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sábado, 3 de junio de 2023

TRAJANO, EL EMPERADOR HISPANO QUE CONQUISTÓ DACIA Y PARTIA

 

El emperador Nerva recibió en adopción a Ulpio Trajano, nacido en Itálica, ciudad de Hispania, pero perteneciente al más alto rango e incluso de familia consular. Difícilmente se encontraría un hombre más preclaro que éste, tanto en la paz como en la guerra. Porque fue el primero, o más aún, el único que extendió el poder de Roma más allá del Danubio, tras someter y convertir en provincia a los pueblos dacios, portadores del píleo..., gobernados por el rey Decébalo y...; al mismo tiempo, en el Este fueron sometidos todos los pueblos  que viven entre los famosos ríos Indo y Eufrates, fueron exigidos rehenes al rey de los persas, llamado Cosdroes, y entretanto se construyó un camino a través de pueblos bárbaros para cruzar más fácilmente desde el Ponto Euxino hasta la Galia. Se establecieron campamentos en los lugares más peligrosos y adecuados, se tendió un puente sobre el Danubio, y se fundaron muchas colonias. Además, en Roma mejoró y adornó más que espléndidamente el foro y otras muchas construcciones comenzadas por Domiciano y se encargó de manera admirable del abastecimiento regular de grano, restableciendo y reforzando el colegio de los panaderos; al mismo tiempo, para ser informado más rápidamente de las cosas relacionadas con el gobierno en todos los lugares, se recurrió al correo público.

 

(Sexto Aurelio Víctor en  Libro de los Césares )





 

jueves, 15 de diciembre de 2016

TRAJANO, EL HIJO ADOPTIVO DE NERVA


Los asesinos de Domiciano no habían dado tiempo a su víctima de nombrar un heredero. Y el Senado, que no reconoció jamás oficialmente el derecho de los emperadores a designarlo, pero que siempre había aceptado en la práctica su elección, aprovechó la ocasión para hacerlo a su gusto en la persona de uno de sus miembros.
 
DOMICIANO
Marco Cocceyo Nerva era un jurista que se deleitaba a ratos perdidos con la poesía, pero que no era ni litigioso como los abogados ni vanidoso como los poetas. Era un hombretón alto y grueso, que no había matado jamás una mosca, no había mostrado ambiciones y que, al final de su reinado, pudo decir con plena razón que no había hecho nada que le impidiese volver a la vida privada sin correr ningún peligro.

NERVA


Tal vez su elección fue debida no tanto a sus virtudes como a la circunstancia de que ya contaba setenta años y tenía el estómago delicado, lo que permitía prever un reinado de breve duración. En efecto, sólo duró dos años, pero a Nerva le bastaron para subsanar los errores de su predecesor. Llamó a los proscritos, distribuyó muchas tierras a los pobres, liberó a los hebreos de los tributos que Vespasiano les había impuesto y volvió a poner orden en las finanzas. Eso no impidió a los pretorianos, descontentos de aquel nuevo amo que se oponía a sus prerrogativas, sitiarle en su palacio, degollar algunos de sus consejeros y exigir la entrega de los asesinos de Domiciano. Nerva, con tal de salvar a sus colaboradores, ofreció a cambio su propia cabeza. Y, dado que se la respetaron, presentó la dimisión al Senado, que se la rechazó. Nerva no había jamás tomado ninguna decisión sin consultar al Senado o en oposición a éste. También esa vez se avino. Sentía que se aproximaba su fin y el poco tiempo que le quedaba de vida lo empleó en buscarse un sucesor grato al Senado y adoptarle como hijo (suyos no tenía), para evitar que los pretorianos se sintieran tentados a coronar a alguien de su elección. El haber escogido a Trajano fue acaso el mejor servicio que Nerva rindió al Estado.



Trajano era un general que a la sazón mandaba un ejército en Germania. Cuando supo que le habían proclamado emperador, no se impresionó mucho. Mandó decir al Senado que agradecía la confianza y que iría a asumir el poder en cuanto tuviese un minuto de tiempo. Pero durante dos años no lo encontró, porque tenía que resolver ciertos asuntos pendientes con los teutones. Había nacido unos cuarenta años antes en España, pero de una familia romana de funcionarios, y funcionario había seguido siendo él mismo, es decir, mitad soldado mitad administrador. Era alto y robusto, de costumbres espartanas y de un valor a toda prueba, pero sin exhibicionismo. Su esposa Plotina se proclamaba la más feliz de las mujeres porque él sólo la engañaba, de vez en cuando, con algún mozalbete; con otras mujeres, nunca. Pasaba por hombre culto porque solía tener a su lado, en su carro de general, a Dión Crisóstomo, un célebre retórico de la época, que le hablaba continuamente de filosofía. Pero un día confesó que jamás había comprendido una sola de las muchas palabras que Dión pronunciaba; es más, que ni siquiera le escuchaba; se dejaba mecer por el sonido de su voz pensando en otra cosa: en los gastos, en el plan de una batalla, en el proyecto de un puente.

PLOTINA, ESPOSA DE TRAJANO
Cuando por fin dispuso del famoso minuto para ceñir la corona, Plinio el Joven quedó encargado de dedicarle un panegírico en el que se le recordaba cortésmente que debía su elección a los senadores y que, por lo tanto, debía dirigirse a ellos para cualquier decisión. Trajano subrayó el párrafo con un gesto aprobatorio de la cabeza, al que nadie prestó mucha fe. Pero se equivocaron, pues aquella regla Trajano la observó rígidamente. El poder no se le subió nunca a la cabeza y ni siquiera la amenaza de conjuras bastó para transformarle en un déspota suspicaz y sanguinario. Cuando descubrió la de Licinio Sura, fue a comer a casa de éste y no sólo todo lo que le sirvieron en los platos, sino que después ofreció la cara al barbero del conjurado para que se la afeitase.
 
TRAJANO Y LUCIO LICINIO SURA
Era un formidable trabajador y pretendía que lo fuesen también todos los que le rodeaban. Mandó a muchos senadores perezosos a hacer inspecciones y a poner orden en las provincias, y por las cartas que cruzó con ellos alguna de las cuales se ha conservado, pueden deducirse su competencia y su diligencia. Sus ideas políticas eran las de un conservador ilustrado que creía más en la buena administración que en las grandes reformas y que, aun excluyendo la violencia, sabía recurrir a la fuerza. Por eso no vaciló en declarar la guerra a la Dacia (que corresponde hoy a Rumania), cuando su rey, Decébalo, se interfirió en las conquistas hechas en Germania. 

DECÉBALO

Fue una campaña conducida por un brillante general. Derrotado, Decébalo se rindió, pero Trajano le respetó la vida y trono, limitándose a imponerle un vasallaje. Tanta clemencia, desconocida en los anales de la historia romana, estuvo mal recompensada, pues a los dos años Decébalo volvió a rebelarse. 

DECÉBALO
Trajano organizó la guerra contra él, derrotó otra vez al perjuro, se apoderó de las minas de oro transilvanas y con este botín financió cuatro meses de juegos ininterrumpidos en el Circo, con diez mil gladiadores, para celebrar su victoria y un programa de obras públicas destinadas a hacer de su reinado uno de los más memorables en la historia del urbanismo, de la ingeniería y de la arquitectura.

CONQUISTAS DE TRAJANO
Un gigantesco acueducto, un puerto nuevo en Ostia, cuatro grandes carreteras y el anfiteatro de Verona fueron algunas de sus obras más insignes. Pero la más conocida fue el Foro Trajano, debido al genio de Apolodoro, un griego de Damasco, que ya había construido, en pocos días, un maravilloso puente sobre el Danubio, que permitió a Trajano coger de revés a Decébalo. Para levantar la columna que todavía se yergue frente a la basílica Ulpia, fueron traídos de Paros dieciocho cubos de un mármol especial, de cincuenta toneladas cada uno; un milagro, para aquellos tiempos. En ella se grabaron, en bajorrelieve, dos mil figuras, según un estilo vagamente neorrealista, o sea con mucha propensión a la crudeza de las escenas representadas. Columna excesivamente recargada para ser bella, pero interesante desde el punto de vista documental, que fue sin duda lo que agradó a Trajano.
 
APOLODORO DE DAMASCO
Después de seis años de paz, empleados en esta obra de reconstrucción, Trajano sintió la nostalgia del campamento y aun cuando frisaba ya en la; sesentena, se metió en la cabeza completar la obra de César y de Antonio en Oriente, llevando los confines del Imperio hasta el Océano Índico. Lo consiguió tras una marcha triunfal a través de Mesopotamia, Fersia, Siria y Armenia, reduciéndolas todas a «provincias» romanas. Mandó construir una flota para atravesar el mar Rojo. Pero lamentó ser demasiado viejo para embarcarse y emprender la conquista de la India y el Extremo Oriente. Éstos eran países en los que bastaba dejar guarniciones para imponer en ellos un orden duradero. Cuando Trajano se encontraba aún en el camino de retorno, estallaron rebeliones un poco por todas partes. El fatigado guerrero quería volver atrás para sofocarlas. La hidropesía le retuvo.


 Mandó en su lugar a Lucio Quieto y a Marcio Turba y reanudó su viaje hacia Roma esperando llegar a tiempo de morir allí. Una parálisis le fulminó el año 117 después de Jesucristo, sexagésimo cuarto de su vida. Y a Roma sólo volvieron sus cenizas que fueron enterradas bajo su columna.

 


Nerva y Trajano fueron, ciertamente, dos grandes emperadores. Pero entre los muchos méritos efectivos que nos los recomiendan a nuestro recuerdo, tuvieron también una suerte; la de granjearse la gratitud de un historiador como Tácito y de un cronista como Plinio, cuyos testimonios habían de ser decisivos para el tribunal de la posteridad. 

TRAJANO Y SUS ALLEGADOS

miércoles, 13 de mayo de 2015

LA CONQUISTA DE LA DACIA




Trajano conocía el peligro germánico mejor que nadie. Habiendo consolidado la frontera del Rin, necesitaba establecer bases en la del Danubio, el la Dacia (correspondiente a la actual Rumania) que por extenderse hasta el corazón de la sombría Germania constituía una vía de acceso hacia aquellas regiones centrales.



Instalarse sólidamente en aquel país significaba asegurar la protección de la parte oriental del Imperio contra las invasiones. Por otras parte, la Dacia era muy rica en minas de oro y también en otros minerales.




Con su notable capacidad de soldado, Trajano organizó admirablemente su campaña, y la marcha de las legiones romanas hacia la capital, Sarmigezetusa, fue irresistible. El rey Decébalo tuvo que capitular, y su vencedor, tan magnánimo como diplomático, lo repuso en el trono, esperando que se comportaría como un fiel aliado.




Una clemencia tal, nueva en la historia romana, fue mal recompensada, ya que dos años después, en 105, Decébalo se sublevó.

                                                                              EL REY DECÉBALO DE LA DACIA



Trajano tuvo que combatir de nuevo, y esta vez el dacio perdió la vida, y su país se vio privado de la libertad de que todavía gozaba.



La Dacia se convirtió en provincia romana, siendo colonizada por antiguos legionarios, y el latín seguirá siendo la base de la actual lengua rumana.



ESCULTURA DE DECÉBALO EN RUMANÍA



Las minas de oro estaban ya completamente controladas por Roma. El botín reportado por la expedición fue tan abundante que Trajano, respetuoso con las costumbres, ofreció a su pueblo el más fastuoso triunfo que se había visto hasta entonces, una de aquellas lujosas orgías en las que se exaltaba la gloria y la prosperidad de las ciudades.

Durante los 123 días que duraron las fiestas murieron 12.000 fieras y con ellas 10.000 gladiadores. El oro de los dacios permitió la financiación de las más grandes obras de urbanización jamás emprendidas en Roma.




Después de seis años consagrados a su obra pacificadora,la nostalgia de los campos de batalla se apoderó del viejo general Trajano, que quiso reanudar el proyecto de César y de Antonio: Extender las fronteras del Imperio hasta el océano Indico.