Cristo ... detesta y condena ... con divina autoridad, todas estas
desviaciones humanas, nocivas y escandalosas, formando su propia familia, a la
que por todas partes va apartando poco a poco de esta corrupción, en un mundo
que se tambalea y se derrumba, y con lo cual va fundando una ciudad eterna, la
mas gloriosa, no por el aplauso de vanas superficialidades, sino por el valor
autentico de la verdad.
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
Mostrando entradas con la etiqueta CIUDAD ROMANA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CIUDAD ROMANA. Mostrar todas las entradas
lunes, 23 de marzo de 2020
domingo, 22 de marzo de 2020
JUVENAL ACONSEJA VIVIR FUERA DE ROMA
Si podéis hacer frente a la perspectiva de renunciar a los juegos
públicos, comprar una casa de propiedad en el campo. Lo que os cueste. No
ascenderá a más de lo que pagáis aquí por una renta anual, por una miserable
buhardilla mal iluminada. Con un jardín añadido a la propia casa y un pozo con
una alberca poco profunda, que os evitará extraer y acarrear agua cuando
vuestras plantas necesitan ser regadas. El insomnio causa más víctimas entre
los romanos enfermos, que cualquier otro factor o dolencias más comunes, como
la acedia y las úlceras contraídas por el exceso de comer. ¿Cuántos de entre
vosotros, os pregunto, podéis conciliar el sueño en vuestro alojamientos?
Dormir toda la noche de un tirón. Y eso es lo esencial del problema, que solo
es privilegio de los ricos. El ruido ensordecedor de los carros atravesando
esas estrechas y serpenteantes calles, las blasfemias de los carreteros
atrapados en un atasco del tráfico, esto solo, bastaría para sobresaltar al más
amodorrado de los manatíes del Emperador, desvelándolo para siempre.
( Juvenal en Sátiras )
lunes, 26 de noviembre de 2018
DION CRISÓSTOMO DESCRIBE LA TUMULTOSA VIDA CALLEJERA DE LAS CIUDADES ROMANAS
A
menudo vemos cómo, incluso en medio de una gran y agitada muchedumbre, el individuo no tiene dificultad en realizar su trabajo; por el
contrario, el hombre que toca la flauta o enseña a un alumno a tocar, se concentra en ello, a veces dando clase en plena calle, y ni la multitud ni el barullo de los
transeúntes le distraen en absoluto. Lo mismo
sucede con el bailarín o el maestro de danza; está inmerso en su trabajo, totalmente ajeno a los que pelean, venden y hacen otras
cosas; y también pasa lo
mismo con el arpista y
el pintor. Pero he aquí el caso más extremo de todos: los profesores de enseñanza elemental se sientan en la calle con
sus alumnos y, en medio del estruendo, nada les impide
enseñar y aprender. Recuerdo haber visto una vez, paseando por el Hipódromo, mucha gente reunida en un mismo punto, cada uno haciendo algo diferente: uno tocando la flauta, otro
bailando, otro haciendo juegos malabares, otro
leyendo un poema en voz alta, otro cantando y otro explicando un cuento o un mito, y, a pesar de todo, ni uno solo de ellos
impedía a los demás que se ocupase de sus
asuntos y realizase el trabajo que tenía entre manos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












