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miércoles, 26 de abril de 2023

DEMETRIO DE FALERO DICE SOBRE LA AMISTAD

Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano.

 

Esta conocida  frase atribuida a Demetrio de Falero, un antiguo político y orador griego, habla sobre el valor de la amistad y cómo esta relación especial puede ser incluso más cercana y significativa que una relación de hermandad.

 

En pocas palabras, la frase significa que no todas las relaciones de hermandad implican una amistad verdadera, pero una verdadera amistad siempre implicará una relación cercana y profunda similar a la de un hermano. Es decir, mientras que los lazos de sangre pueden unir a las personas como hermanos, no garantiza necesariamente una verdadera amistad. Sin embargo, una amistad genuina y fuerte siempre implicará un nivel de cercanía y apoyo similar a lo que se espera de un hermano.

 

Esta cita resalta la importancia de la amistad como una relación basada en el afecto, la confianza, el apoyo mutuo y la conexión emocional. Nos recuerda que los amigos verdaderos pueden ser incluso más valiosos que los hermanos biológicos, ya que la amistad se basa en una elección consciente y voluntaria de estar y apoyar a alguien, en lugar de estar vinculado por lazos familiares. También destaca que no todas las relaciones de hermandad necesariamente incluyen una amistad auténtica, ya que la verdadera amistad va más allá de los lazos de sangre y se construye en base a la conexión emocional y la compatibilidad de personalidades.

 

En pocas palabras, esta cita de Demetrio de Falero enfatiza el valor y la importancia de la amistad verdadera, sugiriendo que un amigo cercano puede llegar a ser incluso más querido y significativo que un hermano, ya que la amistad se basa en una elección consciente y profunda de estar presente y apoyar a alguien.



sábado, 5 de mayo de 2018

jueves, 29 de marzo de 2018

miércoles, 19 de julio de 2017

DINARCO

Dinarco, (Δείναρχος, Corinto, ca. 361 a. C. - ca. 291 a. C.) fue el último de los diez oradores áticos, hijo de Sóstrato (o, según la enciclopedia bizantina Suda, de Sócrates). En lo concerniente a los aspectos generales de su vida, dependemos de la obra de Dionisio de Halicarnaso: Sobre Dinarco, cap. 2, 3 y 9. Dinarco nació en Corinto, pero se marchó a Atenas para estudiar retórica con Teofrasto.
 
A partir de 336/365 trabajó siempre con mucho éxito como logógrafo—un escritor de discursos para los tribunales. Al ser extranjero residente en Atenas (meteco), no pudo desarrollar una carrera política ni tampoco le estuvo permitido hablar directamente en los tribunales.
 
Tras la Guerra Lamiaca y con los grandes oradores de la época, Demóstenes e Hipérides, ya fallecidos, Dinarco se quedó solo y ejerció la supremacía en esa actividad tan lucrativa.
Durante el gobierno de su amigo y protector Demetrio de Falero, alcanzó su máximo encumbramiento y los años 317-317 fueron los más prósperos de su vida. En la caída de Demetrio Faléreo en (307/306) y la restauración de la democracia por Demetrio Poliorcetes, Dinarco, sospechoso por su riqueza y quizá aún más por su amistad con "los que abolieron la democracia" , fue condenado a muerte y tuvo que exiliarse a Calcis en Eubea.
 
Dionisio conocía 87 de los discursos atribuidos a Dinarco y de 60 de ellos confirmó su autoría. Sólo poseemos tres considerados auténticos por los especialistas: Contra Demóstenes, Contra Aristogitón, y Contra Filocles, todos ellos relacionados con las investigaciones de la desaparición del dinero depositado en Atenas para Hárpalo en (324/323 adC) por el Areópago, el cual después de consultar, informó que nueve hombres habían recibido sobornos de Hárpalo, (el tesorero fugitivo de Alejandro), y designó fiscales para el caso. Dinarco escribió para uno o más de los fiscales los tres discursos antedichos.
 
Tres discursos incluidos en la lista de Dionisio de Halicarnaso se encuentran en el corpus de Demóstenes (Orationes 45, 46 y 58), pero los especialistas no creen que puedan atribuirse a Dinarco.
 
Las simpatías de Dinarco fueron en favor de una oligarquía ateniense bajo control macedonio; pero ello podría recordar que él no era ciudadano ateniense.
Esquines y Démades no lo tuvieron como excusa.
 
En el asunto de Hárpalo, Demóstenes era sin duda inocente, y, probablemente, fue otro de los acusados. Sin embargo, Hipérides, el más ardiente patriota, estuvo del mismo lado que Dinarco.
 
Bajo la regencia de su viejo maestro, Demetrio de Falero, Dinarco ejerció gran influencia política. Dinarco señala el declive de la oratoria ática. Demostró ser poco original excepto en una cierta habilidad para el uso de metáforas nueva. Imitó a sus precedesores, sobre todo a Demóstenes (Hermógenes, Id.ii.11 lo llama krítinos Dēmosthénēs, "un Demóstenes de bagatela"), pero no desarrolló un estilo propio.
 
Conocía la técnica de la composición en prosa y dominaba todos los trucos del oficio de orador.
 
Fue competente hasta cierto punto, pero su obra es descuidada y falta de gusto.
 
El orden de sus discursos resulta incoherente. Sus frases son largas y sin forma, de algunas figuras retóricas, e.g. epanalepsis y asíndeton, hace un uso desmesurado, y su invectiva es tan sumamente exagerada que pierde todo su significado.
 
Sobre el 292, gracias a las negociaciones de su amigo Teofrasto, pudo regresar a Atenas. Ya prácticamente ciego, se quedó a vivir en casa de su amigo Próxeno, a quien al poco tiempo denunció para recuperar un dinero que se le había extraviado en la casa, la única vez que Dinarco estuvo en los tribunales. Éste es el último dato de su vida que conocemos.


Dinarco murió en Atenas hacia el 291 a C.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

DEMETRIO DE FALERO


Demetrio de Falero (Δημήτριος ο Φαληρεύς, 350 - 282 a. C.) fue un político y filósofo ateniense perteneciente a la escuela peripatética.


Su padre, Fanostrato, fue esclavo de Timoteo y de Conón, así que no era de origen noble. Nacido en el puerto de Falero, se educó en el Liceo de Aristóteles con Teofrasto y fue amigo de Menandro, el comediógrafo. A causa de la muerte de Foción, tuvo que ausentarse de Atenas hasta que las cosas se calmaron. Gobernó Atenas durante el periodo (317-307 a. C.), hasta que lo expulsaron cuando en 307 a. C. la escuadra de Demetrio Poliorcetes tomó Atenas, refugiándose primero en Tebas y después al lado de Casandro de Macedonia, para al fin terminar en Egipto, en la corte de Ptolomeo I, quien lo designó como primer bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría (ca. 297 a. C.), que tenía dos sedes: una en el Museion y la otra en el Serapeo. Se atribuye a Demetrio Falereo el haber aconsejado a Ptolomeo I la traducción de la Biblia hebrea al griego, la denominada traducción de los Setenta o Septuaginta. Vuelve a caer en desgracia con el rey Ptolomeo II y murió en el exilio después del 283 a. C., como consecuencia de la picadura de una serpiente


Creó una biblioteconomía basada en la mezcla de dos tradiciones bibliotecarias: la occidental (basada en la organización y las tareas) y la oriental (basada en los aspectos formales).


La tradición bibliotecaria occidental recoge los atributos de las bibliotecas de la Academia de Platón y, sobre todo, el Liceo de Aristóteles. El aristotelismo postulaba como eje fundamental de las bibliotecas su conversión en la «memoria del mundo»; es decir, la misión del sabio-bibliotecario residía en reunir todos los libros (en aquella época rollos) que abarcaran la totalidad del saber humano. Para ello, se destinaron fuertes sumas de dinero para adquirir el mayor número de obras. También se legisló por decreto real que todos los barcos que atracaran en Alejandría tenían que entregar todos los libros que llevase a bordo para que fuesen copiados en la biblioteca y, una vez finalizada la tarea, se devolvía a sus dueños los duplicados.


Aristóteles estableció que las bibliotecas también tenían que ser «laboratorios editoriales» o «de texto», es decir, los bibliotecarios tenían que establecer los autores que eran dignos de ser estudiados y, por tanto, sus obras debían ser reproducidas una vez reelaboradas filológicamente.


El aristotelismo también aportó la organización por orden alfabético, desechando el orden cronológico, dividiéndose así la idea de que una biblioteca y un archivo fuesen la misma institución.

La tradición bibliotecaria oriental que Demetrio adquirió en Egipto se basa en aspectos formales fundamentales como el colofón. Las obras, al componerse de varios rollos, se guardaban dentro de cajas o cestos de mimbre que a su vez se colocaban en estanterías adosadas a la pared o en nichos. De cada caja, colgaba una tableta de arcilla a modo de etiqueta (llamada colofón) donde se escribía el título de la obra, una breve descripción formal del documento que recogía el número de tabletas o rollos que ocupaban y una rudimentaria signatura. Las bibliotecas orientales (Ebla por ejemplo) ya poseían unos catálogos rudimentarios con el fin de inventariar las colecciones y ordenarlas según una metodología muy básica.


Fruto de estas dos biblioteconomías, surgirían las listas de materias-catálogos que se cristalizarían en los Pinakes, obra de otro bibliotecario de Alejandría: Calímaco de Cirene.