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sábado, 7 de marzo de 2020

DISCURSO DEL JEFE PICTO CALGACO



Cada vez que contemplo las causas de esta guerra y nuestra necesidad, tengo el convencimiento de que hoy es el día en el que vuestra unión será el inicio de la libertad para toda Britania: pues todos nosotros desconocemos la esclavitud pero sabemos que ninguna tierra, ni siquiera el mar, nos resulta seguro frente a la flota romana que nos acecha. Así pues, las armas y la guerra, que al fuerte le dan honor, incluso al débil le darán seguridad: nuestros anteriores combates, en los que hemos luchado contra los romanos con diversa fortuna, todavía dejan en nuestras manos la esperanza y la salvación, dado que nosotros, los más nobles de toda Britania que vivimos en su corazón, ni hemos visto las costas esclavizadas ni tenemos nuestros ojos contaminados con la dominación extranjera.
 
Lo apartado de estas tierras y la protección de nuestra fama han protegido hasta hoy a nuestras tribus, a nosotros que vivimos en las tierras más alejadas y más libres: ahora los confines de Britania están abiertos y lo desconocido suele considerarse maravilloso, pero ya no hay más pueblos detrás nuestro, nada a excepción de rocas y mareas y hostiles romanos, de cuya soberbia no se podría escapar con halagos y modestia. Son los saqueadores del mundo; ahora que ya han devastado todas las tierras, miran al mar: si el enemigo es rico, son avaros; si es pobre, ambiciosos, porque no los han saciado ni sus conquistas a Oriente ni a Occidente.

 

Son los únicos que desean las tierras ricas y pobres por igual: robar, asesinar, saquear es su definición para ese falso imperio; donde lo arrasan todo, dicen que hacen la paz.

 

La naturaleza ha querido que, para cada uno de nosotros, sus hijos y sus allegados sean los más queridos: ellos con sus levas nos los roban para hacerles servir en cualquier otro lugar; nuestras mujeres y hermanas, aunque escapen a la lujuria de los enemigos, son mancilladas bajo el nombre de la amistad y la hospitalidad; nuestros bienes y nuestras fortunas se los lleva el tributo, nuestros campos y cosechas, las provisiones de las tropas y nuestros cuerpos y nuestras manos se ajan mientras les servimos talando bosques y desecando marismas entre sus azotes e insultos. Los que nacen esclavos únicamente son vendidos una vez y, además, su amo los alimenta; Britania compra cada día su esclavitud y cada día la alimenta. Y al igual que en una casa el esclavo más nuevo es el objeto de las burlas de los demás esclavos, así nosotros, los nuevos y más prescindibles, estamos condenados a nuestra destrucción en un mundo acostumbrado a la esclavitud.

 

 No tenemos ni campos ni metales ni puertos en los que podamos sobrevivir trabajando. Además, la valentía y la fiereza de los conquistados no es del gusto de los conquistadores y nuestras tierras apartadas y alejadas, que nos han mantenido seguros, ahora nos convierten en sospechosos. Así, cobrad ánimos en nuestra situación desesperada: tan querida les es a algunos la gloria como la salvación. Los brigantes, con una mujer al mando, quemaron una colonia, tomaron los campamentos y, si su buena fortuna no los hubiera vuelto estúpidos, habrían podido librarnos del yugo romano: nosotros vamos a la guerra indómitos y enteros, libres y no arrepentidos: demostremos desde el principio del combate qué hombres guardaba Caledonia

( Tácito en " Vida y muerte de Julio Agrícola" )


domingo, 17 de marzo de 2019

MARCO TREBELIO MÁXIMO



Marco Trebelio Máximo (en latín, Marcus Trebellius Maximus) fue un senador del Imperio romano del siglo I, que desarrolló su carrera política bajo los imperios de Claudio y Nerón.

 
Fue designado consul suffectus en 55, y en el año 61 formó parte de una delegación enviada con el objetivo de revisar el censo y los impuestos que se percibían de la provincia de Galia. Trebelio partió junto a los senadores Quinto Volusio Saturnino y Tito Sextio Africano. Saturnino y Africano eran rivales, y ambos odiaban a Trebelio, que les aventajó realizando el encargo mucho mejor que sus competidores.
 
En el año 63 fue nombrado gobernador de la provincia romana de Britania. Trebelio continuó con la política de consolidación de fronteras iniciada por sus predecesores en el cargo, pero fue prudente y no realizó ningún tipo de conquista territorial. Continuó además con la romanización de los territorios britanos que se encontraban bajo dominio romano, y refundó la ciudad de Camulodunum que había sido destruida tras la rebelión de la reina Boudica. La ciudad de Londres creció en riqueza durante su gobierno.
 
En el año 67, la provincia isleña se encontraba suficientemente segura para permitir que la Legio XIV Gemina fuese trasladada. A pesar de todo, la inactividad sembró el descontento entre las legiones destinadas allí y se iniciaron una serie de motines. Trebelio, que no era militar y no sabía tratar con las tropas, fue incapaz de restablecer la disciplina, y una discusión con Marco Roscio Coelio, comandante de la Legio XX Valeria Victrix socavó irremediablemente su autoridad.
 
En el año 69, durante la guerra civil que siguió a la muerte del emperador Nerón, conocida comúnmente como el Año de los cuatro emperadores, las legiones britanas no propusieran a su propio candidato para ostentar el trono, a diferencia de como habían hecho otras fuerzas estacionadas en el continente.
 
Roscio lideró un motín que obligó a Trebelio a huir de la isla, y mostró su apoyo hacia Vitelio, enviando a la Legio XX para que apoyara al general rebelde. Una vez que Vitelio venció a Otón y ascendió al trono, nombró nuevo gobernador de la isla a Marco Vetio Bolano. Vitelio ordenó además el retorno de la Legio XIV, que había sido enviada por su derrotado rival a Britania.


domingo, 27 de mayo de 2018

COMIO



 
Comio (Commios, Commio o Comnio) fue un importante rey de la nación belga de los atrebates que reinó primero en la Galia y finalmente en Britania durante el siglo I a. C.
 
Cuando el general Cayo Julio César conquistó a la parte de la nación atrebate que residía en la Galia (57 a. C.),​ como relata en su obra, Comentarios a la guerra de las Galias, nombró a Comio como rey de la tribu. Antes de que César realizara su segunda invasión a Britania, envió a Comio para que intentara convencer a las tribus britanas de que no se le opusieran.​ Sin embargo, cuando desembarcó en la isla fue arrestado. Cuando los britanos fracasaron en su intento de impedir el desembarco de César, Comio aceptó dirigir las negociaciones.​
 
Comio fue capaz de reunir un pequeño contingente de caballería entre su tribu que ayudó a César a derrotar el segundo ataque britano.4 De nuevo derrotados, los britanos optaron por negociar su rendición y Comio aceptó de nuevo llevar las negociaciones con el líder de la resistencia, Casivelono.​ Comio permaneció fiel a César durante la rebelión gala del año 54 a. C., y como recompensa el general le permitió seguir reinando sin interferencia de Roma, estar exento de pagar impuestos y le otorgó además los territorios arrebatados al pueblo de los mórinos.6
 
Sin embargo, según escribe Aulo Hircio en el último libro (Libro VIII) de De Bello Gallico, escrito tras la muerte de César, la lealtad de Comio no duró hasta el final. Mientras César pasaba el invierno del año 53 a. C. en la Galia Cisalpina, su legado Tito Labieno descubrió que Comio había estado conspirando contra Roma con otras tribus galas. Labieno envió al tribuno Cayo Voluseno y a algunos centuriones para que se reunieran con Comio en una aparente inocente reunión. Cuando Comio llegó, los romanos le atacaron y casi lo mataron, aunque logró escapar con una grave herida en la cabeza y clamando que nunca volvería a aliarse con los romanos.​
 
En el año 52 a. C. los atrebates se unieron a la revuelta de los galos dirigida por Vercingétorix. Comio fue uno de los líderes que estuvieron junto al líder galo en el sitio de Alesia.​ Tras la derrota de Vercingétorix, Comio huyó y se unió a la revuelta de los belóvacos, consiguiendo para su causa el apoyo de 500 germanos. Sin embargo, César venció de nuevo y Comio se vio obligado a buscar refugio entre sus aliados germanos.
 
En el año 51 a. C. Comio regresó a su patria con una pequeña banda de guerreros como escolta y se preparó para iniciar una campaña de agitación entre los que aún tenían fuerzas para resistirse a César. En invierno de ese año, llegó a la región Marco Antonio, uno de los legados del ejército de César que ordenó a Voluseno atacar a las fuerzas de Commio, algo con lo que Voluseno se mostró muy complacido. En la batalla que siguió, Comio fue derrotado, pero hirió gravemente a su viejo enemigo Voluseno. Comio logró escapar de nuevo y negoció una paz a través de intermediarios. Ofreció rehenes y prometió que en lo que le quedara de vida no volvería a oponerse a César, aunque pidió no tener que volverse a encontrar jamás con un romano. Antonio aceptó su petición.​
 
El escrito de Sexto Julio Frontino, Strategemata, que data del siglo I cuenta como Comio huyó a Britania acompañado de un grupo de seguidores mientras César le perseguía. Cuando Comio trató de cruzar el canal de la Mancha se levantó una gran tormenta. Sin embargo, Comio prefirió seguir avanzando a ser atrapado por César que, cuando vio la determinación de su rival, optó por dar media vuelta y regresar a la Galia.
 
Este relato sugiere que la tregua que firmó Comio con Antonio no se mantuvo y se reanudaron las hostilidades. Sin embargo John Creighton sugiere que Commio fue enviado a Gran Bretaña en virtud de su tregua con Antonio. La anécdota de Frontino puede tratarse de una fuga antes de la firma de la tregua o simplemente de un rumor que Frontino oyó durante su gobierno de la provincia de Britania. (75 - 78). Creighton sostiene que de hecho Comio fue designado por César como un rey aliado en Britania, y que su reputación fue restaurada cuando culpó de traición a Labieno (que desertó del bando de César durante la guerra civil contra Cneo Pompeyo Magno).
 
El nombre de Comio aparece en las monedas que se acuñaron en Britania durante el período posterior a las invasiones de César. La numismática revela que Comio estaba emparentado con garmanos y carsicios. Esto sugiere que Comio siguió ostentado poder en la Galia durante su ausencia, gobernando seguramente a través de regentes. garmanos y carsicios son probablemente hijos de Comio, que decidieron incluir el nombre de su padre en las monedas emitidas durante su reinado.​
 
Aproximadamente en el año 30 a. C., Commio se había establecido como rey de los atrebates en Britania, según revelan las monedas emitidas desde su capital de Calleva Atrebatum (Silchester). Es probable que Comio y sus seguidores fundaran este reino, aunque de hecho, cuando César fue incapaz de traer su caballería a Britania, Comio reunió para él un destacamento de caballería de entre su gente, así que es probable que ya hubiera atrebates en la isla por esa época. Existen monedas que llevan su nombre hasta el aproximadamente el año 20 a. C., y basado en su inscripción: "COM COMMIOS", que significaría "Comio hijo de Comio", sugiere que Comio pudo reinar junto a su hijo hasta su muerte.
 
Tres reyes posteriores, Tincomaro, Epilo y Verica, incluyen también en sus monedas su condición de descendientes de Comio. A partir del año 25 a. C., aparentemente Comio gobernó junto a Tincomaro. Tras su muerte, Tincomaro aparece como monarca de la región del norte desde Calleva, mientras Epilo gobierna la parte sur desde Noviomagus (Chichester). A la muerte de Tincomaro, aproximadamente en el año 7, Epilo se convirtió en gobernante único, y a su muerte le sucedió Verica (15). El reinado de Verica terminó poco antes de la invasión de Claudio del año 43, que lo utilizó como pretexto para atacar la isla.




CÉSAR SE DESPIDE DE BRITANIA PARA NO VOLVER



Vale Britania. No te echaré de menos. Pero, ¿qué hay allí fuera, en el gran más allá, adonde nunca ningún hombre se ha aventurado a navegar jamás? Éste no es un mar pequeño; es un enorme y poderoso océano. Éste es el lugar donde vive el gran Neptuno. No dentro del tazón del Mare Nostrum. Quizá cuando yo sea viejo y haya hecho todo lo que mi sangre y mi poder me exigen, tomaré uno de esos barcos vénetos de sólido roble, izaré las velas de cuero y me adentraré en el mar hacia el oeste para seguir el sendero del sol. Rómulo se perdió en la innobleza de los pantanos de las Cabras, en el Campo de Marte, y al ver que no regresaba a casa pensaron que había sido transportado al reino de los dioses. Pero yo navegaré y me adentraré en las brumas de la eternidad, y sabrán que habré entrado en el reino de los dioses. Mi Julia está allí. La gente lo sabía. La quemaron en el Foro y colocaron su tumba entre los héroes. Pero primero debo hacer todo lo que mi sangre y mi poder me exigen.




FEROCES LEGIONARIOS DE CÉSAR EN BRITANIA




Los britanos aún no habían aprendido la lección que los galos ya conocían: cuando César sacaba a sus hombres a luchar cuerpo a cuerpo fuera del campamento, los britanos se quedaban allí quietos para que los matasen. Porque seguían aferrados a sus antiguas tradiciones, que decían que un hombre que abandonaba vivo un campo de batalla era un paria. Esa tradición les había costado a los belgas del continente cincuenta mil vidas desperdiciadas en una batalla.



CONCRETAS ÓRDENES DE CÉSAR A SUS LEGIONARIOS EN BRITANIA



Muchachos, no cedáis ni un centímetro de terreno, controlad los caballos con vuestros escudos y tened los pila apuntados para ensartar a los conductores por el pecho pintado de azul; luego id a por los guerreros con vuestras espadas.






MANDUBRACIO



Mandubracio o Mandubratio fue un rey de la tribu de los trinovantes, que habitó en la región sureste de Britania en el Siglo I a. C.
 
Mandubracio era hijo de un rey de los trinovantes, llamado Imanuentio en la obra de Cayo Julio César, De Bello Gallico, que fue derrocado y asesinado por el líder guerrero Casivellauno en algún momento antes de la Segunda Invasión de César a Britania (54 a. C.). Tras la muerte de su padre, Mandubracio huyó a la Galia, a la protección que le ofrecía César. Cuando César invadió la isla por segunda vez, fue Casivellauno quien dirigió la resistencia de los britanos.
 
 Los trinovantes fueron fieles a su rey y revelaron a César la localización de los fuertes de Casivellauno. Cuando César derrotó a la resistencia, uno de los términos del tratado que firmó con Casivellauno era que se repusiera a Mandubracio en el trono de los trinovantes. Casivellauno quedó comprometido a no volver a atacar a los trinovantes.
 
Mandubracio aparece en la obra de Godofredo de Monmouth, Historia Regum Britanniae (1136), con el nombre de Androgeo, el hijo mayor del legendario monarca Lud. El nombre cambia al ser traducido de manera errónea en la obra de Orosio, Siete libros de historia contra los paganos, un libro del Siglo V con temática cristiana que ejerció gran influencia sobre la sociedad medieval inglesa.
 
En este libro aparece con los nombres de "Mandubragio" y "Andragorio". Beda, cuya principal fuente de información acerca de las expediciones de César es Orosio lo llama "Andragio" (un nombre que Godofredo emplea para designar a Mandubracio del mismo modo que Beda). Godofredo pudo haber sido también influenciado por el personaje de la mitología griega, Androgeo.
 
Cuando Lud muere, Androgeo y su hermano Tenvantio eran demasiado jóvenes para reinar, así que el trono fue a parar a su tío Casibelano. Androgeo es nombrado Duque de Trinovantum (Londres) y Kent, y participa en la defensa de Britania frente a Julio César. Cuando fracasa la primera de las dos invasiones de César, los britanos realizan una gran celebración en la que se sacrifican víctimas y se celebran juegos. Cuelino, un sobrino de Androgeos, lucha con Hirelglas, un sobrino de Casivellauno, y lo mata en la pelea. Casivellauno exige a Androgeo que lleve a su sobrino a juicio por asesinato, pero temiendo las intenciones del rey, Androgeo se niega, ofreciéndole juzgarle en su propia corte.
 
Casivellauno declara la guerra a Androgeo, que pide ayuda a César, cediéndole rehenes, incluyendo a su propio hijo Esceva, como garantía de sus intenciones. César inicia entonces la tercera invasión a la isla, y las fuerzas combinadas de Roma y Androgeo derrotan a Casivellauno, al que obligan a rendirse y le imponen un tributo. César permanece en la isla todo el invierno y él y Casivellauno entablan finalmente una amistad. Cuando finalmente regresa a Roma para luchar en la guerra civil contra Cneo Pompeyo Magno, Androgeo le acompaña, pero jamás regresa.
 
En la versión Galesa de la obra de Godofredo, y en las Welsh Triads, él aparece con el nombre de Afarwy. Las tríadas lo nombran como uno de los "Tres deshonrados de la isla de Britania" por apoyar a César en la invasión.​
 
John Koch sugiere que Mandubracio puede ser la base histórica de la figura de la mitología galesa, Manawydan: reconstruye la forma original del nombre de su padre como *Mannue:tios, y una de las formas originales del nombre de Manwydan es *Mannue:tiagnos, "hijo de Mannuetios".


viernes, 5 de enero de 2018

CARATACO

Carataco (Caratacus, Καράτακος, Caractacus, Caradawc) fue un caudillo de los catuvellani, hijo del rey Cunobelinus, y principal líder de la resistencia contra la invasión romana de Britania.
 
En la Britania previa a la invasión romana podían reconocerse tres áreas de influencia: el reino de los Brigantes al norte, las tribus de Gales al oeste y el área de hegemonía de los catuvellani.
 
En el 43  d. C. el emperador Claudio reemprendió la conquista romana de Britania, encargando el mando de cuatro legiones a Aulo Plaucio, con la excusa de reponer en el trono a Verica, un rey exiliado de los atrébates. 
La principal resistencia la opuso una confederación de las tribus de los catuvellani y los trinovantes, liderada por Carataco (Caradawc) y Togodumno, los hijos del rey de los catuvellani, Cunobelinus, que había muerto a los inicios del ataque. Ambos eran activos miembros del partido de los druidas, opuestos a la influencia romana.
 
La resistencia de guerrillas fue rápidamente superada y los britanos fueron vencidos en las batallas del Medway y del Támesis, tras lo que Plaucio consiguió tomar su capital, Camulodunum (actual Colchester)
 
Los once líderes del sudeste de Britania se rindieron a Claudio, entre ellos los de los atrébates, los icenos y la reina de los Brigantes Cartimandua. Togodumno fue muerto pero Carataco consiguió huir al oeste y se convirtió en líder de la resistencia, centrada en Gales.
 
En el oeste Carataco logró sumar a las tribus de los Silures, ordovices, demetae y deceangli.​
 
En el año 47, el sucesor de Plaucio, Publius Ostorius Scapula, inició una campaña de flanco atacando a los deceangli del norte de Gales, pero debió suspenderla ante la rebelión de una facción de los brigantes contraria a la alianza con Roma.
 
Carataco desde su base de operaciones en territorio de los silures avanzó profundamente en territorio romano, en dirección a Gloucestershire. Scapula los rechazó más allá del río Severn y trasladó la Legio XX Valeria Victrix estacionada en Camulodunum a Glevum (Gloucester) para guardar la frontera, mientras que hacía avanzar a la Legio II Augusta sobre el territorio de los silures.
 
Carataco se vio obligado a abandonar el sur de Gales y trasladarse al territorio de los ordovices, en el centro. 
Manteniendo la presión Scapula envió entonces a la Legio XIV Gemina en el 47/48 contra los cornovii y creó una nueva base en su capital, Viroconium. Eso le permitía operar en pinza desde el norte con la XIV y desde el sur con la II.
 
En el 50 Scapula avanzó finalmente sobre territorio de los ordovices y consiguió derrotar a la coalición en la Batalla de Caer Caradoc en 4​5​ . En la batalla los romanos capturaron a la esposa e hija de Carataco y posteriormente al hermano, que se rindió a los vencedores.
 
Carataco consiguió huir al norte, al territorio de los deceangli, pero fue perseguido y tras pasar por tierras de los cornovii pidió refugio en la corte de Cartimandua, la reina de los brigantes, pero ésta lo entregó encadenado a los romanos, quienes premiaron la acción calificándola junto a su esposo Venutius como leal amiga y protegida de Roma.
 
Carataco fue llevado a Roma en cadenas junto a toda su familia y exhibido por Claudio durante su triunfo. Cuenta la leyenda que dada la dignidad que demostró ante el Senado, aún con su familia postrada a los pies del emperador y debido a su impresionante discurso, amenazando a los romanos a dormir junto a sus armas porque las iban a necesitar, llenó de admiración a Claudio y éste lo perdonó.
 Sin embargo, en realidad Carataco suplicó por su vida y la de los suyos convenciendo a Claudio que tamaña muestra de magnanimidad conmovería a los britanos. El Senado consideró la victoria como una de los grandes triunfos de Roma y concedió a Scapula ornamentos triunfales.
 
Liberado, Dion Casio afirma que impresionado por la ciudad se preguntó: ¿Cómo pueden ellos, teniendo tales posesiones, ambicionar nuestras pobres cabañas?