sus flotas saqueaban todas las flotas de granos que venían de Egipto y de las provincias orientales, de forma que la escasez extrema prevaleció en Roma, y la hambruna parecía inevitable. Esto hizo que se desataran disturbios pidiendo la paz con Sexto.
 
Octavio pensó que lo más prudente era ceder, y en consecuencia, se estableció una paz negociada entre los triunviros y Pompeyo, a través de la mediación de Lucio Escribonio Libón, el suegro de este último, llegándose a firmar las paces entre ambos personajes a través del denominado Pacto de Miseno de 39 a. C., por el cual se entregaba a Sexto el control de Sicilia, Córcega, Cerdeña y Acaya, con el compromiso de poner fin a sus prácticas piráticas y abastecer de grano a Roma. Además Octavio le prometió un consulado para el año 33 a. C., el augurado y una indemnización de diecisiete millones y medio de monedas de plata de su fortuna privada. Pompeyo, por su parte, prometió retirarse de la costa de Italia, proteger el comercio en el Mediterráneo y casar a su hija con Marco Marcelo, el hijo de Octavia, la hermana del triunviro. La causa de este tratado de paz fue el interés de Marco Antonio, el virtual líder de los triunviros, por iniciar una invasión del Imperio parto, para lo cual necesitaba disponer de las legiones que la resistencia de Sexto tenía ocupadas en Sicilia.

 
Sin embargo, la paz no duró mucho tiempo, ya que las frecuentes disensiones entre Octaviano y Marco Antonio motivaron el uso político de la guerra contra Sexto, para así poder atribuirse el éxito de conjurar la amenaza que suponía para el triunvirato. De esta forma, Antonio se negó a renunciar a los tributos adeudados por Acaya, y Pompeyo, por lo tanto, reanudó sus excursiones de piratería.

 
En 38 a. C. Pompeyo sufrió una severa pérdida con la deserción de uno de sus legados principales, Menas o Menodoro, que se pasó a Octavio, entregando Cerdeña y Córcega, junto con una gran fuerza naval y militar. Gracias a esta afortunada situación, Octavio decidió iniciar la guerra de inmediato, nombrando a Cayo Calvisio Sabino como comandante de su flota, con Menas como su legado. No obstante, la campaña resultó desfavorable a Octavio: su flota fue derrotada dos veces por los almirantes de Pompeyo, en primer lugar en Cumas por Menécrates, quien, sin embargo, pereció en la batalla; y después en Mesina, donde su flota fue casi totalmente destruida por una tormenta al intentar enfrentarse a la flota pompeyana, ahora dirigida por los almirantes Demócares y Apolófanes. Pompeyo, sin embargo, no aprovechó este éxito, sino que se mantuvo inactivo, y perdió de nuevo el momento favorable para la acción.

 

Apoyado en el tratado de Tarento del año 38 a. C., por el cual los triunviros debían apoyarse en caso de necesidad, Octaviano logró contar con el apoyo de la flota de Oriente enviada por Marco Antonio para tratar de invadir Sicilia. Octavio pasó todo el año siguiente (37 a. C.) equipando una nueva flota y dando el mando supremo de ella a Marco Vipsanio Agripa. Justo antes del estallido de las hostilidades, Menas volvió a cambiar de bando y regresó al servicio de su viejo amo, descontento del mando subordinado que le asignaba Octavio. En el verano de 36 a. C. todo estaba a punto para el enfrentamiento. Octavio tenía tres grandes flotas a su disposición: una propia, estacionada en el puerto de Portus Iulius, que había construido cerca de Bayas; la de Antonio, bajo el mando de Estatilio Tauro, en el puerto de Tarento; y la de Lépido, frente a la costa de África. Su plan era que las tres flotas partieran el mismo día, e hicieran un desembarco en tres partes diferentes de Sicilia. Sin embargo, una tormenta arruinó los planes y sólo la flota de Lépido pudo llegar a Sicilia y desembarcar en Lilibea; Tauro pudo volver a Tarento, pero la flota de Octavio quedó en gran parte destruida cerca del promontorio de Palinuro, perdiendo un gran número de sus barcos, de forma que se vio obligado a permanecer en Italia para reparar su maltrecha flota.
 
Este hecho fue un respiro para Sexto Pompeyo, que ofreció sacrificios a Neptuno. Envió a Menodoro a una excursión, pero éste volvió a traicionar a Sexto y se pasó al campo de Octavio. Tan pronto como la flota fue reparada, Octavio volvió a partir para Sicilia una vez más. Agripa derrotó la flota de Pompeyo en la batalla de Mylae, destruyendo treinta de sus naves, pero la batalla decisiva, llamada batalla de Nauloco, se libró el 3 de septiembre de 36 a. C., entre Mylae y el promontorio de Pelorium. En esta batalla, la flota de Sexto (bajo mando de Demócares) y la de Octavio (dirigida por Agripa), con unos 300 barcos cada una, lucharon enconadamente y Agripa obtuvo una rotunda victoria, quedando la mayoría de los barcos pompeyanos destruidos o capturados.
 
Tras esta derrota, Sexto huyó a Mesina, donde se embarcó junto con su hija hacia Oriente, contando con diecisiete barcos, y pudo llegar con seguridad a Mitilene. Mientras, Octavio se enfrentó a Lépido, que había ocupado Sicilia, y no pudo perseguir al fugitivo. Sexto comenzó a idear la forma de arrebatar las provincias orientales a Marco Antonio, quien acababa de regresar de su desastrosa campaña contra los partos, y de la cual apenas si había podido escapar con vida. Para ello, entró en conversaciones con los príncipes de Tracia y de la costa noreste del mar Negro, e incluso entró en contacto con los partos, pensando que podían suministrarle tropas como lo habían hecho con Quinto Labieno unos años antes.
 
En 35 a. C. Pompeyo cruzó de Lesbos a Asia Menor y se apoderó de Lámpsaco. Cayo Furnio, legado de Marco Antonio, le hizo frente; además, Antonio envió a Marco Ticio o Titio con una flota de 120 barcos. Pompeyo, que con sus pocos barcos nada podía hacer frente a esta enorme flota, quemó sus naves mientras sus tripulaciones pasaron a formar parte de su ejército; sus amigos le recomendaron pactar con Antonio, pero Sexto no los escuchó y muchos lo abandonaron, entre ellos su suegro Escribonio Libón.
 
Sexto intentó huir hacia Armenia, pero fue abandonado por sus soldados y capturado por las fuerzas de Antonio. Llevado como prisionero a Mileto, poco después fue ejecutado sin juicio por orden de Titio, un acto ilegal puesto que Sexto era ciudadano romano. Es probable que Planco, el gobernador de Siria y a quien muchos le atribuyeron la ejecución de Pompeyo, hubiera recibido órdenes en este sentido del propio Marco Antonio. Su violenta muerte fue una de las armas propagandísticas usadas por Octaviano contra Marco Antonio algunos años más tarde, cuando la situación entre ambos se hizo insostenible. Sexto había asumido el apelativo de Pío, para mostrar que él era un vengador de su padre y su hermano.