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lunes, 10 de diciembre de 2018

AULO GABINIO SISENA


Aulo Gabinio Sisena (en latín, Aulus Gabinius Sisenna), también conocido como Sisena fue un soldado que vivió en la República romana en el siglo I aC.
 
Sisena nació y se crio en Roma. Era hijo del general y político plebeyo Aulo Gabinio y de su mujer Lolia, de la gens Lolia, quizás hija de Marco Lolio Palicano, tribuno de la plebe en 71 aC.
 
Sisena acompañó a su padre a Siria en 57 aC, cuando Gabinio se desempeñó como procónsul en aquella provincia. Sisena quedó en Siria con unas cuantas tropas, mientras Gabinio colaboraba en restituir al faraón greco egipcio Ptolomeo XII Auletes. Cuando Cayo Memio arengó a la gente contra Gabinio, Sisena se arrojó a los pies de Memio rogando por su padre. Memio no suavizó su postura ante esa súplica y trató indignamente a Sisenna, del que nada más se sabe después de ese momento.

domingo, 24 de mayo de 2015

LA GENEROSIDAD DE CAYO JULIO CÉSAR CON LAS MUJERES


DEJEMOS QUE SEA EL PROPIO JULIO CÉSAR QUE NOS LO EXPLIQUE:


TUVE NUMEROSAS AMANTES SIENDO CLEOPATRA LA MÁS FAMOSA DE TODAS.


TAMBIÉN FUI AMANTE DE EUONE, LA REINA DE MAURITANIA.




Dicen que yo fui muy dado a la incontinencia y espléndido para conseguir los placeres sexuales de las mujeres, y para ello seduje a un gran número de mujeres de alto rango, entre ellas a Postumia, esposa de Servio Sulpicio; a Lolia, esposa de Aulo Gabinio; a Tertula, de Marco Craso; a Mucia, de Cneo Pompeyo.



A ninguna ame tanto como a la madre de Bruto, Servilia, a la que di durante mi primer consulado una perla que me había costado seis millones de sestercios, y en la época de las guerras civiles, además de otras donaciones, le hice adjudicar a bajo precio las propiedades más hermosas que se vendieron en subasta. Cuando todos se extrañaron de esas ventas tan baratas Cicerón dijo: “Para que comprendáis bien la venta, se ha deducido la Tercia”, refiriéndose a que se decía que Servilia favorecía el comercio de su hija Tercia con conmigo (que al fín y al cabo era mi propia hija extraconyugal).



En las provincias tampoco respeté, los soldados cantaban el día de mu triunfo en las Galias: “ Ciudadanos esconded vuestras esposas, aquí traemos al adúltero calvo”.



Amé también a reinas, entre otras a Eunoe, esposa de Bogud, rey de Mauritania. Amé mucho más a Cleopatra, con la que prolongé comidas hasta el amanecer, la hice venir a Roma y no la dejé marchar sin llevarse numerosos regalos y consintiendo que el hijo que tuve de ella llevase el nombre de Cesarión, referente a que yo era su padre.


Helvio Cinna, tribuno del pueblo, le dijo a muchas personas que tenía redactada y dispuesta una ley que yo le mandé proponer en mi ausencia, por la que se me permitiría casarme con cuantas mujeres quisiese para tener hijos.

Tan famosos eran mis adulterios que Curión padre me llamó en un discurso; “marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos”.