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domingo, 18 de junio de 2023

SITIO DE JERUSALEN EN AL AÑO 70

 

“A través de la ciudad, la gente moría de hambre en grandes números, y soportaban indescriptibles sufrimientos.  En cada casa la sola insinuación de comida encendía la violencia, y los familiares se derrumbaban jadeantes, arrebatándose unos a otros los miserables soportes de vida. No se respetaba ni aún a los moribundos …profundamente hambrientos como perros enloquecidos, pandillas sin ley iban vacilantes y tambaleantes por las calles, golpeando las puertas como ebrios, y tan desconcertados, que irrumpían en la misma casa dos o tres veces en una hora.  La necesidad conducía a los hambrientos a roer cualquier cosa.  Negándose a rechazar aún lo que los animales rechazarían, era recogido y convertido en comida. Al final, ellos comían cinturones y zapatos, y la piel que desprendían de sus escudos.  Matas de pasto seco eran devoradas, y vendidas en pequeños manojos por cuatro dracmas”.   

( Flavio Josefo)

 

El texto es un fragmento de la obra "La guerra de los judíos" de Flavio Josefo, un historiador judío que vivió durante el sitio de Jerusalén en el año 70 por parte del ejército romano. Este sitio fue el acontecimiento decisivo de la primera guerra judeo-romana, que terminó con la caída de Masada en el año 73.

 El ejército romano, dirigido por el futuro emperador Tito, con Tiberio Julio Alejandro como su segundo al mando, sitió y conquistó la ciudad de Jerusalén, que había estado ocupada por sus defensores judíos desde el año 66. La ciudad y su importante templo fueron destruidos el mismo año de su conquista.

 

El texto describe con dramatismo las condiciones de hambre, violencia y desesperación que sufrieron los habitantes de Jerusalén durante el asedio, que duró unos cinco meses. La escasez de alimentos y los terribles sufrimientos llevaron a que la gente recurriera a medidas extremas para sobrevivir. El hambre era tan desesperante que los familiares llegaban a arrebatarse la escasa comida unos a otros, e incluso los moribundos no eran respetados.

 

La situación descrita revela el nivel de desesperación y desorganización que prevalecía en la ciudad asediada. Las pandillas sin ley, afectadas por el hambre, merodeaban por las calles buscando comida y golpeando puertas para obtener algo de sustento.

 La narración también menciona que la gente llegaba a comer cualquier cosa disponible, incluso cuero de cinturones, zapatos y la piel de sus propios escudos.

 

Según Flavio Josefo, más de 600.000 civiles murieron, fueron esclavizados o exiliados por los romanos. El autor también relata cómo los judíos se dividieron en facciones rivales que se enfrentaron entre sí dentro de la ciudad sitiada. 

El texto es una fuente histórica muy valiosa, pero también tiene un tono propagandístico, ya que Flavio Josefo se pasó al bando romano y trató de justificar su acción y la de sus nuevos aliados.




sábado, 28 de marzo de 2020

DISPOSICIONES DE CIRO DE PERSIA PARA CONSTRUIR EL TEMPLO DE JERUSALÉN



En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y pro escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra, y me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, que su Dios lo acompañe y suba a Jerusalén, de Judá, para reconstruir la Casa del Señor, el Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén. Que la población de cada lugar ayude a todos los que queden de ese pueblo, en cualquier parte donde residan, proporcionándoles plata, oro, bienes y ganado, como así también otras ofrendas voluntarias para la Casa del Dios que está en Jerusalén». Entonces los jefes de familia de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos los que se sintieron movidos por Dios, se pusieron en camino para ir a reconstruir la Casa del Señor que está en Jerusalén. Sus vecinos les proporcionaron toda clase de ayuda: plata, oro, bienes, ganado y gran cantidad de objetos preciosos, además de toda clase de ofrendas voluntarias. El rey Ciro mandó tomar los utensilios de la Casa del Señor que Nabucodonosor había llevado desde Jerusalén y había depositado en el templo de su dios. Ciro, rey de Persia, los puso en manos del tesorero Mitrídates, y este los contó para entregárselos a Sesbasar, el jefe de Judá. El inventario fue el siguiente: copas de oro para la ofrenda: 30; de plata: 1.000; cuchillos: 29;  vasos de oro: 30; de plata: 410; otros utensilios: 1.000.  Total de los utensilios de oro y plata: 5.400. Todo esto se lo llevó Sesbasar, cuando se permitió a los deportados subir de Babilonia a Jerusalén.
 ( Esdras )