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sábado, 1 de septiembre de 2018

INUNDACIONES DE EGIPTO



 
Había tres clases de inundación: Los Codos de la Muerte, los Codos de la Abundancia y los Codos de la Saciedad.
 
Para anegar sus orillas e inundar el valle, el Nilo debía aumentar dieciocho pies romanos. Cualquier medida por debajo de ésta entra en los Codos de la Muerte: el agua y el légamo no se depositan en la tierra, y por tanto no es posible cultivarla.
 
En Egipto nunca llovía. El auxilio les llegaba del Nilo. Las mediciones entre dieciocho y treinta y dos pies romanos constituyen los Codos de la Abundancia. El Nilo se desborda lo suficiente para propagar el agua y el légamo por todos los campos de cultivo, y hay cosecha.
 
Las inundaciones por encima de treinta y dos pies inundaban el valle del Nilo de tal modo que se llevaban las aldeas y las aguas no retrocedían a tiempo para la siembra.

lunes, 9 de abril de 2018

LA RACIÓN DE GRANO DEL PUEBLO ROMANO



El censo por cabezas ( proletarios) no era un organismo político, y no le interesaba gobernar ni que le gobernasen; su participación en la vida pública se limitaba a los asientos que ocupaba en los juegos y a su presencia en los repartos de las fiestas. Y, sin embargo, el censo por cabezas era una fuerza a tener en cuenta por parte de los políticos romanos.

 

No es que se diera el grano gratis al censo por cabezas, pero el Senado, mediante sus ediles y cuestores, garantizaba que le fuera vendido trigo a un precio razonable, aunque en épocas de escasez eso supusiera comprarlo más caro y expenderlo al mismo precio, con gran disgusto del Erario.


 Todos los ciudadanos romanos que vivían en Roma tenían derecho a su ración de trigo al precio estatal estipulado, independientemente de su riqueza, a condición de ponerse a la enorme cola que se formaba ante el mostrador edilicio en el Porticus Minucia para recibir la cédula, que, presentada en cualquiera de los silos estatales del acantilado del Aventino sobre el puerto de Roma, facultaba para adquirir los cinco modii de trigo barato. 


Que los pudientes no se molestasen era lógico, porque era mucho más fácil comprarlo en el Velabrum y que los mercaderes se encargaran de obtenerlo en los silos particulares situados al pie del acantilado del Palatino en el Viscus Tuscus.

 

Desde luego, el censo por cabezas era un estorbo muy costoso para el Senado. Pero Roma estaba a merced de una masa hambrienta de pobres del censo por cabezas, y esto no lo podían ignorar los políticos romanos.




martes, 27 de enero de 2015

HAMBRUNA POR FALTA DE GRANO EN ROMA


El segundo cónsul y flamen martialis, Lucio Valerio Flaco, se encontró con los silos - al pie del Aventino contiguo al puerto de Roma- vacíos y con cantidades exiguas en los graneros privados del Viscus Toscus. Estas exiguas cantidades, dijeron los mercaderes a Flaco y a sus ediles, se venderían a más de cincuenta sestercios por modius de trece libras. Y las familias del proletariado apenas podrían pagar la cuarta parte de aquel precio. No escaseaban otros alimentos más baratos, pero la carestía del trigo hacía subir los precios de todo lo demás debido al aumento del consumo y a la limitada producción. Y los estómagos acostumbrados al buen pan no se contentaban con gachas y nabos, que eran los artículos más socorridos en época de carestía. Los que estaban fuertes y sanos sobrevivían, pero los viejos, los débiles, los niños y los enfermizos solían perecer.

 

En octubre, el proletariado comenzaba a agitarse y la población de Roma empezó a atemorizarse, porque la perspectiva de convivir con un proletariado sin nada que comer era algo temible. Muchos ciudadanos de la tercera y cuarta clase, para quienes resultaba oneroso comprar un trigo tan caro, comenzaron a hacer acopio de armas para defender sus despensas de las depredaciones de los más necesitados.


( C. McC. )